Una nueva vuelta al sol

Nueva vuelta al sol. Trescientos sesenta y cinco días que dejo atrás con la sensación que la rueda giró rápido pero que no fue ligera y cargó con algo de peso, como siempre, porque algunas cosas no cambian. No esperaba que lo hicieran pero en esta vuelta sí hubo un antes y un después. Hasta que me desprendí de un buen lastre los días pesaron y hubo momentos en los que el pasado no fue pisado pero me agarré con fuerza a encarar el presente de frente.

Nueva vuelta al sol que suma de todo y solo resta tiempo. Pruebas que pasar, unas cuerdas que dijeron “basta”, personas que vinieron a mi camino, algunas que se silenciaron, viajes, despedidas dolorosas, nuevos puzzles y juegos de cartas a los que aprender a jugar.

Dos nuevos tatuajes que siguen contando mi historia. Nunca quise mostrarlos si no saber que son mi mapa de ruta, lo que soy, lo que fui y lo que no dejaré de ser. Porque soy ese número de la suerte de alguien, esa inicial que me cambió la vida, ese corazón que no dejará de latir pese a las embestidas de la vida, ese agua en la que no puedo estar, esa dualidad que me define, esa libélula que emprendió el vuelo para autoconocerse y aceptarse a partes iguales y esas estrellas que iluminan mi camino en medio de los días oscuros.

Una nueva vuelta al sol que me hizo lograr mantener en equilibrio mi cuerpo, que incorporó el ejercicio físico como rutina y necesidad para que mi mente estuviera despejada y pacificada. Hubo días en los que no había ganas pero mi logro fue permanecer y vencerme a mí misma.

Una nueva vuelta al sol que me apretó el alma al ver que todo cambia y nada permanece, que no soy solo yo quien crece y cumple años, que mis pequeñas campanillas se me escapan de las manos y que van dejando atrás etapas e inaugurando otras nuevas a pasos de gigante.

Una nueva vuelta al sol en la que pese a todo he ido priorizándome poco a poco. A veces olvido que para cuidar bien a todos primero necesito cuidarme yo. Ser madre te hace ponerte muchas veces la última de todo, te absorbe y te hace renunciar a muchas cosas por eso me comprometí conmigo misma a cuidarme con cariño siempre que pueda. Si yo lo hago ellas aprenderán a hacerlo.

Mi nueva vuelta al sol comienza ahora, cuando la primavera llega casi a su fin. Al soplar las velas solo deseé que mi fe me siga acompañando para no perderme por viejos caminos que mi alma no necesita. No más enredos, no más ovillos, no más muros. Más claridad, más firmeza, más límites y el mismo amor para dar y recibir sintiéndome merecedora de todas las bendiciones que la vida me traiga y aceptando las tormentas por las que tenga que pasar.

Larga vida a mi vida…

Graduada Campanilla II

En dos días dejas atrás una etapa que te ha convertido en una niña que lloraba cada mañana al cruzar la puerta de Infantil durante mucho tiempo y ahora es esa niña risueña que coge su mochila cada mañana sabiendo que va a un lugar siendo feliz.

Miro las fotos de los primeros días cuando agarrabas fuerte mi mano para calmarte y ahora siento que tus abrazos son los que me calman a mí para que sienta que puedo ir en paz a trabajar.

Has crecido tanto, has cambiado tanto sin dejar de ser tú y nos has demostrado que solo necesitabas un poco más de tiempo. En el corral los gallos siempre han querido cacarear más alto pero con paciencia y aprendizaje has entendido que todos tenemos límites y has tenido que aprender a ponerlos.

Eres lista muy lista para saber que la perfección no existe, que está bien pedir ayuda cuando se necesita y que no te gustan las anclas porque quieres absorber todo lo que el mundo puede ofrecerte.

No tengo ninguna duda que jamás olvidarás a tu primera maestra. Estoy convencida que ha sido la mejor y la que necesitabas. Te ha enseñado más que letras y palabras. Aprender a superar las dificultades y a defenderse en la jungla es lo que te mantendrá a salvo y es ella con todo su cariño y paciencia quien lo ha hecho.

