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Hoy estamos de estreno y lo hacemos a lo grande porque no solo cambiamos nuestro nombre si no también nuestra imagen y nos hacemos el firme propósito de con cada palabra traer un poquito de aliento, con cada párrafo consuelo y con cada texto revelar pensamientos y sentimientos que nos identifican a todos en algún momento. Porque quien está detrás de este blog es una mujer, una madre y una maestra que empezó hace seis años a contar y decir en voz alta que lloraba por la pérdida de su padre, que tenía sentimientos encontrados con la maternidad y que la educación debía cambiar el mundo.

Si me preguntan si era un cambio buscado, la respuesta es que no. Han sido días de aprendizaje tecnológico, de búsqueda de información y de muchas horas de trabajo pero ante la posibilidad de perder creció en mí con más fuerza que nunca la certeza de no hacerlo. Y aunque mi baraja no tenía ningún AS mi confianza suplió cualquier obstáculo.

Nuestra vida está llena de infinitas posibilidades, unas más elevadas que otras. Algunas nacen de la rabia y el dolor pero si algo les puedo decir es que todas ellas son válidas. Nadie puede juzgarnos pero cada uno de nosotros lleva puesto el par de zapatos que ha elegido.

Nunca me asustaron los retos, si fuera así no habría sido madre porque no hay mayor reto que ese. Caminar sola y hacerlo desde el punto cero tampoco porque a mis espaldas llevo un gran bagaje y algunos años de autoconocimiento. Pero si hay algo que me ha hecho madurar es despertar de mi ingenuidad.

Hablo de ingenuidad no de inocencia, esa bella y bonita que se ve reflejada en las miradas limpias. Esa ingenuidad me llevó a depositar mi confianza en externos y dejé en sus manos detalles muy importantes. Hasta hace un tiempo no me preocupé de ciertos ámbitos y confié ciegamente. Si algo aprendí últimamente y más en esta semana es que la confianza en el otro tiene que tener límites y es más responsable e inteligente actuar así.

Tropiezo muchas veces en la misma piedra como supongo todos los que me leéis y todos dejamos en manos de otros aspectos importantes como el dinero o la tecnología. Y llega el día en que la confianza se quiebra y no hay nada más que decir ni que hacer.

Soy ingenua, no confío rápidamente en nadie pero cuando me entrego dejo que inunde mi espacio. Después de que la empresa que alojaba mi dominio me pusiera en la cuerda floja he despertado. Mi confianza tiene un precio y mi espacio tabiques. Hay cosas que no se pueden comprar con dinero y es mejor dejarlas ir.

Como ven el nuevo año ya viene pisando fuerte con nuevos caminos y aprendizajes. Con un nuevo blog y con muchas ganas de seguir aportando luz. Mi verdad, mi yo, mis heridas, viejas y nuevas, mis sueños, mis esperanzas e ilusiones.

El camino está lleno de infinitas posibilidades y decidí encaminar mis fuerzas y energía para crear no para destruir. Recuperé aquel primer post, y el segundo y todos los que vivieron después y que cuentan mi historia. Un blog que nació del más profundo amor de una hija a un padre y que ha ido creciendo y madurando. Y así seguiré dejando caer palabras, arrastrando párrafos, mezclando versos y contando cuentos.

Si me acompañan, aquí estaré.

¡Muchas gracias!

Me despido de ti 2020

Prometías mucho, nos regalabas un día más, eras par y sonabas bien. El principio de una nueva década, el inicio de tiempos mejores y la esperanza de muchos. Pero tus días han pesado más que el plomo y tus horas se han llevado muchas vidas. 

Llevo muchos días intentando sentarme cara a cara frente a ti, decidiendo que quiero decirte o si es mejor guardar silencio pero bien sabes que no me quedaré callada. Me has revolucionado, me has instigado a perder los papeles y mi rumbo, has hecho que pierda el norte y dude de mi dirección. Algunos de mis días han sido muy oscuros y las noches largas. Me has llevado a entrar en callejones y me has quitado mis opciones. Has estrujado mi corazón y me has empujado a esa delgada línea de la tristeza. Has cerrado muchas puertas. Has hecho que colapsara y mi cuerpo enfermera. Me has dejado sin aliento, sin aire y has tapado mi boca con una mascarilla. 

