Magia

Magia era saber que habitabas en mí y guardar silencio mientras el mundo hablaba sin parar.

Magia era saber que cada día abrirías la puerta sin llamar al timbre y traerías un café para cada una.

Magia era sentir que pasara lo que pasara yo iba a esperarte hasta que pasara el último tren.

Magia era levantarse mirando al sol y acostarse besando a la luna.

Magia era pasear, andar, correr de aquí para allá sabiendo que había un destino y un rumbo marcado.

Magia es vivir cada día con la ilusión del primero y la serenidad del último.

Magia es coger tus manos pequeñas y desear que se pare el mundo.

Magia es saber que la luz busca la luz y la oscuridad solo encuentra tinieblas.

Magia es poder mirarte al espejo y amar lo que ves con cada herida, lunar o marca.

Magia es sentarnos frente a nuestro destino y aceptar lo que venga con la fuerza del guerrero, la inocencia del niño, la frescura del adolescente, la paciencia del adulto y la sabiduría del anciano.

Magia somos tú y yo que no nos rendimos, que nos atamos los cordones, que pedimos ayuda, que somos fieles a nuestras ideas, que aceptamos nuestros errores, que nadamos a contra corriente y que seguimos creyendo en todas las versiones del amor.

Magia es creer que se puede crear y crear lo que se cree. Es querer a quien se deja querer y dejar de querer a quien te deja de querer. Es caminar haciendo camino y dejar de hacer camino cuando no hay fuerzas para caminar.

Magia es estar aquí y ahora. Magia es vida aunque la vida no esté tocada siempre por la magia. La magia es ilusión, la ilusión es sueño y mi sueño es hacer magia cada día en mi vida y en la tuya.

Magia…

Tejiendo redes

Y en los días en los que se cierne la desilusión, la desesperanza y el cielo se nubla es cuando hay que dejarse caer en esa red de familiares, amigos, pareja, hijos… para sentirse seguro. Pero somos nosotros quienes tenemos que tejer esa red y hacerla fuerte y duradera.

Hay personas que forman parte de nuestra red por un tiempo, durante unos años y nos ofrecen lo mejor de ellos. Las circunstancias cambian, el viento gira y la distancia se hace mayor pero han dejado unos cuantos hilos bien cosidos a nuestra red. Hay personas que permanecen a nuestro lado durante mucho tiempo pero jamás salen a nuestro encuentro. Sabes que no las llamarías con el alma rota o el corazón desbordante de alegría. Y está bien así, todos no somos la red de todos pero cada uno de nosotros tiene un rol dentro de la vida de todos.

Con el paso de los años cada uno tiene que aprender a tejer su red para hacerla cada vez más segura e irrompible. Lo que te servía cuando tenías veinte años ahora no te vale, no funciona y no te encaja. Siempre se puede cambiar, romper y volver a empezar desde cero.

Pero las redes se tejen con tiempo, paciencia, delicadeza, cariño y mucha empatía. Si, esa palabra de la que todo el mundo habla, que resuena, que parece que está de moda y en boca de todos pero que no sabemos practicar. Si a eso le unimos los problemas de comunicación que arrastramos los seres humanos, ya el cóctel es explosivo. Siempre me ha parecido una ironía que se nos haya concedido el don del habla y la palabra y sepamos usarlas tan fuera de lugar en algunos momentos.

Entrar a formar parte de la red de alguien supone un compromiso de lealtad con ese alguien y con nosotros mismos. Habrá veces que no estaremos de acuerdo, que tendremos opiniones distintas, que no podremos bailar juntos y no hablaremos el mismo idioma pero si nuestra red es fuerte nada podrá quebrarla.

Necesitamos esa red y necesitamos formar parte de la red de alguien. Hasta para hacer limonada cuando la vida te trae carros de limones es necesario tener esa red porque no hay nada mejor que poder compartir las penas pero aún más los logros. Nadie de nuestra red puede hacer nuestro camino ni subir nuestras cuestas y mucho menos cargar nuestras piedras pero sí puede ayudarnos con nuestra mochila los días en los que se hace imposible portar más peso sobre nuestros hombros.

