Me gustas – No me gustas

No me gustan las personas que nos dieron por acabados cuando aún no habíamos empezado ni las que opinaron sin pensar que era nuestro corazón quien latía.

No me gustan las reinas destronadas que quisieron ser las dueñas de un tablero en el que no se jugaba. Tampoco los kilómetros de distancia ni los caminos que no llevan a Roma.

No me gustan las noches vacías ni los cielos sin estrellas. No perdono las mentiras y no dejo que mis manos ardan entre cenizas.

No me gustan las murallas ni tampoco las torres altas pero no me rindo ante una cima. No llevo tacones aunque sé que ya no necesito salir corriendo y que dejé atrás la incertidumbre de una puerta tras la que no había nada.

Me gusta saber que soy el mejor proyecto de mi vida y que soy mi mejor inversión a fondo perdido. Mis curvas bajan pero mi felicidad sube. Mis manos vuelven a estar llenas y aunque ser fuerte fue mi única opción agradezco la inspiración que abrió mis ojos a la luz y que hizo que mi corazón no negara el amor. Sería justo pensar que quien hiere morirá herido pero tal vez su pena sea jamás volver a ser querido. No hay peor dolor que sentir que perdiste lo que por derecho creías poseer y que ahora entiendes que el tiempo no devuelve.

Me gusta que el tiempo cure aunque no deje que olvide y me gusta saber que me esperas al otro lado sonriendo como si nada hubiera pasado.

Entre me gustas y no me gustas nos invade el abismo de cientos de pensamientos que hay que dejar liberados para que la calma nos meza el alma.

Tiritas para el corazón

Tanto avances hay en la medicina y la pena es no haber encontrado la vacuna o las pastillas que curen los corazones rotos. Tampoco se han inventado unas buenas tiritas que tapen las heridas que cada uno lleva en su corazón.

Todos hemos visto algún corazón totalmente roto y a base de mucho amor propio y coraje no ha dejado de latir ni un solo segundo. Quizás su sangre es fuerte pero lo son más las ganas de seguir viviendo.

Después de remendarse el corazón roto ya nunca vuelve a funcionar a la perfección. Hay días que falla, situaciones que le aceleran, personas que lo paralizan y dolores que quedan ahí marcados en sus ventrículos.

El error más grave es creer que puede venir otro a volver a ponerlo en marcha cuando somos nosotros mismos quieres debemos volver a resucitarlo. Hay tantas alegrías que celebrar, tantas aventuras que vivir, tantas cosas que aprender y otras personas a las que amar que no debemos ceder el control a nadie.

No podemos entregar nuestro corazón así como así porque es nuestra ley de vida. Es lo que nos mantiene vivos y cuerdos. Pero cuando alguien verdaderamente lo toca despacio, con delicadeza, con respeto y cariño es el mejor regalo que la vida puede hacerte.

Es nuestra responsabilidad cuidar de quien nos da su corazón. Nada de trucos, nada de juegos, nada de mentiras, nada de verdades a medias, nada de no ir a por todas porque en el amor o vas o mejor quédate.

Siete párrafos tiene esta entrada. Siete días esta semana que despertaron viejos fantasmas, que me hizo cuestionarme mis límites, que rebosó mi comprensión, que me hizo regresar a aquel corazón roto, que me colocó frente a la verdad de lo que soy. Siete días de una lucha titánica entre ruido y sonido, entre mente y corazón, entre Fe y creencia. Siete días que no hacen una vida pero que saben a vida. Siete días de muchas palabras y suspiros y en medio un corazón que a trancas y barrancas no deja de latir. Y ahora mientras toco mi corazón tatuado olvido lo dolido y acojo con cariño todo el amor de cada latido. Mío es, tuyo también.

Etiquetas

Tenemos una extraña manía en etiquetar todo y a todos. En esta sociedad que estamos construyendo nos ha entrado la prisa por encajarlo todo y ponerle el cartel o señalar la dirección para que nadie se pierda. Pero es que a veces las cosas son como son sin necesidad de más aclaración ni más títulos.