Pero he decidido no coger esa silla y sentarme frente a ti para decirte todo lo que no has hecho por mí en tus trescientos sesenta y seis días, si no para enseñarte que a pesar de todo sigo aquí más entera y consciente que nunca. Que sigo viviendo, que sigo respirando, que solo eres un mal momento dentro de una vida entera. Que no has conseguido que enloquezca o tire la toalla. Que dentro de unos años te habré olvidado, que solo serás un mal recuerdo, algo por lo que tenía que pasar para aprender y mejorar mi camino pero sobre todo a mí misma. 

Y no quiero que agotes tu tiempo sin que sepas que agradezco las cosas que me has enseñado, que has apartado gente de mi vida que yo no he sido capaz de apartar, que sé que no volveré a suplicarle a nadie que se quede a mi lado y que no me quedaré sentada viendo como otros bailan sin mí. Que solo yo conduciré mi vida y para siempre venga quien venga mi mano solo tendrá tres estrellas. 

Me hiciste sentir en algunos momentos que era una marioneta que nada podía hacer y me has enseñado cuan vulnerable puedo llegar a ser. Pero me has regalado tiempo de maternidad manteniéndome encerrada en casa y pude ver los primeros pasos de mi pequeña campanilla. Y he seguido siendo madre multitarea para mi pequeña campanilla mayor siendo madre y maestra a la vez. Y de ti me quedo con ese recuerdo en los tiempos primaverales; fui madre, fui maestra y salí adelante sola riendo de día y llorando de noche. 

Me has enseñado a abrirle la puerta a las maletas que estaban preparadas hace tiempo y a poner el candado. Me has recompensado con un lugar de trabajo que es hogar y paz. Me has metido en una burbuja donde veintidós más uno nos cuidamos, nos reímos y sin abrazarnos construimos unos bellos lazos. Y en esa burbuja se ha ido colando mi equipo comedor para hacer que a mis días no les faltara la risa ni unos ojos llenos de cariño. Y cada mañana la música ha sonado porque juntos te hemos sobrevivido. Con tu virus, tu pandemia, tu confinamiento y tus PCR has sembrado miedo pero ya sabes que al miedo no hay que darle tiempo ni a los gigantes espacio, así que hemos sacado nuestras capas y dentro de nuestra burbuja te hemos derrotado. 

Prometí despedirme de ti en quinientas palabras pero eso es imposible porque he vivido cada uno de tus días como si fueran míos aunque sé que no me pertenecen. 

Estoy agradecida por todo lo que me dejas. Y aunque pudiera volver el tiempo a un año atrás no lo haría porque sé que las cosas son como son por alguna razón. Sé que todo lo vivido este año resultará ser una bendición en mi vida para siempre. Entenderte a ti es fácil perdonar al resto de actores de este año no lo es. Infringieron demasiadas leyes y rompieron todas sus promesas. Mancillaron la fidelidad y enmudecieron para siempre. 

No ha sido un año fácil para nadie. Si me estás leyendo no te quedes solo con lo malo, no te recrees en ello y valora los pequeños momentos de felicidad, esa que solo puedes alcanzar por ti mismo y que nadie puede darte. 

Si os han dejado este año, os han plantado, se han esfumado o perdisteis a alguien sabed que vuestro dolor es compartido y entendido. Vuestras lágrimas no son en balde y todos los días el cielo nos recompensa con pequeños gestos, momentos y señales para aplacarnos por dentro. Mirad, buscad y observad y dejad que el tiempo se lleve todo el dolor. Parecía que este año no acabaría nunca pero sí, ¡adiós 2020! Hoy aprendí tus lecciones quizás en un tiempo pueda abrazarlas. 

Navidad, tiempo de renacer

Llegó la Navidad. El tiempo fue implacable y la trajo a todos nuestros hogares con decoración o sin ella. Espumillones y turrones llenaron los supermercados desde hace mucho y las luces navideñas fueron encendidas discretamente en un año que vimos apagarse muchas vidas. 

La Navidad es un tiempo que amas u odias, sin término medio. Que anhelas que llegue o tienes prisa porque pase. Pero no deja indiferente a nadie. O te hace brincar de alegría o llena tus ojos de lágrimas por las pérdidas y las ausencias en las mesas. El contacto no es el mismo a través de la tecnología pero gracias a ella podemos estar cerca de lo que están lejos. Este año de pandemia habrá que cuidarse unos a otros si no queremos que en la Navidad próxima las ausencias sean más en nuestras mesas. Este año quererse es no verse, ni tocarse ni abrazarse. Debemos ser conscientes que nuestros afectos pueden resultar venenosos y contaminantes. Y hay pérdidas que jamás vuelven a recuperarse.  

