Mis zapatos

A veces nos presionamos a nosotros mismos de una manera muy poco generosa. No nos cuidamos lo suficiente aunque lo hagamos por fuera porque nos bombardeamos con pensamientos negativos todo el tiempo.

Vemos en los demás lo que no somos capaz de reconocer en nosotros mismos. Sus virtudes son más necesarias, sus conocimientos inalcanzables, su físico imposible y su trabajo insuperable. Está bien tener referentes en la vida, personas a las que seguir por su belleza, sus aprendizajes o porque nos divierten pero no cargarnos a nosotros mismos con la presión de ser iguales o mejores.

Cada uno de nosotros tiene para ofrecer al mundo y a quienes nos rodean lo mejor de nosotros mismos, nuestra mejor versión. Con trabajo y esfuerzo, usando las herramientas adecuadas y sabiendo que estrategia usar las metas son alcanzables pero el miedo nos paraliza. Ese miedo que hace que algunos nunca se atrevan, ni se arriesguen y ese mismo miedo a una vez alcanzada la meta sentir el más absoluto vacío y el vértigo de entender desde la cima que estábamos equivocados.

Abusamos de nuestras fuerzas y ponemos al límite nuestro corazón. No sé quién nos convenció que para ser felices tenemos que superar las situaciones, olvidar a las personas, dejar atrás las vivencias y curar las heridas. Pero la vida no se trata de esto, consiste en solo vivir, en continuar adelante, en caminar, en pausar, en respirar y abrirse a otras opciones pero sin presión ni prisa.

Nos sentimos obligados a correr, a quemar etapas, a cambiar de libro cuando aún estamos leyendo las líneas finales del anterior. Vivimos como en una carrera de fondo, saltando obstáculos, buscando nuevos objetivos, planificando viajes y sintiendo que el tiempo se escapa como si fuéramos dueños de él.

Hay situaciones que no he superado, personas a las que no he olvidado, etapas de las que no me he despedido, tiempos que recuerdo y añoro pero cada día me levanto y camino. Porto heridas que no se han cerrado y amores que me pesan pero cada día me levanto y ando. Muchas palabras resuenan en mi cabeza, hay sueños que espero, proyectos aplazados pero cada día me levanto y lucho por ellos. Sé que la paciencia a veces no me alcanza pero me perdono por ello porque soy quien soy y soy amada así de imperfecta.

Quisiera que solo mi fe fuera suficiente para conducir mi vida pero no es así. Así que hago todo lo que mi persona humana es capaz con todos los medios de que dispongo para dejar ir aquello que me daña y entristece. Quisiera tener la sabiduría y la comprensión de quienes saben que todo pasa y que lo que nos toca vivir es lo que necesitamos. Así que trabajo mi alma y me conecto con esas creencias porque el tiempo les dio la razón.

Así que vamos a querernos un poquito más, a respetarnos y a ser conscientes que nada ni nadie nos puede dar la felicidad que necesitamos. Vamos a ser responsables de nuestras palabras y nuestros actos y a calzarnos los zapatos que necesitamos.

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