Mis que, tus que, nuestros que…

Que me cojas de la mano mientras hablo aunque no escuches todo lo que digo.

Que me mires a los ojos y sonrías aunque no haya sido el mejor de tus días.

Que viajes conmigo al norte y subas montañas que ya conoces sin soltarme.

Que me beses en la frente y siempre te despidas sin prisas.

Que veamos películas mientras te duermes en mi regazo.

Que pensemos de forma diferente pero que nos aceptemos sin intentar cambiarnos.

Que tú me cuides de día y yo a ti de noche mientras mimamos lo que sentimos.

Que nos veamos en nuestro futuro sabiendo que somos la suerte de nuestro presente.

Que bailemos juntos y nos hagamos reír aunque nadie más lo entienda.

Que le cambies el nombre a las cosas, que me veas guapa siempre, que me brillen los ojos al verte, que me escojas y no me elijas, que me busques y yo te encuentre, que aprendamos juntos, que miremos en la misma dirección y que sumemos miles de bonitos momentos que aunque sean sencillos y pequeños seremos nosotros quienes los haremos grandes e importantes.

Si alguna vez…

Si alguna vez te has preguntado porqué se fueron de tu vida haciendo ruido deja de hacerlo…era la única forma que tenían porque no soportaban su propio silencio…

Si alguna vez no has entendido los motivos de una despedida no sigas torturándote porque quizás no los había y solo hay que aceptar que lo que no es para nosotros nunca llega y siempre se va…

Si alguna vez has tenido ganas de salir corriendo y huir lejos no te sientas culpable ni te juzgues porque nadie lleva puestos tus zapatos ni carga tu mochila…

Si alguna vez te has sentido infeliz teniéndolo todo quizás era porque no tenías lo único que necesitabas…darte cuenta que el todo es nada cuando nuestra razón impera por encima de nuestras pasiones…

Si alguna vez has querido mucho más y no has sido correspondido…alégrate por haber pasado página y haber remontado porque vales cada segundo de la vida de alguien que sí te corresponde…

Si alguna vez dejaste atrás tus sueños por vivir los de otro…vuelve atrás, recupéralos y guárdalos como un tesoro porque son tuyos y solo tuyos y nadie más va a soñarlos como tú lo has hecho…

Si alguna vez perdiste la ilusión, la fe, las ganas…está bien lamerse las heridas un tiempo pero hay un presente por vivir y un futuro por disfrutar. El ahora es lo que tienes…quizás una jaula de cristal o una pequeña cárcel pero aprende a vivir así para que la vida que siempre es soberana te devuelva los días de sol…

Si alguna vez no fuiste agradecido recuerda que la vida es un boomerang y que todo regresa…de algún modo somos dueños de todo y propietarios de nada…

Si no pasas por tu mejor momento, o tu verano está siendo duro, si no has salido de viaje, ni has podido pisar la playa, si estás enfermo, cansado, muerto de dolor o te han roto el corazón…repite cada mañana como si de un mantra se tratara “todo pasa…y esto también pasará”…

Quien está detrás de estas letras vivió algunas de todas esas veces…se enfadó, lloró, se desesperó…pero aprendió a conocerse, a quererse, a aceptarse y a rodearse de personas vitamina capaces de abrazarle, escucharle y decirle con respeto y cariño lo que necesitaba oír…

Si pasas por aquí, no es por casualidad…quizás necesitabas recordarte que lo estás haciendo lo mejor que sabes, que el mundo es de los imperfectos y que en las noches de lluvia de estrellas hay que pedir muchos deseos pero en las mañanas soleadas hay que luchar porque se cumplan…

Mi tablero de ajedrez

Este tórrido verano a este lado del planeta, donde los días y las noches son tropicales, me ha permitido ir colocando mis piezas de ajedrez sobre el tablero. Mis alfiles cual escuadrón guardan mi reino y los caballos cabalgan para proteger mis torres que se alzaron años atrás con firmeza para que nada ni nadie pueda echarlas abajo.

Observo mi tablero y aunque desconozco la mayoría de las jugadas recuerdo esos momentos en los que la vida me puso en jaque mate. Derrotada y dolorida volví a levantar y todas y cada una de mis piezas. Y así es como aprendí a que la vida es lo que se vive hoy y lo que te llevarás mañana al otro lado.