Cuando subas al escenario y recojas tu diploma de graduada veré en ti a esa pequeña niña que llegó a mi vida cuando menos la esperaba y más la necesitaba. Mis ojos se emocionarán sabiendo que emprendes una nueva etapa que te llevará a nuevos aprendizajes, experiencias y aventuras. Sé que estás más que preparada pero voy a estar ahí bien pegadita a ti acompañándote cada día igual que a tu hermana.

Mi Pequeña Graduada II me tienes el alma colmada de todos los “te quieros” que me escribes, de los abrazos que me das cada mañana y cada noche y de verte irradiar ese brillo allá donde estás.

No cambies mi Pequeña Campanilla II y no dejes que nadie apague tu luz.

Graduada Campanilla I

Mañana acabas una etapa que empezó hace seis años y cuelgas tu mochila. Una mochila llena de experiencias, momentos de risas y alguna que otra decepción pero siempre con pasos hacia delante. Cuantos objetivos conseguidos, cuantas horas de estudio, de proyectos y trabajos. Has desgastado tus bolígrafos y agotado tus acuarelas.

Llegaste a las aulas de primaria con la convicción que nunca olvidarías tu paso por las de infantil. Y así es cada vez que abrazas fuerte a tu primera maestra del cole. Te enseñó a leer, a escribir, a rezar, a pintar y a entender que eras maravillosa sin ser perfecta y sin que todo fuera perfecto.

Viviste un divorcio y una pandemia pero lejos de bajar los brazos continuaste siendo esa niña de ojos marrones a la que despedía cada mañana con un te quiero, un requiero y un súper quiero. Te prometí que solo te lo diría a ti y aún a día de hoy cuando casi has alcanzado mi estatura y tus ojos se cruzan con los míos, es así.

Pronto alcanzarás un nuevo nivel en el juego de vivir y tengo tantas dudas y temores que lo desenchufaría y te diría eso de “game over”. Pero sé que eso no puede ser y que mi trabajo contigo acabó y de ahora en adelante solo estoy para acompañarte cuando me lo pidas. Aunque sabes que hay negociaciones perdidas conmigo tanto como yo sé que hay batallas contigo perdidas.

Mañana cuando encima de ese escenario recojas tu diploma mis ojos se llenarán de un buen cóctel de orgullo, felicidad y lágrimas. Sé que mi corazón palpitará por la niña que siempre serás ante mis ojos pasen los años que pasen y las graduaciones que se sucedan.

Y mañana disfruta mi Pequeña Campanilla I porque mis ojos estarán puestos en ti. Que nadie apague tu brillo, que nadie limite tus sueños, que nadie te detenga, que nadie te conozca más que tú misma, que no necesites a nadie para ser feliz y que estés donde estés jamás olvides quien eres.

La próxima vez que sople las velas de mi cumpleaños seguiré pidiendo verte soplar las tuyas cada año.

¡Felicidades mi Pequeña Graduada I!

El tiempo no se mide en segundos…

El tiempo que pasas con una persona no determina lo que la conoces. Puedes haber pasado años y saber cómo toma el café. Puede que hayas visto su mejor cara y viajado con ella a lugares remotos pero saber que ha tenido un mal día solo por cómo contesta a tus mensajes eso no se mide en tiempo si no en palpitaciones. No todos estamos destinados a todos.

No podemos medir el tiempo en segundos porque así se nos escapan muy rápido de las manos y los desaprovechamos casi todos en rodeos que no conducen a nada. Adelantando vidas que no llegarán, mareas que nunca subirán y angustias que no serán más que ligeros mareos.

El tiempo está hecho para medirse en todas las experiencias que viviremos, en los retos que superaremos y en lo sueños que pelearemos. Porque si algo nos enseña el tiempo es que todo cuesta todo y que nada llega por nada. Que la vida te da y te quita, tal vez, más de lo que desearías pero nunca menos de lo que necesitas. Porque para vivir no necesitas a nadie solo oxígeno y eso el universo te lo da sin pedirte nada a cambio.

El tiempo es la mano que te coge cuando tienes miedo, el paraguas que te cobija bajo la lluvia y el silencio en mitad del ruido. Es el mar en calma, son las lágrimas que fluyen y los recuerdos bonitos de un pasado que no volverá como tampoco el tiempo que invertimos en entender en vez de aceptar.

