Confusión

Confundí ser junco con ser madera. El junco es flexible, la madera rígida.

Confundí ser fuerte con ser fría. La fortaleza crea, la frialdad destruye.

Confundí ser el centro con el todo. El centro brilla, el todo anula todo.

Confundí ser sueño con tener sueños. Ser sueño es del otro, los sueños son míos.

Confundí ser destino con ser camino. El destino es final, el camino es trayecto.

Confundí querer mucho con querer mejor. El mucho ahoga, el mejor atrapa.

Confundí el aceptar con el soportar. La aceptación es consciente y el soporte acaba cediendo y rompiendo.

Confundí el ser yo con el ser nosotros. No puede haber un nosotros sin haber un yo.

Confundí las señales, los silencios, los ruidos y los adioses. Mis canciones y mis pasos no coordinaban.

Y de toda esa confusión, surgió una nueva forma de vida, una esencia, un latido y la vida volvió a pulsarme, a vibrarme, a despertarme. Lo finito acabó y un nuevo infinito se dibujó.

Me confundí, te confundí, nos confundimos, nos confundieron…sea lo que fuera el círculo se cerró y la confusión desapareció.

Y empezó una nueva confusión…

¡Mamá en apuros!

Todas las madres en algún momento o en cientos de ellos estaremos en apuros. O no llegamos a la puerta del colegio a recoger a nuestros retoños, o se nos olvidó comprar una cartulina o no planchamos el uniforme y nos damos cuenta a las once de la noche de un domingo.

Llevo hace tiempo defendiendo que no busco la perfección como madre porque me desgastó mucho intentar serlo años atrás. Así que me reorganicé como madre y tracé un plan en el que ya no soy sólo yo la capitana del barco. Pequeña Campanilla I ha empezado a responsabilizarse de muchas de sus cosas y ha ganado en autonomía, en confianza y en autoestima.

Pero sigo siendo una madre en apuros con cosas que me tocan la parte emocional. Me cuesta aceptar ciertas situaciones y no poder estar ahí acompañando a mis niñas en sus días importantes, en sus inicios, en sus entradas y salidas. Por eso hago terapia. ¿Cómo? No me considero más loca ni más cuerda que nadie pero sí reconozco que hay en ciertos momentos que no soy capaz de encontrar otros caminos y es ahí cuando necesito ayuda de alguien que mira todo desde un prisma más alejado.

Me presioné mucho y aún lo hago por no darle lo mismo a mis dos hijas pero la vida poco a poco me enseña que no puedo cargar con eso en mi mochila. Cada una recibe y recibirá lo que necesita de mí pero aún así aunque no pueda acompañar a mis pequeñas campanillas a su cole al menos ven preparar cada mañana con unas manos llenas de amor su almuerzo y sé que ese dibujo imperfecto en el envoltorio o esa letra torcida en ese post-it hacen que entiendan que estoy muy cerca aunque no esté presente. Probablemente sea mi corazón el que necesite sentirse reconfortado y en paz.

Y aunque los años me inunden de conocimientos, libros de auto-ayuda y terapia siempre seré esa madre en apuros quizás porque cuando aceptamos el regalo de ser madres hay una letra pequeña a la que no hacemos caso cegadas por nuestras propias ilusiones pero que con el paso de los años vuelves a leer una y otra vez. Cada una de esas letras pesan como piedras al igual que nuestra mochila llena de culpa. Pero jamás olvidemos madres en apuros que la culpa solo nos sirve para aprender y saber lo que no queremos repetir. Siempre hay caminos, rutas alternativas y cruces de caminos, muchos cruces de caminos. Trenes que pasan una y otra vez, manos dispuestas a tender una mano y todo lo demás es ruido, solo ruido.

¿Alguna mamá en apuros en la sala?

Suicidio y muerte de la mano

Mi abuela siempre decía que la vida me proveería con aquello que necesitara. Por aquel entonces no la entendía y hay días que ahora me cuesta aceptar ciertas situaciones que la vida me trae. Siempre he creído en la sabiduría de las personas más mayores. Ellas ya pasaron y vivieron por todo eso que hoy nos cierra la garganta.

La paciencia a veces nos falla cuando intentamos adelantarnos al futuro. No sabemos dejar que las cosas nos pasen y alcancen. Hacemos cábalas, sopas de letras y crucigramas de hechos imaginados. La ansiedad aparece por derrotas que no llegaron, puertas que se cerraron y oportunidades perdidas.