No me gusta estar en un constante juego pero solo entiendo jugar si se apuesta el cien por cien, nada de medias tintas y de no darlo todo. A veces se gana otras no pero hasta en esas veces que sabes que tienes la partida perdida hay que intentarlo hasta el final. En una de esas tus sueños se cumplen y alcanzas lo que te has propuesto.

Me costó muchas lunas volver a colocar en mi tablero la figura del rey. Ahí en el centro de mi reino y a mi lado se fue colando. Sé que no es mi mitad pero sí la parte entera que quiero para compartir todo lo que el destino nos tenga preparados. Sé que hay algunas damas que nos acompañan pero entiendo su papel y sé que mis alfiles sabrán darles su espacio.

Esta partida acaba de empezar. Quizás no lo esperaba pero hace mucho que los peones sabían que tendría que jugar. Con miedo o sin él nunca me planteé no jugar porque mis ancestros me han brindado esta oportunidad. No pienso quien ganará o quien perderá porque en esta partida no hay vencedores ni vencidos. Se trata solo de jugar y alcanzar el mejor resultado.

Sé que hay que darle tiempo al tiempo y dejar que la paciencia todo lo alcance porque en esta partida y en este tablero los minutos no cuentan y las horas no computan.

Voy a seguir jugando y planeando mis jugadas y tal vez en esta ocasión no haya otro jaque mate a la reina. Larga vida a mi partida y a mis piezas de ajedrez.

Respirar la vida

A veces hay que respirar la vida y dejar que llene todos tus pulmones para darte cuenta que vivir es una apuesta constante por sentir cada día.

A veces hay que inhalar el verde de las montañas y dejar que lo cubra todo para volver a renacer y regresar al kilómetro cero.

A veces hay que espirar los pensamientos que te quitan el aliento y dejar que se marchen invitándoles a no volver jamás porque no son bienvenidos.

A veces hay que dejar de huir de los miedos y dejar que te invadan para vivir toda esa adrenalina y superarlos para siempre.

A veces hay que escucharse más y juzgarse menos para quererse de verdad y mirarse al espejo viendo más allá que una silueta desgastada por los años.

A veces hay que perder la memoria de lo vivido y dejar que el presente sea un nuevo y verdadero comienzo adormeciendo los recuerdos y cuidando las palabras que se dicen.

A veces hay que recordar que los números son solo números y que no tienen valor si no van acompañados de ternura y unos sueños compartidos.

A veces hay que buscar una banda sonora solo para dos, un rincón en el mundo que sea refugio, un cobertizo que proteja de la lluvia, una charca en la que refrescarse y un mismo cielo al que pedir protección.

A veces hay que callar lo que mata pero otras hay que hablar lo que ahoga. Hay que mirar la magia con ojos de niño y volar a las alturas para observar que el tamaño de las cosas es más pequeño de lo que imaginamos.

A veces hay que caminar aunque no haya objetivos, escalar montañas, nadar en océanos y viajar al norte para darse cuenta que estabas en la mejor tierra del mundo, esa que te vio nacer, que calló tus secretos, que contuvo tus dolores y compartió tus alegrías. Esa que sigue riendo tus bendiciones, que te colma de días soleados y despeja tu mente de nubes negras.

A veces no hay nada que puedas hacer cuando ya está todo hecho. A veces solo hay que sentarse a esperar. A veces solo hay que respirar y dejar que el tiempo hable…solo eso…

¿Qué dicen?

Dicen los entendidos que cuando llegue la persona destinada a ti no lo sabrás, simplemente lo sentirás. Quizás haya que dejar de lado la razón y dejar que palpite el corazón.

Dicen los sabios que no busques que dejes que te encuentren. Tal vez sea necesario estar disponible y empezar a creer en lo imposible .

Dicen los entendidos que pongas en tu vida a alguien que no te necesite para nada pero te quiera para todo. Quizás sea el momento de arriesgar para poder ganar.

Dicen los sabios que el pasado solo pesa a quien no vive el presente y solo espera el futuro. Tal vez sea la hora de aprender a caminar antes de volar.

Dicen los entendidos que quien quiere estar, está y que el resto es un puñado de miedos y excusas. Quizás sea el momento de empezar a mirarse, conocerse y autoresponsabilizarse.

