Micropoesía

Es tu sonrisa la que recuerdo.

Son tus ojos los que busco.

Es tu olor el que me persigue.

Son tus manos las que añoro.

Es tu música la que bailo.

Son tus cinco sentidos los que no olvido.

Es tu cielo al que miro.

Son tus historias las que cuento.

Es tu perfume el que regalo.

Son tus manos las que tengo.

Son tus palabras las que escucho.

Son mis sentidos los que te encuentran.

Me asomé…

Me asomé al pasado porque me había entregado al olvido. Y lo que vi me hizo recordar que estoy donde tengo que estar por mucho destrozo que la tempestad haya ocasionado.

Me asomé al futuro para saber que mi presente está formado por cada pieza rota del pasado, por cada rasguño, por cada renuncia y por todos los sueños que postergué.

Me asomé a mi presente y entendí que aunque antepuse la perfección jamás estuve cerca de alcanzarla pero hoy sé que no la necesito en mi vida.

Me asomé al pasado, al presente y al futuro y supe que solo yo tengo la responsabilidad sobre mi felicidad. Nadie más puede cargar con ese peso y mis circunstancias no están por encima de ella.

Me asomé y vi quien fui y no soy más. Quien nunca volveré a ser. Quien no quiero ser. Quien no dejaré que sea ni esté. Y volví a esa que fue pero que había dejado de ser por un error tras otro de cálculo.

Me asomé y volví a priorizarme. De mis cinco frentes invertí demasiado en uno y dejé medio abandonados otros, siempre a medio gas, siempre la mitad de todo y todos.

Me asomé y abrí los ojos. Aún hay un corazón lastimado, aún hay muchos altibajos, emociones desbaratas y acepté que hay muchas comas y puntos que no puedo borrar pero empecé a escribir un nuevo capítulo y ahora soy yo quien escribe la tilde que su vida necesita.

Me asomé y asumí que así soy yo con mi autenticidad, con una sinceridad que a veces molesta aunque sea educada. Admití que sigo levantando muros pero ya no sostengo castillos en el aire, al menos conscientemente.

Me asomé y me perdoné por las monedas que no gasté y aunque sé que estoy muy lejos del olvido y del perdón verdadero me acepté sabiendo que la confianza que se pierde jamás vuelve a depositarse. Adentré en mis más y en mis menos y encontré el equilibrio.

Me asomé para recordarme que los nunca más, los yo nunca y los para siempre son sentencias que pueden recurrirse.

Me asomé y te vi, nos vi y ahí supe que pase lo que pase vas a estar cerca de mí susurrándome que no estoy sola, que siga jugando, que la partida aún no acabó, que mis cartas son las que son y con ellas tal vez no gane pero haré la mejor jugada que pueda, que no se trata de tener siempre el as si no sé saber que hacer con toda la baraja y que no hubo un día que no apostaras por mí.

Me asomé…

8M 💜

Cada día a mis pequeñas campanillas les recuerdo que sus alas son solo suyas y nadie tiene el derecho a cortarlas. Les digo que siempre tienen que dejar claro cuáles son sus límites y que quien les hace sentir mal no puede formar parte de su camino.

Ellas saben que su cuerpo es su templo y nadie tiene derecho a juzgarlas por enseñar más o menos pierna. Los colores que eligen, la ropa que se ponen o los deportes que practican no tienen género. Formamos parte de una globalidad donde hombres y mujeres podemos ser todo y donde debemos tratarnos como iguales.

Ignoran cuánto de cierto o no es cada una de estas afirmaciones. No han oído hablar de la desigualdad entre hombres y mujeres y de las renuncias que hacemos las madres para cuidar de nuestros hijos en la mayoría de los casos dejando de lado nuestra carrera profesional y aspiraciones. Tampoco saben que seguimos recibiendo comentarios asquerosos por nuestra falda corta y que la historia nos ha ignorado durante siglos.

Existe el feminismo porque el machismo lleva años callando a las mujeres, atándolas en corto, relegándolas a puestos inferiores y ocultando nuestro pasado. Nuestro mundo no necesita posturas extremas ni peleas, lo que necesita es justicia e igualdad para todos los hombres y mujeres. Mientras eso llega solo nos queda la educación y la lucha.

Educo mujeres en mi casa y observo a mis alumnos más mayores. Las nuevas generaciones vienen con algunas ideas claras aunque en materia de igualdad son ellas las que se sorprenden de cuantas cosas aún hay por mejorar. Y a vosotras mamás de hombres os pido que cambiéis la historia y eduquéis en vuestros hogares a personas que respeten a las mujeres y las vean como un igual. Tenéis la llave para cambiar los viejos esquemas. Al final se trata de educar a personas con valores y que entiendan que somos diferentes por fuera pero no distintos en cuanto a aspiraciones, sueños y derechos.