El que más y el que menos vive esa situación alguna vez y cuando todas las piezas del puzzle están encajadas alguien o algo nos mueve una y tenemos que volver a empezar. Creemos que somos el patrón de nuestro barco, y lo somos pero no de todo el océano que nos rodea ni tan siquiera de unas pocas gotas de un mar pequeño.

Los comienzos no son lineales y los finales a veces son torcidos. Quizás como mi abuela decía ese es el final que necesitamos pero nadie queremos un final triste. Pero intentar casar la palabra final siempre con la palabra feliz nos crea unas expectativas tan altas que luego es insoportable aceptar que no será así.

A veces nos dejamos llevar por nuestros niñitos interiores, los cambios nos parecen montañitas, las despedidas no nos casan con felices y aún no aprendimos a vivir sin expectativas. Eso no quiere decir que renunciemos a nuestros sueños pero sí que aprendamos a vivir con la paz de no depositarlos en nadie más que no seamos nosotros mismos.

Hoy es un día internacional importante de esos de los que se habla muy poco y se silencia. Y es que aún no somos capaces de hablar y normalizar la palabra suicidio. Pero sí existe y sucede todos los días y muchas veces en el mismo minuto en distintas partes del planeta. Sufre el que se va y más el que se queda que no supo cómo ayudarle o tal vez fue tan invisible su estado que nadie se dio cuenta. El grito del suicida es tan sordo que nadie lo escucha. El dolor de quien no pudo evitarlo es tan punzante que jamás se olvida.

La pandemia trajo a la luz la necesidad de cuidar la salud mental y reclama a los gobiernos que invierta dinero público en cuidar de esa parte del ser humano para que se reduzcan las enfermedades físicas que son provocadas por todas esas emociones y problemas mentales no tratados. Pero la pandemia trajo soledad, desesperación, sacó a la luz miedos, inseguridades y abrió muchas cajas de Pandora. Y muchos tomaron el único camino que pensaban que tenían. No escucharon a nadie. No supieron pedir ayuda. Y hoy celebramos su muerte en lugar de su vida.

Así que por favor, respetemos este día y no veamos a los suicidas como cobardes porque ninguno de nosotros sabe todas las guerras internas que ha librado y las veces que al borde del precipicio dio un paso atrás y se dio una oportunidad más.

#stopsuicidios #diainternacional

¡Bienvenido curso 2021-2022!

En pocas horas arranca un nuevo curso escolar. A estas horas las mochilas están llenas de libros, estuches, diccionarios y acuarelas de bonitos colores. Y entre todos esos materiales este año también asoman mascarillas y geles desinfectantes.

En los centros escolares de las paredes cuelgan mensajes que nos recuerdan las medidas higiénicas que debemos seguir y un curso más en el suelo las flechas nos indican el camino por el que ir y volver. Los patios siguen estando divididos, los almuerzos se hacen sentados y rápidos y las distancias se reducen unos centímetros. Todos somos burbujas y cada una de un color distinto y las fuentes donde se hacían colas interminables quedan clausuradas.

Las cifras indican una gran mejora y el nivel de vacunación es muy óptimo, así que mañana los colegios levantan sus persianas para recibir a todos los grandes héroes de esta pandemia que poco los ha mirado y respetado. El curso anterior andábamos con miedo, éste solo lo hacemos con cuidado y respeto al bicho. Se ha limpiado, desinfectado y decorado pero nos falta la algarabía de los niños en las clases, el sonido de los balones en el patio y toda esa luz que cada uno de nuestros alumnos trae consigo.

La noche de antes es una mezcla de nervios, ganas e ilusión y, sí este año con la mascarilla bien pegada adivinamos la sonrisa porque quien sonríe lo hace con la mirada y llevamos un año haciendo de detectives buscando sonrisas. Mañana es día de reencuentros, día de contarse el verano, de darse a conocer y de decirse todo lo que nos hemos echado de menos.

Seguimos pendientes de los protocolos y las nuevas normativas pero eso no nos va a quitar la atención de lo importante, que son nuestros alumnos. Queda aún un poquito para la tan ansiada normalidad pero sí pudimos con ello el curso anterior este año le plantaremos cara aún con más fuerza.

Y que voy a deciros yo como maestra pues que, tal vez, estoy más nerviosa que mis alumnos, que cada curso lo vivo como el primero, que sé que mañana los veré muy mayores, que querré que todos me cuenten su verano, que mis ojos brillarán, que tendré que guardar mis abrazos y que cuando se abra la puerta de entrada, respiraré hondo y agradeceré todo lo que esté curso pueda enseñarme y el cariño que recibiré.