Mi red como la de todos ha ido cambiando en los últimos años pero me siento feliz y segura con cada una de las personas que forman parte de ella en este momento de mi vida. Ante algunos lloro, ante otros enseño mi mejor versión porque sé que necesitan creer en todo eso que les digo, a todos les muestro mi sonrisa aunque sea crujida, les escucho, aprendo de ellos y sé que me dan el todo por el todo. Me miran como yo no soy capaz de mirarme, ven cosas en mi que no sabía que podía alcanzar y ojalá siempre formen parte de mi red segura porque sé que si la vida los puso aquí y ahora porque los necesito.

Si aún no tenéis vuestra red segura o estáis en proceso de cambio, tomaros vuestro tiempo, no tengáis prisa porque el cariño no entiende de minutos y los latidos de prisas.

Happy summer

Y llegó el verano unos días antes de la fecha marcada en el calendario. Desde hace mucho aparece sin anunciarse dejando a la primavera sin tiempo para despedirse de la forma dulce en que ella sabe hacerlo meciendo los días entre brisas y nubes bajas.

El verano impuso su rigor de días calurosos y noches cortas estrelladas. Helados que se derriten nada más sacarlos de la caja, fruta de verano que refresca el cuerpo, olor a mar y a cloro de la piscina. Ropas ligeras, bañadores y toallas completan las maletas.

Las rutinas se alteran, los pueblos se llenan, los abuelos dejan de anhelar cada día de invierno todos y cada uno de los días de verano que llegarán cargados de nietos e hijos que viven alejados, estresados y afligidos por tantas obligaciones.

Desaparecen los despertadores, las alarmas, los deberes, las extraescolares, las academias, los festivales y graduaciones. Los colegios se vacían, se limpian, se pintan, preparan y adornan para el siguiente curso. Los jardines se colman de globos de agua, lanzadores y pompas de jabón.

Vuelan las horas de la noche y pesan los minutos del mediodía. Bebidas refrescantes, aperitivos en la plaza, fiestas en el pueblo con banderines de colores, comidas que empiezan y nunca acaban y niños haciendo algarabía que nos recuerdan que el verano ya llegó.

Y al igual que la edad es un estado del alma, el verano, su alegría, su descanso, su optimismo, sus planes, el no pensar en el futuro también pueden ser un estado que nos acompañe siempre. No podemos cambiar la temperatura del invierno pero sí vivir como si el calor del verano no nos abandonara nunca.

Este año colgué en la estantería mi sombrero con el lema “hello summer” para que me recuerde cada día de este verano que la actitud con la que me levanto cada mañana está en mi mano independientemente de las circunstancias que me rodeen.

Algunos planes empiezan a acampar por el calendario, viajes, cabañas, aventuras y un sin fin de actividades. Después de este año pandémico rodeado de muchas adversidades personales, recibo al verano, que nunca fue mi estación favorita, mirando al cielo y agradeciendo cada uno de los días que me traerá.

Nuevas canciones, otros ritmos, lugares distintos, gente de ayer, de hoy y de siempre. Abrazos infantiles, juegos en el agua, compañías de corazón, brindis por los pasos dados, puertas que se cierran, ventanas que se abren, manos que cogen las tuyas, bienvenidas y despedidas y ganas, muchas de ganas de vivir.

Happy summer!

¡Fin de curso!

Y sin saber ni cómo ni de qué forma se acaba un nuevo curso escolar. Uno muy diferente, único e irrepetible. Uno que formará parte de la historia y que no será uno más porque puso a toda la comunidad educativa a trabajar más junta que nunca sin olvidar a quien había que cuidar y proteger. Y ellos de eterna sonrisa se han adaptado a cada restricción sin quejas ni lamentos.

No ha sido un camino fácil, lleno de sobresaltos e improvisaciones. Distancias, flechas, entradas y salidas distintas, protocolos que cambiaban cada semana, sin abrazos ni besos. Salpicados de geles desinfectantes, bocas cerradas, parcelados en el patio y almuerzos silenciosos.

Pero hemos salido adelante y lo hemos hecho mirando cada día hacia delante porque un día pasado era un día vencido. Y hemos vuelto a ser confinados muchos pero eso no nos ha impedido cumplir con nuestros objetivos porque si por algo nos caracterizamos los maestros es porque nunca decimos “no” a nada pese a que a veces no contamos con el apoyo suficiente.