Siguen muriendo demasiadas mujeres y sufriendo violencia de cualquier tipo. Mujeres casadas a la fuerza, mutiladas sexualmente, repudiadas, tapadas con velos y en algunas culturas se ve el nacimiento de una mujer como una desgracia. Seguimos recibiendo comentarios machistas por nuestra forma de vestir o pensar. No estamos seguras al volver a casa por la noche y tenemos que mandarle un mensaje a nuestra amiga para que sepa que hemos llegado bien. Es increíble saber la cantidad de mujeres que hemos sido acosadas una noche y hemos sentido verdadero miedo. Por no hablar de haber sido juzgadas o tratarlo como un tema tabú por sentirnos culpables.

Nuestra sociedad tiene que cambiar y si tú que me estás leyendo quieres formar parte de ese cambio tienes que empezar a respetar al ser humano que tienes al lado sea quien sea. Las mujeres tenemos que ayudarnos y darnos fuerza entre todas, hacer comunidad, hacer equipo y no para ir en contra de nadie si no para ser como el junco que se dobla pero se mantiene en pie y le demuestra a las generaciones futuras que ser iguales es una realidad y no una quimera.

Larga vida al 8M mientras tenga que existir.

Levanté un muro…

Levanté un muro. Piedra a piedra cargadas con mis manos las fui colocando bien pegaditas sin dejar ni el más mínimo espacio entre ellas.

Levanté un muro. No demasiado grande ni alto pero me ayudó a sentirme segura.

Levanté un muro. No tenía ni puertas ni ventanas y la única forma de atravesarlo era saltando. Escondí la escalera.

Levanté un muro. Y no quise ver ni volver a mirar. Tampoco escuchar ni sentir.

Levanté un muro. Me ayudó a no sentirme frágil ni vulnerable. Dueña de mi presente, equilibrada y fuerte.

Levanté un muro. Cada piedra sostenía un millar de recuerdos, de planes no completados ni proyectos acabados. El cemento resultó ser de gran calidad pese a estar hecho de rabia, ira y emociones nada bonitas.

Levanté un muro. Fue un trabajo minucioso, largo y muy estudiado. No dejé que nadie me ayudara ni se entrometiera. Era mi muro y solo mío.

Levanté un muro. Lo hice para escapar. ¡Qué cosa tan loca! Los muros no sirven para escapar y ayer aprendí que derribarlos permite caminar de ambos lados y llegar a cual sea tu destino.

Levanté un muro. No estoy preparada para derribarlo. Pero quizás vuelva a colocar la escalera y me asome a ver lo que hay al otro lado. Quizás vuelva a querer mirar, escuchar y sentir. Tal vez me deba esta oportunidad para poder preparar la tierra para volver a sembrar otras semillas que den otros frutos. Está bien dejar el corazón en barbecho pero después hay que volver a prepararlo para que vuelva a ser fértil y hermoso.

Levanté un muro sin saberlo, sin buscarlo y sin provocarlo. Coloqué algunas máscaras y unos cuantos antifaces pero soy demasiado transparente al ojo humano de la terapia. No me rindo, no bajo los brazos y no me falta valentía.

Levanté un muro. No fue la mejor solución pero sí la que tenía para ofrecer en ese momento. La vida no es un juego de niños y hace tiempo que me cansé de los secretos, los juegos y los laberintos.

Levanté un muro. Lo levanté pero sé que algún día lo dejaré caer. Mientras tomaré aire y seguiré adelante como antes, como ahora y como mañana.

A-M-O-R en cuatro letras

La palabra amor es quizás una de la más buscadas, una de las más usadas y una de las pocas que tiene múltiples definiciones. Y es que su significado puede ser muy distinto para cada uno de nosotros.

Pero mi entrada de hoy no trata de definir lo que es el “amor”, al menos no un amor cualquiera sino un A-M-O-R en cuatro letras. Y ¿qué es ese amor? ¿Qué tiene ese amor que no tenga otro?

Ese amor es aquel que sabrás que es porque lo habrás soñado. Es ese amor que quizás no hayas experimentado nunca pero conocerás de su existencia. Es ese amor que se fijará en tus partes buenas y aceptará las menos buenas. Y que de tus defectos hará oportunidades y caminos.

