Que tendrán los primeros amores que nunca se superan y que jamás se olvidan. Que tendrán que solo habrá uno que será el primero y luego vendrán el resto.
Que tendrán los primeros amigos de la infancia con los que descubres el mundo, soplas velas de cumpleaños y limpias los primeros rasguños.
Que tendrán los primeros veranos que serán los mejores y en los que aprenderás a montar en bici y a comer helados de cucurucho con dos bolas.
Que tendrán los primeros hijos que que les quitan las piedras a los segundos y que te hacen conocer el amor verdadero.
Que tendrán los primeros años de universidad que no te preparan para el desempeño de tu profesión pero si para la vida.
Que tendrán los primos que son los primeros amigos y estén donde estén siempre están pase el tiempo que pase.
Que tendrán los primeros dientes que caen que nos hacen creer en ratones mágicos que cambian nuestras piezas por monedas y regalos.
Que tendrán los primeros adioses que nos enseñan tanto a golpe de mazo y nos cambian tanto por dentro.
Que tendrán las primeras fiestas de juventud que recordamos el resto de nuestros días y se convierten en anécdotas con el paso del tiempo.
Que tendrán las primeras veces de todo y todos que se anclan en nuestra memoria aunque no sean perfectas.
Que tendrán tu sonrisa, tu compañía, tus abrazos, tus ¡buenos días! y ¡buenas noches!, tus sueños compartidos, tus esperanzas, tus locuras… que tendrás tú que marcas la diferencia en la vida de tantas personas.
Todos somos esa persona que hace de la noche el día, que somos pensados, importantes y necesarios en la vida de alguien. Si algún día no lo has pensado que sepas que eres tú.
Dentro de aquella caja había doce cartas. Cada una de ellas contenida en un sobre de distinto color. Eran colores vivos, fuertes como le gustaban a mamá. En los peores días ella siempre vestía de rojo y se pintaba los labios. Nos decía que lo que estaba feo por dentro necesitaba tiempo pero para lo de fuera había rápida solución.
Eran los primeros días de mayo y aún no habíamos abierto la carta que correspondía a este mes. No eran días felices para nosotras. El domingo sería el día de la madre y el primero que celebraríamos sin ella. Pero queríamos saber lo que había dejado escrito para nosotras.
Fuimos a la habitación cogidas de la mano como si no quisiéramos perdernos o tal vez porque necesitábamos la fuerza de cada una para que la otra continuara. Aunque Elsa fuera la pequeña de las dos yo sabía que ella me sostenía a mí. Su energía era arrolladora y sus ganas de saber doblegaban a mis miedos.
El sol entraba por la ventana e iluminaba toda la estancia. Y así había sido los meses anteriores. Mamá no creía en las casualidades pero sí en las causalidades. Le encantaba jugar con nosotras a las rimas y a los juegos de palabras. Nunca confesó que las matemáticas se le resistían pero la veíamos disfrutar con las letras así que no hizo falta.
Una vez más allí estaba aquella caja que nos llevaría una vez más a viajar a través de las estrellas hasta ella. Elsa estaba impaciente pero a mí siempre se me encogía el alma aunque sabía que después una corriente de felicidad recorrería todo mi cuerpo y se dibujaría una sonrisa en mi carita pecosa.
Esta vez me tocaba abrir la caja a mí. Y allí estaba aquel sobre de color rojo cerrado con un beso. Lo sostuve entre mis manos por un instante porque Elsa estaba impaciente. Lo abrí con cuidado para no romper la solapa y allí estaban cientos de palabras ordenadas…CONTINUARÁ
Y aquí un pedacito de mi próximo proyecto literario. Cada uno de vosotros podéis imaginar que os gustaría leer en una carta escrita por vuestra madre o si lo sois cuáles serían las palabras que les dejaríais a los vuestros. Cuando el corazón de una madre se distancia del corazón de sus hijos y les separa un cielo tener un puñado de palabras escritas en un papel con amor reconfortan el alma.
Quienes me conocen y leen mis entradas saben lo feliz que me hace ser madre. No hay mejor destino para mí que tener a mis dos pequeñas campanillas para una vida. No soy la madre perfecta, no llego a todo, a veces pierdo la paciencia y me vuelvo protestona pero sé que son mi mayor motivación para esforzarme.
Desde este pequeño blog de una mujer y de una madre queremos felicitar a todas las madres y a todas las que ejercen como tal en este mundo. Dar vida no nos hace madres, lo hace dar el mayor de los amores de la forma más incondicional pase lo que pase. Madres casadas, viudas, separadas, solas, mañana abrazad a vuestros hijos y dar gracias por tan inmenso milagro.