No es necesario ni útil mentalmente tener que concretar hasta el último detalle ni definir hasta el último punto. Llevamos una vida programada sin lugar a la improvisación y con el miedo de quedarse en el limbo de la nada. Nos hemos auto convencido de la necesidad de pertenecer a un único sitio y de permanecer dentro de un mismo círculo.

Tradicionalmente nos hemos movido en una única dirección por un mismo camino y con un único objetivo. Pero por qué limitarse cuando el mundo está lleno de infinitas posibilidades. Hay momentos en la vida en que todo vale y hay otros en los que solo uno vale. Hay momentos en los que todo tu mundo se ciñe a un reducido círculo de vivencias y también es válido mientras seas feliz y si no solo tienes que cambiar las cosas.

Viví algunas veces eso de estar sentada en una silla mientras alguien enfrente de mí arruinaba mi presente y entristecía mi futuro. Me pesaban tanto las piernas que no conseguía ni dar un paso hacia delante pero me quedaron las fuerzas suficientes para tampoco darlo hacia atrás. Lloraba ahí sentada mientras se me rompía el alma. Si hubiera sido el corazón un poquito de pegamento lo habría arreglado pero el alma no se recompone tan fácilmente. Con el tiempo uno aprende que aunque quiera ponerse otra coraza al final no hay dique que contenga el agua.

Auto conocerme me ayudó mucho pero me hace cuestionarme mucho más las cosas, las situaciones y a las personas. Hay actitudes a las que sí hay que ponerles límites y personas que hay que dejar marchar por la puerta pequeña pero agradeciendo lo que te enseñaron. También soy consciente de que mi empatía tiene un tope y a partir de ahí no hay más. Me encantaría decir que perdono y olvido pero estoy a medio de camino de todo porque tengo una memoria joven y un corazón algo cansado.

Leía el otro día acerca del amor de una vida y de las almas gemelas. El escritor argumentaba que el primero nunca se olvida y que es el que te acelera el corazón. El segundo llega después del primero, es el que se queda y el que te da toda la paz que te quitó el primero. Yo no sé si esto es así de cierto pero como decía al principio nos ha entrado la angustia repentina de darle a todo forma y nombre. Pero solo el tiempo, los ciclos de la luna y las mareas son los que colocan a cada uno donde tiene que estar y con la compañía que necesita.

Si tuviera que elegir yo no quiero ser ni el amor de una vida ni el alma gemela. Quiero ser el último amor de una lista, el final de un libro, no un capítulo más. Quiero ser la llamada de emergencia, la mano derecha, el otro lado de la cama, el futuro, la vuelta al mundo no un viaje de siete días. Quiero ser el trébol de cuatro hojas, la cara y la cruz, la sensación de paz y luz.

Una vida de buenas y malas decisiones me llevó a tener que definir cómo quiero que sea mi camino y las personas que caminan en él. Y luego ya que venga el destino y vuelva a cambiar mis cartas pero que no sea porque no supe apostarlas.

Brujas y princesas destronadas

Tanto se ha escrito acerca de las brujas y tanto se ha dicho que nos ha quedado la imagen de una mujer poco agraciada físicamente, de carácter horrible y de sentimientos feos hacia el resto del mundo. Pero en verdad el mundo está lleno de grandes mentiras y ésta es una de ellas.

Las brujas eran mujeres hermosas que aprendieron el funcionamiento del mundo antes que nadie, que estudiaron todo lo que la naturaleza podía ofrecernos y que aprendieron a disfrutar de la vida y a vivirla intensamente.

Su desgracia fue ser mujeres y tener un conocimiento que no tenían los hombres. Cualquier fallo por pequeño que fuera las llevaba directamente a la hoguera acusadas de asesinas. Ayudaban a enfermos a curar sus males, traían niños al mundo y eran sabias, muy sabias. Quizás demasiado para un mundo gobernado por hombres.

Elaboraban sus propias cremas y medicinas naturales. Sabían de la importancia de las fases lunares y amaban su cuerpo porque él era su templo. Dicen que danzaban los días de luna llena y que habían pactado con el diablo. La gente acudía a ellas a escondidas para lograr un embarazo o curar el mal de amores.

Poco a poco la literatura fue afeando su rostro, vistiéndolas de negro, convirtiéndolas en seres malignos y transformando sus elixires en potentes venenos. Las describen como envidiosas, avariciosas y destructivas cuando ellas en realidad se dedicaron a dar vida a la vida.