Dicen los sabios que un día llega ese amor que lo cambia todo pero que solo en mitad de la nada es cuando lo aprendes todo. Tal vez haya que perder para aprender a ganar.

Dicen los entendidos que hay muchos que te agitan el alma pero que solo uno la vuelve a la calma. Quizás sea momento de dejar atrás a quien no quiere jugar con nuestras cartas.

Dicen los sabios y los entendidos que el amor es quien lleva el timón de nuestro mundo pero hay días que dudo de ello. Tal vez sea mejor que cada uno haga su pequeña parte para que un día todos seamos parte de un todo y no necesitemos una nada. Quizás el amor sea más grande que este mundo y la cobardía gane a la osadía porque para amar hay que ser valiente, terco y paciente. Al final solo triunfa quien cree y cree quien tiene fe y tiene fe quien quiere y quiere quien siente no quien sabe.

Dicen y dicen…y que digan, digan…

1,2,3…cámara y acción

El tiempo pasó y quitó la maleza de mi camino dejando crecer nuevos brotes verdes y fuertes. Tras la sequía de sentimientos, la lluvia de primavera hizo que mi fuente volviera a brotar con un agua limpia y fresca.

A su tiempo mi tapete volvió a desplegarse encima de la mesa y cada personaje ocupó su papel dentro de él. Ahí estaba él, el que nunca falla, el que siempre llega puntual y cogido de mi mano escupió sus deudas guardadas durante todo este tiempo y aunque no es el cobrador de ellas sabe que el cielo no olvida. Su luz blanca nunca deja de brillar y siempre me trae bendiciones aún en medio de la oscuridad.

Ningún protagonista salvo yo comandando el ejército que tanto desee. Ella mi sueño soñado con ese frágil corazón por el que volvería atrás solo porque ella vale la pena cada segundo de mi vida pero no lo haré solo para que vea que otra vida es posible y que una ausencia jamás pesará más que un nueva oportunidad. Y mi eterna alegría, el auténtico pulso de la vida que latirá por todos y cada uno de nosotros.

Personajes que entran, otros que salen y otros que quedan suspendidos. De uno de los más importantes me despido para siempre porque mis antepasados me transmitieron la firmeza de los sentimientos y no hay nadie que pueda hoy nublar mi amor. Una puerta que se cierra hoy despacito y sin dolor. Otra puerta que se abre para recibir toda la abundancia que hay detrás de ella.

Y a los personajes que quedan ahí suspendidos los pondré en mis oraciones porque si es su destino llegar a mí solo hay un poder que puede permitirlo y no es el mío. Siempre acogí mi destino aunque estuviera lleno de lágrimas y dolores. Aunque no entendí muy bien los planes que la vida tenía para mí preparados solo el tiempo les dio la razón porque mi Fe no era tan grande para aceptar el tamaño de las pruebas.

Saber es necesario y saber qué hacer lo es más. Por el momento, seguiré las huellas y los susurros que me dicen que todo está bien. Asumiré mi responsabilidad y pagaré mis deudas para que el futuro de mi linaje cierre sus heridas. Abrazaré cada palabra y calmaré mi alma entendiendo que hay oportunidades que son bendiciones y si vienen de tantos sitios es que son la luz que siempre busqué.

El tiempo pasará y quien sabe si dentro de un tiempo sobre ese tapete ya solo quedemos tú y yo unidos a un cien por cien o podamos ser el más bonito ochenta por cien que necesitamos. Que el camino nos lleve a nuestro destino.

Círculos y cuadrados

Así como figuras planas quedan muy bien plasmadas en cualquier forma de arte. En blanco y negro o en color, de distintas formas y tamaños, a contraluz o difuminadas siempre las podemos reconocer.

Siempre opto por los cuadrados u otras figuras geométricas con lados, vértices y aristas. Y sé que éstas últimas no son muy populares porque son áridas y cortan pero son necesarias para que la vida tenga más de una cara.

Muchos optan por los círculos por ser fáciles, redondos y confortables pero me cansa darle vueltas a lo mismo una y otra vez. Pasar siempre por el mismo camino, tropezar con la misma piedra y llegar siempre al mismo final no es una rutina que adopte para mí.

