¡Feliz cumpleaños Pequeña Campanilla II!

Llegaste para completarnos porque sin ti ninguno de nosotros lo estaríamos. Esa revolución que necesitábamos, ese aire fresco que limpia la sangre y que rompe patrones. Tan fuerte pero tan delicada. Tan cariñosa como desafiante.

Eres mi talón de Aquiles y aunque sé que sufro más pensando en lo que nunca sucederá quisiera pararte todos los golpes. Pero sabes que tendré que dejar que tropieces pero también que me tumbaré en el suelo contigo hasta que estés preparada para levantarte.

Cada escalón que subes, lo subo contigo y siempre será así. Hagas lo que hagas, mi amor es infinito. Hemos llorado juntas algunas veces y aunque cumples en unos días siete años, siempre veré en ti a ese bebé que dormía apoyada en mi pecho con una sonrisa maravillosa.

Nada de lo que hagas te hace especial porque tú eres única por ser como eres. Aunque mis ojos no te miren tanto como me gustaría mi alma siempre estará puesta en ti y en tu hermana porque sin duda no soy la mejor madre del mundo pero soy la que necesitáis y vosotras las hijas que necesito.

Eres tan auténtica, tan tú que atraes a muchos. No necesitas a ninguno pero los quieres a todos y confío que sabes que hay personas que no merecen más oportunidades porque solo quieren apagar tu luz. Eres esa esencia que embelesa con cada uno de sus movimientos de baile.

Llegarás donde quieras. Serás lo que quieras ser. Reterás a todos y cada uno de nosotros pero sé que buscarás nuestros brazos cuando la vida pese.

Disfruta de tu día mi Pequeña Campanilla II. Nadie como tú para hacerlo, para ilusionarse y para hacernos sentir a todos los que te queremos afortunados de tenerte en nuestras vidas. Aún no lo sabes pero sin capa has salvado los días de muchos con tu eterna sonrisa.

¡Feliz cumpleaños mi Pequeña Campanilla II!

6 de febrero de 2026

¡Feliz cumpleaños Pequeña Campanilla I!

No puedo creer que haya pasado otro año y esté de nuevo sentada frente al ordenador para felicitarte por un año más cumplido. Estarás pensando mientras lees esto que aún te quedan unos días pero sabes que no me gusta llegar tarde y menos si se trata de ti.

Mientras escribo suena tu canción de fondo e igual que hace trece años atrás pienso que fuiste la suerte de mi vida y que siempre serás junto a tu hermana el “gracias” más grande que puedo darle al cielo. Sé que no podré olvidar la primera mirada de tus ojos, ni esa piel tan calentita al salir de mí, tu olor me acompañará siempre y tu dedito enganchándose al mío.

El trece es mi número pero no será el tuyo y solo te deseo que te traiga durante este año todas las bendiciones que me ha traído a mí. Lo que más me gusta es mirarte sin que te des cuenta y llorar en silencio mientras pienso lo rápido que ha pasado el tiempo. Voy robando minutos y creando pequeños recuerdos bonitos a los que puedas ir cuando necesites un refugio.

Sé que vas a retarme mucho, que me armaré de paciencia para comprenderte en estos años locos que nos vienen pero me encanta poder hablar contigo de cualquier tema. Sabes que me vuelves loca pasando de un tema a otro y que tu curiosidad no tiene límites. Sabes más de economía que yo, juegas muy bien tus cartas pero sigues queriendo mi hombro y para mí eso es todo lo que necesito que entiendas. Llueva o truene, hagas lo que hagas, aunque te equivoques cien veces, aunque fracases otras tantas, estaré en primera fila para abrazarte y decirte que “todo pasa y eso también lo hará”.

El espejo refleja tu imagen pero no proyecta la chica tan maravillosa en la que te estás convirtiendo. Tratas al resto con cariño y respeto. Leal como nadie, trabajadora, responsable y valiente. Fuerte como un roble, deportista, inteligente y con esa luz que ilumina. Sé que te eduqué como un delfín pero con el tiempo aprendiste que estabas rodeada de algún que otro tiburón así que con alguna que otra decepción estás aprendiendo donde están tus propios límites.

Ojalá nunca olvides lo que vales y no necesites que nadie te lo recuerde. Ojalá este año el tiempo se detenga un poquito más y no corra tan rápido aunque me temo que eso no sucederá.

¡Feliz cumpleaños mi Pequeña Campanilla I! Que lo disfrutes como solo tú sabes. Tu familia y amigos siempre celebrarán la suerte de que formes parte de su vida.