Anoche leía algunas redacciones de mis alumnos en la que tenían que describir a una persona que admiraran por sus logros, por su trabajo, por su persona. La mayoría giraban en torno a futbolistas, youtubers, influencers y tiktokers.
No soy tan ingenua para pensar que encontraría descripciones de científicos, investigadores o escritores. El mundo ha cambiado y las redes sociales han irrumpido con fuerza en las mentes juveniles. Lo que antes era el fenómeno fan en el que se admiraba a cantantes y actrices se ha convertido en aspirar a ser famoso sin tener ningún talento y ser solo una marca comercial.
Esta tendencia avanza rápidamente y es imparable. La pandemia ha tenido a nuestros adolescentes mucho tiempo pegados a la pantalla y los programas televisivos donde se expone la intimidad y se hace del insulto un arte han proliferado mucho.
Nadamos en aguas pantanosas y la única opción que nos queda es desarrollar el pensamiento crítico en nuestros niños, enseñándoles que el dinero fácil no puede ganar frente a la pedagogía del esfuerzo y la dignidad de la persona. Volver a lo de antes ya no será posible así que vamos a tener que jugar al juego de los influencers nos guste o no.
Es una tarea ardua porque vivimos en un bombardeo constante. Sería genial que quienes admiran nuestros adolescentes se dedicaran a hacer campañas en contra del acoso escolar y a favor de la práctica del deporte y de llevar una vida sana pero sin dinero de por medio se nos complica la cosa.
No quiero terminar esta entrada sin señalar que los mayores influencers somos los padres y educadores. Es en casa donde tenemos que establecer límites a las pantallas y a lo que se ve en ellas. Hay cientos de canales para poder compartir en familia y no hace faltan que sean educativos. Los adultos estamos cansados y por la noche nuestra mente está en tarifa plana pero no podemos ceder siempre, no en algo que deja tanta huella.
Sé que es difícil y también soy esa madre que algunos días a las nueve de la noche necesito tarifa plana pero hay cuestiones que no paso por alto por más cansada que esté y por difícil que haya sido mi día porque sé desde que soy madre que unos pocos días malos de pequeños nos salvan de muchos malos cuando son mayores.
La educación tiene que hacer de este mundo algo mejor y personas mejores. Está en nuestra mano.
Hoy es tu día. Ese día en el que se nos recuerda que todo es posible con nuestra imaginación y que la magia funciona si crees en ella.
Hoy es tu día. Ese día en el que se rinde homenaje a tus letras, párrafos y relatos. El día que nos reitera que tus palabras cambian vidas.
Hoy es tu día. Ese día en el que sabemos que hace mucho nos dejamos atrapar por ti y que salvas futuros, arreglas presentes y nos cuentas cómo fue nuestro pasado.
Hoy es tu día. Ese día que sabemos que contigo en las manos somos libres. Hubo tiempo en el que fuiste quemado y muchos sabiendo el poder que tenías quisieron sepultarte pero otros muchos te ocultaron y furtivamente te compartieron.
Hoy es tu día. Ese día en el que recuerdo una casa llena de libros y una madre siempre con uno en la mano. Ese día en el que instauro en mi casa la hora del cuento y que fuiste uno de los primeros regalos de mis pequeñas campanillas.
Hoy es tu día. Ese día en el que podemos coger tus historias contarlas, cantarlas, cambiarlas y reescribir el principio o el final. Ese día en el que los malos pueden dejar de serlo y las mujeres salvarse a sí mismas con o sin príncipe.
Hoy es tu día. Ese día en el que te agradezco todo lo que me has enseñado, todo lo que me has dado y sigues haciendo. Ese día en el que sin ti hoy no sería quien soy.
Hoy es tu día. Ese día que ha sido mágico para mí y siempre lo será por haber vivido momentos tan emocionantes firmando libros, contando cuentos y recibiendo tanto cariño de personas desconocidas que te animan a seguir celebrando este día.
Hoy es tu día. Ese día que siempre será especial pase lo que pase, esté donde esté y haga lo que haga. Ese día en el que voy a seguir celebrándote y recordándole al mundo que tienes que ser un imprescindible en la vida de todos.
Hoy es tu día. Mi día y el de todos los que sabemos el tesoro que es tener un libro entre las manos.