¡Bienvenido curso 2021-2022! Te estábamos esperando. Estamos listos.

Acto de amor

Foto cedida por EBG

Después de unos días viviendo en una montaña rusa de emociones y perdiendo el equilibrio por momentos, respiro hondo y lo hago por mí. Estamos acostumbrados a darnos a los demás, en estar para los demás, en escucharles, animarles y aconsejarles. Creo que no hay cosa que disfrute más y que va implícito en mí pero cuando el aire falta y el cuello de la camisa aprieta necesito parar y tener un acto de amor conmigo misma.

Distanciarme, alejarme por unos momentos, silenciar mi móvil y a todos dentro de mi cabeza. El pensamiento tiene el poder de crear y destruir. A pesar de lo estudiado, de lo aprendido, de lo pasado y de algunos años de terapia aún cometo errores de primero de guardería. La diferencia es que me acepto así y me perdono. Quizás aún no soy capaz de pasar algunas cosas por alto o simplemente no quiero pero aprendí a dar algún paso hacia atrás cuando el ambiente me turba.

Siempre se han visto las lágrimas como un signo de debilidad y flaqueza pero la inteligencia emocional y las nuevas tendencias, filosofías o llamadlo como queráis insisten en dejarlas salir, en soltar todo eso que nos aprieta para que la bola se haga más pequeña y finalmente desaparezca. Lloro, lo hago cuando nadie me ve y no porque me importe mostrar como estoy si no porque aún pertenezco a esa generación que fuimos educados así. Esta semana experimenté la sensación de hacerlo delante de personas que no me habían visto llorar así, en el lugar quizás menos apropiado, en el momento menos idóneo y por el motivo menos motivo pero llegaron con fuerza y me estaban arrasando por dentro y sí, entendí, que tenía que dejarme llevar y soltar lastre.

Siempre dejo llorar a mis hijas, a mis alumnos/as, y a mis amigos/as. Acojo ese momento con cariño porque sé que tengo que aprender de quienes saben llorar porque yo no sé hacerlo. En mis letras comparto muchas cosas y soy clara pero la humana que escribe delante del mundo sonríe, pone música, baila pero guarda mucho y a muchos. Quizás por supervivencia, quizás por educación, quizás por las heridas que porto o tal vez porque es un acto de amor hacia mí misma.

No todas las semanas son buenas ni maravillosas. A veces los mensajes de amor que nos repetimos los olvidamos. Hay días que te levantas nublado y que todo se complica. No duermes, no das para más ni para nadie más. Acumulas y estallas. Bajas la guardia y eres víctima de tus propios pensamientos y nada tiene que ver con el resto de personas porque somos responsables de nosotros mismos no de lo que los demás digan ni hagan. Se te olvida poner límites y decir “aquí no”, “así no” y “conmigo no”…. y ya perdiste la partida. No soy competitiva, pero esta es una partida que no me gusta perder nunca.

Y todo este post de hoy quizás no os resuene mucho a algunos de vosotros/as pero como siempre he dicho escribo como una forma de soltar y de hacerme terapia a mí misma. Así que aquí dejo estas líneas porque este es el juego de la vida y no quiero volver a perder.

Pequeña Campanilla II

Creo que escribo poco sobre ella tal vez porque rebosa tanta energía que me deja sin palabras. Cada paso que da no pasa desapercibido y todo lo hace a lo grande dejando huella allá por donde pasa. Pero no una que borra el viento si no una que te cala bien dentro.

En apenas unas horas empieza su etapa escolar y no puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido. Pese a la pandemia, al confinamiento y a todas las restricciones me cuesta aceptar que vueles ya a ratos tan sola. Sabes que hagas lo que hagas, sabes que pese a todas tus rabietas y a la intensidad de tu carácter me tienes a tus pies. Intuyes que hay límites y que mamá no cede pero que se sienta contigo en el suelo a jugar y a mirarte a esos ojitos que quieren entender el mundo.

Preparando tu uniforme mis lágrimas brotaron y dejé que lo hicieran porque en ellas iban contenidas muchas emociones y muchos sentimientos. Algún día hablaremos de ellos y entenderás por qué. En esa mochila de tu cole llevas unos cuantos abrazos por si los necesitas de esos que tanto te gusta dar a ti y un montoncito de besos porque aunque no pueda llevarte de la mano hasta la puerta te dejo en las manos que más te quieren y que sé que intentará esconder sus lagrimitas, tu hermana mayor.

