Las historias…

Las historias siempre tienen un principio, un origen y una chispa que las originan pero no todas tienen un final, algunas quedan suspendidas, otras aplazadas y las mejores nunca acaban.

Nos suceden cosas todos los días en todos los ámbitos de nuestra vida, algunas son buenas, otras regulares y otras, de esas mejor no acordarse. Amanece en la playa y en el centro de la ciudad los despertadores aún no sonaron. Las cafeteras empiezan a expulsar el café y los almuerzos van encontrando su lugar dentro de la mochila escolar.

Los planes van siendo tachados de la agenda y las hojas del calendario arrancadas. Los eventos se concentran en pocos días porque el resto del tiempo es para las almas pequeñas. Se recorren muchos kilómetros con las suelas desgastadas de las zapatillas pero cuido de no desgastar mi mente con pensamientos ruidosos acerca de un futuro que no existe porque aún vivo el presente.

El juego acaba pero la partida no. Cuando el tablero ya es guardado y las fichas colocadas en su sitio vuelven tus ganas de volver a jugar y chocan con las mías de dejar de hacerlo porque aunque hace tiempo que entendí tus reglas ahora solo quiero jugar según las mías. Ningún viento volverá a situarme en el medio de una tempestad así.

Los días soleados acaban, las tormentas de otoño vuelven y los capítulos se cierran. Los pasillos se convierten en confesionarios, las lágrimas caen, las alegrías se gritan y el espectáculo continúa porque así debe ser. Conversaciones a medias, problemas con difícil solución, corazones apretados y vidas, muchas vidas que esperan una justicia que no es porque la palabra vida nunca se acompañará de esa palabra. Nada es justo o injusto, solo es. Las oportunidades no casan con la pareja que sabe bailar y la pista de baile queda en silencio.

Un círculo me cerca, me abraza, me acompaña y veo en sus ojos la tristeza que no quiero pero el afecto que jamás conocí en otro lugar ni en otro tiempo. Las estrellas me miran y ven si aprendí aquello que me enseñaron. Mañana subiré el altavoz de la música y sabrán que sí. Sé que mi historia tiene muchos capítulos pero que aún no terminé de escribir mi libro. Ya cerré algunos capítulos y puse muchos puntos y finales, tal vez, ahora sea hora de echar mano de los puntos suspensivos y dejar que la historia siga escribiéndose…

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