En nuestros días se cuentan muchas leyendas acerca de ellas. Pero en esta sociedad nuestra del siglo XXI aún damos por válidos rumores y chismes sin comprobarlos y sin pensar en el honor de las personas de las que se habla.

Los rumores mataron la imagen de las brujas. Muchos rumores matan cada día la autoestima de muchas personas. El ser humano que es el único capaz de usar el lenguaje lo hace muchas veces para dañar. Si supiéramos el alcance de nuestras palabras quizás las engulliríamos antes de pronunciarlas. Si entendiéramos las consecuencias de nuestras decisiones las maduraríamos antes de tomarlas. Si fuéramos realmente capaces de ponernos en el lugar del otro y entenderle actuaríamos con cabeza pero también con corazón. Si amáramos realmente al otro no cabría el egoísmo en nosotros.

Nunca fui muy seguidora de princesas y más y las de los cuentos clásicos que solo deseaban ser rescatadas. La paciencia no me alcanza para esperar a que nadie venga a salvarme y tampoco le concedo ese poder a nadie sobre mí. Pero si de personajes de cuento hablamos las brujas no me asustan las que sí lo hacen son las princesas destronadas. Perder su posición, bajar de rango y dejar de ser el centro de atención ataca su orgullo. Y no hay nada más peligroso que un orgullo dañado. A veces quitarse la corona cuesta pero el verdadero problema es de quien deja que siga ocupando un trono que ya no le corresponde. Un día la magia desaparece y la fantasía se convierte en realidad y es ahí cuando ya el único destello que queda es el de los fuegos artificiales.

Larga vida a las brujas.

Recuerda recordarme

Recuerda recordarme en las noches que pesan y en los días que necesitas que alguien ate tus zapatos.

Recuerda recordarme cuando necesites un abrazo o que alguien dibuje un corazón mágico que se llena de besos.

Recuerda recordarme cuando sientas que el mundo está patas arriba o quieras una coleta alta que despeje tu rostro.

Recuerda recordarme cuando te sientas sola en un patio lleno de niños que no conoces y de bailes que no entiendes.

Recuerda recordarme cuando veas una estrella en el cielo porque tú siempre formarás parte de mi universo.

Recuerda recordarme cuando veas un unicornio rosa porque eres la magia que pinta nuestros días.

Recuerda recordarme cuando quieras olvidarme porque yo nunca voy a soltarte.

Recuerda recordarme cuando me necesites porque no hay bastantes kilómetros que nos puedan alejar.

Recuerda recordarme cuando viajes al norte y cuando vuelvas del sur. Llévame en tu maleta, suéñame en tus sueños, añórame en los atardeceres, pórtame en tu mochila y bésame despacio mientras me duermo.

Recuerda recordarme cuando cojas mi mano y susúrrame eso que no te atreves a decir. Acorta la distancia con un “te quiero” y elígeme como punto de partida y de final.

Recuerda recordarme siempre y para siempre…

Otoño de respuestas

El otoño es una estación que me vuelve a la calma después del verano que todo lo rompe; horarios, rutinas, actividades… Cambio la ropa del armario a una menos liviana y cubro mis pies con mis zapatillas de trabajo.

Hay preguntas que quedaron suspendidas en la primavera y este otoño que se pinta de colores marrones y anaranjados viene con respuestas. Quizás no las que quiero pero serán las que sean. Pude no preguntar pero si algo la vida me enseñó fue a enfrentarla de cara. ¿Valentía? No. Querer vivir en verdad si, con todas las cartas boca arriba.

En otoño siempre lloro las ausencias de los que partieron. Un dolor que aunque más pequeño jamás desaparecerá como otros a los que la vida nos lleva por nuestros propios errores y decisiones. Es el mes en el que comienza mi año, quizás porque ser maestra me lleva a ello.

Y así como empieza mi año, también lo hacen las listas. Siempre me ayudó clasificar las cosas en dos columnas. Creo que se visualizo pensamientos, sentimientos y emociones aligero el peso del alma. No hay nada más pesado que la chatarra de pensamientos autodestructivos, lo sentimientos enredados y las emociones desbordadas.

