Entrevista al señor “perdón”

– ¿Quién es usted?

Tengo muchos nombres: tapaconciencias, quitaculpas y misterbondad. Pero la verdad es que aunque muchos usan mi nombre pocos son capaces de alcanzarme.

– Últimamente se le relaciona con el olvido, ¿es cierto?

Totalmente cierto. Son muy pocas las veces que perdonamos de verdad pero nos aliamos con el paso del tiempo y eso nos ayuda a olvidar. Así que es verdad que caminamos juntos.

– ¿Cree que su nombre es usado en vano?

Cada hora de cada día miles de bocas pronuncian mi nombre pero solo unas pocas perdonan de verdad.

– ¿Usted podría perdonarlo todo?

No, claro que no. Hay cosas que jamás podré perdonar pero de lo que sí estoy seguro es de poder vivir con eso y pese a eso.

– ¿El perdón nace, crece y muere?

Como cada sentimiento el perdón a veces nace, otras no. En algunas ocasiones crece en nosotros la necesidad de perdonar y en otras muere con nosotras esa idea.

– ¿Siente tristeza por no ser capaz de perdonar o ser perdonado?

Me sentiría peor si dijera que he perdonado y no fuera cierto. Si algo le gusta al perdón es la verdad y la autenticidad.

– ¿Cuando cree que se está preparado para perdonar?

Nunca se está pero si hay voluntad y convencimiento el camino es más fácil.

– ¿Por qué dicen que el perdón es tan importante y nadie nos enseña a perdonar?

Vivimos en una sociedad donde todo queremos que sea color de rosa. Nos perdemos el respeto, nos herimos, nos mentimos, somos infieles y después nos exigimos a nosotros mismos y a los otros el perdón.

– ¿El perdón supone un esfuerzo y un sacrificio?

Si nos dejamos arrastrar por los convencionalismos y por el exterior acabaremos perdonando por puro sacrificio pero el perdón verdadero no puede suponernos un esfuerzo es algo que debe partir de lo más íntimo y verdadero.

– ¿Que consejo daría a quienes leen esta entrevista y están buscando respuestas?

Ninguno. Lo que funciona con uno no funciona con otro. Nadie es mejor que nadie por perdonar o no hacerlo. Nadie puede juzgar a nadie por perdonar o no. Es más valiente decir en voz alta “ahora no estoy preparado para perdonar” que hacerlo para poner sobre tu pecho una medallita que acabará pesando más que el hierro. Es mejor dejar que el tiempo pase y el olvido se imponga. Lo sublime sería saber perdonar pero ya que somos seres imperfectos lo más razonable es aprender a vivir superando los recuerdos y curando las heridas. Nuestra parte es nuestra, lo del otro es del otro y es la vida quien pondera, suma y resta. Es el destino quien sabe de porcentajes y estadísticas, multiplica y divide.

¡Muchas gracias señor perdón por su tiempo!

Si algo necesita el perdón es tiempo, ¡no lo olviden!

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