Es un amor de cuatro letras que crecerá a tu lado, contigo, en tu misma dirección y de forma paralela. Despertará tus sentidos, ahogará tus miedos y acallará tus demonios. Es un amor sin culpas, sin límites y sin atajos. Es el amor del para siempre y del jamás. Es el amor pleno, continuo, sin redes y con solera. Es el amor que no se esconde y que no recula. Es el amor que siempre tiene la mejor jugada, el as de oros y el jaque mate de cualquier partida que la vida quiera jugar.

Un A-M-O-R de cuatro letras es el que se queda aún teniendo ganas de salir corriendo. Es el que te espera con una taza de té caliente, el que te guarda el último trozo de tarta y te cede el final de su helado. Es para quien siempre hay un plato de caliente en su mesa, una cama con sábanas limpias y todas las horas de una madrugada para hablar.

Ese es el amor de quien perdió algunas batallas, que arrastra cargas y porta mochila. Que aprendió a mirarse al espejo, que un día voló y navegó contra viento y marea. Cuando la marea bajó y el cielo se llenó de estrellas comprendió lo inmensamente pequeño que somos. Ese es el amor del sabio que mantuvo la esperanza porque en ella residen los sueños.

Un A-M-O-R de cuatro letras es un amor que perdura en el tiempo, que no improvisa, que construye unos buenos cimientos y no tapa agujeros. Es el amor de las miradas, de las caricias y del futuro. Es un amor que es refugio, salvavidas, oasis en medio del desierto, luz en la oscuridad, solución y no problema, amigo y amante, que está presente y no causa ausencia, que aclara y no perturba, que es confianza, verdad y fidelidad, que es rostro y no espalda. Es un amor que no es dolor ni tristeza.

Si por suerte conocen este amor agarren fuerte cada una de sus cuatro letras para que nada ni nadie pueda separarlas porque juntas dan sentido a nuestra vida. No olviden cada mañana que todos y cada uno de nosotros somos el A-M-O-R de cuatro letras de alguien así que no reparemos en esfuerzo y cariño.

Yo alcanzo…

Alcanzan a saber cuántas personas pasarán por su vida. Cuantas de ellas cogerán su mano o besarán su alma. Cuantas no solo darán pasos si no que querrán bailar de verdad y para siempre.

Alcanzan a entender que vivir en el ayer no los ayuda en el hoy ni en el mañana. Que lo que pasó ya pasó y que las puertas que se cierran mejor dejarlas así. Que hay maletas que nunca se vacían del todo por si hay que salir corriendo.

Alcanzan a vivir tapando el sol con un dedo, viendo las horas del reloj pasar y dándose cuenta de que lo que antes rechazaban ahora lo añoran y era justo lo que les daba el aire que necesitan para respirar.

Alcanzan a mirarse cada día en el espejo como si nada y a convencerse de que sí cuando es no. Dejan que el orgullo les coma por dentro y las tartas por fuera.

Alcanzan a ver cómo la felicidad se escapa en otros paseos, con cualquier dirección, sin sentido y llenos de eterna soledad. Demasiado compromiso para cuidar de un can pero demasiados metros de casa desperdiciados.

Alcanzan a vivir camuflando su tristeza bajo una mascarilla y unas gafas de sol buscando unos ojos que los rechazan y una sonrisa que se reserva para quien da vida. Creando una torre de naipes y velando porque un simple soplido no la derribe.

Alcanzan a amanecer y a anochecer entre la nada huyendo de sí mismos. Perdidos de todo y brindando por un futuro que arruinaron por dejar de construir su presente con quien estudió ingeniería de caminos ignorando que nadie la seguía en su aventura.

De esta lista de cosas inalcanzables para mí, taché muchas que si alcancé, otras que jamás me plantee, que nunca se me ocurrieron ni me sucederán porque mi corazón es mi guía y si él que todo lo sabe y me dejó ser la arquitecta de mi destino me recordó quién soy, cómo funciona ésto de vivir y jamás se dio por vencido, yo tampoco lo haré. No lo haré porque me costó mucho dejar morir a mi Silvia viejuna que odiaba los cambios, que vivía atacada por las prisas y el estrés, que quería pero no se atrevía, que derrochaba su energía en todo y en todos menos en sí misma, que no sabía poner límites, que aparentaba quererse mucho pero no se respetaba y que se proyectaba al futuro mirando siempre al pasado. Caminaré erguida como el junco por mí y por mis niñas para sanar su camino y para que cada día sean plenamente conscientes de quienes son con sus fortalezas y sus debilidades pero merecedoras de todo el amor que la vida les regale.

¿Qué alcanzan ustedes?