Y la Navidad y esta pandemia nos invitan este año al recogimiento y al silencio. La vida quiso encerrarnos para que empezáramos a mirarnos un poquito a nosotros mismos y dejáramos de vivir por lo externo y para el exterior. Quizás sea duro lo que veamos y sintamos. La soledad pesa y el silencio nos condena por nuestros pecados, pero quienes somos nosotros para cuestionar los planes. 

La Navidad es un tiempo para renacer, cerrando viejas heridas y empezar de nuevo en otro lugar. Pero sobre todo para mejorar por dentro o al menos tomar conscientes de nuestras limitaciones. Hay cosas que no cambiarán ni mejorarán. Pero al menos seamos sinceros y vivamos consecuentemente. 

Esta Navidad será diferente en todos los hogares. Muchas estructuras cambiarán y habrá límites. La desobediencia de unos nos arrastrará a otros pero qué decirle a alguien que no es capaz de apreciar ni su propia vida ni la de los más susceptibles de su alrededor. Las palabras no le sirven, el ejemplo no lo entiende, así que dejamos que la práctica le abra los ojos aunque sea a golpe de mazo y pérdida. 

La Navidad no es tiempo de olvidar si no de mirar hacia ese portal donde un niñito desprovisto de todo hizo de su vida historia y hazaña. Cada día en muchas partes del mundo pequeños gestos de muchas personas van cambiando el mundo. A veces solo unas palabras de aliento, otras un mensaje en una tarjeta, un abrazo furtivo, una mirada detrás de una mascarilla, una foto de tiempos pasados, una frase en un muro… eso es la Navidad mantener la llama de la esperanza encendida de los que nos rodean todo el año y de los que se quedan siempre a nuestro lado. 

La Navidad es un momento de reflexión y de establecer nuevos objetivos para el año próximo. De quitarse las viejas cargas, de mirar al cielo y buscar la Estrella de Navidad, esa que guió a los tres Reyes Magos. Y sé que a ti te dan igual el oro, el incienso y la mirra porque le sonreíste al tamborilero que te dio lo único que tenía. Sabes que a tus pies dejaré todos mis dolores y heridas, los sueños rotos y mi alianza. Frente a ti recuperaré el aliento, el brillo de mis ojos y me reconciliaré contigo dejando atrás las diferencias que nos separaron este año. Espero tu nacimiento que también será el mío. Como cada año, siglo tras siglo, oportunidad tras oportunidad. 

Navidad, tiempo de renacer, de rehacer y de recomenzar. 

Manifiesto

No suelo utilizar mi blog para reivindicaciones ni posicionarme política o religiosamente pero sí para expresar mis pensamientos o sentimientos. Y hoy más que nunca es necesario alzar la voz y decir ¡basta!

Este manifiesto va dirigido a todas las personas, grupos de amigos y familiares que estos días navideños y cada fin de semana han decidido no cumplir las normas sanitarias ni las recomendaciones.

A todos aquellos que en vez de seis personas os habéis reunido algunos más deciros que cuando colapséis el servicio de sanidad pública no os quejéis porque no os atienden rápido. Era vuestra responsabilidad cuidar de vosotros pero habéis preferido el jolgorio.

A todos aquellos que os habéis reunido más de dos grupos familiares estables deciros que no maldigáis al médico que eligió que vuestro/a abuelo/a muriera porque había otra persona con más posibilidades de vivir y faltan camas en la Unidad de Cuidados Intensivos.

A todos aquellos que habéis pensado que vuestra familia es especial deciros que todos amamos a la nuestra pero que la queremos sana y por eso nos cuidamos los unos a los otros. Si una familia en plena pandemia antepone la reunión a la seguridad es que sus lazos no son muy fuertes.

A todos aquellos que justificáis vuestro hacer culpando al gobierno cargad con las lágrimas cuando vuestro familiar de riesgo esté ingresado y muera solo porque era necesario brindar por lo que vendrá.

A todos aquellos que tenéis hijos y les obligáis a cumplir las normas mirad a ver el ejemplo que les estáis dando al reuniros más de lo permitido. Justificad vuestra conducta diciendo que hubo un concierto con quinientas personas. Ni lo suyo es de recibo ni lo vuestro tampoco.

