¡Mamá en apuros!

Todas las madres en algún momento o en cientos de ellos estaremos en apuros. O no llegamos a la puerta del colegio a recoger a nuestros retoños, o se nos olvidó comprar una cartulina o no planchamos el uniforme y nos damos cuenta a las once de la noche de un domingo.

Llevo hace tiempo defendiendo que no busco la perfección como madre porque me desgastó mucho intentar serlo años atrás. Así que me reorganicé como madre y tracé un plan en el que ya no soy sólo yo la capitana del barco. Pequeña Campanilla I ha empezado a responsabilizarse de muchas de sus cosas y ha ganado en autonomía, en confianza y en autoestima.

Pero sigo siendo una madre en apuros con cosas que me tocan la parte emocional. Me cuesta aceptar ciertas situaciones y no poder estar ahí acompañando a mis niñas en sus días importantes, en sus inicios, en sus entradas y salidas. Por eso hago terapia. ¿Cómo? No me considero más loca ni más cuerda que nadie pero sí reconozco que hay en ciertos momentos que no soy capaz de encontrar otros caminos y es ahí cuando necesito ayuda de alguien que mira todo desde un prisma más alejado.

Me presioné mucho y aún lo hago por no darle lo mismo a mis dos hijas pero la vida poco a poco me enseña que no puedo cargar con eso en mi mochila. Cada una recibe y recibirá lo que necesita de mí pero aún así aunque no pueda acompañar a mis pequeñas campanillas a su cole al menos ven preparar cada mañana con unas manos llenas de amor su almuerzo y sé que ese dibujo imperfecto en el envoltorio o esa letra torcida en ese post-it hacen que entiendan que estoy muy cerca aunque no esté presente. Probablemente sea mi corazón el que necesite sentirse reconfortado y en paz.

Y aunque los años me inunden de conocimientos, libros de auto-ayuda y terapia siempre seré esa madre en apuros quizás porque cuando aceptamos el regalo de ser madres hay una letra pequeña a la que no hacemos caso cegadas por nuestras propias ilusiones pero que con el paso de los años vuelves a leer una y otra vez. Cada una de esas letras pesan como piedras al igual que nuestra mochila llena de culpa. Pero jamás olvidemos madres en apuros que la culpa solo nos sirve para aprender y saber lo que no queremos repetir. Siempre hay caminos, rutas alternativas y cruces de caminos, muchos cruces de caminos. Trenes que pasan una y otra vez, manos dispuestas a tender una mano y todo lo demás es ruido, solo ruido.

¿Alguna mamá en apuros en la sala?

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