Este es solo el principio de muchas aventuras que vivirás e intento imaginar cómo serás en el futuro pero me conformo con disfrutarte en el presente. Si tú supieras todo lo que has venido a sumar jamás dejarás que nadie te reste. En dos años y medio has revolucionado todo mi mundo, y yo que no me creía preparada para una luz como la que tú desprendes sé que eres lo que le faltaba a mi vida y a mi puzzle. Nosotras somos tres piezas que ahora sí encajan a la perfección.

Mi Pequeña Campanilla II un nuevo camino que empiezas, un nuevo objetivo, un nuevo impulso que te llevará a aprender muchas cosas. Sé que estarás bien y serás feliz. Pero cualquier madre que lea este post entenderá que hay muchos sentimientos encontrados dentro de la maternidad éste es uno por el que todas pasamos. Sabemos de la necesidad y los beneficios de la primera escuela para nuestros hijos pero los primeros días son duros para una madre.

Mi Pequeña Campanilla II vuela alto y llévame contigo que juntas recorremos el camino, subiremos hasta el cielo, cogeremos nuestras estrellas, nos dejaremos mecer por las nubes y nos despertaremos con una gran sonrisa como cada día.

Pasado – Presente – Futuro

El pasado fue. El presente es. El futuro será. Personas que ya no son. Experiencias que están. Aprendizajes que vendrán. Amores que se fueron. Compañías que permanecen. Cariños que se gestarán. Y entre todo eso yo no soy quien fui, soy quien soy ahora y seré lo que tenga que ser.

Tantas personas a las que no escuché. Tantos caminos que recorro. Tantos deseos que se cumplirán. Tantos sueños que abandoné. Tantos te quiero que repito ahora. Tantos libros por escribir.

Tanta rebeldía que guardé. Tantos límites que he aprendido a poner hoy. Tantos tropiezos que aún me quedan por dar. Tantos adioses que no pude pronunciar. Tantas bienvenidas que acojo con una sonrisa. Tantas noches que aún me quedan sin dormir.

Tantos bosques en los que me perdí. Tantos campos que abono y cosecho. Tantos frutos que espero recoger. Tantas lágrimas que guardé. Tantas gritos que no doy. Tantos abrazos por dar y regalar.

Tantos errores que cometí. Tantos errores que cometo. Tantos que haré. No era perfecta. No lo soy ni lo seré. Quería una vida perfecta. Ya no la quiero. No la perseguiré. Tantas burbujas que soplé. Tantos cimientos que construyo. Tantas carreteras que aún me esperan.

Tan sola estando acompañada. Tan rodeada estando sola. Tan feliz estando con unos cuantos que fueron, son y serán. Tan loca creyéndome cuerda. Tan cuerda estando loca. Tan cuerda siendo consciente de mi locura que nunca acabará.

Tan queriendo huir. Tan queriendo permanecer. Tan queriendo viajar para volver. Tan mirando siempre al futuro porque el pasado dolía. Tan viviendo el presente. Tan mirando a un pasado sanado y a un futuro que escala peldaños.

Tan corriendo hacia ningún lado. Tan caminando ahora cientos de kilómetros. Tan alcanzando mi meta. Tan viviendo hacia fuera. Tan viviendo hacia dentro. Tan viviendo en el punto medio.

Tan mirándome en un espejo sin verme. Tan aceptándome como soy. Tan queriendo mejorar cada día. Tan siendo la actriz secundaria de mi vida. Tan siendo la protagonista ahora. Tan bailando de nuevo con alguien que comparta mi escena.

Tantas madejas en el alma. Tantos enredos que no dejo. Tantos ovillos que aún tengo que ordenar. Tantos cafés que no tomé. Tantos que tomo ahora. Tantos que quiero tomar. Tantos sitios a los que no llegué. Tantos lugares que descubro y tantas maletas aún por hacer.

La Silvia de ayer. La Silvia de hoy. La Silvia de mañana. La que escribió. La que escribe. La que lo seguirá haciendo porque escribir es algo más que un hobby, es una parte de su terapia, su propia verdad, su desnudez, su sueño, su aprendizaje, su necesidad, su medicina, su equilibrio, su calma en medio de la tempestad, su viento fresco en el verano y su calor en el invierno. La de ayer no soportaría un cambio de rumbo, la de hoy ve oportunidades y la de mañana, la de mañana se plantea solo fluir y dejar que el universo actúe.

