¡Fuera chatarra!

Este mes de septiembre y lo que llevamos de octubre me da la sensación de haber recogido mucha chatarra y todos sabemos que el precio de mercado es bajo pero el esfuerzo en tiempo y energía es alto. La chatarra tiene que ser clasificada, dividida, descartada pero no almacenada y no hay que cederle espacio.

Tantas sesiones de terapia, consejos recibidos, ejercicios, métodos, estrategias y más de una decena de libros de autoayuda para no acabar de aprender a diferenciar el ruido del sonido y saber cual es el viento que anuncia tormenta. Tanta información, mis creencias que me anclan y tanto mirarse hacia dentro para acabar sucumbiendo a una chatarra que no necesito y no quiero.

Ha tenido mi cuerpo que gritar basta para que yo le hiciera caso y dijera stop, diera el alto y me bajara un ratito de esta rueda en la que me siento hámster dando vueltas sin cesar un día tras otro. Y sí, hay épocas que son así y está bien pero todos tenemos que buscar momentos de evasión y silencio. Y aquí radica el principal de mis pecados.

Para alguien tan elementalmente hablador como yo que se pasa el día usando la palabra para enseñar y que convive durante horas con personas y niños a veces el buscar un rato de silencio es complicado. Quien me conoce y lo hace bien sabe que soy del género parlanchín. A pesar de tener días peores o mejores mi lengua descansa solo para escuchar a los demás. Ni que decir tiene que las sobremesas es el momento del día que más disfruto con una buena compañía y un mejor café.

Pero la chatarra que he recogido este tiempo me ha hartado de personas, situaciones, sentimientos, emociones, pasados que vuelven, futuros que no llegan, presentes que caminan despacio, pensamientos que golpean la mente y enturbian la razón. Decisiones que hay que tomar, personas de las que despedirse, tiempos que acaban, oportunidades que no lo fueron y necesidad vital de despejar el camino.

Y podría decir desde aquí que la vida es maravillosa y lo es pero a ratos se torna así, chatarra y pesa, enreda y se cubre de nubes mentales. Pero el consejo que siempre me doy y que no es mío es recordarme mi máxima preferida; “todo pasa” y “esto también pasará”. Y mientras voy despejando mi vida de la chatarra que no me sirve para nada voy a releer mis notas acerca de que la mente es la más poderosa arma pero sin las emociones es débil y acaba rompiéndose.

¡Fuera chatarra!

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