A todos los negacionistas y antivacunas echaros a un ladito y cuando enferméis no acudáis al médico y curaros a vosotros mismos. No entiendo de vacunas, no soy médico ni científica pero solo con que una vacuna salve miles de vidas, ¡bienvenida sea! No nos quitará más de lo que ya nos ha quitado este virus.

A todos los que os sentís manipulados por los gobiernos y creéis que vivimos en la cultura del miedo puede ser que no hayáis notado los efectos del virus en vuestro propio cuerpo ni hayáis visto partir a un ser querido, entonces dejad que los que si lo hemos sufrido queramos protegernos. Con todas vuestras acciones, falta de responsabilidad y moral nos estáis poniendo en la cuerda floja a todos.

A todos aquellos ingenuos que como yo pensábamos que la pandemia nos cambiaría a la humanidad, pasados los meses podemos comprobar la ceguera que hay. Algunos valoran poco su vida y está bien así pero sus acciones repercuten a todos.

A todos aquellos que no entendéis de que va este juego y que os parece que vais ganando el pulso de la vida y que nos llamáis locos a los que nos queremos a nosotros mismos y a nuestras familias aunque no podamos compartir mesa y mantel, sed un poco egoístas y confinaros hasta que acabe la pandemia en una isla caribeña. Al menos el resto tendremos más posibilidades de sobrevivir.

A todos aquellos que salíais a aplaudir a los balcones cada día a los sanitarios y hoy os reunís en espacios cerrados sin ventilar y con personas octogenarias y niños pequeños, respetad su trabajo porque en sus manos está vuestra vida y la de toda la humanidad.

Ojalá el nuevo año pueda traer algo de sentido ético y amor a este mundo inhumano.

¡Hasta siempre dulce hogar!

En la vida hay que tomar decisiones que aunque nos duelan tenemos la certeza que son necesarias y buenas a largo plazo. Lo malo es tomar las decisiones pensando solo en uno mismo cuando salpicará a otros tantos. Y peor es aún hacerlo hiriendo la sensibilidad de los otros y ser consciente de ello.

Cuando te conviertes en madre trazas un buen plan en el que cualquier decisión ya no te atañe solo a ti misma. Siempre te dejas la última, bailas la última y renuncias a todo y más. Esa es la maternidad que yo vivo, tres siendo una y una siendo tres. En tiempos de pandemia, mi riesgo es cero y toda precaución es poca. No vivo en el miedo pero he postergado las visitas a convalecientes, hay bebés a los que no conozco ni purpurinas que usar con amigos. Todo lo demás es puro moralismo.

Este año ha venido cargado de decisiones y de pocas opciones. El mensaje estaba claro, “abrir la puerta” y dejar que el agua siga su curso. Quizás ese agua provoque grandes daños. Serán irreparables y se pagará un precio alto. El tiempo dirá aunque el murmullo del agua ya puede oírse.

Aún quedan algunas semanas para acabar con este año, el cual se merece un post de 500 palabras pero no dejaré que me robe más líneas hoy. Y si de líneas hablamos aunque las mías se torcieron con mi lápiz mágico las estoy enderezando. Compré un nuevo cuaderno de hojas blancas y yo que soy doña listas ya empecé a escribir mis nuevos objetivos del año 2021. Hacía tanto tiempo que rodaba dentro de una rueda tal cual ratita que se me ha llenado rápidamente la primera hoja. Soy de la opinión de dejar visibles tus objetivos vs sueños de cada año porque aquello que pones en papel es como un contrato contigo mismo. Estas firmando un compromiso con tu vida y tus manos dan fe de esa firma.

Terminé hace unos días la mudanza más costosa que he hecho. Costosa en tiempo, en energía y en tener paz. Junté unas cuantas cajas llenas de pasado, cargué unas cuantas décadas y cubrí el resto con sábanas blancas. Repasé con mi memoria cada estancia y fui cerrando sus puertas. Encima de la mesa principal dejé lo único que no me pertenecía. Agradecí el tiempo vivido allí y dando un portazo solté mis últimas lágrimas.

Fuera me esperaba una nueva vida, un nuevo camino, y una mochila llena de sueños que compartiré con quien quiera estar. Si algo aprendí es que si tienes que rogar que alguien se quede entonces no es bueno.