Los cuadrados tienen fama de serios, aburridos y tercos. Hay algo de verdad en ello, pero también son empáticos, audaces y aventureros. A veces difíciles de entender, otras reservados pero genuinos. Sostienen grandes construcciones y se unen a otros para ser más fuertes.

Los círculos de la vida acaban viciados y es mejor salir de ellos cuanto antes. No son demasiado sólidos aunque hagan el camino más amable. Son los grandes elegidos y de personalidad infantil, no en balde es la primera figura que aprendemos a dibujar antes de saber cómo se llama incluso.

La combinación perfecta sería mezclar ambas tipos de figuras planas. Todos necesitamos unos cuantos círculos que nos hagan aprender y unos cuadrados que nos den la estabilidad que necesitamos.

Soy más cuadrado que círculo aunque en mi mente y sobre mi tapete haya sitio para ambos. Sé que cuando juntas dos cuadrados iguales formas un rectángulo con dos lados iguales dos a dos. Por tanto sumar un cuadrado a nuestras vidas nos da la posibilidad de formar una nueva figura plana. Es como ese abrazo que funde a dos personas en un sola latiendo al unísono, bailando en cualquier sitio sin música o juntando tierra y mar.

Elijan su figura. Háganlo con toda la libertad de fallar y al final encuentren la suya. Sin miedo, sin pudor pero con respeto.

Sinónimos y antónimos

La vida nos regala miles de sinónimos y algunos antónimos y la lengua castellana es mágica para llenar listas de ellos. Si además juntamos la cabeza y el corazón el resultado es una composición preciosa para compartir cualquier noche de verano debajo de un cielo estrellado.

Los sinónimos son palabras con el mismo significado. Cuantas veces habré explicado este concepto a mis alumnos y alumnas sin pararme a reflexionar en lo que son verdaderamente. Usamos en nuestro día a día muchas palabras sinónimas, algunas bonitas otras no tanto.

En los últimos tiempos aprendí a valorar más algunos sinónimos y uno de los que más me gusta es el “te echo de menos” como sinónimo de “te quiero”. No todo el mundo está preparado para usar esas dos palabras juntas, a veces, hay otras formas, otros caminos pero con un mismo final. Otro sinónimo que me encanta es “magia” como sinónimo de “quien te hace reír en medio de la tempestad”. Y si buscamos un sinónimo para “amor verdadero” que sea “ese que se queda aunque todos se hayan marchado”.

Pero no podemos ocultar que nuestros días también están llenos de algunos antónimos. Esas palabras contrarias que buscan contrariarnos y mover nuestra silla de la paz mental. Escuchar algunos antónimos nos rompe por dentro y muchos de ellos resuenan en nuestro inconsciente por mucho tiempo. Cada uno tiene su propia lista y va grabando sus dolores en ellos.

No solo las palabras son sinónimas y antónimas, también lo somos las personas. Sin saber muy bien cómo ni porqué con algunas personas encajas y con otras no y no debería pasar nada porque si nuestras palabras son capaces de convivir entre las hojas de un diccionario nuestras lenguas tendrían que caber en nuestras bocas y quedarse quietas. O, tal vez, es una cuestión de sintonía y de vibración. Entonces mejor acudir a un experto que afine nuestros sentidos y nos deje todo bien colocado por dentro.

Cuentan que no hay verano sin lluvia de estrellas ni invierno sin copos de nieve, que las castañas solo se encuentran en otoño y que las margaritas blancas siempre buscan la primavera. Aseguran que es mejor ser sinónimo que antónimo pero olvidan que nuestro mejor sinónimo somos nosotros mismos y el peor antónimo también.

Con sinónimos o antónimos o sin ninguno de ellos el mundo sigue girando y las palabras nos sobrevuelan cada día, así que mejor usarlas a su tiempo y su momento.

Pequeños momentos grandes historias

Nos pasamos la vida preparándonos para los grandes momentos, los grandes acontecimientos y los hechos que marcarán nuestra vida o eso creemos ciegamente porque así nos educaron desde niños.

Esos grandes momentos son la graduación en la universidad al finalizar tus estudios, una boda de ensueño, el nacimiento de tu primer retoño con fotógrafo en la sala y así un sinfín de grandes momentos que vivimos tal cual autómatas.