El tiempo me llevó siempre a dos dígitos. He querido huir de ellos y aunque de algún modo ya no resuenan en mí con tanta fuerza no puedo olvidar que soy un trece por el resto de mis días. Nací bajo su marca. Y él se marchó bajo la suya pero luego me trajo su corazón y ya no pude odiarlo. Me he tatuado sus números en una lengua sagrada para honrar mi cuerpo que es mi templo y aceptar mi destino con honor y no con dolor.

Mi mente se enreda en el tiempo y vuelve a abrir unas costuras que fueron cerradas. Quiere ganarme la partida atacando mi vulnerabilidad porque no me gusta perder el tiempo y sabe que la paciencia no me alcanza. Pero si algo he aprendido es que las personas no se pierden porque no nos pertenecen y las que están son las que han de estar.

El tiempo no se mide en segundos pero ellos saben cómo marcharse de nuestros días a todo correr sin casi darnos cuenta. Me he prometido intentar ser consciente de cada segundo que dejo escapar en personas, situaciones y vidas que no lo valen para poder gastar esos segundos a partir de ahora en la mía y en la de los que me rodean que valen cada segundo.

Larga vida a los segundos que suman y no restan…

¡Felicidades Pequeña Campanilla II!

Y llegó tu momento, ese que esperas cada año, ese que vives con tanta ilusión, el día de tu cumpleaños, el día de soplar las velas de tu tarta y el día de arrancarnos a todos una sonrisa de oreja a oreja al verte tan feliz.

Será porque eres un pedacito de mí pero jamás he conocido a ningún niño con tanto derroche de cariño y regalando tantos abrazos. Aún no lo sabes pero hay abrazos que curan y los tuyos son de esos. Son de los que alargan vidas.

No quieres ser la pequeña porque piensas que eso es una desventaja. Hay cosas que aún no puedes hacer pero sé que hay pocas que dejarás de hacer si realmente las deseas porque a tus seis años vienes pisando fuerte. Bailas con una entrega que puedo adivinar en cada paso que es tu forma de expresar todo aquello que llevas dentro.

Os miro a tu hermana y a ti sabiendo que vosotras sois las niñas que yo hubiera querido ser. Listas, fuertes, valientes, revolucionarias… Y me siento feliz de haberos traído a este mundo para mejorarlo porque sois el mejor regalo que he podido hacerle a mi sistema.

Sé que te me escapas y aunque eres independiente me hace feliz que cada día me despidas con tanto amor como si fuera el último y me recibas cuando regreso como si hubieran pasado días. Quizás tú hayas entendido mejor que nadie cómo funciona esta vida.

Sabes Pequeña Campanilla II que nunca prometo nada que no pueda cumplir pero voy a acompañarte en cada paso que des y en cada tropiezo voy a darte mi mano por si la necesitas para levantarte. Me da igual los años que tengas y lo lejos que vivas. Un día habitaste en mí y un hilo invisible nos mantendrá unidas para siempre.

Eres junto con tu hermana mi mejor declaración de amor y sé que el destino os trajo hasta mí para hacerme mejor persona porque no hubiera conocido lo que es el amor verdadero sin vosotras.

¡Felicidades mi Pequeña Campanilla II! Mi pequeña gran revolución y mi pequeño gran amor.

Te quiero, mamá.

6 de febrero de 2025

¡Feliz Cumpleaños Pequeña Campanilla I!

En unos días tu vuelta al sol concluye y empieza una nueva que te llevará a recorrer un nuevo camino y a vivir intensamente esos trescientos sesenta y cinco días. Si algo tiene la casi adolescencia es que todo parece acabarse en un instante y volver a comenzar al minuto siguiente.

Doce años desde aquel 30 de enero en el que no esperaba tu llegada pero estaba deseando sostenerte. Creo que se unieron mi deseo de abrazarte y tus ganas de que lo hiciera lo que te trajo a este mundo antes de tiempo pero a tu tiempo. No puedo olvidar y no quiero hacerlo esa primera sensación de olerte, de apretarte contra mi pecho y de saber que serías la mejor decisión de mi vida.