Hoy volvió a amanecer y la mano de mi Pequeña Campanilla II cogió fuerte la mía y a partir de ahí no hay nadie ni nada más que valga la pena que ellas. Cada renuncia, cada sueño aplazado, cada mudanza, cada adiós vale la pena por ellas. No todos podemos llegar a ese estado, a ese aprendizaje en el mismo momento. La pena es hacerlo cuando sea demasiado tarde y cuando el rumbo haya cambiado.

¡Hasta siempre dulce hogar! Gracias por regalarme buenos momentos y haberme elegido como inquilina. Aunque nunca volveré a habitar en ti, tú siempre lo harás en mí.

Mudanzas y demás

 

En estos días hago cajas de mudanza y las voy llenando sólo de lo imprescindible, solo de aquello que quiero conservar y que me saca una sonrisa. Fotos de un pasado compartido, tickets de cine y antiguas fotocopias pasan por mis manos pero no tienen sitio en mis cajas.

En estos días recorro mi casa con la memoria de los ojos y recuerdo como fue diseñado cada rincón. Sus colores, texturas y decoraciones fueron elegidas con mucho mimo y cariño, no en vano allí vivía lo que más quería. Y aunque una parte de mí se va, en los armarios vacíos se queda mi esencia y mi huella. Ese aroma queda allí hasta que el tiempo pueda borrarlo definitivamente.

El camino no está siendo fácil porque dejo atrás un hogar con sus días felices, sus risas y primeras veces. Pero aquí no mueren mis sueños porque sé que allí donde yo habite ellos lo harán conmigo. Algunas lágrimas caen mientras voy sanando los últimos recuerdos que construyo entre estas paredes.

Hoy se escribe un punto y final. Sé que no solo cierro cajas ni una puerta. Dejo atrás memorias de luz y cierro cualquier posibilidad de permanecer, estar y ser para ti. Mi trastero empieza a llenarse y mi camino a despejarse. No hay nada peor que vivir esperando por algo y alguien que ya no está. Fingir que se está bien cuando quieres morir por dentro no es un drama que pertenezca a mi vida. Con cajas o sin ellas algunas ventanas se cerraron hace algún tiempo.

Y aunque acepto mi destino en silencio y sin alzar la voz, cuento los días para que empiece un nuevo año. Sé que tu plan es el mío y responde a lo que necesito pero las líneas se torcieron demasiado y mi vaso empieza estar hasta el límite. Sé que saldré fortalecida, sé que es cuestión de tiempo, sé que podré con todo, sé que no es la primera vez que camino cojeando pero sabes que la paciencia no me alcanza y sé que me conoces y has dejado a mi lado a quienes no me dejarán bajar los brazos.

No me gustan las mudanzas, tampoco las despedidas, los cambios y los adioses. Este 2020 me ha arrastrado por todo lo que no me gusta. Pero tras cada mudanza aparecieron manos para ayudar, tras cada despedida nuevos encuentros, tras cada cambio nuevas oportunidades y tras cada adiós, la posibilidad de volver a empezar.

Larga vida a las cajas…

See you!

Si vas a marcharte hazlo despacito, en silencio y sin romper nada aunque eso es imposible.

Si vas a marcharte no te despidas, no hables ni digas adiós. Las excusas y los motivos ya no valen, no importan y no cuentan.

Si vas a marcharte no abraces, no beses y no sostengas ninguna mano. Siente el vacío y la distancia.

Si vas a marcharte hazlo en invierno cuando el frío hiele lo poco que quede sin congelar.

Si vas a marcharte hazlo por la puerta de atrás, con tu maleta desconchada y tu camino de soledad.

Si vas a marcharte no dejes rastros ni huellas. Activa el modo avión y busca tu nueva dirección en el GPS. No mires atrás. Ahora nadie te sigue. Nadie te espera. Nadie te anhela. Nadie te busca.

Si vas a marcharte hazlo para no volver. El fin es el fin. El punto y final. La carpeta cerrada. La clausura. El billete solo de ida.

Si vas a marcharte asume tu pasado, tus faltas, tu ausencia, tu responsabilidad, tu pérdida y los agujeros que dejas al descubierto.

Si vas a marcharte hazlo sin huir y sin destruir lo único sólido que nos mantiene vivos.