El final del verano…

El calendario me recuerda que el final del verano aún no está cerca pero sí el de las vacaciones. Los días son más cortos y el sol desaparece antes para que vayámonos haciéndonos a la idea que la rutina empieza a llamar a la puerta.

Una parte de mí desea la vuelta al día a día y otra quiere exprimir hasta el último atardecer. Agosto es un mes que nos regala tormentas de verano, cielos rosados y treinta y un días para comer helados y andar en bañador. En mi infancia de veranos de pueblo el fresco empezaba a notarse por las noches y llorábamos al despedir a los amigos que partían a su lugar de destino.

Todos los veranos son distintos pero éste el más diferente que viví de toda mi vida. Pude coger todo mi tiempo y todos mis días, distribuirlos, compartirlos y vivirlos conscientemente, intensamente y felizmente. Y claro que hubo de todo eso menos bueno y menos fácil, también cansancio y algunas lágrimas. Pero programé mi mente antes de empezar el verano y me prometí dejar registrados todos los motivos de mis risas y no de mis llantos.

Recuperé algunas cosas que me gustaba hacer y las adapté a mi nueva realidad. Caminé y caminé muchos kilómetros cada día para tonificar no solo mi cuerpo si no para dejar equilibrado todo mi ser. Y probé cosas nuevas, sensaciones nuevas y gente nueva. Eso me hizo salir de mi zona amada de confort y abrió la llave para conocer una parte de mí que andaba perdida o tal vez dormida. Visité nuevos lugares, subí a montañas rusas y con mis Pequeñas Campanillas de la mano cree un red de recuerdos de este verano.

Y sí, ha sido el verano de vivir hacia fuera y hacia dentro. Cada kilómetro y cada tramo del camino guardan todo eso que viví, que reí y que lloré este verano porque la vida con sol o sin ella nos pone a prueba, nos enseña y nos recompensa. Y sí, ha sido el verano de reunirme con personas importantes en mi vida y lo son porque de ellas aprendo, porque puedo ser yo sin maquillaje, porque confío en que me dirán que estoy equivocada y que me abrazarán, con las que puedo reír hasta dolerme la barriga y que ven en mí lo que yo no soy capaz.

Y no concibo un verano mejor pero sí sueño con un otoño igual. Quizás el calor nos abandone en unas semanas pero quiero guardar esa sensación de vivir en verano para el resto del año. La rutina no me asusta, tal vez porque ser madre te hace vivir al día y porque mi rutina es ejercer la profesión que elegí y que me llena completamente.

En estos días finales empecé con mi nueva lista de propósitos hasta final de año. Y no se trata de abarcar lo que no puedo pero sí de jugar con mi tiempo a mi favor como nunca antes. Hay cosas que ya no puedo postergar más ni quiero hacerlo porque todo llega a su tiempo, a su modo y en su lugar. Como el verano que se marchará a su tiempo y dejará que venga el otoño. Le abrazaré con fuerza y le susurraré al oído bajito que es tiempo de cosecha y de recoger los frutos.

¡Hasta siempre verano’21!

Historias de verano

Ella con su vestido blanco de flores azules, sus zapatillas de lona y su sonrisa pícara pudo conquistar aquel corazón pero no quiso. Se negó a oír a su corazón y a seguir su intuición porque el precio era demasiado alto. Y justo en el momento en el que se decían adiós ella supo que nunca podría olvidarlo.

Él con sus vaqueros desgastados, sus zapatillas azules y sus ojos verdes estaba dispuesto a dejarse conquistar. Escuchó aquel pálpito y apostó todas y cada una de sus monedas aunque quedara arruinado porque sabía que tras esa despedida la recordaría todos y cada uno de sus días.

A ella le encantaba jugar, escalar montañas y perderse entre árboles porque era la única forma que había encontrado de seguir viviendo pese a todo y todos. Su cara de niña y su frescura hacían que fuera especial y atraía las miradas por allí por donde pasaba. Ellos no podían quitar sus ojos de encima y ellas cuchicheaban a su espalda.

A él le encantaba ganar, zambullirse en aguas heladas y navegar en mares sombríos para curar todas y cada una de sus heridas abiertas. Las canas de su pelo y su carácter uraño hacían que todo el mundo le respetase. Ellos envidiaban su fortuna y ellas a la mujer que le robó su corazón.