San Valentín

Mañana celebramos ese día inundado de corazones y pintado de color rojo. Flores, bombones y osos de peluche inundan las estanterías de los comercios. Y este año de pandemia tenemos más que nunca la necesidad de celebrarlo absolutamente todo. Dijimos adiós a tantas fiestas y tradiciones que hasta adoptamos las que no son nuestras pero nos hacen tener un motivo para celebrar.

Este año mi día del amor es muy distinto. Camino sola y cocino mi propio bizcocho en forma de corazón. Pero he descubierto un gran amor hacia alguien que conozco hace muchos años pero a la que nunca le declaré mi amor; a mí misma. Valoro cada arruga de mi rostro y cada imperfección de mi cuerpo y me esfuerzo cada día en mantenerlo sano porque esta oportunidad me tiene que dar para aprender mucho.

En estos tiempos en mi ciudad sopla un fuerte viento pero el tsunami sucedió hace ya algunos meses y después de esa sacudida mi camino se despejó. Quedaron amores de familia, amores de carrera, amores de guardería, amores de colegio y de antiguos trabajos. Y los dos amores que hacen que se erice mi piel o se detenga mi corazón.

En el día a día perdemos la perspectiva de qué es el amor. Pero el mensaje que recibo cada mañana de ¡buenos días! al despertar sé que es más que un saludo. Las risas flojas en los pasillos del cole y los cafés al sol son más que eso. Mi club de los viernes que me salva en una sala de espera o mis amigos de terapia que escuchan mi letanía son más que eso. Ese es el amor que tengo este San Valentín y que la vida me ha regalado. Me siento intensamente afortunada y acojo este momento con cariño ante las infinitas posibilidades que tengo.

A pesar de las heridas o de las desilusiones ésta que escribe sigue creyendo que allá en las estrellas los sueños son guardados hasta que sea el momento oportuno para ser cumplidos, cree que el amor todo lo puede porque no hay fuerza más bella y fuerte, cree en la verdad del amor y que existe de verdad y cree en celebrarlo todo con pandemia o sin ella.

Quienes no tengan un corazón de chocolate con quien compartirlo no pierdan mucho tiempo en esa idea y rodéense de recuerdos y vivencias que les hagan sentir felices. Lo importante no es lo que nos falta ni a quien no tenemos sino tenernos enteros a nosotros mismos. Cualquiera puede dar pasos pero solo hay uno dispuesto a bailar con nosotros.

¡Feliz San Valentín!

A los que somos o fuimos…

A los sedientos de nuevas experiencias, bebed despacio la rutina y disfrutadla.

A los hambrientos de manjares exóticos, saboread el plato de comida caliente.

A los que buscáis el frío, abrigaos antes que el viento congele vuestro calor.

A los que ardéis en el fuego, buscad la sombra que calme vuestras quemaduras.

A los desheredados dad gracias por lo que tenéis porque es más de lo que necesitáis.

A los olvidados no queráis ser recordados por quien no supo conservaos.

A los perdidos id a encontraros y regresad enteros por dentro.

A los solitarios manteneos alejados pero no os perdáis de vosotros mismos.

A los decepcionados empezad a ilusionaros con pequeñas conquistas cada día.

A los excluidos sabed que encajáis en el mundo de muchos y en la vida de otros.

A los enamorados de vivir, del amor, de vuestro trabajo, de amigos, de compañeros, de hijos, hermanos, nietos, tíos y sobrinos…guardad vuestros besos hoy porque mañana cada uno de ellos habrán triplicado su valor.

A los rotos coged cada uno de vuestros pedazos, guardadlos en el bolsillo y dejad que el tiempo encaje cada una de las piezas.

A los que me leéis y suspiráis porque sois o fuisteis alguno de todos ellos sentíos acogidos, abrazados y sonreíd porque ni estuvisteis ni estáis solos.

¡Feliz cumpleaños Pequeña Campanilla II!

A cuarenta y ocho horas de cumplir tus dos añitos, me siento a tu lado y mientras observo tu independencia me doy cuenta que en este último año aprendiste a algo más que a caminar tú sola.

Cada día me calzo las deportivas porque sé que acabaremos corriendo y jugando al pilla – pilla en bucle. Te gustan las “altas” porque tú a las jirafas las llamas así y tienes tan claro lo que quieres y lo que no que me haces dudar de si cumples más años.

Sé que eres mi último bebé y contigo digo adiós a esa sensación maravillosa de acunar y a ese olor inolvidable a recién nacido. Has sido y serás junto a tu hermana mi mejor apuesta, mi premio seguro.

Eres tremendamente fuerte y con una energía desbordante pero sé que necesitaba una hija como tú para salir de mi zona de confort y arriesgar el todo por el todo. Sé que me retarás cada día pero me buscarás cada noche para coger mi mano y dejaré que lo hagas hasta que estés preparada para soltarme. Si algo me ha enseñado la maternidad es que hay tiempo para todo.

