Entrevista al señor “perdón”

– ¿Quién es usted?

Tengo muchos nombres: tapaconciencias, quitaculpas y misterbondad. Pero la verdad es que aunque muchos usan mi nombre pocos son capaces de alcanzarme.

– Últimamente se le relaciona con el olvido, ¿es cierto?

Totalmente cierto. Son muy pocas las veces que perdonamos de verdad pero nos aliamos con el paso del tiempo y eso nos ayuda a olvidar. Así que es verdad que caminamos juntos.

– ¿Cree que su nombre es usado en vano?

Cada hora de cada día miles de bocas pronuncian mi nombre pero solo unas pocas perdonan de verdad.

– ¿Usted podría perdonarlo todo?

No, claro que no. Hay cosas que jamás podré perdonar pero de lo que sí estoy seguro es de poder vivir con eso y pese a eso.

– ¿El perdón nace, crece y muere?

Como cada sentimiento el perdón a veces nace, otras no. En algunas ocasiones crece en nosotros la necesidad de perdonar y en otras muere con nosotras esa idea.

– ¿Siente tristeza por no ser capaz de perdonar o ser perdonado?

Me sentiría peor si dijera que he perdonado y no fuera cierto. Si algo le gusta al perdón es la verdad y la autenticidad.

– ¿Cuando cree que se está preparado para perdonar?

Nunca se está pero si hay voluntad y convencimiento el camino es más fácil.

– ¿Por qué dicen que el perdón es tan importante y nadie nos enseña a perdonar?

Vivimos en una sociedad donde todo queremos que sea color de rosa. Nos perdemos el respeto, nos herimos, nos mentimos, somos infieles y después nos exigimos a nosotros mismos y a los otros el perdón.

– ¿El perdón supone un esfuerzo y un sacrificio?

Si nos dejamos arrastrar por los convencionalismos y por el exterior acabaremos perdonando por puro sacrificio pero el perdón verdadero no puede suponernos un esfuerzo es algo que debe partir de lo más íntimo y verdadero.

– ¿Que consejo daría a quienes leen esta entrevista y están buscando respuestas?

Ninguno. Lo que funciona con uno no funciona con otro. Nadie es mejor que nadie por perdonar o no hacerlo. Nadie puede juzgar a nadie por perdonar o no. Es más valiente decir en voz alta “ahora no estoy preparado para perdonar” que hacerlo para poner sobre tu pecho una medallita que acabará pesando más que el hierro. Es mejor dejar que el tiempo pase y el olvido se imponga. Lo sublime sería saber perdonar pero ya que somos seres imperfectos lo más razonable es aprender a vivir superando los recuerdos y curando las heridas. Nuestra parte es nuestra, lo del otro es del otro y es la vida quien pondera, suma y resta. Es el destino quien sabe de porcentajes y estadísticas, multiplica y divide.

¡Muchas gracias señor perdón por su tiempo!

Si algo necesita el perdón es tiempo, ¡no lo olviden!

¡Resistiremos!

Los días van pasando pero más bien nos van pesando un poco a todos. Hay días que encontrarle la parte buena y positiva a toda esta pandemia es un reto. Vivimos momentos de puro hastío y desasosiego. Y quien de nosotros no ha sentido la necesidad de gritar en voz alta que no puede más. No nos enseñaron a reconocer nuestras emociones negativas.

Allá donde vas encuentras frases positivas, los azucarillos de las cafeterías dan verdaderas lecciones de vida y en las sudaderas se plasman imágenes y palabras de superhéroes. Me reconozco una gran consumidora de mensajes que ayuden a subir el ánimo pero hay días que anhelo encontrar una taza de desayuno que me de la razón y no me la quite.

Vivimos un año duro y los primeros días de éste no están siendo mejores. Nuestras esperanzas en la vacuna son muchas y necesitamos que empiece a funcionar para empezar a recuperar un poquito de nuestra forma de vivir. Las noticias que nos llegan no son buenas y en medio de todo este caos muchos sentimientos feos nos corroen por dentro. Y cargamos con todo y todos.

Pero señores hay que empezar a soltar, a dejar ir. Cada uno ha de buscar su propio momento, su actividad, cualquier cosa que nos haga sentir bien y nos relaje o no, pero que no suene a obligación y sí a disfrute. Dejemos la culpa fuera y reconozcamos que se nos acabó la paciencia, la energía y las ganas. Lo que dices en voz alta, lo escuchas, lo grabas, lo asumes, lo sueltas y deja de pesar. Nadie puede estar cada día completamente feliz, es solo una imagen, una pose y un estado. No lo olviden. Las redes sociales son solo eso, imágenes de un momento ideal. Como un plato de un restaurante con estrellas Michelin es el resultado de una cocina llena de cacharros para lavar.