30 de enero de 2026

Adviento, tiempo de esperanza

Solía pensar que noviembre venía cargado de dulzura después de un octubre que nos trae el otoño y nos quita la frescura del verano. Pero este año noviembre ha sido duro como los meses de invierno. Niebla metal, palabras que se atascan en la garganta, aire retenido en los pulmones incapaz de ser exhalado, heridas que se reabren, viejas culpas y una mochila que pesa.

Las batallas que más duelen se libran solos. En ellas no se derraman lágrimas ni se teme a los rivales. Lo que da más miedo de ellas no son la oscuridad y el silencio en el que te sumergen si no saber que antes o después tendrás que mirarte delante de un espejo y admitir que estás hecha de pedazos de historias que duelen. Y para eso llega el adviento para saber que es el momento de volver a confiar, ¿en qué? ¿En quién? Quizás no estés en un momento de saber ni en quién ni cómo pero no puedes dudar de ti mismo. La cabeza se equivoca y la mente nos engaña pero el corazón no porque carga con todos los latidos que cuentan nuestra historia.

Veinticuatro días para esperar una llegada, una señal, una luz, una estrella o para aceptar que no podemos cambiar las montañas de sitio pero sí aprender a subirlas. Levantarse cada día proponiéndose dar importancia a lo que lo tiene y acostarse agradeciendo los pequeños momentos del día a día. Esos que le dan sentido a nuestra vida y que nos iluminan por dentro. El adviento viene a encender esa luz que todos portamos dentro pero que dejamos que el viento la apague de un solo soplido.

Si fuéramos conscientes que con nuestras palabras salvamos el día de alguien, que con nuestra sonrisa secamos las lágrimas de otro, que con nuestros abrazos calentamos los corazones necesitados dejaríamos el belicismo entre nosotros. La vida no consiste en saber quien tiene razón si no en quien sabe ganar con el silencio. La vida no puede ser sostener una monotonía de conversaciones que no llevan a ningún lugar si no de sostenerse unos a otros como los ejércitos de naipes que no dejan hueco entre ellos.

Antes del adviento he arreglado mi armario acomodando mis jerséis de invierno y colocando mis bufandas en primera línea. En estos días antes de su llegada me desharé de la chatarra mental, limpiaré la emocional y cerraré las conversaciones pendientes. Mi voz volverá a sonar clara y me centraré en crear en lo que creo, palabras. Para alguien solo son palabras pero para otros son esa chispa que enciende la llama de la esperanza del adviento. Y eso espero del adviento que llegue esa brisa que me renueve por dentro, que despeje mi mente y temple mis emociones antes de la venida de la verdadera luz del invierno.

¡Feliz adviento! 🌿

Sol de otoño

El nuevo curso ha arrancado en medio de un verano que no nos deja del todo. Un septiembre que nos mete a trompicones en la rutina y con la mente aún nublada por el verano nos pide que tomemos decisiones para los próximos diez meses aún sabiendo que no todas serán acertadas. Siempre será mejor avanzar que retroceder o quedarse quieto. Mejor decidir mal que no hacerlo.

Hace unos veranos atrás establecí como objetivo reescribir mis estrellas porque sabía que algunas nunca desaparecerían como las heridas que se convierten en cicatrices pero siempre duelen. Basta una canción, un olor, un sabor o un lugar para devolvernos a aquel instante que siempre formará parte de nuestra historia de vida. Hay personas que no solo pasaron por nuestro camino sino que nos acompañaron un buen trecho y dejaron sus huellas y hay otras que llegaron para cogernos de la mano y nunca soltarnos. Elige si tú eres del equipo que acompaña o del que no suelta cuando el viento sopla fuerte.

El sol de otoño cada día está más bajo y los días se acortan y nuestro cuerpo va notando el cambio de estación. El ritmo de los días empieza antes y el despertador suena cada mañana para que nos pongamos en pie. Mi cuerpo despierta con el amanecer y baja sus latidos cuando anochece. Para mantener mi cuerpo y mi mente en equilibrio he necesitado escucharlos pero sobre todo aprender mucho, leer más y practicar cada día. Y con esto he aprendido este año a priorizar mi salud siempre que pueda porque cuerpo solo tengo uno y necesito que me sirva para muchos años más.

