43 razones por las que sonreír

365 días más han completado mi nueva vuelta al sol. Echo la vista atrás y no puedo creer lo rápido que han pasado mañanas y noches. Tal vez porque los he vivido intensamente, tal vez porque hice que contaran y no solo sirvieran para descontar tiempo.

Este año no fue el de los pasos de gigante. No se trataba de crecer como el anterior y sí de ser capaz de mantener lo alcanzado y cumplir lo prometido con mi propia vida. Quizás mi camino estuvo más despejado de piedras y no hubo tantos muros ni montañas que escalar con tacones pero mi razón tuvo que entender más que nunca que la paciencia todo lo alcanza.

He andado unos cientos de kilómetros y he desgastado mis suelas intentando aceptar que los planes y los momentos no me pertenecen. Que todo es mejor siempre cuando sucede a su tiempo, en su lugar y con quien tiene que suceder.

Claro que he llorado y mi corazón ha estado bien apretado y también he vivido toda mi maternidad en sus extremos pero también he reído hasta doler el estómago y he disfrutado de todos los días de sol y las noches estrelladas.

He tenido a mi familia para sostenerme y a mis pequeñas campanillas para abrazarme y sentir el amor más bonito del mundo. Unos compañeros con los que disfrutar trabajando y llorar riendo. Unos alumnos de los que aprender y enloquecer a partes iguales.

Y que decir de los amigos que son la familia que elijo cada día, esos nunca fallan. Hemos viajado, hablado hasta la madrugada, brindado por todo lo bueno y hemos creado una red de planes donde poder ser la mejor versión de cada uno.

Pero este año he vaciado mi mochila de unas cuantas culpas que jamás podré arreglar y he dejado el pasado pesado para mirar hacia el futuro de frente. Y no, no he dejado de soñar porque mis sueños viven en mí y he vuelto a creer en mí.

No supe levantarme de la mesa cuando el amor ya no se servía, me faltó valentía u osadía o quien sabe si me destino era llegar hasta ese momento y poder partir y llegar a una nueva mesa en la que el amor si se sirve. Un menú sencillo basado en el respeto mutuo, en el equilibrio y con unas infinitas ganas de vivir en paz. Y de postre, chocolate de ese que endulza el alma y hace que todo se coloque en su lugar y a su tiempo.

Si me lees mi “yo” del futuro, no corras, y cree que todo es posible. No se muere de dolor ni de pena, vive, aprende para crecer y hacer que todo florezca a tu alrededor. Se luz aunque todo esté oscuro, eres más fuerte de lo que piensas y quiérete tanto que no escuches el ruido de las palabras que hieren. Nos vemos al otro lado y contamos juntos todas las razones que esta vida nos dio para sonreír.

Compromisos y más…

Que tiempos son estos que corren que el compromiso da tanto miedo. Suena a pasado y a tradición pero debería estar presente en la vida de todas las personas de bien. Que pánico es ese que le hace buscar a la gente lo superficial y quedarse solo con la capa de arriba.

Nos comprometemos de palabra y luego no la respetamos ni le damos el valor que tiene aniquilando todo su prestigio. Como mirarse al espejo después de haber faltado a nuestros propios compromisos con nosotros mismos.

La cobardía nos puede y no enfrentamos nuestros compromisos. Pero queridos elegimos una profesión sabiendo todo lo que ella supone y sobre todo aquellos que trabajamos con personitas debemos tener un compromiso moral con todas y cada una de ellas. Enseñarles está bien pero cuidarles es más que curar sus rasguños.

Y cuantos de nosotros hemos llorado al sentir nuestros compromisos rotos y olvidados. Y cuantos de nosotros creemos en firmar nuevos compromisos y sellarlos con remitente, destino pero sin final. Y cuantos de nosotros no escapamos porque aprendimos que al final el destino te encuentra por muy agazapado que estes detrás del mayor muro de piedra.

Vivir y convivir con otras personas crea compromisos entre todos. La lealtad ese valor tan ultrajado y mal interpretado tendría que estar entre las cualidades de todo ser viviente. Ser leal es ser fiel y no a un cuerpo solo si no a unos principios y a unos sueños compartidos. Quien rompe ese compromiso destruye sus propios sueños.