Has crecido mucho y esperas con impaciencia pasarme en altura y lo que no sabes es que cada centímetro que alcanzas te aleja de ser una niña para convertirte en toda una mujer. Y te miro cuando no te das cuenta y aunque hay días que las hormonas ponen difíciles las cosas veo a una personita maravillosa, respetuosa, con ganas de superarse, con sueños, con ganas de viajar y de recorrer el mundo.

Elegiste la cancha como modo de demostrar tu talento pero el mayor de ellos es que sigas siendo tú pese a todo y a todos. Me encanta que me vuelvas loca con tus historias del colegio y que no guardes nada para ti, que quieras dar tu opinión sobre cualquier tema y que sigas apoyando tu cara en mi hombro mientras me coges de la mano.

Sé que piensas que el mundo es injusto y que hay situaciones que querrías que se solucionaran con una varita mágica pero la vida ya sabes que no funciona así.

No tengo idea de lo que harás de mayor, donde vivirás ni con quien, si serás madre o me pedirás que te enseñe a hacer croquetas pero estoy segura que vas a cuidar de tu hermana el resto de tus días y no puedo sentirme más feliz.

Vayas donde vayas voy a a acompañarte y permaneceré a tu lado disfrutando de cada paso que des porque cada paso estoy segura que te acercarán al lugar en el que quieres estar.

No sé cómo era mi vida antes de que te instalaras en ella pero no volvería a esa vida porque en estos doce años he aprendido más contigo que con nadie ni nada. Me has hecho fuerte y vulnerable a la vez porque no hay cosa que más me duela que ver como alguien puede romperte en mil pedazos. No voy a poder salvarte ni protegerte pero voy a estar ahí sin allanarte el camino preparando mi bastón por si los necesitas.

¡Felicidades mi Pequeña Campanilla I! Verte cumplir años es el mejor de mis regalos y mi deseo cada vez que soplo las velas de mi tarta.

Te quiero, mamá.

30 de enero de 2025

Viaje sin vuelta…

Compré el billete en tu estación sin saber el destino pero nunca pensé en darme la vuelta.

Compré el billete en tu estación sin saber la hora en que vendría tu tren pero jamás pensé en no subirme.

Compré el billete en tu estación sin miedo pero sin saber si tú querrías que me subiera a tu tren.

Compré el billete en tu estación sabiendo que mi equipaje era mío y solo mío pero no dudé en que me ayudarías a cargarlo a tu modo y tiempo.

Compré el billete en tu estación sabiendo que eras un tren distinto en los que yo había viajado pero con la confianza suficiente para saber que me llevarías donde nunca había estado y siempre había querido ir.

Aquel día, en aquella estación, supe que tenía mi billete de ida y que no quería el de vuelta. Sabía que no sería un viaje fácil porque yo no lo soy, porque mi vida no lo es y porque lo fácil me vacía el alma. Hemos emprendido algunos viajes desde aquel día en aquella estación y aunque somos los conductores de nuestro tren, tú y yo sabemos que seremos efímeros pero siempre eternos. Eternos amigos, compañeros de viajes, amantes, novios o lo que sea que la vida quiera para nosotros pero sé que esperaba este viaje, que quería estar en tu estación y comprar ese billete. Quien vive nunca se arrepiente. Agradeceré siempre lo vivido en tu estación.

Hay muchos trenes, infinitas estaciones pero solo sabes que has llegado a la tuya cuando respiras paz, cuando da igual lo que seas y lo que tengas y cuando sabes que no necesitas ese viaje para ser feliz pero que hacerlo te suma felicidad.

Cada día sigo comprando ese billete, subiéndome a tu tren y esperando en tu estación sabiendo que sonrío al pensar que eres mi compañero de viaje.

Para todos aquellos que un día compraron su billete sin vuelta y nunca se rindieron pese a todo y todos.

El peso de los silencios…

El COVID me apretó el alma y dejó el aire de mis pulmones suspendido. Pero la DANA ha conseguido silenciarme y robarme las palabras y las ganas de escribirlas. Cuatro letras que han devastado mi ciudad y cientos de familias sin hogar. El problema no ha sido quitar tu barro si no dejar de verte, de olerte y de sentirte bajo nuestros pies. Tu huella será imborrable y no vamos a poder pasar página en mucho tiempo. Seguiremos contando tu historia pero el final lo escribiremos nosotros.

