Día Mundial de la Salud Mental

El 10 de octubre es el Día de la Salud Mental. Una jornada para recordarnos la necesidad de atenderla, cuidarla, comprenderla, aceptarla y sanarla. Nos asustamos cuando nuestro cuerpo presenta síntomas de una enfermedad física ignorando que la mayoría de las veces son ocasionados por enfermedades mentales no tratadas.

Los gobiernos de todos los países invierten muy poco dinero en ella siendo una de las principales causas de muerte en nuestro siglo. Ningún país ni nación se pone al frente de dotar a la sanidad de todos los recursos necesarios para evitar que cada año aumente el números de casos de enfermos mentales que acaban usando a diario ansiolíticos y tranquilizantes.

Muchos de los que tenemos a nuestro alrededor no son capaces de reconocer que necesitan ayuda y que es urgente porque se ahogan al escuchar el sonido del despertador cada mañana. Convivimos con amigos llenos de esquizofrenias, bipolaridades y TOC. No son simples manías, ni gente rara o especial. Son personas que necesitan ser ayudados por profesionales para que la enfermedad no domine su vida y para que nosotros podamos entenderlos y empatizar con ellos.

Necesitamos desmitificar la respuesta de “estar bien” porque hay días que solo estamos. No necesitamos ser una fuente de alegrías cada día pero sí autoconocernos y saber que hay días que no son buenos. Saber que hay cosas con las que a veces en ese momento no podemos y que es mejor abandonarlas por un tiempo que abandonarnos a nosotros mismos.

Todos nosotros acabaremos viendo a alguien cercano quitarse la vida y no nos lo anunciará con luces de neón. Quizás pensemos que su vida es maravillosa pero muchas veces desconocemos la soledad que se siente en las madrugadas o el dolor que punza tras muchas puertas. Hay que vigilar, acompañar y encontrar el modo de ayudar. Si al final decide escribir su final, lo hará pero nosotros sabremos que hicimos lo que pudimos.

La mente es muy compleja. El ser humano es capaz de resolver ecuaciones matemáticas y entender la física cuántica pero se desmorona ante los reveses de la vida, se siente vacío y perdido. Pensamos que podemos solos con todo y tiramos un poco más del carro hasta que llega el día en que la vida nos supera.

Personalmente cuido mucho mi salud mental porque la respeto, la tengo en cuenta y la priorizo por encima a veces del ejercicio físico. Cuido los alimentos que ingiero y tampoco fallo a los encuentros con mi terapia. Solo los que algún día vimos peligrar nuestra salud mental sabemos que es fácil abandonarse al desequilibrio.

Desde estas líneas os hago un llamamiento a proteger vuestra salud mental y a cuidar la de las personas que tenéis alrededor. Quizás un abrazo es mejor que mil palabras. Hay días que se trata solo de escuchar y acompañar. Tomar en serio a quienes nos conocen y saben que estamos fuera del equilibrio. No sumar a quien no puede con su propia carga. Saber decir “no” a tiempo es mejor que cargar con un “sí” que no se soporta.

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