Y me quedo con todos y cada uno de los alumnos con los que este año conviví porque si algo me enseñó este curso que acaba es que un año más me han enseñado ellos a mí más cosas que tal vez yo a ellos. No los vi bajando los brazos nunca, ni perdiendo la paciencia, tampoco exigiendo y rechistando por llevar mascarilla. Son héroes sin capa pero combatieron al bicho usando su mejor arma “seguir adelante”, vivir el momento como eso un momento más que antes o después acabaría.

Y mañana sí, nos saltaremos algún que otro protocolo para darles un abrazo que cure todas las heridas que no pudimos evitar, que seque las las lágrimas que no pudimos detener y les mostraremos lo orgullosos que estamos de todos y cada uno de ellos por haber superado este curso pandémico.

Las clases se quedarán vacías, no habrá alboroto en el pasillo ni pelotas botando en el patio. Archivaremos exámenes, recogeremos murales, limpiaremos armarios y prepararemos el curso próximo con toda la ilusión de vivirlo en normalidad. Un poquito de todos nuestros alumnos va quedando en nosotros, recuerdos y anécdotas, aprendizajes y algunas risas.

¡Oh, pequeños! Disfrutad de vuestro verano. Este año más que nunca os lo habéis ganado. Nadie ha conseguido nunca lo que vosotros habéis conseguido. Quizás no seáis conscientes pero algún día entenderéis lo importante que fue este curso en vuestra vida y en la de todos los profesores que lo hemos compartido con vosotros.

¡Feliz verano!

Salud mental

Quienes me leéis desde hace años sabéis que no tengo como objetivo usar mi blog para reivindicaciones ni protestas pero hay ciertos temas que no puedo dejar pasar por alto y tocan cada fibra de mi alma. Si además está relacionado con infancia simplemente no soporto la idea de dejarlo pasar.

En la prensa de nuestro país hace semanas se habla del caso de dos niñas desaparecidas mientras estaban con su padre que jamás fueron devueltas a su madre. Finalmente, el caso se resolvió a medias y un poquito de cada uno de nosotros quedó en ese mar.

El debate arde en las redes definiendo si es violencia machista o no. No entro en ese debate pero sí en la necesidad imperiosa de tratar la salud mental como una parte importante de nuestra salud integral. A penas hay servicios de psiquiatría y terapia disponibles a nivel público. Es un servicio a nivel privado que no todo el mundo puede permitirse y debería ser obligatorio pasar por revisión cada cierto tiempo. Desde que nacemos tenemos pautadas vacunas y exámenes médicos en nuestra cartilla de salud, pero ¿qué hay de nuestra salud mental? De esa nada se habla, sigue siendo un gran tabú decir que vas al psicólogo. Si desde niño enseñáramos a nuestros hijos a combatir sus demonios, a resolver sus conflictos y gestionar sus emociones no tendríamos tantos adultos intentando recuperarse de su infancia.

Y los padres somos los primeros que muchas veces rechazamos la idea y miramos al maestro o a quien nos lo sugiere como un verdadero loco. Y se nos van quedando las piedras dentro y nos van llenando la mochila. Y nos caemos, nos herimos y crecemos y todo lo que no solucionamos de niños ha creado un agujero negro del que no podemos salir sin ayuda. Y a veces tenemos esa ayuda pero tapamos el sol con un dedo y vamos caminando a trompicones.

Y con esto no justifico ninguna atrocidad ni a nadie atroz pero sí afirmo la necesidad de trabajarnos desde pequeños emocionalmente. Quizás no podamos evitarlo todo porque la mente humana es imprevisible pero sí hay sucesos que podemos prever. En las aulas desde niños hay ciertos comportamientos, ciertos formas de afrontar la realidad que nos dan algunas pistas pero aún vivimos en una sociedad demasiado inmadura y asustada para admitir la necesidad de tratar la salud mental.

Los brazos lastimados se vendan, las heridas se curan, los tumores se extraen pero no hay nada físico que podamos hacer para recomponer un corazón roto o una cabeza nublada. Es ahí donde la psicología, la terapia y la valentía nos pueden ayudar.