El cuidarse por dentro y por fuera no debería ser un privilegio ni una necesidad. Tendríamos que verlo como la única opción. Es la sociedad más avanzada que ha conocido la humanidad pero también es la más cansada, deprimida y ansiada. Es la más comunicada y en la que más gente se siente sola y desconectada. La sociedad más formada y menos informada y la que más acceso tiene al conocimiento y que menos conoce y sabe vivir el día a día como el regalo que es.

Bombardeados de imágenes creadas por la inteligencia artificial, llenas de filtros y ocultando verdades incómodas, les vendemos una realidad a nuestros niños y jóvenes que no existe. Porque lo importante no es lo que han podido hacer o no este verano o donde han viajado, lo importante es saber que han hecho con lo que han vivido, como lo han filtrado y si lo han digerido como un verano más si no ha sido el mejor de sus vidas o como una bendición si lo ha sido.

Mientras vamos afilando de nuevo los lápices y compramos rotuladores de colores, aprendo de las nuevas etapas que enfrentan mis pequeñas campanillas. Una adolescencia que pide confianza y dejar hacer mientras yo aún veo a esa niña pequeña a la que llevar de la mano y dejar en la puerta de su colegio. Y ella que leerá como si nada este post dirá eso de que soy una sentimental y yo la abrazaré fuerte porque es mi suerte número uno. Y tengo a mi niña primaria que no recuerda lo que hace en el cole cuando le pregunto pero sé que está intentando adaptarse a todos los cambios y entender lo que es hacerse mayor. Y ella que es mi suerte número dos es mi talón de Aquiles igual que mi pequeña campanilla I.

No hay nada que traiga más dudas, más miedos, más incertidumbres que ellas. No hay más deudas que me importen saldar que las que contraje con ellas y no hay más lágrimas saladas que las suyas. Tampoco hay más amor del bueno, del auténtico y del que sana que el suyo. Los amores van y vienen aunque algunos permanecen pero lo importante del amor de los hijos no es el que ellos te dan si no el que tú les das y aunque puedan equivocarse jamás dejas de acompañarles. Quizás no sea febrero ni el mes del amor pero hace doce años nació mi primer auténtico amor y se marchó entre las hojas del otoño uno de los dos amores más grandes que nunca tendré. Siempre será para mí el mes del amor, de ese amor que te lleva a tocar el cielo pero también del que te trae nostalgia pero de la que te llena y de la que te hace sonreír al pensar que vas a estar ahí en ese puente de madera cada partido.

Esto no ha hecho nada más que empezar…¡Carpe Diem!

Verano 2025

Veo asomarse el mes de septiembre y mi cabeza empieza a ponerse en “modo inicio de curso”. Si algo tengo claro es que desde que soy maestra y madre mis años empiezan en septiembre y acaban en junio. Una buena coctelera de sentimientos se agitan dentro de mí. Quiero estirar el verano y todas sus buenas vibraciones pero también mi cuerpo necesita volver a la rutina. Lo sé, suena aburrida, llena de obligaciones y volverán las prisas, el estrés y los millones de cosas por hacer pero regresarán los cafés de las mañanas con mi loquita favorita, los abrazos en medio del pasillo con mi amiga hermana que me sostienen para todo el día y las sobremesas llenas de risas.

Ojalá pueda contener en el tarro de la memoria todo lo que he vivido y aprendido este verano. Ojalá nunca me rinda en querer ser una mejor versión de mí misma para mí y el resto. Ojalá se asiente dentro de mí esa semilla de pensamientos llenos de luz que me han hecho vivir una maternidad serena y llena de abrazos. Ojalá nunca olviden mis pequeñas campanillas todos los recuerdos que hemos construido juntas este verano: conversaciones eternas, actividades creativas, excursiones, fotografías, deportes, desayunos tardíos y sueños muchos sueños por los que luchar.

Ha sido un verano de muchos kilómetros, mucha arena y montañas verdes. Sé que nací en el sitio que tenía que nacer pero he aprendido que allá donde hayas sido feliz has de volver siempre. Sabía que era más de verdes que de azules pero no que los necesitaba para respirar, no que me emocionaran hasta las lágrimas y que si algún día me pierdo será en mi lugar favorito con mis tres amores cerca.

Hemos venido con la única misión de aprender y evolucionar por eso mi mente curiosa no cesa de querer absorber todo el conocimiento que pueda. Mirando mi cuerpo frente al espejo he entendido que las arrugas están y ahí se quedarán pero que cuidaré mi rostro con mimo. Que hago deporte porque me mantiene sana y equilibrada pero que no tendré un cuerpo perfecto. Que cuidaré más lo que entra por mi boca porque alimentar el cuerpo también es alimentar el alma. El tiempo me ha enseñado que nada se puede hacer contra las embestidas que la vida nos trae pero con salud y fuerza todo se supera.