La próxima vez que vayan a aceptar un compromiso carguen con la responsabilidad que eso supone. No pueden estar prometiendo cosas que jamás harán ni jugando con los sentimientos de nadie porque juegan con los suyos propios. Un día no tan lejano serán conscientes de que les falta compromiso y quizás la vida por entonces vaya a cobrarles su deuda.

Comprometerse debe ser un acto consciente y maduro porque enfrente tal vez tenemos a la única persona que cogerá nuestras manos y nos mirará a los ojos para decirnos: sí quiero. Quiero todo lo que puedes ofrecerme, quiero un noviembre frío y un mayo lluvioso, quiero postres a medias y risas. Quiero tus días malos, viajes a cualquier sitio y una chimenea para asar castañas. Comprometerse es la pieza del puzzle que cada uno construye con su camino.

Nadie nos enseña a comprometernos pero unos pocos pasan por nuestra vida para enseñarnos lo que no es el compromiso. Luego vienen otros y sellan su compromiso cada día recordándonos que el cielo nunca nos dio por perdidos.

Lo que sabía y lo que sé

Sabía que vendrías y que llegarías para sacarme a bailar cuando había dejado olvidados mis zapatos de baile pero olvidé decirte que yo no bailo sola.

Sabía que venías de la mano del corazón que más ha latido por todos nosotros pero venías sin zapatillas y mi casa está en lo alto de una cuesta.

Sabía que venías con algunos rasguños y unas cuantas heridas y aunque no sé coserlas ni soy quien para cerrarlas al menos prometo no echarte sal en ellas.

Sabía que eras una apuesta, quizás el renglón torcido que le falta a una vida a veces tan ordenada como la mía.

Sabía que serías de mi equipo aunque juguemos en ligas distintas. Me gusta tener mis pies en el suelo y a ti metidos dentro del mar pero sé que nos encontraremos justo donde rompen las olas.

Eso era lo que sabía…

Sé que podemos pasar horas hablando e intentar arreglar el mundo cuando el caos de días, de idas y venidas nos consume el tiempo.

Sé que podemos juntar nuestras manos o caminar solos pero que nos gusta coleccionar momentos y reírnos de un futuro que nos atropella.

Sé que respetas lo que no conoces y aguardas mis silencios. No matas monstruos por mí porque sabes que quiero hacerlo a mi manera pero sé que cuento con tu espada.

Sé que vienes en son de paz porque sabes que no me gusta estar en guerra ni ganar ni perder batallas. Pero las conquistas sí por duras que sean. No me gustan las toallas en el suelo ni los vasos medios vacíos. No creo en las medias tintas ni en el vivir por vivir.

Me faltan muchas cosas por saber, otras tantas por aprender y muchos kilómetros por recorrer. Pero sé cuando le sobran minutos a tu día y le faltan besos. No sé qué hacías hace años atrás ni donde estaba yo pero sé que quiero formes parte de mi equipo. No soy la princesa prometida aunque me guste el rosa y no adivino el futuro. Pero sé que estás y me gusta tu dulce melodía.

Conocidos en lo desconocido

Fuimos el vals del final de una boda y ahora somos dos canciones que suenan a un ritmo distinto.

Fuimos todas las flores blancas de un jardín y ahora somos solo tallos verdes que perdieron sus espinas.

Fuimos la silueta y la sombra y ahora somos dos personajes que ya no se reflejan el uno en el otro.

Fuimos los más conocidos y las miradas que lo dicen todo y ahora somos dos grandes desconocidos que miran hacia otros lugares.

Fuimos dos caminos y miles de pasos y ahora somos dos senderos que borran las huellas que dejan a su paso.

Fuimos el secreto el uno del otro y la vida que dio vida y ahora somos las agujas de un reloj que nunca marcan las horas en punto.

Fuimos y ya no somos.

Y con un nuevo comienzo me convertí en la bailarina principal de mi propia obra de teatro.

Y con un nuevo comienzo supe que dejaba atrás lo que conocía para adentrarme en lo desconocido. Y no hay nada más desconocido que uno mismo.

Y con un nuevo comienzo cambié flores por arco iris de colores y no esperé a bailar al final de la boda.

Y con un nuevo comienzo ya no quise más secretos ni ser la silueta de nadie pero sí la protagonista de mi historia porque nadie mejor que yo para contarla.

Y con nuevo comienzo no salí a buscar ni dejé que me buscaran. Cosí mis heridas, busqué mi bálsamo y encontré toda la paz que necesito.