Este ejercicio de clasificación no lo hago sola, para eso está la terapia. Es la que me ayuda a ponerle nombre a todo lo que me ahoga. Hay que buscar el equilibrio en un mundo que camina rápido y que a penas nos deja centrarnos en lo importante y mirarnos hacia dentro.

Y lo más importante de esas preguntas no son las respuestas si no hacer bien la propia pregunta para que las respuesta vaya al fondo de la pregunta. No tengo miedo. Lo tuve cuando vi que mi vida iba a desmoronarse cuando yo ni tan siquiera conocía la pregunta. Eso duele.

Preguntas para una vida. Una oportunidad de conocer pero sobre todo de aprender y de clarificar el camino para saber y ser consciente de que todo acaba, todo pasa y siempre hay una oportunidad de volver a vivir.

¡Bienvenido curso 2022-2023!

Mañana da comienzo un nuevo año escolar. Nuestras aulas vuelven a llenarse de lápices, libretas y muchas ganas de aprender. Caritas de felicidad, otras de fastidio por poner fin a las vacaciones pero corazones agitados por todo lo nuevo que vendrá.

Atrás quedan los cursos pandémicos en los que nuestra sonrisa estaba tapada por la mascarilla, en los que manteníamos la distancia de seguridad, nos pasábamos el día higienizando nuestras manos y vivíamos en una burbuja con algo de miedo a un bicho que nos mantuvo en jaque mate durante demasiado tiempo.

Y este nuevo curso 2022-2023 nos viene con nueva Ley de Educación. Con algunos interrogantes, lagunas y tomada con pinzas pero los maestros hemos aprendido a adaptarnos a todo y seguro que una vez más sacaremos adelante este nuevo reto que nos propone la Administración.

Y los retos no terminan ahí porque nuestra sociedad gira y gira a la velocidad de la luz. Nuevas realidades se imponen y la escuela tiene que abrir sus puertas y cambiar sus metodologías sin dejar de conservar las que funcionan. Porque no todo lo viejo es caduco ni todo lo nuevo es mejor. A veces la esencia es la misma aunque se le cambie el nombre.

A pocas horas de empezar esta maestra repasa su libreta para recordarse a sí misma que eligió esta profesión por vocación y que aunque haya días duros nada ni nadie tiene el poder de sacudir su paz. Hay límites, hay normas, una puerta siempre abierta y abrazos muchos abrazos que templan el alma.

Y mañana esta maestra que también es madre no acompañará a sus Pequeñas Campanillas hasta la puerta del cole y no podrá susurrarles que las quiere y las requiere. Pero mañana cada una porta en su mano derecha la magia del amor que todo lo puede y todo lo alcanza y cuando atraviesen las puertas de su cole sabrán que camino junto a ellas y que siempre estaré presente.

¡Feliz vuelta a las aulas! Nadie nos dijo que ser maestros fuera fácil pero que valdría la pena sí. Y aquí estamos abriendo la puerta de un nuevo curso. ¡Bienvenidos!

#STOPSUICIDIO

Caminar aunque se acabe el camino.

Respirar aunque duela cada soplo.

Llorar aunque las lágrimas sean amargas.

Soñar aunque sea despierta.

Hablar aunque sea sin voz.

Levantarse aunque camines pocos metros.

Bailar aunque sea descalza.

Amar con los ojos abiertos.

Salir aunque sea para entrar.

Abrazar aunque sea para despedirse.

Cuando caminas, respiras, lloras, sueñas, hablas, te levantas, bailas, amas, sales y abrazas estás viviendo y para eso viniste a este mundo a vivir. Quizás en este momento tengas tus zapatos de baile rotos o respirar te duela pero hay que levantarse cada día y salir a caminar para abrazar la oportunidad única de estar vivo.

Y duele que el camino se acabe pero solo es uno de los cientos de caminos que puedes recorrer. Y las peores lágrimas son las amargas pero échalas fuera para que no te consuman por dentro y se lleven tus sueños. No ahogues tus palabras y no dejes que tus sentimientos te quemen por dentro.

