Happy summer

Y llegó el verano unos días antes de la fecha marcada en el calendario. Desde hace mucho aparece sin anunciarse dejando a la primavera sin tiempo para despedirse de la forma dulce en que ella sabe hacerlo meciendo los días entre brisas y nubes bajas.

El verano impuso su rigor de días calurosos y noches cortas estrelladas. Helados que se derriten nada más sacarlos de la caja, fruta de verano que refresca el cuerpo, olor a mar y a cloro de la piscina. Ropas ligeras, bañadores y toallas completan las maletas.

Las rutinas se alteran, los pueblos se llenan, los abuelos dejan de anhelar cada día de invierno todos y cada uno de los días de verano que llegarán cargados de nietos e hijos que viven alejados, estresados y afligidos por tantas obligaciones.

Desaparecen los despertadores, las alarmas, los deberes, las extraescolares, las academias, los festivales y graduaciones. Los colegios se vacían, se limpian, se pintan, preparan y adornan para el siguiente curso. Los jardines se colman de globos de agua, lanzadores y pompas de jabón.

Vuelan las horas de la noche y pesan los minutos del mediodía. Bebidas refrescantes, aperitivos en la plaza, fiestas en el pueblo con banderines de colores, comidas que empiezan y nunca acaban y niños haciendo algarabía que nos recuerdan que el verano ya llegó.

Y al igual que la edad es un estado del alma, el verano, su alegría, su descanso, su optimismo, sus planes, el no pensar en el futuro también pueden ser un estado que nos acompañe siempre. No podemos cambiar la temperatura del invierno pero sí vivir como si el calor del verano no nos abandonara nunca.

Este año colgué en la estantería mi sombrero con el lema “hello summer” para que me recuerde cada día de este verano que la actitud con la que me levanto cada mañana está en mi mano independientemente de las circunstancias que me rodeen.

Algunos planes empiezan a acampar por el calendario, viajes, cabañas, aventuras y un sin fin de actividades. Después de este año pandémico rodeado de muchas adversidades personales, recibo al verano, que nunca fue mi estación favorita, mirando al cielo y agradeciendo cada uno de los días que me traerá.

Nuevas canciones, otros ritmos, lugares distintos, gente de ayer, de hoy y de siempre. Abrazos infantiles, juegos en el agua, compañías de corazón, brindis por los pasos dados, puertas que se cierran, ventanas que se abren, manos que cogen las tuyas, bienvenidas y despedidas y ganas, muchas de ganas de vivir.

Happy summer!

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