Y no pasa nada, hoy me acuesto así y mañana vuelvo a cargarme de energía y ganas. Mi debilidad de ayer me hace fuerte hoy y me libera caerme hoy porque sé que mañana estaré en pie. Aún nos queda mucho por delante, ni todo será malo ni todo bueno. Y vamos a tener que ir sorteando el tiempo porque todo es cuestión de tiempo.

Es una cuestión de resistencia física pero más mental y aunque esta situación no pueda con nosotros se está llevando por delante mucho de todos y aunque haya días que no seamos capaces de ver luz, la hay, solo que es un puntito brillante allí a lo lejos.

Como ya comenté soy doña listas y una forma de organizarme a mí misma es tener a mano todo aquello que anhelo, mis planes, lugares a visitar, actividades para hacer y un largo etcétera. Hace unos días cuando empecé a sentir los primeros síntomas de cansancio mental cogí papel y boli, pensé en las cosas sencillas que quiero hacer cuando sea posible y entre conversación y conversación mis primeros planes tendrán el sustantivo de sol y compañía y los verbos hablar y reír sin prisas, sin reloj.

Nadie nos preparó para una pandemia, nadie nos dijo que sería así y aunque haya días que nos canse eso de oír que tenemos salud y estamos vivos, no hay nada más cierto que hoy estamos aquí leyendo estas líneas y teniendo la opción de hacer planes y seguir soñando.

¡Fuerza para todos!

¡Feliz cumpleaños Pequeña Campanilla I!

Estos son tus últimos días de casi ocho años. Y mientras tú ríes, yo deseo con todas mis fuerzas que el tiempo se detenga. Creces demasiado rápido, empiezas a dejar tu inocencia y ves caer tus fichas de dominó. Y aunque a veces te digo que prefiero que llores tú a llorar yo, créeme amor de mis amores que cada una de tus lágrimas se me clavan como agujitas.

Te admiro por no parecerte a mí y saber enfadarte con esa serenidad que me desmonta. Por adaptarte a casi todo y todos. Por aceptar mis límites aunque los pongas a prueba para ver si siguen ahí. Por seguirme aunque me mires de reojo y pienses que estoy majareta. Y por abrazarme cuando sabes que no tengo un buen día.

No ha habido ni un solo día desde que supe que llegarías que haya echado de menos mi vida de antes porque aún siendo buena al lado de tenerte a ti era solo una vida pero ahora contigo es nuestra vida. No podré olvidar la sensación de saber que habitabas en mi y el primer instante de mirarnos y saber que todo había valido la pena. Pudo pararse el mundo o haber un ataque alienigena que nada me hubiera importado en aquel momento. Pase lo que pase siempre me sentiré recompensada por el cielo.

Sé que creciste lo suficiente y ahora solo puedo acompañarte. El tiempo de matar monstruos por ti pasó y aunque me encantaría plantarme delante de ellos sé que dejaré que tú vayas primero y a tu espalda bien pegadita iré yo. Si algo puedo dejarte en herencia es la certeza para ti misma de que eres todo eso que le repites a tu hermana; fuerte, lista, valiente y guapa. Y no hay nadie que jamás pueda tener tanto poder sobre ti como para hacerte sentir mal y si es así deja marchar a esa persona.

Me siento en deuda contigo por no haber sabido hacer las cosas mejor aunque lo intenté con toda mi energía. Mamá también aprendió que a veces hacer las cosas bien no es suficiente cuando no está solo en nuestras manos. Este camino lo andaremos juntas y curaremos nuestros rasguños.

Algún día entenderás que el amor tiene muchas caras. Donde yo esté tú siempre tendrás un lugar en mi mesa a mi lado. Siempre habrá una cama para ti con sábanas limpias y un chocolate caliente. Mis horas serán tuyas y tus sueños los tuyos no los míos.

Algún día buscarás estas líneas y te parecerán cursis pero si algo aprendí es que cuando los abrazos y los besos faltan, los recuerdos y las palabras nos mantienen unidos a quienes queremos. Y no hay nada más cierto que te quiero mi pequeña campanilla I.