Sé que muchos de vosotros no estaréis de acuerdo y os regís por las vísceras y sí yo también puedo hacerlo pero necesitamos hallar soluciones y poner un poquito de orden entre tanto caos. Nuestra sociedad necesita mirarse más hacia dentro y dejar lo externo. Las piezas del puzzle no pueden encajar por separado y cada uno de nosotros somos el resultado de un cuerpo, una mente y una alma. El pegamento se va acabando y cuando crecemos nuestras piezas empiezan a bailar sin encajar. Es nuestra responsabilidad cuidar de nuestra salud. Seamos responsables.

Mi vuelta al sol

Una vuelta entera al calendario y hoy volvió a colocarse el sol justo en el mismo punto donde hace unos cuantos años atrás abrí por primera vez mis ojos y exhalé mi llanto más fuerte al encontrarme de frente con este mundo. No sé cuántos ojos miraban aquella escena ni cuántos corazones pudieron encogerse al ver aquella bebé pequeña y arrugada pero estoy segura que no faltaron manos para cuidarme dada mi fragilidad. Pudo parecer que iba a romperme pero mis ancestros lucharon por vivir en una tierra de pobreza, guerra y hambruna así que parte de esa fortaleza bombeaba mi sangre y me devolvía el aire que necesitaba para vivir.

Años de infancia teñidos de abuelos, pueblo, primos, comidas caseras, una madre que copiaba al detalle los vestidos de las mejores marcas infantiles, un padre que jamás se desesperó con mi torpeza en las matemáticas y un hermano que cogía mi mano entre los barrotes de la cuna.

Vino la adolescencia aunque no se quedó por mucho tiempo. Eran otros tiempos y mi cabeza tenía demasiados sueños por cumplir. No daba mucho el modelo de adolescente repelente y mis días se basaban en una lucha contra misma por obtener buenas notas. Jamás me importaron los resultados del resto pero sí los míos. Quería alcanzar algunas metas, me equivoqué de itinerario pero llegué a la universidad. Fui y soy la primera mujer de mi familia que pisó una universidad y solo de recordar como mi abuelo guardó aquel periódico en el que ponía mi nombre sé que todo esfuerzo valió la pena.

Y allí entre en una carrera de la cual había oído hablar bien poco y que existía desde que el mundo es mundo. Fueron los años más bonitos que recuerdo de estudiante, los más divertidos y conocí a cinco mujeres que ya nunca se salieron de mi camino. Nuestra vida cambió mucho, dimos vueltas de campana pero aquí seguimos como el primer día.

Vinieron las primeras experiencias laborales. Los primeros amores. Las primeras decepciones. Las primeras derrotas. Y los primeros adioses que me torturarán por el resto de mis días. Bodas, bautizos, mudanzas…

Y llegó ella mi Pequeña Campanilla I. Sé que desafié al destino, que jugué al todo por el todo pero hoy te miro y aceptaría cualquier maldición porque antes o después estaba escrito que vendrías a enseñarme a no rendirme. Pasaron los años, la madeja se fue complicando y un nuevo test dio positivo. Y ella mi Pequeña Campanilla II encendió mi luz. Sus ganas de vivir me recordaron que algún día yo también necesité que alguien confiara en la vida.

En este trece de junio me felicito a mí misma por haber vivido uno de los años más duros que han exigido que subiera al Everest con tacones. Y lo he hecho porque no había opción. He llorado, he peleado, he sentido todo tipo de emociones, he experimentado nuevas sensaciones, he acogido nuevos amigos y me he despedido de una parte de mi vida a la que dejó atrás junto con algunas personas. Y me felicito por mantenerme fiel a mi camino, a mis creencias y por intentar dejar ir. Cuando soplé mis velas de la tarta supe que en esa mesa estaba todo lo que quería. Quedan algunas sillas vacías preparadas para largas tertulias y brindis.

Cuando llegue tu día no olvides encender tus velas y no dejes que nadie apague tu luz porque en cada una de ellas hay un sueño esperando a ser cumplido por ti, solo por ti. Nadie puede cumplir nuestros sueños pero tenemos que ceder el mando al dueño del universo.

Hoy empieza una nueva vuelta al sol…

Cosas prácticas

Si miras al suelo puede que no encuentres los ojos que has estado buscando desde siempre.

Si te inundas de lágrimas dejarás de ver el sol que te recuerda que cada día es un nuevo comienzo.

Si gastas toda tu energía en quien no la aprecia no te quedará suficiente para quien la desea.

Si te anclas al pasado tu barco no zarpará hacia el futuro.