Hemos hecho de lo diferente lo raro cuando deberíamos considerarlo lo extraordinario. En un mundo en el que las copias se suceden, los valores se cuestionan y las opciones son mínimas, no ser igual es ser un superviviente.
Los mismos padres no soñamos con tener un hijo que destaque. En cuantas conversaciones he escuchado que tener un hijo talentoso bien pero superdotado no, por favor. No critico ese pensamiento si tenemos en cuenta la sociedad en la que vivimos. Cuando los niños son pequeños en algún momento empiezan a decirse cosas feas, en la mayoría de los casos sin ser plenamente conscientes. Llegan a la adolescencia y se despellejan vivos con un arma en la mano que sepulta a muchos jóvenes con ganas de ser diferentes pero con miedo a serlo. Y nadie debería vivir con miedo a ser quien es o cómo es.
El eterno debate de a qué edad están listos nuestros hijos y alumnos para tener móvil y acceso a las redes sociales no debería generalizarse en unos años y sí en un nivel de necesidad y madurez. Los padres nos dejamos arrastrar por la masa y aceptamos por no hacer a nuestro hijo diferente y que quede excluido. Lo que no sabemos es cuánto sufrimiento podríamos ahorrarles durante unos años más.
No estoy en contra de la tecnología pero sí del uso que se hace de ella. Comer con el móvil en la mesa o con la televisión encendida mientras compartimos mesa y mantel hace que no nos miremos a los ojos, que aparquemos los temas y que la comunicación desaparezca. Los años van pasando y ese dedito que hacía tanta gracia cuando tocaba la pantalla de su primera tablet hace que hoy unos años después no nos cuente nada de lo que pasa por su cabeza. Todo en su medida aporta muchos beneficios y no podemos negarnos al futuro pero sí podemos darle coherencia al asunto.
A veces apostar por crear la diferencia hace que otros muchos se sumen a nuestro carro. Siempre hay pioneros, cabecillas que van dando los primeros pasos y que nos empujan a la reflexión. Muchos tenemos miedo al cambio en ciertos aspectos de nuestra vida pero se trata de dejar caer velos, de reconducirnos.
Necesitamos respetar la diferencia, ponerla en alza y empezar a educar niños extraordinariamente distintos. Nuestra sociedad necesita un cambio, necesitamos adultos capaces de conjugar pasado y futuro. Su presente fue creado años atrás con nuestras decisiones de padres y educadores. Ahora les necesitamos siendo críticos, cívicos, pasionales, temperamentales y libres, muy libres.
Nuestras diferencias de hoy deben unirnos en el mañana.
Me enseñaste a soñar a lo grande y a no rendirme nunca aunque la suerte no acompañe.
Me cogiste de la mano y jamás la soltaste porque sabías que me perdería en cualquier instante.
Me animaste a escribir versos para que mi corazón se calme.
No me juzgaste y dejaste que mis cartas jugara aunque en tus ojos veía que la partida no ganaría.
Cepillaste mi pelo, me enseñaste a sumar y confiaste en mí para continuar tu linaje.
Cuando supimos que tu luz se apagaría encendiste la mía y ahora me susurras al oído todo lo que no entendía.
Comprendí todo aquello por lo que pasaste y supe que si aprendía a vivir sin ti ya nada me detendría.
Y así fue, afronté una enfermedad que me acompañará para siempre, hice dos mudanzas, tuve otra hija, escribí dos libros y no hay un solo día que no mire al cielo para buscarte.
Sonrío cuanto te pienso porque sé que tú ríes cuando te siento. Mi suerte fue elegirte como padre y que tú aceptaras con todas mis cargas.
Te fuiste en tu estrella y prometí no seguirte porque sabía que siempre serías mi guía. No recuerdo el primer día que nos vimos pero escucho mis latidos cuando el viento me trae tu recuerdo.
Estos son los versos más bonitos que escribí inspirados por ti. Si las almas son eternas volveremos a encontrarnos en nuestro planeta.
A veces nos presionamos a nosotros mismos de una manera muy poco generosa. No nos cuidamos lo suficiente aunque lo hagamos por fuera porque nos bombardeamos con pensamientos negativos todo el tiempo.
Vemos en los demás lo que no somos capaz de reconocer en nosotros mismos. Sus virtudes son más necesarias, sus conocimientos inalcanzables, su físico imposible y su trabajo insuperable. Está bien tener referentes en la vida, personas a las que seguir por su belleza, sus aprendizajes o porque nos divierten pero no cargarnos a nosotros mismos con la presión de ser iguales o mejores.