Se conocieron en una tarde de junio lluviosa. Ella recién llegada de la ciudad corrió a ver el mar para verter en él todas y cada una de las lágrimas que le oprimían el pecho. Él cansado de navegar solo todo el día amarró su barco en el embarcadero y tocó su herida del pecho para comprobar que estaba cerrada pero que aún dolía.

Cruzaron sus miradas por un instante y enmudecieron. Desde aquel instante y durante todo el verano no hubo un solo día que no acabaran viendo el atardecer en aquella playa de arena y piedras. Si algo les unía eran sus ganas de vivir porque era la única forma de mantener vivos los recuerdos de su historia.

Cenaban de día y comían de noche. Buceaban en busca de corales y perlas. Bailaban descalzos y huían de la gente porque no querían escuchar la respuesta que todo el mundo sabía. Cogieron aquel calendario y lo rompieron en mil pedazos para no mirar el tiempo que les quedaba juntos antes de despertar de aquel sueño.

Y llegó el final del verano. Los turistas se marcharon. El sol dejó paso a las nubes. Aquel adiós que ella no quería y él no deseaba pero que ambos dejaron que sucediera fue el punto y final de aquel verano.

Quedaban muchos veranos aún por venir. Quizás esta fuera una de esas historias con puntos suspensivos o con demasiados interrogantes abiertos pero lo que es cierto es que aquella chica del vestido blanco y aquel chico de vaqueros desgastados vivieron el mejor verano de sus vidas.

¿CONTINUARÁ? Habrá que esperar hasta el próximo verano…

¿Casualidad?

Sé que es más fácil creer que no puedes hacer nada que darte cuenta que tienes en tu mano las llaves que lo abren todo. Te lo dice alguien que se pasó durante muchos años mirando hacia otro lado, el equivocado, y que no fue capaz de cambiar de llavero.

Sé que crees fervientemente que las casualidades existen y necesitas pensar que tu historia depende del azar. Pero llega el día en que despiertas de ese sueño espeso y nublado y es entonces cuando entiendes que las casualidades son producto de decisiones tomadas mucho tiempo atrás cuando aún ni tus células se habían unido para formar tu ser.

Sé que que no compartes mi ideas porque son duras de leer pero en tu mano con casualidades o sin ellas tú eliges qué camino tomar. Izquierdo o derecho ambos te conducen a algún sitio en el que por algún motivo tienes que estar.

Sé que te frustra mucho luchar por algo y no conseguirlo y solo ves el “no” que el universo te envía cuando en realidad solo te dice “espera”. A veces andamos tan ciegos en algo que no vemos las señales y nos tropezamos. Pero no sabemos todo lo que hay detrás de esa negativa de hoy. Tal vez no estamos preparados y la vida nos ofrece un salvavidas para evitar que naufraguemos.

Sé que es muy doloroso aceptar las pérdidas y los adioses. Y que no hay nada ni nadie que pueda quitarte esa pena. Pero la persona que se marcha pasó por tu vida dejándote alguna enseñanza, algo que necesitabas y ella necesitaba de ti. Y tal vez hacer añicos tu corazón era justo lo que te hacía falta para que despertaras y te prepararas para algo o alguien mucho mejor que siempre serás tú mismo.

Sé que hay días que tienes ganas de mandar todo al traste porque tienes el día torcido y que no ves la suerte que tienes por contar cada mañana con alguien que sonríe solo porque tú estás en su vida. Y es que hay amores que van y vienen pero otros se quedan para siempre y sé que ese es el amor que tú quieres pero mientras llega, quédate contigo.

Sé que crees que no puedes, que tienes ganas de tirar la toalla, que las vacaciones a veces pesan más que la rutina, que odias los domingos y que este año no viajaste a ninguna isla caribeña. Sé que haces como si nada, que te pesa el silencio de tu casa, que sales a la calle con tu careta “de todo está bien” cuando estás roto por dentro, que sufres insomnio y que estás muerto de miedo de vivir y ser feliz. Sé todo eso pero ese miedo no hará que cambie el resultado, si tiene que ser será y si no no será. Así que deja de lado tu victimismo y guarda en el armario tu armadura que no te protegen ni de ti mismo.

Sé que si estás leyendo esto es por pura causalidad y ojalá lo sigas haciendo siempre porque eres la más bonita casualidad de este blog y de quien escribe en él.

#stopsuicidios #stopdepresion