Valencia, 21 de enero de 2021

El año que vivimos peligrosamente…

Ese año en el que hemos tenido que replantearnos toda nuestra vida. Hemos cambiado la forma de trabajar, de relacionarnos y de hacer rutina. Ese año en el que una nueva normalidad es de todo menos normal. En el que hemos cubierto nuestra boca y borrado las líneas de las manos con desinfectante.

Ese año en el que los ojos ganaron protagonismo y empezaron a decir mucho. En el que hemos tenido que dejar de vivir hacia fuera para hacerlo hacia dentro. Ese año en el que no viajamos, no cambiamos de residencia y no intercambiamos charlas largas ni postres dulces.

Ese año en el que sustituimos los domingos de muchos por los domingos de pocos. Y en el que nos jugamos el bienestar por dar un abrazo porque si algo resultó caro fue dar cariño. Las palabras y las miradas ganaron a las acciones y la conciencia se hizo presente para muchos.

Ese año de cine en casa, palomitas de sartén y manta de sofá. En el que los parques estuvieron cerrados pero los bares abiertos. En el que metimos a los niños en burbujas de lunes a viernes pero que se explotaron los fines de semana.

Ese año en el que algunos sintieron que su libertad se veía reducida y otros vimos que sin represión no hay solución. Ese año en el que muchos vimos a los nuestros tras una pantalla pero los sentimos bien cerca y otros que mandaron a tomar viento todo y continuaron con su jolgorio.

Ese año en que para algunos la pandemia nos trajo algo más que un virus y se llevó mucho más que ocio y libertades. Pero….nos dejó con la suficiente energía para combatirlo todo, para intentarlo todo y seguir creciendo. Fue un año belicoso, caprichoso y de incertidumbre pero la luz siempre acaba haciéndose. Todo siempre siempre tiene cosas buenas y positivas.

Ese año que nos dejó claro que vivíamos dando por supuesto demasiadas cosas, como si fuéramos dueños de nuestra propia vida, corriendo de un lado hacia otro, demasiado mentales y poco afectuosos, todo hacia fuera. Hasta que un minúsculo bicho ha puesto en jaque mate nuestro reino.

Ese año que pasará, porque todo pasa. Que será mucho para algunos y poco para otros. Que cambiará el rumbo de muchos y dejará a otros igual. Que hará que algunos suban y otros bajen pero que será el año que todos vivimos peligrosamente. Y en ese peligro algunos jugaron con fuego y acabaron quemando a otros pero hubo súper héroes de bata blanca. Otros que consiguieron mantener viva la esperanza de muchos y miles de esos locos bajitos que se adaptaron a todo y que dieron una gran lección al universo que se llevó muchas cosas pero no sus ganas de reír y de jugar.

Ese año que vivimos…

Poema de viernes

Regala vida a quien te la da.

Habla a quien te escucha.

Hazle sitio a quien te hace hueco.

Escribe para quien te lee.

Cura a quien no te haga daño.

Piensa en quien te recuerda.

Camina con quien cuenta contigo.

Deja entrar a quien te deja salir.

Escoge a quien te elige.

Huye de quien no te persigue.

Se el sol de quien no te haga sombra.

Enciende la luz de quien te busque en la oscuridad.

Busca el camino de quien encuentre el tuyo.

Quiérete primero a ti y después a quien te regale, te escuche, te escriba, te cure, te piense, te escoja, sea tu sol, encienda tu luz y quiera caminar junto a ti por un mismo camino.

Canción de cuna

Duerme mi niña cogida a mi mano…

Duerme mi niña en mis brazos…

Duerme mi niña soñando…

Duerme mi niña riendo…

Duerme mi niña en mi regazo…

Duerme mi niña mientras bailamos…

Duerme mi niña en su cuna blanca…

Duerme mi niña que te llevo a mi espalda…

Duerme mi niña hasta el alba…

Duerme mi niña que para ti es esta nana…

Duerme niña de mi alma…

Mamá, ¡quiero escribir!

Hace días que quería traer a la luz este tema. Y voy hacerlo dando mi opinión totalmente personal. Podría citar fuentes, autores, pedagogos y maestros de prestigio pero voy a hacerlo desde mi prisma de madre y maestra. Ya saben, una se sienta en el vagón de metro y es todo el tiempo que tiene para escribir.

Muchas veces nos empeñamos en hacerles mejorar a nuestros niños en aquellas cosas que no se les dan bien o no son buenos y dejamos de mejorar aquellas para las que tienen talento. Dejamos de lado sus gustos y les matriculamos en actividades de moda y que les ayudarán a desarrollar otras habilidades que pensamos que son más importantes para su futuro.

