¡Feliz cumpleaños Pequeña Campanilla I!

Estos son tus últimos días de casi ocho años. Y mientras tú ríes, yo deseo con todas mis fuerzas que el tiempo se detenga. Creces demasiado rápido, empiezas a dejar tu inocencia y ves caer tus fichas de dominó. Y aunque a veces te digo que prefiero que llores tú a llorar yo, créeme amor de mis amores que cada una de tus lágrimas se me clavan como agujitas.

Te admiro por no parecerte a mí y saber enfadarte con esa serenidad que me desmonta. Por adaptarte a casi todo y todos. Por aceptar mis límites aunque los pongas a prueba para ver si siguen ahí. Por seguirme aunque me mires de reojo y pienses que estoy majareta. Y por abrazarme cuando sabes que no tengo un buen día.

No ha habido ni un solo día desde que supe que llegarías que haya echado de menos mi vida de antes porque aún siendo buena al lado de tenerte a ti era solo una vida pero ahora contigo es nuestra vida. No podré olvidar la sensación de saber que habitabas en mi y el primer instante de mirarnos y saber que todo había valido la pena. Pudo pararse el mundo o haber un ataque alienigena que nada me hubiera importado en aquel momento. Pase lo que pase siempre me sentiré recompensada por el cielo.

Sé que creciste lo suficiente y ahora solo puedo acompañarte. El tiempo de matar monstruos por ti pasó y aunque me encantaría plantarme delante de ellos sé que dejaré que tú vayas primero y a tu espalda bien pegadita iré yo. Si algo puedo dejarte en herencia es la certeza para ti misma de que eres todo eso que le repites a tu hermana; fuerte, lista, valiente y guapa. Y no hay nadie que jamás pueda tener tanto poder sobre ti como para hacerte sentir mal y si es así deja marchar a esa persona.

Me siento en deuda contigo por no haber sabido hacer las cosas mejor aunque lo intenté con toda mi energía. Mamá también aprendió que a veces hacer las cosas bien no es suficiente cuando no está solo en nuestras manos. Este camino lo andaremos juntas y curaremos nuestros rasguños.

Algún día entenderás que el amor tiene muchas caras. Donde yo esté tú siempre tendrás un lugar en mi mesa a mi lado. Siempre habrá una cama para ti con sábanas limpias y un chocolate caliente. Mis horas serán tuyas y tus sueños los tuyos no los míos.

Algún día buscarás estas líneas y te parecerán cursis pero si algo aprendí es que cuando los abrazos y los besos faltan, los recuerdos y las palabras nos mantienen unidos a quienes queremos. Y no hay nada más cierto que te quiero mi pequeña campanilla I.

Valencia, 21 de enero de 2021

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