Si te miras al espejo y solo ves tus heridas jamás podrán sanar.

Si buscas donde no encuentras perderás la oportunidad de encontrar donde no buscas.

Si no te alegras por los triunfos de los demás no te parecerán suficientes los tuyos.

Si no sueltas a quien no te coge nadie te cogerá para no soltarte.

Si no caminas, te caes y vuelves a empezar no sabrás lo que eres capaz de alcanzar.

Si no eres quien más se quiere dejarás que otros invadan tu lugar.

Si lees estas líneas y quieres que sigamos esta lista, tengo mis lápices preparados y tiempo para leerte.

Si todas las historias hablaran de nosotros…

Nuestra historia será contada pero no será leyenda. Será un pedacito de cuento sin argumentos, sin estructura y sin final.

Nuestra historia será contada pero no seremos ni tú ni yo, serán otros los protagonistas con otra forma, otro lugar y otro tiempo.

Nuestra historia será contada y no podremos leerla pero estará llena de verdad, de esas que te ciegan y te abren los ojos de par en par.

Nuestra historia será contada y mucha gente hablará de nosotros pero ensordeceremos al mundo con nuestros latidos.

Nuestra historia será contada cuando seas el último en darte cuenta que te equivocaste y yo la primera en aceptar que fue un acierto.

Nuestra historia será contada y habrá puntos suspensivos, comas, interrogantes y un punto final tras el cual no habrá un “continuará”. Y quizás muchos esperen una segunda parte pero ya empecé a escribir mi primera parte en otro libro, en otro tiempo y con otros personajes.

Nuestra historia será contada con derechos de autor, presentaciones y firmas de ejemplares. Habrá dedicatorias, reconocimientos y una pluma nueva.

Nuestra historia será solo mía y se convertirá en papel, en futuro y en posibilidad, opción, camino y en esperanza para otros.

Y esa será mi próxima aventura, una historia que verá la luz para que tú la vivas, la leas, te diviertas y sientas que la vida se vive a pasos pequeños pero con grandes sueños.

¿Me acompañas?

Mi año

Hoy cierro mi año. Me despido de cada uno de los trescientos sesenta y cinco días de estos doce meses. Di la vuelta completa al calendario. Escalé la montaña más alta que jamás me había encontrado y lo hice con tacones. Se me hizo difícil llegar a la cima pero jamás abandoné porque fui educada para no rendirme aunque la lluvia me calara hasta los huesos y el rímel cayera por mi rostro. No soy la más rápida ni la más fuerte pero soy todo lo mejor que puedo ser cada día. Y eso me basta. Eso me trae paz.

Empecé mi año sabiendo que el amor no es conformarse con las migajas de nadie, que los sueños no se los lleva nadie porque son de cada uno, reescribiendo las estrellas y agradeciendo todas las hadas madrinas que este año fueron mi bastón para llegar hasta la cima. Supe que llegué al sitio que necesitaba cuando cada mañana encendía la luz y ponía música para ahuyentar al COVID. Fue el año de la incertidumbre, del vivir hacía dentro, de las mascarillas y los geles. El año de las risas con los ojos, del equipo comedor y de los abrazos furtivos. Ha sido el año de dejar en manos del destino a quien no cree en él y de aceptar que lo que es del otro no me pertenece.

Esta semana fui cerrando algunas cajas pese a que la mudanza la hice meses atrás. Y me miré en el espejo durante un largo rato. No conté mis arrugas ni las cicatrices pero les prometí aprender de ellas y dejar que el blanco gane al verde. Ahora no. Aún no. Pero un día sí. Porque la vida me devolvió este año el equilibrio que había perdido. Curó casi por completo mi ojo enfermo y me regaló el año más bonito de maternidad que había vivido hasta ahora. Elegí ser madre por encima de mí misma y eso es algo que solo las mujeres pueden entender.

Dentro de un tapete lleno de colores coloqué las piezas de mi puzzle. Y ahí estaba como siempre él, mi primer amor, ese que me enseñó a caminar por la vida, que me mostró la escalera llena de peldaños alcanzados y los que aún faltan pero que me regaló la serenidad que siempre tuvo. Y ella que fue la única que apostó por mi vida y sigue regalándome su fuerza ahí estaba cogiendo a mis dos niñas de la mano. Siempre pensé que la pieza número veintidós no encajaba con la trece y me equivoqué. Siempre me verás como una niña indefensa y el día que dejes de hacerlo te abrazaré fuerte para que sientas que hay un sitio lleno de luz esperando por ti. Solo será tuyo.