Y si me estás leyendo y has tenido un verano de esos para tachar en el calendario también es un verano. Si has llorado más que reído también es un verano. Si te ha faltado el aire, si no has tenido ninguna foto que subir a tu red social, si estás triste o te sientes solo también es un verano. Quizás ahora no veas la salida, quizás te estás comparando con alguien y pienses que su vida es mejor y a lo mejor es así pero mira atrás y verás que hay alguien deseando tu suerte y tu verano aunque tú ahora no lo creas. Si me preguntan cuál es la frase que me salvó el peor verano de mi vida fue “todo pasa y esto también pasará”. Habrá un punto final aunque no sea el que tú quieras pero lo habrá y volverás a respirar. Nada será igual, tú no serás igual pero solo la fe, tu fe te hará libre.

Y si has tenido un verano bonito, de esos para recordar abrázalo fuerte y refúgiate en él cuando los días de otoño hagan caer sus hojas o cuando el invierno enfríe tus manos. La vida son pequeños momentos de felicidad y si este verano fue uno agradece al cielo y siéntete en paz con el universo. Merecedores de un pasado que tenemos que sanar para dejar un presente limpio y un futuro que no duela.

¡Hasta siempre verano 2025 con todos tus días, tus amaneceres y tus atardeceres cubiertos de verdes y azules!

Una nueva vuelta al sol

Nueva vuelta al sol. Trescientos sesenta y cinco días que dejo atrás con la sensación que la rueda giró rápido pero que no fue ligera y cargó con algo de peso, como siempre, porque algunas cosas no cambian. No esperaba que lo hicieran pero en esta vuelta sí hubo un antes y un después. Hasta que me desprendí de un buen lastre los días pesaron y hubo momentos en los que el pasado no fue pisado pero me agarré con fuerza a encarar el presente de frente.

Nueva vuelta al sol que suma de todo y solo resta tiempo. Pruebas que pasar, unas cuerdas que dijeron “basta”, personas que vinieron a mi camino, algunas que se silenciaron, viajes, despedidas dolorosas, nuevos puzzles y juegos de cartas a los que aprender a jugar.

Dos nuevos tatuajes que siguen contando mi historia. Nunca quise mostrarlos si no saber que son mi mapa de ruta, lo que soy, lo que fui y lo que no dejaré de ser. Porque soy ese número de la suerte de alguien, esa inicial que me cambió la vida, ese corazón que no dejará de latir pese a las embestidas de la vida, ese agua en la que no puedo estar, esa dualidad que me define, esa libélula que emprendió el vuelo para autoconocerse y aceptarse a partes iguales y esas estrellas que iluminan mi camino en medio de los días oscuros.

Una nueva vuelta al sol que me hizo lograr mantener en equilibrio mi cuerpo, que incorporó el ejercicio físico como rutina y necesidad para que mi mente estuviera despejada y pacificada. Hubo días en los que no había ganas pero mi logro fue permanecer y vencerme a mí misma.

Una nueva vuelta al sol que me apretó el alma al ver que todo cambia y nada permanece, que no soy solo yo quien crece y cumple años, que mis pequeñas campanillas se me escapan de las manos y que van dejando atrás etapas e inaugurando otras nuevas a pasos de gigante.

Una nueva vuelta al sol en la que pese a todo he ido priorizándome poco a poco. A veces olvido que para cuidar bien a todos primero necesito cuidarme yo. Ser madre te hace ponerte muchas veces la última de todo, te absorbe y te hace renunciar a muchas cosas por eso me comprometí conmigo misma a cuidarme con cariño siempre que pueda. Si yo lo hago ellas aprenderán a hacerlo.

Mi nueva vuelta al sol comienza ahora, cuando la primavera llega casi a su fin. Al soplar las velas solo deseé que mi fe me siga acompañando para no perderme por viejos caminos que mi alma no necesita. No más enredos, no más ovillos, no más muros. Más claridad, más firmeza, más límites y el mismo amor para dar y recibir sintiéndome merecedora de todas las bendiciones que la vida me traiga y aceptando las tormentas por las que tenga que pasar.