Quizás porque me hago mayor, quizás porque viví muchos grandes momentos o quizás porque algunos de ellos le sobraron a mi historia es por lo que aprendí a valorar los pequeños momentos que la vida me regala día a día.

Los grandes momentos están pensados, organizados e ideados al milímetro y para una mente cuadriculada como lo mía es sencillo y natural la organización de esos grandes momentos. Y puedo decir que lo disfruto como nadie y los lleno de detalles que redondean el momento. Fui la protagonista de algunos grandes momentos y para mí guardo lo que sentí en cada uno de ellos porque pase lo que pase siempre estarán en mi memoria.

Pero nuestra historia también se nutre de esos pequeños momentos que nos acompañan cada día. Ese café de las mañanas recién hecho mientras enciendes el ordenador y activas tus neuronas, ese ¡buenos días amiga! de quien sabe sacarte lo mejor aunque estés en un momento peor, esos abrazos de ¡bienvenida a un día más! que te llenan de energía, las risas delante del tupper de cada mediodía y esos besos de ¡buenas noches mami Silvia!

Acostarse en unas sábanas recién planchadas que huelen a lavanda, escuchar tu canción favorita en el metro, encontrar esa frase que define tu pensamiento del día, que alguien te ceda el paso, flores de papel encima de tu mesa, encontrar una moneda en un bolsillo, abrir el bolso y encontrar un dibujo hecho con unas manitas que te comerías a bocados…cada uno define su día con sus propios pequeños momentos…

Lo importante es descubrir esos pequeños momentos que nos templan el alma y nos dibujan una sonrisa cada día porque cada día cuenta por malo o bueno que sea. Y… ¿qué sabemos si lo malo se convierte en bueno y éste en malo?

Vamos por la vida soñando en los grandes momentos cuando nuestra vida está plagada de miles de pequeños momentos que son los que cuentan verdaderas historias porque son los que nos definen, los que nos dan a conocer, los que nos abren las puertas del corazón de otros y, ¿qué es de nosotros sin eso? Está genial quererse a uno mismo y es necesario hacerlo, enamorarnos de nosotros mismos, pero es genial entrar en el corazón de otros y sentirse arropado.

Los grandes momentos siempre van a estar ahí esperándonos y llegarán a nosotros antes o después pero los pequeños momentos hay que descubrirlos no con los ojos si no con la mirada de quien aprendió después de perder algunas batallas.

¡Hasta siempre, patitos!

Un nuevo curso escolar finaliza mañana. Pizarras limpias, cajones vacíos, trabajos entregados y paredes llenas de recuerdos. Empezó siendo otro curso pandémico con mascarillas, restricciones, desinfectantes y distancias. Hemos acabado recuperando nuestra sonrisa esa que habíamos guardado durante estos años.

No hay ningún curso fácil y este tampoco lo ha sido. La sociedad anda agitada, las emociones revolucionadas, los valores perdidos y la educación se llena de la presión de educar lo que las familias, tal vez, por agotamiento o desconocimiento no hacen. Y el profesorado navega entre la burocracia, enseñar lo que se puede, adaptarse a la falta de recursos y personal y atender a unos patitos a los que la pandemia les arañó su rutina.

Mis patitos no son diferentes al resto pero son con los que he compartido muchas jornadas escolares. Tantas para saber que los lunes vienen dormidos y los viernes se van a tope de energía. Que tengo futbolistas y gimnastas a los que vigilo en el patio por que sé que luego tengo que hacer de árbitro entre ellos. Sé quien no trae los deberes hechos porque se los ha dejado en el cajón el día anterior y quien se queja con la mirada cuando mando dos ejercicios.

Pero ellos también me conocen y saben que no tolero la mentira ni las faltas de respeto. Saben que mi frase favorita es “carpe diem” y que las bromas dejan de ser graciosas cuando alguien sufre. Sé que volverán en septiembre sin acordarse de dividir y que no recordarán lo que es una palabra polisémica pero también que mi puerta siempre estará abierta para todos y cada uno de mis patitos.

Mañana se acaba una etapa y empieza una nueva. Es momento de arreglar las aulas, y prepararse para una nueva Ley Educativa. Es la hora de sacar balance y concluir. Y también de despedirse con un fuerte abrazo dando gracias por todo lo bueno que pudimos vivir este curso pese a todo.

¡Hasta siempre patitos!