San Valentín

Mañana celebramos ese día inundado de corazones y pintado de color rojo. Flores, bombones y osos de peluche inundan las estanterías de los comercios. Y este año de pandemia tenemos más que nunca la necesidad de celebrarlo absolutamente todo. Dijimos adiós a tantas fiestas y tradiciones que hasta adoptamos las que no son nuestras pero nos hacen tener un motivo para celebrar.

Este año mi día del amor es muy distinto. Camino sola y cocino mi propio bizcocho en forma de corazón. Pero he descubierto un gran amor hacia alguien que conozco hace muchos años pero a la que nunca le declaré mi amor; a mí misma. Valoro cada arruga de mi rostro y cada imperfección de mi cuerpo y me esfuerzo cada día en mantenerlo sano porque esta oportunidad me tiene que dar para aprender mucho.

En estos tiempos en mi ciudad sopla un fuerte viento pero el tsunami sucedió hace ya algunos meses y después de esa sacudida mi camino se despejó. Quedaron amores de familia, amores de carrera, amores de guardería, amores de colegio y de antiguos trabajos. Y los dos amores que hacen que se erice mi piel o se detenga mi corazón.

En el día a día perdemos la perspectiva de qué es el amor. Pero el mensaje que recibo cada mañana de ¡buenos días! al despertar sé que es más que un saludo. Las risas flojas en los pasillos del cole y los cafés al sol son más que eso. Mi club de los viernes que me salva en una sala de espera o mis amigos de terapia que escuchan mi letanía son más que eso. Ese es el amor que tengo este San Valentín y que la vida me ha regalado. Me siento intensamente afortunada y acojo este momento con cariño ante las infinitas posibilidades que tengo.

A pesar de las heridas o de las desilusiones ésta que escribe sigue creyendo que allá en las estrellas los sueños son guardados hasta que sea el momento oportuno para ser cumplidos, cree que el amor todo lo puede porque no hay fuerza más bella y fuerte, cree en la verdad del amor y que existe de verdad y cree en celebrarlo todo con pandemia o sin ella.

Quienes no tengan un corazón de chocolate con quien compartirlo no pierdan mucho tiempo en esa idea y rodéense de recuerdos y vivencias que les hagan sentir felices. Lo importante no es lo que nos falta ni a quien no tenemos sino tenernos enteros a nosotros mismos. Cualquiera puede dar pasos pero solo hay uno dispuesto a bailar con nosotros.

¡Feliz San Valentín!

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