Las modas pasan… Tú, ¡jamás!

Nos invaden las modas, las tendencias, lo que se lleva y lo que no, lo actual y lo pasado. Acumulamos prendas que usamos solo unas cuantas veces, objetos que dejamos en una estantería y recuerdos de tiempos pasados.

La vida se vive rápido, ayer ya es mañana sin pasar por hoy. Mientras madrugamos pensamos en la cena cuando no sabemos ni que vamos a comer. A penas entramos en la universidad y nos agobiamos pensando en qué tipo de empresa haremos las prácticas del último año.

Sentimos la necesidad de probar cosas nuevas constantemente, de vivir experiencias y de sentir nuevas sensaciones. Queremos crear vínculos rápidamente y salimos a navegar sin haber levado nunca anclas.

Escudriñamos la vida de los otros, cansados de mirar la nuestra. Nos atrevemos a dar consejos que nosotros jamás seguimos. Nos despedimos de amigos, compañeros y parejas sin más como si pasáramos la hoja de una revista que anda tirada en una mesa en la consulta del dentista.

Pero llega el día en que necesitamos dejar de caminar por encima de las aguas y saber que bajo nuestros pies el suelo es frágil aunque sea del mejor cemento. Las modas están bien pero no son duraderas y necesitamos algo que sí lo sea. Las tendencias no cuadran con nosotros y no nos da la energía para seguirlas.

Esa estantería llena de recuerdos tiene que ser vaciada y dejada en el contenedor porque estamos tan llenos de lo viejo que lo nuevo no encuentra ni un mínimo resquicio para llegar a nosotros. Y sí, tenemos que decirle adiós y agradecer todo lo que nos ha aportado.

Aparece un STOP en tu camino y por mucho que quieras atajar has de detenerte. Mirarse por dentro es más difícil que hacerlo por fuera. El maquillaje tapa nuestras imperfecciones pero no nuestras heridas. El miedo nos colapsa y la cobardía nos quita la posibilidad de aprender a conocernos a nosotros mismos y mejorar nuestras relaciones sean del tipo que sean.

Y está bien eso de hacer cosas nuevas y probarlas pero con la sensación de exprimirlas al máximo. Empezar a ser conscientes de cada cosa que hacemos y ser felices con lo que hacemos. Quizás no estemos en el sitio que queremos ni tengamos la profesión que hubiéramos soñado pero es imprescindible aprender en el camino. Y cuando llega el momento, la ocasión, el lugar y las personas, es simplemente mágico. ¡Palabrita!

Y en este momento de nuestras vidas en la que los móviles nos han atrapado el “ahora” y que sentimos la presión de sentirnos conectados, sentarse a la mesa con alguien que deja guardado su teléfono, aparcados sus mensajes y archivados los correos, es una sensación de las que sí vale la pena sentir.

En un tiempo fue así pero ya no hay ni amigos, ni compañeros ni hijos que sean páginas de una revista. Se merecen toda mi escucha, mi atención, mi silencio y mi tiempo. No les dejo guardados ningún abrazo ni un te quiero porque el hoy es hoy, la vida es ahora y mañana…mañana la vida hablará. Y no son muchos, pero sí los mejores que completan mi puzzle.

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