Algún día todos nos marcharíamos, sin despedidas, sin mirar atrás, sin abrazos, huyendo rápido y haciendo ruido. Sin asumir nuestras faltas y con el GPS en una nueva dirección. Pero para algunos es más valiente quedarse. Quizás la diferencia la marca la madurez, el equilibrio, el peso en la balanza y el corazón.

A todos aquellos que os fuisteis os decimos que aquí nos quedamos algunos encajando nuestras piezas, calzando nuestros pies con zapatos nuevos, saboreando otros abrazos, midiendo el tiempo que queda hasta el olvido, tejiendo nuevos recuerdos bonitos, brindando por las ventanas que se abrieron y soñando a lo grande. Volvimos a respirar después de llevaros nuestro aire, volvimos a bailar después de dejarnos sentadas y seguimos viviendo pero no como si nada si no como todo. Lo reímos y lloramos todo. Volvimos a celebrar y continuamos adelante con nuestros sueños y nuestras vidas porque somos más fuertes los que nos quedamos y aún en los días más duros no ensombrecimos nuestra esperanza y la ilusión de renacer por dentro.

Si vas a marcharte, ¡buen viaje!

El camino de la vida

Por nuestra vida pasarán miles de personas. Algunas solo se cruzarán por un instante y nos mirarán a los ojos preguntándose quiénes somos o cuál es la dirección que seguimos. Otras, sin embargo, nos rozarán el alma haciéndonos sentir únicos y especiales. Por último, solos unos pocos caminarán a nuestro lado sin preguntar, sin dudar y nos cogerán de la mano cuando los que nos hacen sentir especiales nos planten en mitad del camino.

Por nuestra vida pasarán robadores de sueños y chantajistas. Saber reconocerlos pronto nos mantendrá a salvo pero si no es así nos dejarán una lección que jamás olvidaremos. A los robadores de sueños hay que saber ponerles límites y dejarles claro que nuestros sueños sólo nos pertenecen a nosotros mismos. A los chantajistas hay que hacerles a un lado porque con su doble moral nos llevan a tomar decisiones incorrectas y alejadas de nuestra verdad.

Por nuestra vida pasarán timadores de camino y escapistas. Los primeros son esos que compran el pack de la felicidad y después no saben cómo gestionarlo ni que hacer con él. Demasiadas emociones y sentimientos les enloquecen, tal vez porque son como niños jugando a adultos. Lo más difícil es que su inmadurez va creando heridas que con el paso del tiempo podrán cerrarse pero nunca curarse. Los segundos quieren escapar de todo y de todos por la simple razón que no pueden hacerlo de ellos mismos.

Por nuestra vida pasarán robadores de luz y autoengañadores. Los robadores de luz son esos que absorben nuestra energía para seguir ellos adelante. Sus cimientos están tan resquebrajados que necesitan la luz de otros para seguir iluminándose ellos mismos. Pero antes o después su luz se apagará y vivirán entre tinieblas. Si además pertenecen al grupo de los autoengañadores, se convencerán así mismos de sus decisiones y caminarán sobre las aguas.

Por nuestra vida pasarán vampiros y fantasmas que intentarán asustarnos y hacernos vivir en el miedo. Pero la vida no es miedo, la vida es danza y música, la vida es arriesgar para ganar, la vida es caer y volverse a levantar, la vida es tener sueños y esperanzas, la vida no es pedir un “quédate” si no más bien un me quedaré a tu lado sin pedirlo, la vida es un nosotros.

Por nuestra vida pasarán amores inolvidables y otros para no recordar, amigos confiables y otros que mejor alejar, compañeros que harán equipo y otros que al margen se quedan a observar. Pero la vida es un ir y venir, hoy tienes la certeza maña te inunda la duda, ayer cerraste una puerta y hoy abres una ventana. La vida es una constante rueda en la que tú decides hacia qué lado girar. Hoy le rompes al corazón a alguien, mañana te ves recomponiendo el tuyo y buscando cada trocito para volver a armarlo. Hoy persigues una estrella, una ilusión y mañana te das cuenta que lo que siempre perseguiste estaba a tu lado, solo que no supiste darle el valor que merecía. Hoy te miras al espejo y estás tan perdido que ni tu sombra te acompaña. Mañana quizás alguien sea capaz de abrir tus ojos a la luz y hacer que todas tus fichas caigan.