Concuerdo en que hay ciertos aprendizajes que si o si tienen que poseer pero hay otros que simplemente jamás les gustarán y ahí están año tras año yendo a mejorar su inteligencia matemática cuando se mueren por coger un pincel y pintar con acuarelas.

Vivimos tan enfocados en el futuro que se nos olvida el presente, lo que necesitan ahora, lo que les gusta o les motiva. Tienen una vida por delante para centrarse y para saber escoger o qué escoger.

Hay muchos tipos de inteligencia y como he prometido no basaré mis argumentos en teorías pero en este mundo todos no seremos ingenieros ni médicos. Aprender a conocer a nuestros niños nos ayudará a ir guiándoles y mantener el equilibrio entre lo que les gusta y lo que necesitan.

La oferta es muy amplia y hay opciones para todos los gustos y necesidades. Como maestra siempre insisto mucho en la importancia de la lectura en los niños. Durante un tiempo muy largo me he peleado con mi Pequeña Campanilla para que leyera lo estrictamente necesario. En su biblioteca de casa hay libros de todos los estilos y temáticas pero ella que empezó a leer muy pronto y tiene una buena comprensión lectora se negaba a hacerlo. Llegué a desesperarme sin saber qué hacer pero una vez más el tiempo ha sido clave para que acabe sucumbiendo a la lectura.

No la estaba mirando, no la observaba lo suficiente. Pero poco a poco me di cuenta que ella amaba las letras escritas y quería contar historias. Lo tuve siempre delante de mis ojos porque con sus Playmobil lleva años inventando personajes, vidas, sucesos… y al fin comprendí que era mejor fomentar y poner todos los medios a su alcance para que mejorara en algo que se le da bien pero que por encima de todo disfruta.

Y poco a poco a través de la escritura y de crearle su propio blog (conadeaitana.wordpress.com) he ido consiguiendo que de forma paulatina y voluntaria ganen los libros leídos. Hay que perseverar, sentarse a su lado, trabajar a diario pero con su sí el camino es más fácil.

A ambas aún nos quedan muchas historias que contar pero más que aprender y que es la vida si no un constante aprendizaje en todos los ámbitos de la vida.

¡Seguimos!

Aplausos

Después de casi ocho meses de una pandemia que está agitando todos nuestros cimientos personales, sociales, globales y mundiales vemos cada día en las noticias hablar de héroes de bata blanca. Y así es, personas anónimas que estudiaron una carrera sabiendo que cuando las cosas se pusieran feas ellas no huirían. Curan, sanan pero además acompañan y se despiden. Trabajan con el corazón apretado y sin perder la sonrisa día tras día. Sin subidas de sueldo ni vacaciones no han dejado de servir al prójimo y así seguirán hasta que esto acabe.

Si tengo que volver a salir a un balcón a aplaudir no solo lo haré por ellos, los sanitarios. Lo haré por los niños que con su eterna inocencia han aceptado esta situación y se han adaptado sin levantar la voz. Han entendido que tenemos que cuidarnos los unos a los otros y hoy por hoy la mascarilla es lo que nos salva.

Los colegios son los lugares donde menos contagios se producen y es gracias al esfuerzo que ellos hacen por cumplir las normas. Han vuelto a un colegio que jamás han conocido, con flechas en el suelo, geles desinfectantes, puntos de salida y entrada, patios divididos y sin recibir sonrisas ni abrazos los días que lo necesitan. Se han acostumbrado a todo y todos. Así que yo si aplaudiré por ellos.

Esta generación de niños que viven más en casa y menos fuera, que no pueden jugar en el parque, que han tenido que renunciar a cumpleaños con amigos, que no viajan, que no tienen las extraescolares que quieren y que no hacen excursiones, son esa generación que mantienen el ánimo de muchos adultos y que son pura energía.

Ellos y solo ellos no se agotan, no se quejan, no predicen. No negativizan el día a día y no renuncian a vivir el hoy y que pase lo que tenga que pasar. Los admiro por ser más adultos que algunos adultos y sé que a ellos esta pandemia les va a sumar muchos aprendizajes para su futuro.

