Plan de vida

Venimos con un plan trazado. Formamos parte de una familia y vamos creciendo rodeados de amigos que conocemos en nuestra escuela. La vida se mueve en círculos y nosotros caminamos dentro de su órbita. Un día nos hacemos adultos y establecemos nuestro plan, uno que depende de nosotros mismos.

Algunos objetivos, muchos sueños por cumplir y una cierta cantidad de realidad nos abre los ojos. Era más fácil que nuestros padres gobernaran nuestro plan aunque no siempre nos gustara porque ahora tenemos que tomar un millón de decisiones para las que no siempre estamos preparados.

Poco a poco tras algunos ensayos y unos cuantos errores vas perfilando el que crees que es tu plan de vida perfecto. Marcas tiempos, espacios, encajas las piezas y a las personas en él. Con el transcurrir de los años, vas haciendo ajustes, cambios y modificaciones. Un día juntas tu plan de vida con el de otra persona y diseñáis uno que os hará caminar juntos. Saber que encajas en el plan de vida de alguien es el verdadero enamoramiento.

Pero los planes no son perfectos, así como la vida y como nosotros mismos. Los planes conjuntos empiezan a fallar y el barco hace aguas. Borras algunos objetivos y desempolvas tu plan inicial, ese que dejaste en el cajón para encajar en el del otro. Y ese es el verdadero desenamoramiento, entender que invertiste todo tiempo en un plan conjunto renunciando al tuyo propio.

Y vuelves a empezar. Ese plan inicial ha incorporado a nuevos agentes, otros se han ido cayendo y a otros los has dejado fuera porque te quedó claro esa frase del azucarillo que decía “que solo te importe quien te aporte”. Y eres un poco más mayor y más curtida, y más herida y sabes que hay cosas que no se superan pero que se aprende a vivir así dando un paso y otro.

Echas la vista un año atrás y ves quien ya no eres. Cometiste errores. Cerraste puertas. Viste como te apartaban de algunos planes. Pero no crees en los finales tristes y sí en los nuevos comienzos así que coges tus folios en blanco, tu eterna confianza en el cielo y engulles tus lágrimas. Y te sientes afortunada porque una pandemia se cruzó en tu plan y abrió tus ojos para elegir vivir. Y vives, y sueñas y vuelves a ser feliz porque nunca dejaste de encajar en muchos planes de otras personas, porque en este año empezaste a encajar en nuevos planes y porque te susurraron hace algún tiempo que hay un bonito plan de vida esperando por ti y alguien esperando por el tuyo.

Planes de vida sin escuadra y cartabón, con líneas torcidas, sin goma de borrar, en otro idioma…pero con el objetivo de caminar, hoy solo caminar, mañana correr y quizás algún día marcarte el sprint de tu vida.

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