Cada uno de nosotros tiene para ofrecer al mundo y a quienes nos rodean lo mejor de nosotros mismos, nuestra mejor versión. Con trabajo y esfuerzo, usando las herramientas adecuadas y sabiendo que estrategia usar las metas son alcanzables pero el miedo nos paraliza. Ese miedo que hace que algunos nunca se atrevan, ni se arriesguen y ese mismo miedo a una vez alcanzada la meta sentir el más absoluto vacío y el vértigo de entender desde la cima que estábamos equivocados.
Abusamos de nuestras fuerzas y ponemos al límite nuestro corazón. No sé quién nos convenció que para ser felices tenemos que superar las situaciones, olvidar a las personas, dejar atrás las vivencias y curar las heridas. Pero la vida no se trata de esto, consiste en solo vivir, en continuar adelante, en caminar, en pausar, en respirar y abrirse a otras opciones pero sin presión ni prisa.
Nos sentimos obligados a correr, a quemar etapas, a cambiar de libro cuando aún estamos leyendo las líneas finales del anterior. Vivimos como en una carrera de fondo, saltando obstáculos, buscando nuevos objetivos, planificando viajes y sintiendo que el tiempo se escapa como si fuéramos dueños de él.
Hay situaciones que no he superado, personas a las que no he olvidado, etapas de las que no me he despedido, tiempos que recuerdo y añoro pero cada día me levanto y camino. Porto heridas que no se han cerrado y amores que me pesan pero cada día me levanto y ando. Muchas palabras resuenan en mi cabeza, hay sueños que espero, proyectos aplazados pero cada día me levanto y lucho por ellos. Sé que la paciencia a veces no me alcanza pero me perdono por ello porque soy quien soy y soy amada así de imperfecta.
Quisiera que solo mi fe fuera suficiente para conducir mi vida pero no es así. Así que hago todo lo que mi persona humana es capaz con todos los medios de que dispongo para dejar ir aquello que me daña y entristece. Quisiera tener la sabiduría y la comprensión de quienes saben que todo pasa y que lo que nos toca vivir es lo que necesitamos. Así que trabajo mi alma y me conecto con esas creencias porque el tiempo les dio la razón.
Así que vamos a querernos un poquito más, a respetarnos y a ser conscientes que nada ni nadie nos puede dar la felicidad que necesitamos. Vamos a ser responsables de nuestras palabras y nuestros actos y a calzarnos los zapatos que necesitamos.
Es el día de dejar a los pies de la cruz todo aquello que no nos pertenece, que no es nuestro y de lo que no podemos responsabilizarnos. Es el día de dejar de sostener y de dejar ir. De cerrar la puerta sin candado por si hay que volver a abrirla algún día.
Seas creyente o no, creas en quién o en lo que creas este es el día de avanzar y de volver a recomenzar. Es el momento de deshacerse de lo viejo para dejar entrar a lo nuevo. El momento de escuchar como la primavera nos trae una nueva melodía y una nueva oportunidad de bailar.
Aferrarse al pasado cierra las oportunidades del futuro. Nuevos horizontes, nuevas canciones, nuevas diversiones, aventuras y nuevos amores. Este es el día de aceptar y no cuestionar, de dejar pasar y de vivir en la verdad. Dejar morir lo antiguo, lo caduco para que renazca lo nuevo.
Pausar lo que nos daña, completar la otra mitad con otra mitad que tal vez sea entera y no una mitad. Dejar que el cielo nos mande lo que necesitamos, dejar que se haga la voluntad de quien nos dio la vida, dejar que la vida sea vida y no muerte.
Viernes Santo es el día del silencio, la reflexión, el final y el principio. El día de despedirse de los dolores, de dejar que las lágrimas fluyan y con ellas se lleven lo que nuestra alma guardó por un año. Necesitamos este día cada año porque nos prepara para un Domingo de Pascua, un Domingo de Resurrección con nuevos aires, nuevas compañías e ilusiones.
Este día es para enfrentarse a nuestros miedos, a los prejuicios, para ser conscientemente inmaduros e inconscientemente maduros. Es el día para mirar a la cruz, a esa que todos en nuestros días más tristes y desesperados le imploramos piedad y descansar aceptando que no somos los dueños de este mundo y de nuestras vidas, solo nos hicieron un préstamo. Los trenes no pasan solo una vez y cada año sea viernes santo o no hay una cruz ante la que dejar aquello que no nos deja avanzar y construir nuestro camino.
