Diez cosas que aprendí de ti

Me enseñaste a soñar a lo grande y a no rendirme nunca aunque la suerte no acompañe.

Me cogiste de la mano y jamás la soltaste porque sabías que me perdería en cualquier instante.

Me animaste a escribir versos para que mi corazón se calme.

No me juzgaste y dejaste que mis cartas jugara aunque en tus ojos veía que la partida no ganaría.

Cepillaste mi pelo, me enseñaste a sumar y confiaste en mí para continuar tu linaje.

Cuando supimos que tu luz se apagaría encendiste la mía y ahora me susurras al oído todo lo que no entendía.

Comprendí todo aquello por lo que pasaste y supe que si aprendía a vivir sin ti ya nada me detendría.

Y así fue, afronté una enfermedad que me acompañará para siempre, hice dos mudanzas, tuve otra hija, escribí dos libros y no hay un solo día que no mire al cielo para buscarte.

Sonrío cuanto te pienso porque sé que tú ríes cuando te siento. Mi suerte fue elegirte como padre y que tú aceptaras con todas mis cargas.

Te fuiste en tu estrella y prometí no seguirte porque sabía que siempre serías mi guía. No recuerdo el primer día que nos vimos pero escucho mis latidos cuando el viento me trae tu recuerdo.

Estos son los versos más bonitos que escribí inspirados por ti. Si las almas son eternas volveremos a encontrarnos en nuestro planeta.

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