Hoy acaba mi año. Con caldero o sin él sigo adelante porque la vida me espera y a mí no me gusta llegar tarde. Devolví las llaves hace tiempo así que es hora de abrir nuevas puertas y dejar llegar viento fresco. No sé cómo haré para bajar esta montaña tan alta con tacones. Podría dejarme rodar pero acabaría llena de rasguños. Quizás me quede en la cima un poco más cogiendo fuerzas y aliento. Tal vez bucee dentro de mí y deje bien colocado el corazón, el alma bien limpia y la mente libre de pensamientos feos.

Pero quiero que sepas que tú y solo tú que esperas por mí serás el primero en saber que estoy lista para bajar la montaña. No necesito que subas a por mí solo que me prometas que a partir de ese momento cualquier montaña por bajita que sea la escalaremos juntos cogidos de la mano.

Acabo este año de nieves con muchos bienes personales. Recordándome que mi destino no está en mi mano pero mi voluntad sí. El cielo jamás me dio la espalda y me dejó sola. Así que no ignoraré mi futuro ni socavaré mi presente. Mañana empezará una nueva página en blanco y seguiré escribiendo con líneas torcidas pero llenas de verdad, de humor y de cariño.

Gracias por acompañarme un año más, contigo conunasdesilvia.com hace sentido.

Plan de vida

Venimos con un plan trazado. Formamos parte de una familia y vamos creciendo rodeados de amigos que conocemos en nuestra escuela. La vida se mueve en círculos y nosotros caminamos dentro de su órbita. Un día nos hacemos adultos y establecemos nuestro plan, uno que depende de nosotros mismos.

Algunos objetivos, muchos sueños por cumplir y una cierta cantidad de realidad nos abre los ojos. Era más fácil que nuestros padres gobernaran nuestro plan aunque no siempre nos gustara porque ahora tenemos que tomar un millón de decisiones para las que no siempre estamos preparados.

Poco a poco tras algunos ensayos y unos cuantos errores vas perfilando el que crees que es tu plan de vida perfecto. Marcas tiempos, espacios, encajas las piezas y a las personas en él. Con el transcurrir de los años, vas haciendo ajustes, cambios y modificaciones. Un día juntas tu plan de vida con el de otra persona y diseñáis uno que os hará caminar juntos. Saber que encajas en el plan de vida de alguien es el verdadero enamoramiento.

Pero los planes no son perfectos, así como la vida y como nosotros mismos. Los planes conjuntos empiezan a fallar y el barco hace aguas. Borras algunos objetivos y desempolvas tu plan inicial, ese que dejaste en el cajón para encajar en el del otro. Y ese es el verdadero desenamoramiento, entender que invertiste todo tiempo en un plan conjunto renunciando al tuyo propio.

Y vuelves a empezar. Ese plan inicial ha incorporado a nuevos agentes, otros se han ido cayendo y a otros los has dejado fuera porque te quedó claro esa frase del azucarillo que decía “que solo te importe quien te aporte”. Y eres un poco más mayor y más curtida, y más herida y sabes que hay cosas que no se superan pero que se aprende a vivir así dando un paso y otro.

Echas la vista un año atrás y ves quien ya no eres. Cometiste errores. Cerraste puertas. Viste como te apartaban de algunos planes. Pero no crees en los finales tristes y sí en los nuevos comienzos así que coges tus folios en blanco, tu eterna confianza en el cielo y engulles tus lágrimas. Y te sientes afortunada porque una pandemia se cruzó en tu plan y abrió tus ojos para elegir vivir. Y vives, y sueñas y vuelves a ser feliz porque nunca dejaste de encajar en muchos planes de otras personas, porque en este año empezaste a encajar en nuevos planes y porque te susurraron hace algún tiempo que hay un bonito plan de vida esperando por ti y alguien esperando por el tuyo.

Planes de vida sin escuadra y cartabón, con líneas torcidas, sin goma de borrar, en otro idioma…pero con el objetivo de caminar, hoy solo caminar, mañana correr y quizás algún día marcarte el sprint de tu vida.