Por nuestra vida los años irán cayendo como las gotas de lluvia en el alero del tejado, nada las detendrá. Un día el fuego convertirá todo en cenizas y el viento soplará, ese día en una mano llevaremos todos nuestros triunfos y en la otra los fallos. Así que intentemos vivir no transitar, encender y no apagar. Mirémonos hoy en ese espejo y amemos lo que vemos. Durmamos cada noche con la paz de saber que hicimos todo lo que estuvo en nuestra mano siempre para que cuando el viento sople podamos ir con una sonrisa y mirar cara a cara a la muerte.

Vivir, solo vivir…

Dicen…

Dicen que las lágrimas de hoy son las risas de mañana.

Dicen que todos tendremos dos amores a lo largo de nuestra vida, uno que nos robará el corazón y otro que nos tocará el alma.

Dicen que el pasado nunca vuelve y si lo hace no tiene sitio en nuestro futuro.

Dicen que la mochila que pesa hoy es la que menos lo hará mañana.

Dicen que la culpa nunca se olvida pero se aprende de ella.

Dicen que una madre no se puede jamás sustituir y que la sangre llama a la sangre.

Dicen que si por las noches despiertas de repente es porque alguien está pensando en ti.

Dicen que cada uno tiene su lugar y que todos somos el lugar de alguien.

Dicen que hay puertas que jamás se cierran y otras que nunca se abren.

Dicen que los jueves saben a viernes y los domingos a lunes.

Dicen que si un año no te hizo reír o llorar que lo dejes pasar.

Dicen que hay miles de terapias pero solo un terapeuta para cada uno.

Dicen que una parte de nosotros se queda tras cada adiós, que en cada mudanza perdemos y encontramos algo, que los silencios duelen y las mentiras matan, que nadie se va para siempre y que los hermanos mayores abren paso a los pequeños.

Dicen que al lado de cada estrella que brilla hay miles alrededor esperando a brillar también pero que no esperarán a que se apague su brillo para cumplir su sueño.

Dicen que si deseas algo mucho y te abrazas a tu almohada lo verás cumplido aunque no hayas encontrado un trébol de cuatro hojas.

Dicen que mientras soñamos vivimos y que la vida sin sueños no es vida. Dicen que lo que ves en el espejo es lo que eres no quien quieres ser.

Dicen que algún día volveremos a encontrarnos en este mundo o en cualquier otro y entonces podremos volver a mirarnos a los ojos.

Dicen que no habrá paz para los malvados. Ni guerra que los buenos no puedan ganar.

Dicen que el sol sale cada día y que jamás podrá casarse con la luna. Dicen que algún día mi timbre volverá a sonar, serás tú pero yo ya no seré yo.

Dicen…

Cartas de papel

Me gusta escribir cartas. Sentarme delante de unos folios en blanco y dejar que mi corazón hable mientras mi lápiz va enlazando sílabas y palabras. Siempre me expresé mejor por escrito que de forma oral. A veces no soy capaz de decir en voz alta lo que me palpita por dentro y enmascaro con otros motivos la verdad de lo que me molesta o me duele.

Tengo guardadas unas cuantas cartas que he escrito, algunas podría destruirlas hoy mismo porque a quienes van dirigidas ya no forman parte de mi camino. Pero no lo haré porque expresan lo que sentí, lo que viví y lo que me han enseñado.

Mis Pequeñas Campanillas recibirán las suyas a su tiempo, en su hora y cuando necesiten darle sentido a su historia. Porque su historia está hecha de muchos pedacitos, algunos míos, algunos suyos, algunos de otros y algunos de muchos.

Ya no se escriben cartas ni se compran sellos. La tecnología más rápida y más eficaz ha apartado del día a día hojas perfumadas y sobres de colores. Las nuevas generaciones no conocen la emoción de abrir el buzón y recoger una carta escrita por un amigo. Los nervios de abrirla sin estropear el sobre y guardarla con el resto impregnando la habitación de dulces aromas.

Las cartas han sido la salvación, el por qué y el para qué de muchas personas. Las historias de amor más bonitas o más difíciles han sido contadas gracias a las cartas que los enamorados se escribían. Los adioses más dolorosos o los primeros amores han sido declarados antaño entre letras y papeles. Los duelos y las venganzas han sido tramadas y entregadas furtivamente por las noches.

Seguiré escribiendo mis cartas y guardándolas en ese cajón secreto. Quizás algún día compre muchos sellos y las envíe por correo postal. Mientras tanto voy a centrarme en mejorar esa torpeza mía para expresar en voz alta y cara a cara lo que necesito.