Y con un nuevo comienzo abrí mi puerta esa que un día cerré y el viento se coló. Él limpió mis ojos y vi por primera vez lo que mi alma necesitaba.

Yo fui. Tú fuiste. Y ahora somos. Y el tiempo dirá si seremos. Mientras vamos a ser dos desconocidos que mueren por conocerse.

Te vi allí

Te vi allí arriba de aquel altar con tu vestido blanco y tu lazo verde y solo lloré. Lo hice por todas las veces que me olvido de ser agradecida con la vida por haberme dado a través de ti la oportunidad de conocer la luz. Y sí, porque tu sonrisa ilumina pero tu corazón está lleno solo de bellos sentimientos.

Te vi allí con tu sonrisa preciosa y tus ojos marrones llenos de felicidad y supe que jamás olvidarás este día. Te mereces este día y todos los que tu destino te tenga preparado así de especiales, así de bonitos, así de tuyos y solo tuyos.

Te vi allí en aquel claustro luciendo tu mejor pose, tu mejor porte y con tus manos cogiendo las de tu hermana y me llené de paz porque sé que jamás la soltarás. Tu paciencia es tan infinita y tu amor tan verdadero que sé que hay un pedacito de cielo aguardando por ti.

Te vi allí con tus amigas, las que lo son desde hace ya algunos años y supe que cualquier desvelo ha valido la pena porque esta era tu fiesta, este era tu día y sé que lo habéis disfrutado como nadie.

Te vi allí rodeada de tu familia. Abuelos, tíos, primos, padres, amigos de corazón y supe que llueve o truene siempre van a acompañarte, siempre van a estar ahí, siempre van a esperarte, a reír contigo y a secar tus lágrimas.

Te vi allí bajo la mirada de él y le pedí que te cuide, que te acompañe y que esté a tu lado. Igual que tú junté mis manos, cerré los ojos e inhalé toda su paz. Me postré a sus pies e hice mi ofrenda.

Te vi allí, me vi allí, nos vi allí y lloré de felicidad por vivir la tuya.

¿Me traiciono? ¿Te traiciono?

Nuestra vida está llena de pequeñas traiciones. A veces las cometemos nosotros y otras dejamos que sean otros las que las cometan ante nuestros ojos. Quizás no sabemos qué hacer, quizás no queremos hacer nada o quizás sea lo que tenga que ser.

Venimos con una serie de compromisos. Algunos de ellos con nosotros mismos y otros los sellamos con otras personas. Todo parece fácil dentro de un plan perfectamente estudiado. Pero los caminos se van llenando de cantos rodados y sin darnos cuenta rompemos nuestros acuerdos.

La fidelidad tiene un precio muy alto. La carne es solo carne, la mente es poder y el corazón no sabe de mentiras. Al principio las traiciones son pequeñas cosas y escasos detalles pero con el tiempo nuestra imagen ya no puede ser contenida en un espejo y es justo ahí cuando salta la alarma y despertamos.

Nos vamos traicionando a nosotros mismos pero al final acabamos traicionando al otro porque no somos capaces de lidiar con lo que somos. Y un día la lluvia sobre nuestra cabeza nos recuerda que no venimos a esto. No venimos a traicionar a nadie y tampoco a nosotros mismos.

Con suerte tienes claridad suficiente para decir “no” pero no la voluntad necesaria. A veces tan perdido y tan ausente del mundo que ni siendo iluminado por la luz de un faro eres capaz de entregarte al destino que tú mismo elegiste.

Cansados, histéricos, desorientados, lastimados y dejados no queremos caminar por la vida. Necesitamos volver a reconectarnos con la matriz quizás de un modo distinto pero con la seguridad de saber que es nuestra tabla de salvación.

Olvidar el miedo, vivir el hoy, perdonar a quien nos traicionó y aceptar que lo hicimos nosotros primero. Dejar apagados los pensamientos que nos aniquilan las esperanzas, caminar hacia delante dejando de traicionarnos a nosotros y poniendo límites al resto.

La próxima vez que vayas a traicionar a alguien recuerda que te traicionas a ti mismo. La próxima vez que te traiciones a ti mismo recuerda que te mereces quererte bien, más, mejor y para siempre.

Mayo, ¡emocióname!

El mes de mayo viene cargado de tantas cosas que me desbordan las emociones y el mayor de mis retos es aprender a reconocerlas y gestionarlas. Echo la vista atrás y sé que aunque siga cometiendo errores aprendí a calcular mejor los márgenes.