Podemos hacer una lista de todas las pérdidas que nos has provocado pero lo más difícil de superar no será lo que se ve sino el desequilibrio mental y emocional que dejas en muchos. Algunos no sufrimos tu daño directamente pero has jugado con nosotros no sabiendo a qué ayudar, a quien ayudar ni cómo hacerlo. No todos estamos preparados para cargar con tu fango pero sabes una cosa, cada acción, cada pensamiento, cada ventana que se ha abierto a la caridad del tipo que sea es una victoria que sube a nuestro marcador.

Nunca pensé vivir una pandemia y mucho menos una catástrofe. Estoy harta de vivir momentos históricos. Y miro al cielo para encontrar una respuesta a una pregunta que no haré. Tambaleas mi Fe y me debilitas la esperanza cuando sabes que ya aprendí a perder. Me acechas con nuevos miedos a los que barro con mi escoba para echarlos fuera.

Hay ríos de tinta hablando de ti. Estás en boca de todo el planeta. Has hecho llorar y desesperarse a medio mundo y aunque el orgullo me puede he de agradecerte que entre las víctimas no hay nadie de mi familia y amigos. Una de las cosas que me has enseñado es que la soberbia del ser humano será quien acabe con la raza humana. No lo hará una pandemia, una catástrofe o un ataque alienígena. Seremos nosotros queriendo imponernos al rumbo de la naturaleza y creyendo que lo sabemos todo.

Me has tocado con tu sable y has hurgado un poquito en algunas heridas pero a penas he sangrado. Me has llenado de ideas, algunas más buenas que otras y me ha costado volver a la calma. Me has quitado el derecho a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día. Casi aniquilas mi sentido del humor pero reírme y hacer que el resto lo hagan siempre fue mi mejor terapia.

Has sacado muchas cosas buenas que estaban escondidas de muchos. Nos has abierto un poco más los ojos ante una clase política que no nos merece como votantes. Ahora es el momento que nos dejes y te disuelvas entre el sol y las nubes.

No vuelvas nunca. Ya eres historia. Ahora deja que construyamos nuestro futuro como podamos, como sepamos después del alto precio que hemos pagado. Así no. Así no más. Así no más lecciones. Así no más lecciones ni más dolor. Así no.

S.O.S Valencia

Solo tú con tu fuerza has podido devastar en apenas unas horas una parte de mi ciudad. Te has llevado por delante vidas enteras de personas que se despertaron un martes sin saber que sería el último. No puedo odiarte más porque sin tocar a nadie de mi familia le has arrebatado todo a muchos que no conozco. A otros a los que quiero les has herido el alma y el recuerdo. Ya no serán los mismos. No hay vuelta atrás.

Llegaste antes que nosotros y eres la dueña, me queda claro. Te habíamos olvidado porque hacía mucho que no te veíamos y sí habíamos dejado de temerte pero has destrozado mi tierra, a sus gentes y un futuro marcado por una catástrofe que no olvidaremos.

Pudiste asomarte y darnos tiempo a llegar a nuestras casas, subirnos a los pisos altos, abastecernos de lo necesario y prepararnos. Al menos hubiera estado bien saber que esto era una partida de ajedrez porque aunque nos hubieras puesto en jaque mate al menos te habríamos plantado cara. ¿Querías ganar? Lo has hecho. ¿Darnos una lección? Nos la has dado. A nosotros sí, a los que tenemos los pies llenos de fango, a los que hemos pasado horas incomunicados, a los que hemos pasado miedo y angustia.

Nos creíamos fuertes. Pensábamos que estaba todo controlado. Y en una décima de segundo te has cargado todo. Ojalá pueda entender algún día que has venido a enseñarnos. La pandemia nos dejó sin aliento pero tú has cambiado nuestro futuro para siempre. No he vivido una guerra pero supongo que esto es lo más parecido. Nos has arrollado. No has dejado que nos asomáramos al precipicio directamente nos has lanzado a él.