Hoy viernes santo, día de silenciar, de apartar, de proseguir y esperar el domingo de pascua como la gran oportunidad de volver a empezar con una nueva dirección y un nuevo espíritu. Somos los artistas de nuestros cuadros y los músicos de nuestra orquesta así que inundemos nuestros días de belleza y bonitos cantares.
Hubiera gastado hasta mi último centavo contigo aun sabiendo que nada hubiese cambiado. Jamás te habría entregado aunque de dolores y lágrimas me estabas llenando.
Te convertiste en mi pasado y me echaste a un lado cayendo a un precipicio del que nadie se ha salvado. Dejaste de buscarme mientras yo miraba impasible como te habías aislado.
Robaste cuatro vidas y sin temblar olvidaste que el espejo no miente, que nos condenaste al desastre y que al corazón nunca burlaste.
Me soltaste cuando había llegado el momento de amarrarme. Hoy a los pies de la cruz prometo dejarte y que sea el cielo quien de ti se apiade.
Una famosa novela de Máximo Huerta afirmaba que el amor bastaba. Y así tendría que ser si tras esa afirmación hubieran personas con corazones latiendo al unísono en el mismo lugar y al mismo tiempo. Pero las cosas se complican cuando hay arritmia o un corazón que deja de latir.
La escritora estadounidense Emily Dickinson escribió “todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que existe”. Una afirmación que merece ser reflexionada profundamente. Si el amor es todo lo que existe, ¿por qué el amor no basta para que las personas caminen juntas? Cualquiera que sea la relación que exista entre las personas; amigos, compañeros, familia, hijos, pareja… ¿Qué nos distancia? ¿Qué nos separa? Porque todo aquello que nos distancia es lo que un día nos unió. Aquello que hoy no soportamos tiempo atrás lo aceptamos. La ilusión que nos hizo coincidir es la que se perdió, puso distancia y levantó muros.
Después de un tiempo de reflexión y de haber madurado cada afirmación sé que el amor no basta aunque sea lo único que existe. Si bien es cierto que puedo afirmar rotundamente que con el amor de mis pequeñas campanillas basta y que puedo ver claramente en ellas que es el amor y donde está.
Después de haber terminado una relación uno puede extraer muchas conclusiones y ser consciente de que lo que hizo no puede cambiarse pero sí no volver a repetirse. Ese contador nunca volverá a ponerse a cero y en el marcador habrá un empate. Nadie gana, todos pierden. Unos aprenden y siguen, otros se detuvieron hace tiempo. Y esta es una de las razones por las cuales el amor no basta.
Pero la vida te va preparando un nuevo contador, un nuevo marcador y un pódium en el que todos seamos vencederos y el amor si baste y sea lo único que exista. Todo a su tiempo, todo en su lugar, todo a su madurez.
Dicen que las personas exitosas son aquellas que tuvieron madres exigentes. Mi forma de entender el éxito no se mide por el número de ceros en una cuenta bancaria, cantidad de inmuebles o medios de automoción, títulos académicos o número de empleados a tu cargo. Quizás antes yo también pensaba así pero entonces vino una pandemia, un confinamiento y unos cuantos meses difíciles y aprendí que el mayor éxito es que con el amor baste sea cual sea ese tipo de amor y venga de donde venga.
Ha de bastarnos el choque de codos, la sonrisa con los ojos, nuestro grupo de convivencia estable y los picnic de cuatro en un jardín con sol. Tiene que ser suficiente los pequeños detalles, las comidas de tupper y los lunes con sol. Hemos de reprogramar nuestra mente y nuestro corazón, dar un paso adelante y saber que lo que tenemos hoy es lo que necesitamos y tiene que bastar.
Y bastar no es aceptar las migajas que nadie tenga para darnos ni dejar de soñar a lo grande. Quizás las pesadillas de unos son los sueños de otros. Las decisiones de algunos mueven a otros y las acciones de muchos pueden cambiar el rumbo de todos. Cada uno de nosotros tiene la llave que encaja en una cerradura. Mi llave voy a usarla para creer en Emily y hacer que el amor sea todo. En cada pensamiento, en cada acto, en cada palabra voy a poner mi mayor intención. Sé que eso me convertirá en una persona exitosa. Sé que es un tipo de éxito difícil de alcanzar pero sé que valdrá la pena cualquier esfuerzo.
Un día el amor bastó, otro día volverá a bastar y lo que quedó atrás, atrás quedará. Todo lo que venga habrá sido construido por mí, con mis nuevas manos y mis zapatos limpios.