Mañana celebramos el día de la madre y por la casa mis Pequeñas Campanillas han ido escondiendo sus regalos hechos con tanto amor que me derriten. Ellas me hicieron el mejor de los regalos al hacerme mamá y dejar que cumpliera el mayor de mis sueños. Sé que es un trabajo para toda la vida y sé que no lo hago bien del todo pero lo intento cada día con todas mis fuerzas.

Sé que no soy la misma mujer, ni madre, ni hija, ni amiga, ni compañera que hace tres primaveras atrás. He cambiado por fuera pero más por dentro. Ya no corro detrás de la vida porque la alcancé. No busco culpables ni cargo penas. Sé que hay amores que siempre dolerán y reuniones para las que tendré que prepararme. Me entendí, me acepto y dejo que el amanecer me busque cada mañana.

En este mes me volveré a subir a unos tacones y pintaré mis labios pero no dibujaré una sonrisa forzada porque ella, la mayor de mis Pequeñas Campanillas con su vestido blanco me llena de luz y me abraza cada noche como si fuera la última. Quizás aún no entendí lo que ella asume como cierto. Quizás ella perdió más de lo que lo haré yo nunca.

Sé que a esa mesa le faltarán sillas y le sobrarán copas pero sé que no estaré sola. Me miro en el espejo y me hago la firme promesa de no dejar brotar ni una lágrima que no sea de emoción. Ajusto mi vestido, suspiro y le pido al cielo la fuerza necesaria para caminar derecha.

Pero este mes de mayo trae consigo más que vestidos blancos, trae música y pasos de baile. Se me amontonan los bailarines y se me enredan los pies pero sé que puedo confiar en otros directores y batutas. También limpio mis gafas porque hay mucha letra que leer y propuestas que escuchar. Un sinfín de reuniones a los que no me gusta llegar tarde y deberes que corregir.

Cinco años autoconociéndome me dan una pequeña ventaja para saber que sola no puedo afrontar este mes. He repasado todos mis apuntes y sé que necesito mantener mi cuerpo ejercitado, mi mente despejada y mi corazón equilibrado. Rodearme de gente que me dé paz, caminar por la montaña, tomar el sol, varios litros de café y unos cuantos abrazos.

Y a ti, destino, solo te pido que me trates con dulzura y seas suave. Del resto me encargo yo, ¡gracias!

Terapia de amor propio

El primer día que te miraste al espejo después de sentir cómo se te rompía tu frágil corazón tal vez estabas convencido de que jamás volverías a escuchar sus latidos. Creías todo eso que las palabras de otros te habían hecho creer y todas las fibras de tu cuerpo registraron una tonalidad llena de colores oscuros y tristes.

Te forjaste un nuevo camino lleno de laberintos de los que no sabías salir y trazaste nuevas rutas con destino a cualquier parte. Apagaste cualquier emoción dolorosa y solo te permitiste dar paso a las buenas. En ese momento necesitabas tapar el sol con tu mano y culpabilizar al viento de tus propios tornados.

Ahogaste tus miedos en los océanos y te subiste a todos los aviones que te alejaban de la zona cero. Archivaste los recuerdos, te deshiciste de las imágenes y cerraste la puerta detrás de ti. Pero no te despediste, jamás lo hiciste y seguiste pensando a quien dejabas detrás de aquella puerta.

Pasaron muchos días después de aquel primer espejo y entendiste que solo roba tu paz a quien tú le dejas, que los límites los pones tú y que su boca habla de lo que está repleto su corazón. Mírate ahora en ese espejo y créete merecedor de unos nuevos y fuertes latidos. Mereces ese amor, ese cariño, ese respeto y todo lo bueno que la vida te tenga preparado.

Está bien crearse un nuevo camino pero ya que lo haces que sea sin laberintos que solo enredan el alma y lo complican todo. No vayas a cualquier parte y quédate con quien sientas que es tu hogar. Descubre tus emociones más oscuras, suelta todo el lastre y supéralo. Lo que fue ya se fue. Y cree que aún habiendo ejecutado la pieza de música más complicada a la perfección esa persona jamás la habría escuchado.