Larga vida a mi vida…

Graduada Campanilla II

En dos días dejas atrás una etapa que te ha convertido en una niña que lloraba cada mañana al cruzar la puerta de Infantil durante mucho tiempo y ahora es esa niña risueña que coge su mochila cada mañana sabiendo que va a un lugar siendo feliz.

Miro las fotos de los primeros días cuando agarrabas fuerte mi mano para calmarte y ahora siento que tus abrazos son los que me calman a mí para que sienta que puedo ir en paz a trabajar.

Has crecido tanto, has cambiado tanto sin dejar de ser tú y nos has demostrado que solo necesitabas un poco más de tiempo. En el corral los gallos siempre han querido cacarear más alto pero con paciencia y aprendizaje has entendido que todos tenemos límites y has tenido que aprender a ponerlos.

Eres lista muy lista para saber que la perfección no existe, que está bien pedir ayuda cuando se necesita y que no te gustan las anclas porque quieres absorber todo lo que el mundo puede ofrecerte.

No tengo ninguna duda que jamás olvidarás a tu primera maestra. Estoy convencida que ha sido la mejor y la que necesitabas. Te ha enseñado más que letras y palabras. Aprender a superar las dificultades y a defenderse en la jungla es lo que te mantendrá a salvo y es ella con todo su cariño y paciencia quien lo ha hecho.

Cuando subas al escenario y recojas tu diploma de graduada veré en ti a esa pequeña niña que llegó a mi vida cuando menos la esperaba y más la necesitaba. Mis ojos se emocionarán sabiendo que emprendes una nueva etapa que te llevará a nuevos aprendizajes, experiencias y aventuras. Sé que estás más que preparada pero voy a estar ahí bien pegadita a ti acompañándote cada día igual que a tu hermana.

Mi Pequeña Graduada II me tienes el alma colmada de todos los “te quieros” que me escribes, de los abrazos que me das cada mañana y cada noche y de verte irradiar ese brillo allá donde estás.

No cambies mi Pequeña Campanilla II y no dejes que nadie apague tu luz.

Graduada Campanilla I

Mañana acabas una etapa que empezó hace seis años y cuelgas tu mochila. Una mochila llena de experiencias, momentos de risas y alguna que otra decepción pero siempre con pasos hacia delante. Cuantos objetivos conseguidos, cuantas horas de estudio, de proyectos y trabajos. Has desgastado tus bolígrafos y agotado tus acuarelas.

Llegaste a las aulas de primaria con la convicción que nunca olvidarías tu paso por las de infantil. Y así es cada vez que abrazas fuerte a tu primera maestra del cole. Te enseñó a leer, a escribir, a rezar, a pintar y a entender que eras maravillosa sin ser perfecta y sin que todo fuera perfecto.

Viviste un divorcio y una pandemia pero lejos de bajar los brazos continuaste siendo esa niña de ojos marrones a la que despedía cada mañana con un te quiero, un requiero y un súper quiero. Te prometí que solo te lo diría a ti y aún a día de hoy cuando casi has alcanzado mi estatura y tus ojos se cruzan con los míos, es así.

Pronto alcanzarás un nuevo nivel en el juego de vivir y tengo tantas dudas y temores que lo desenchufaría y te diría eso de “game over”. Pero sé que eso no puede ser y que mi trabajo contigo acabó y de ahora en adelante solo estoy para acompañarte cuando me lo pidas. Aunque sabes que hay negociaciones perdidas conmigo tanto como yo sé que hay batallas contigo perdidas.

Mañana cuando encima de ese escenario recojas tu diploma mis ojos se llenarán de un buen cóctel de orgullo, felicidad y lágrimas. Sé que mi corazón palpitará por la niña que siempre serás ante mis ojos pasen los años que pasen y las graduaciones que se sucedan.

Y mañana disfruta mi Pequeña Campanilla I porque mis ojos estarán puestos en ti. Que nadie apague tu brillo, que nadie limite tus sueños, que nadie te detenga, que nadie te conozca más que tú misma, que no necesites a nadie para ser feliz y que estés donde estés jamás olvides quien eres.

La próxima vez que sople las velas de mi cumpleaños seguiré pidiendo verte soplar las tuyas cada año.

¡Felicidades mi Pequeña Graduada I!

El tiempo no se mide en segundos…

El tiempo que pasas con una persona no determina lo que la conoces. Puedes haber pasado años y saber cómo toma el café. Puede que hayas visto su mejor cara y viajado con ella a lugares remotos pero saber que ha tenido un mal día solo por cómo contesta a tus mensajes eso no se mide en tiempo si no en palpitaciones. No todos estamos destinados a todos.