Convivo con muchos niños cada día. Me levanto con dos cada mañana y cuando me dan mi beso de “buenos días” sé que por muy malo que sea el día por la noche volveremos a estar juntas y todo habrá pasado. Su amor desmedido, su carita de estar viendo a la mujer que les dio la vida con los ojos llenos de emoción me recarga la energía. Ellas no saben que cada día al cruzar la puerta de casa llevo tatuada su eterna sonrisa y su amor infinito. Me siento responsable de ser la mejor versión de mí misma cada día y mostrarles que hay días que aunque la paciencia no me alcanza me sobra amor por ellas.

Y cuando abro la puerta de mi aula cada día, enciendo las luces, enchufo el altavoz y pongo una música alegre porque quiero preservar un trocito de infancia de mis pequeños alumnos. Cuando crezcan si recuerdan estos tiempos de pandemia ojalá solo almacenen en la memoria los recuerdos buenos, las risas, y esas frases locas que les repito cada jornada.

Niños del mundo, niños de mi vida, os merecéis que cada adulto pinte vuestros días con los colores del arco iris. ¡Gracias por hacerme recordar que la magia existe y que solo hay que creer en ella! Vosotros sois mi magia.

Aplausos…

conunasdesilvia.com

Hoy estamos de estreno y lo hacemos a lo grande porque no solo cambiamos nuestro nombre si no también nuestra imagen y nos hacemos el firme propósito de con cada palabra traer un poquito de aliento, con cada párrafo consuelo y con cada texto revelar pensamientos y sentimientos que nos identifican a todos en algún momento. Porque quien está detrás de este blog es una mujer, una madre y una maestra que empezó hace seis años a contar y decir en voz alta que lloraba por la pérdida de su padre, que tenía sentimientos encontrados con la maternidad y que la educación debía cambiar el mundo.

Si me preguntan si era un cambio buscado, la respuesta es que no. Han sido días de aprendizaje tecnológico, de búsqueda de información y de muchas horas de trabajo pero ante la posibilidad de perder creció en mí con más fuerza que nunca la certeza de no hacerlo. Y aunque mi baraja no tenía ningún AS mi confianza suplió cualquier obstáculo.

Nuestra vida está llena de infinitas posibilidades, unas más elevadas que otras. Algunas nacen de la rabia y el dolor pero si algo les puedo decir es que todas ellas son válidas. Nadie puede juzgarnos pero cada uno de nosotros lleva puesto el par de zapatos que ha elegido.

Nunca me asustaron los retos, si fuera así no habría sido madre porque no hay mayor reto que ese. Caminar sola y hacerlo desde el punto cero tampoco porque a mis espaldas llevo un gran bagaje y algunos años de autoconocimiento. Pero si hay algo que me ha hecho madurar es despertar de mi ingenuidad.

Hablo de ingenuidad no de inocencia, esa bella y bonita que se ve reflejada en las miradas limpias. Esa ingenuidad me llevó a depositar mi confianza en externos y dejé en sus manos detalles muy importantes. Hasta hace un tiempo no me preocupé de ciertos ámbitos y confié ciegamente. Si algo aprendí últimamente y más en esta semana es que la confianza en el otro tiene que tener límites y es más responsable e inteligente actuar así.

Tropiezo muchas veces en la misma piedra como supongo todos los que me leéis y todos dejamos en manos de otros aspectos importantes como el dinero o la tecnología. Y llega el día en que la confianza se quiebra y no hay nada más que decir ni que hacer.

Soy ingenua, no confío rápidamente en nadie pero cuando me entrego dejo que inunde mi espacio. Después de que la empresa que alojaba mi dominio me pusiera en la cuerda floja he despertado. Mi confianza tiene un precio y mi espacio tabiques. Hay cosas que no se pueden comprar con dinero y es mejor dejarlas ir.

Como ven el nuevo año ya viene pisando fuerte con nuevos caminos y aprendizajes. Con un nuevo blog y con muchas ganas de seguir aportando luz. Mi verdad, mi yo, mis heridas, viejas y nuevas, mis sueños, mis esperanzas e ilusiones.

El camino está lleno de infinitas posibilidades y decidí encaminar mis fuerzas y energía para crear no para destruir. Recuperé aquel primer post, y el segundo y todos los que vivieron después y que cuentan mi historia. Un blog que nació del más profundo amor de una hija a un padre y que ha ido creciendo y madurando. Y así seguiré dejando caer palabras, arrastrando párrafos, mezclando versos y contando cuentos.

Si me acompañan, aquí estaré.

¡Muchas gracias!

Me despido de ti 2020

Prometías mucho, nos regalabas un día más, eras par y sonabas bien. El principio de una nueva década, el inicio de tiempos mejores y la esperanza de muchos. Pero tus días han pesado más que el plomo y tus horas se han llevado muchas vidas. 