Todos somos piezas alguna vez de un puzzle roto, solo sabemos huir y escapar del sol para vivir a la sombra pero culpar al viento de nuestros desastres no nos lleva a solucionarlos. Y sabes que, quiérete tanto como para darle una patada al pasado y saca tus miedos. Deja de cruzar océanos y vuelve a la zona cero para agradecer todo lo que te enseñó. Cierra esa puerta y reconcíliate contigo mismo porque tú eres tu persona favorita.

Seguirás teniendo demonios dentro de ti y fantasmas que te rondarán pero atraerás a tu vida personas que caminarán a tu lado para recordarte que vale la pena cada minuto y cada segundo que pasas a su lado compartiendo, riendo y soñando con un escribir un nuevo principio… y esta vez quizás no haya un final.

Letras, palabras y algún poema

A veces te elijo yo, otras lo haces tú pero siempre acabamos enredándonos en un sinfín de preguntas sin respuestas.

Me haces pensar e intentas llevarme por un camino de piedras y rosas sin espinas pero sé que que en ti encontré mi camino.

Sin hablarme puedo escucharte y sin tocarme revolucionas todo mi mundo hasta ponerlo todo patas arriba.

No eres el mismo pero sabes que soy la misma, sigo siendo esa alma ingenua que construye castillos y no deja que nadie los destruya.

Tienes el poder de dibujar una sonrisa en mi cara y llenar mis ojos de lágrimas. Me das vida, me quitas el aliento y sabes que sucumbo a tus poemas.

Puedes decírmelo en prosa o intentar que comprenda tus versos pero sabes que me ganas con ese olor a nuevo al que no sé resistirme.

Has llenado muchas hojas de mi vida con tu tinta y todas mis historias me recuerdan que siempre me ayudaste cuando estaba rota.

Sabes que no soy de novelas, ni de historias tristes y que no sé leer las entrelíneas de los tratados de filosofía pero enséñame tu lomo y sabrás conquistarme.

A estas horas todos sabrán que hablo de ti no de mí y que cada 23 de abril me alegra homenajearte por haber hecho de tus letras mi destino. Sé que torpemente aún ordeno palabras y que soy monótona en mis temas, que me queda mucho por aprender pero algún día espero convertir toda mi prosa en ese bello poema que ayude a latir a un corazón que lo quiera.

¡Feliz día del libro!

23 de abril de 2022

Días santos

Estamos en días santos en los que cargamos nuestras propias cruces. Nuestra espalda va acumulando todos nuestros dolores y nuestras bajas pasiones. Envueltos en este halo de penitencia llegamos a los pies de la cruz para dejar a sus pies todas nuestras sombras.

Cada año y en estos días santos nos silenciamos para escucharnos por dentro porque fuera solo hay mucho ruido. Nos quedamos inmóviles y soltamos ese botón que nos aprieta el alma y nos deja sin aire. Y es el momento de parar, recapacitar y volver a caminar cuando llegue la madrugada.

Esta bien ser apreciado en lo superficial pero es más duradero serlo en la profundidad porque ahí es donde estamos totalmente desnudos. No hay gafas de sol que oculten nuestros ojos ni mascarilla que cubra nuestra boca.

Días santos, días de reflexión. Días de callar más y hablar menos. Días para escucharse y aceptar que la desconfianza es cruel para con el otro pero más para con uno mismo. Es negarse la oportunidad de creer y crear. Es un rechazo a la felicidad y a la abundancia que tantas lunas nos costó alcanzar.

A penas unas pocas horas para no matar la esperanza con pensamientos que enredan el alma y para guardar en el cajón de los noes a esos “niñitos interiores” que se quieren apoderar de nuestro destino cuando ellos ya tuvieron su tiempo, su lugar y su espacio.

Con la música de tambores de fondo y subiendo la cuesta de nuestro monte perdido, vamos pidiendo al destino que nos enseñe que la vida puede vivirse sin tantos dramas pero que no sabemos hacerlo, vamos pidiendo sosiego y un cariño hacia nosotros que no somos capaces de darnos, vamos pidiendo que al alba todo lo veamos con la lupa del corazón y no de la razón y vamos pidiendo despojarnos de todas las batallas internas que libramos cada día y que nadie conoce.

A veces demasiado blancos por fuera pero heridos por dentro, sanos de cuerpo y locos de mente pero felices aunque el mundo rabie. ¿Quiénes son ellos para juzgarnos? ¿Quiénes nosotros para dejar que lo hagan? Nosotros somos esos que creemos que a los pies de la cruz desde arriba nos mira quien más nos conoce.