No podemos medir el tiempo en segundos porque así se nos escapan muy rápido de las manos y los desaprovechamos casi todos en rodeos que no conducen a nada. Adelantando vidas que no llegarán, mareas que nunca subirán y angustias que no serán más que ligeros mareos.

El tiempo está hecho para medirse en todas las experiencias que viviremos, en los retos que superaremos y en lo sueños que pelearemos. Porque si algo nos enseña el tiempo es que todo cuesta todo y que nada llega por nada. Que la vida te da y te quita, tal vez, más de lo que desearías pero nunca menos de lo que necesitas. Porque para vivir no necesitas a nadie solo oxígeno y eso el universo te lo da sin pedirte nada a cambio.

El tiempo es la mano que te coge cuando tienes miedo, el paraguas que te cobija bajo la lluvia y el silencio en mitad del ruido. Es el mar en calma, son las lágrimas que fluyen y los recuerdos bonitos de un pasado que no volverá como tampoco el tiempo que invertimos en entender en vez de aceptar.

El tiempo me llevó siempre a dos dígitos. He querido huir de ellos y aunque de algún modo ya no resuenan en mí con tanta fuerza no puedo olvidar que soy un trece por el resto de mis días. Nací bajo su marca. Y él se marchó bajo la suya pero luego me trajo su corazón y ya no pude odiarlo. Me he tatuado sus números en una lengua sagrada para honrar mi cuerpo que es mi templo y aceptar mi destino con honor y no con dolor.

Mi mente se enreda en el tiempo y vuelve a abrir unas costuras que fueron cerradas. Quiere ganarme la partida atacando mi vulnerabilidad porque no me gusta perder el tiempo y sabe que la paciencia no me alcanza. Pero si algo he aprendido es que las personas no se pierden porque no nos pertenecen y las que están son las que han de estar.

El tiempo no se mide en segundos pero ellos saben cómo marcharse de nuestros días a todo correr sin casi darnos cuenta. Me he prometido intentar ser consciente de cada segundo que dejo escapar en personas, situaciones y vidas que no lo valen para poder gastar esos segundos a partir de ahora en la mía y en la de los que me rodean que valen cada segundo.

Larga vida a los segundos que suman y no restan…

¡Felicidades Pequeña Campanilla II!

Y llegó tu momento, ese que esperas cada año, ese que vives con tanta ilusión, el día de tu cumpleaños, el día de soplar las velas de tu tarta y el día de arrancarnos a todos una sonrisa de oreja a oreja al verte tan feliz.

Será porque eres un pedacito de mí pero jamás he conocido a ningún niño con tanto derroche de cariño y regalando tantos abrazos. Aún no lo sabes pero hay abrazos que curan y los tuyos son de esos. Son de los que alargan vidas.

No quieres ser la pequeña porque piensas que eso es una desventaja. Hay cosas que aún no puedes hacer pero sé que hay pocas que dejarás de hacer si realmente las deseas porque a tus seis años vienes pisando fuerte. Bailas con una entrega que puedo adivinar en cada paso que es tu forma de expresar todo aquello que llevas dentro.

Os miro a tu hermana y a ti sabiendo que vosotras sois las niñas que yo hubiera querido ser. Listas, fuertes, valientes, revolucionarias… Y me siento feliz de haberos traído a este mundo para mejorarlo porque sois el mejor regalo que he podido hacerle a mi sistema.

Sé que te me escapas y aunque eres independiente me hace feliz que cada día me despidas con tanto amor como si fuera el último y me recibas cuando regreso como si hubieran pasado días. Quizás tú hayas entendido mejor que nadie cómo funciona esta vida.

Sabes Pequeña Campanilla II que nunca prometo nada que no pueda cumplir pero voy a acompañarte en cada paso que des y en cada tropiezo voy a darte mi mano por si la necesitas para levantarte. Me da igual los años que tengas y lo lejos que vivas. Un día habitaste en mí y un hilo invisible nos mantendrá unidas para siempre.

Eres junto con tu hermana mi mejor declaración de amor y sé que el destino os trajo hasta mí para hacerme mejor persona porque no hubiera conocido lo que es el amor verdadero sin vosotras.

¡Felicidades mi Pequeña Campanilla II! Mi pequeña gran revolución y mi pequeño gran amor.

Te quiero, mamá.

6 de febrero de 2025