Algún día conocerás toda tu historia y sabrás que con tu sonrisa has iluminado los días de los que vivimos a tu lado. Cuando te parí di un gran grito y lloré por todo lo que pasamos juntas durante esos nueve meses.

Me das mucho cada día y a pesar de esta pandemia y de todo lo que nos ha quitado, una parte de mí está muy agradecida por todo el tiempo que podemos disfrutar juntas.

He contraído algunas deudas contigo pero cuando crezcas sabrás que yo confío en el cielo y sé que me dará la oportunidad de pagarlas. Me urge ser la madre que necesitas y aprendo cada día para ello.

Aún no has crecido tanto para saber la suerte que tienes de tener a la hermana que la vida te ha dado. Os tendréis la una a la otra para siempre y caminareis juntas. Seréis el bastón la una de la otra y yo veré las mujeres en las que os convertiréis.

Prométeme mi Pequeña Campanilla II que crecerás despacito y que dejarás que exprimamos cada etapa al máximo.

Sé que soplarás las velas de tu tarta y yo pediré un deseo por ti y para ti porque lo de querernos para toda la eternidad es algo que nada lo cambiará.

¡Feliz cumpleaños mi niña de la eterna sonrisa y de los ojos llenos de luz!

Te quiere, mamá.

4 de febrero de 2020

En primera línea…

Esta entrada va dedicada a todos mis compañeros de profesión que siguen plantándole cara a este bicho cada día. Así que les recomiendo que quienes no tienen a los maestros en alta estima no sigan leyendo.

La idea de que los centros escolares son lugares seguros es algo que pudo ser cierto a principios de septiembre cuando el número de contagios era bajo y porque todo el profesorado adoptamos todas las medidas necesarias. Nos inundaron de protocolos y hemos hecho de la desinfección nuestro principal objetivo sin olvidar impartir los contenidos, rellenar toda la burocracia que la Administración no perdona y hacerlo todo con una sonrisa porque al fin y al cabo los niños se merecen lo mejor de todos nosotros.

Después del desmadre de las fiestas navideñas estamos viendo como cada día confinan cientos de aulas y muchos compañeros están enfermando. Y no, no dejamos de supervisar nuestro trabajo desde casa porque aunque para muchos no sea así somos personal esencial. Lo hemos sido siempre pero en esta situación estamos en primera línea. Estamos rodeados de una media de veintitantos alumnos cada día de los que cuidamos su salud pero también sus emociones.

Hemos agrupado a los más pequeños en burbujas. Les hemos parcelado su patio y les repetimos cada día un gran cantidad de nuevas normas. La importancia de cuidarnos los unos a los otros. Hemos vivido una verdadera locura desde septiembre sin tiempo para innovar, para intercambiar ideas y nos hemos convertido en robots de tareas y rutinas que nada tienen que ver con la educación. Y aún así asumimos el plan, nos adaptamos, pero señores dejen de saltarse las recomendaciones porque las burbujas han explotado y el virus está campando a sus anchas por todos los colegios.

Y no, no queremos aplausos desde los balcones queremos respeto a nuestra profesión y que nos hablen claro desde arriba. Hemos soportado las bajas temperaturas con las ventanas abiertas y hemos tenido que oír como nuestros alumnos nos pedían que les calentásemos las manos porque no podían escribir.

Sabemos que este año somos “la gran guardería” para que la economía no se hunda pero al menos vamos a reconocerlo públicamente y a centrarnos en eso. Dejemos de lado los votos políticos y miremos a las personas.

Y entre medias de toda esta pandemia también vemos aprobar una nueva ley educativa para la cual no hemos sido preguntados, nosotros que estamos a pie de campo. Gobernar desde los despachos no digo que sea fácil pero desde luego está bastante alejado de la realidad que cada día vivimos miles de docentes.

Este enfrentamiento que existe entre la enseñanza pública y la concertada es algo que viene de lejos. Ninguna sustituye a la otra y ambas se necesitan. La existencia de ambas asegura la libertad de enseñanza así que no da lugar al debate pero ahí seguimos eternizando la cuestión.

Queda mucho curso por delante, muchas horas de docencia, mucha desinfección y mucho por compartir. Vamos a ver muchos positivos y relevos de profesores y aunque estamos cansados, muy cansados de luchar contra el viento, vamos a continuar estando en primera línea porque aunque no somos considerados esenciales sabemos que los niños nos necesitan porque el colegio es su mejor patio.