Eres más de lo que crees y vales más de lo que te hacen sentir. No dejes que tus pensamientos se apoderen de tu mente y enséñale los dientes a la muerte para que pase de largo. Si hoy lo conseguiste mañana también lo harás. Yo creo en ti.

#stopsuicio #diamundialprevencionsuicidio

Solo tú…¡Amiga!

Solo tú sabes que voy a equivocarme pero cierras los ojos y no dudas en acompañarme.

Solo tú sabes cuando estoy nublada y solo necesito un buen café y que el tiempo pase.

Solo tú sabes que llorar me calma y que un abrazo me templa el alma.

Solo tú sabes que caminé por aguas heladas y todos los secretos que a nadie conté.

Solo tú te acostaste a mi lado cuando no podía levantarme y no me soltaste.

Solo tú sabes por qué tatué mis estrellas y a quien le debo todas mis deudas.

Solo tú sabes que no te juzgo, que me gusta escucharte, que confío en ti, que no quiero fallarte, que nuestro mundo es el mismo y que podría volver a empezar en otra parte pero que conmigo siempre voy a llevarte porque entre mis planes no está añorarte si no compartir cada momento que la vida nos regale.

Y si aún te preguntas quien es esa que todo lo sabe… que sepas que eres tú…¡Mi amiga! Esa que me escribe a media tarde, que me hace reír y que me empodera como nadie.

Creo y no creo

No creo en los amores rápidos. Esos que se dan en una noche de verano bajo la luz tenue de un candil. No creo en esos amores que suben como la espuma y después vuelven a bajar como la bruma del mar.

No creo en los amores que te hablan alto en los oídos y te miran poco a los ojos. Esos amores no conocen el brillo de tus ojos y no puedes ver si mienten sus palabras.

No creo en los amores que queman por dentro y desautorizo en mi vida y en la de cualquiera los que matan por fuera. No soporto la idea de que lo que escuece cura porque nadie debería herirnos.

No creo en los amores que se van de puntillas, que se ocultan, que están llenos de complejos y miedos y que tiemblan ante la idea de tener delante al amor más verdadero que jamás conocerán.

No creo en los amores que se pierden, que tiran la toalla y abandonan antes de llegar al final del partido. No creo en esos amores que ahogan y que aprietan el alma como quien ata sus cordones del zapato.

Pero…como buena creyente, creo en los amores que nacen de la nada y crecen despacio, dando tiempo al tiempo y pasando por todas las estaciones. Creo en los amores burbujeantes que se adaptan a cualquier tiempo y lugar.

Creo en los amores que primero te miran a los ojos y aguantan tu mirada. En aquellos que respetan tu espacio, aprecian tu presencia y a los que pesa tu ausencia.

Creo en los amores que no cosen tus heridas pero no echan sal en ellas. Aquellos que te hacen reír en las peores situaciones, que te dan paz aunque el resto del mundo esté en guerra y que apagan la luz del pasado encendiendo la del presente.

Creo en los amores que son verdaderos, que se aceptan y te aceptan con todas tus mochilas. En aquellos que se apuntan a tu viaje y que te hacen volar aunque sigas aferrada a tu zona de confort.

Y como buena creyente solo puedo creer en los amores valientes, que juegan sin saber cual será el resultado dándolo todo, que te sostienen cuando te flaquean las fuerzas y que jamás cortan tus alas.

Creo en los amores que saben que el amor no duele, no daña y que permanecen a tu lado cuando todos se van. Y creo firmemente que sí podemos elegir a quien querer. Todos nos enamoraremos al menos una vez en la vida de forma lenta y unas cuantas de forma rápida. Pero tenemos que ser conscientes que los planes del cielo nunca vienen con prisa así que si ese amor viene con mucha premura mejor escuchar a esa voz que nos dice que no convirtamos a un amor pasajero en un amor del “para siempre” porque nuestro corazón está en un riesgo alto de hacerse añicos.

Creo en el amor antes de conocer incluso el desamor. El primero te eleva a las alturas pero es el segundo el que te enseña a escoger, a qué si y a qué no y el que te lleva a la casilla de salida. El amor no se busca. El amor se sueña, el amor se cuida, se mima y se comparte para iluminar y dar luz a todos los que nos rodean. Y eso sí es amor…todo lo demás es pura ilusión…