Veo tu color marrón adueñándose de miles de calles. Hogares que se han impregnado de tu olor. Miles de personas intentando aclarar lo poco que les queda y aquí sigues amenazándonos con tus nubes. ¿Qué más quieres de nosotros? Más frágiles no podemos estar y necesitamos ayuda. Deja al menos que nos llegue.

Nunca me gustaste. Siempre te di espacio entre mis miedos. Pero ahora me pareces terrible. Saldremos adelante porque la humanidad es imperfecta pero mantiene su instinto de supervivencia intacto. Pequeños pasos que nos harán volver a empezar porque si de algo estoy segura es de que todo pasa y tú también pasarás aunque ahora lo hayas hecho por encima de todos nosotros.

Desde aquí mi más sentido abrazo a todas y cada unas de las personas que se hayan visto arrolladas por esta D.A.N.A de 2024. Serás imborrable pero te superaremos.

Valencia está anegada de agua y barro. Las instituciones llegan tarde como casi siempre y vivimos en un caos del que no sabemos ni cómo ni cuándo saldremos. Nuestras fuerzas y esperanzas flaquean y ahora no podemos debilitarnos. Ya después buscaremos a los responsables pero ahora necesitamos que se gestionen bien todos los recursos. Hay muchas personas vulnerables que necesitan ayuda. Personas ancianas, de movilidad reducida, enfermas, niños pequeños, familias que se han quedado sin casa y un largo etcétera.

Equinoccio de otoño

Hoy ha empezado oficialmente el equinoccio de otoño. Los grados han empezado a descender, los días son más cortos y las rebecas empiezan a salir del armario. El cielo nos regala días nublados y nuestros pantanos van recuperando parte del agua gastada en la época estival. Se llama ciclo de la vida y es maravilloso comprobar como todo funciona tal y como ha de hacerlo.

Por más que queramos el verano recogió sus días de sol, sus sombrillas y bañadores. Quedó atrás junto a todos esos recuerdos que conforman nuestro pasado. Podemos dejarle marchar junto con todo lo vivido sea bueno o menos bueno. Hay puertas que es mejor no volver a abrir para evitar que viejas heridas nos recuerden que están ahí.

Cada pasado es diferente aún siendo el mismo para algunas personas porque cada uno trae una experiencia de vida y vive las cosas de distinta forma. No podemos esperar que todos tengan nuestra visión sobre el mismo pasado o que sientan lo mismo. Hay corazones dispuestos a agitarse y otros simplemente a latir a su propio ritmo. Ningún ritmo es mejor que otro porque el mejor siempre será el que podamos soportar aunque haya días que a penas tengamos latido.

Siempre he defendido que los trenes pasan una y otra vez pero hay estaciones en las que no deberían pararse de nuevo ni trenes a los que debamos subirnos otra vez sabiendo que ese destino ya no es para nosotros. A veces pensamos que el pasado fue lo mejor que tendremos sin abrirnos a lo que tenemos ahora y en ese pensamiento se nos olvida abrazar fuerte a quienes tenemos cerca y forman parte de nuestro presente. Ningún pasado podrá mejorar un buen presente y ningún futuro vendrá a mejorar el aquí y ahora porque hay instantes que no vuelven.

Miradas que no se encuentran, besos que se pierden, planes que no concluyen y corazones que no laten juntos por no saber vivir el presente y darle todo el espacio de nuestro pensamiento a un pasado que ya no existe. El poder del pensamiento acaba dirigiendo nuestros recuerdos hacia ese pasado. No vamos a poder cambiarlo pero sí construir nuestro presente y decidir quién o qué queremos que esté ahí.

Hay calles por las que ya no pasearé. Caminos que no retomaré. Espacios que no compartiré. Lugares que ya no son míos . Hay fronteras que no atravesaré. Hay límites que no derribaré. Hay silencios que no guardaré y ruidos que no oiré.

El pasado es ese espacio de tiempo y ese lugar al que ir a refugiarse con los buenos recuerdos aceptando que hubo cosas que no se dieron y amores que no pudieron ser. Solo así podremos darle al presente el lugar que le corresponde.

Y del futuro, mejor dejamos que vaya llegando despacito como lo hizo este equinoccio de otoño.