Llevo muchos días intentando sentarme cara a cara frente a ti, decidiendo que quiero decirte o si es mejor guardar silencio pero bien sabes que no me quedaré callada. Me has revolucionado, me has instigado a perder los papeles y mi rumbo, has hecho que pierda el norte y dude de mi dirección. Algunos de mis días han sido muy oscuros y las noches largas. Me has llevado a entrar en callejones y me has quitado mis opciones. Has estrujado mi corazón y me has empujado a esa delgada línea de la tristeza. Has cerrado muchas puertas. Has hecho que colapsara y mi cuerpo enfermera. Me has dejado sin aliento, sin aire y has tapado mi boca con una mascarilla. 

Pero he decidido no coger esa silla y sentarme frente a ti para decirte todo lo que no has hecho por mí en tus trescientos sesenta y seis días, si no para enseñarte que a pesar de todo sigo aquí más entera y consciente que nunca. Que sigo viviendo, que sigo respirando, que solo eres un mal momento dentro de una vida entera. Que no has conseguido que enloquezca o tire la toalla. Que dentro de unos años te habré olvidado, que solo serás un mal recuerdo, algo por lo que tenía que pasar para aprender y mejorar mi camino pero sobre todo a mí misma. 

Y no quiero que agotes tu tiempo sin que sepas que agradezco las cosas que me has enseñado, que has apartado gente de mi vida que yo no he sido capaz de apartar, que sé que no volveré a suplicarle a nadie que se quede a mi lado y que no me quedaré sentada viendo como otros bailan sin mí. Que solo yo conduciré mi vida y para siempre venga quien venga mi mano solo tendrá tres estrellas. 

Me hiciste sentir en algunos momentos que era una marioneta que nada podía hacer y me has enseñado cuan vulnerable puedo llegar a ser. Pero me has regalado tiempo de maternidad manteniéndome encerrada en casa y pude ver los primeros pasos de mi pequeña campanilla. Y he seguido siendo madre multitarea para mi pequeña campanilla mayor siendo madre y maestra a la vez. Y de ti me quedo con ese recuerdo en los tiempos primaverales; fui madre, fui maestra y salí adelante sola riendo de día y llorando de noche. 

Me has enseñado a abrirle la puerta a las maletas que estaban preparadas hace tiempo y a poner el candado. Me has recompensado con un lugar de trabajo que es hogar y paz. Me has metido en una burbuja donde veintidós más uno nos cuidamos, nos reímos y sin abrazarnos construimos unos bellos lazos. Y en esa burbuja se ha ido colando mi equipo comedor para hacer que a mis días no les faltara la risa ni unos ojos llenos de cariño. Y cada mañana la música ha sonado porque juntos te hemos sobrevivido. Con tu virus, tu pandemia, tu confinamiento y tus PCR has sembrado miedo pero ya sabes que al miedo no hay que darle tiempo ni a los gigantes espacio, así que hemos sacado nuestras capas y dentro de nuestra burbuja te hemos derrotado. 

Prometí despedirme de ti en quinientas palabras pero eso es imposible porque he vivido cada uno de tus días como si fueran míos aunque sé que no me pertenecen. 

Estoy agradecida por todo lo que me dejas. Y aunque pudiera volver el tiempo a un año atrás no lo haría porque sé que las cosas son como son por alguna razón. Sé que todo lo vivido este año resultará ser una bendición en mi vida para siempre. Entenderte a ti es fácil perdonar al resto de actores de este año no lo es. Infringieron demasiadas leyes y rompieron todas sus promesas. Mancillaron la fidelidad y enmudecieron para siempre. 

No ha sido un año fácil para nadie. Si me estás leyendo no te quedes solo con lo malo, no te recrees en ello y valora los pequeños momentos de felicidad, esa que solo puedes alcanzar por ti mismo y que nadie puede darte. 

Si os han dejado este año, os han plantado, se han esfumado o perdisteis a alguien sabed que vuestro dolor es compartido y entendido. Vuestras lágrimas no son en balde y todos los días el cielo nos recompensa con pequeños gestos, momentos y señales para aplacarnos por dentro. Mirad, buscad y observad y dejad que el tiempo se lleve todo el dolor. Parecía que este año no acabaría nunca pero sí, ¡adiós 2020! Hoy aprendí tus lecciones quizás en un tiempo pueda abrazarlas.