Enamorarse

Enamorarse al oler el arroz de tu madre y saber que hay un tupper esperando en la nevera siempre para ti.

Enamorarse al escuchar a abuelo y nieto hablando de las cosas sencillas de la vida. A uno le gusta ir en autobús y el otro prefiere el tren.

Enamorarse de los dibujos que te hacen unas manitas llenas de inocencia y de amor sabiendo que te eligieron a ti.

Enamorarse de abrazar a alguien que hace mucho tiempo que no ves y saber que puedes llorar en su regazo.

Enamorarse de quien acaricia tu pelo, te besa en la frente y te susurra que mañana saldrá el sol pero si llueve estará ahí con su paraguas esperándote.

Enamorarse de la rutina, conocer los límites, hablar desde un buen lugar y saber callar cuando llegó el tiempo para hacerlo.

Enamorarse de ese banco en el que te puedes sentar a tomar el sol en silencio y recordando lo que te hace feliz.

Enamorarse de quien se confiesa, de quien asume sus faltas, de quien no promete pero actúa, de quien se mantiene firme y de quien camina a tu ritmo pudiendo salir a correr.

Enamorarse de uno mismo, de las oportunidades que se le presentan y de saber que un día todo pasa y que cada uno ha de pagar sus cuentas.

Enamorarse cualquier día porque lo fácil es hacerlo un catorce de febrero. Sin corazones rojos ni flores pero con la dulzura suficiente para reconocer que el otro es el otro y que nuestras expectativas están en nosotros no en el otro.

Enamorarse sabiendo que el amor no duele pero que todo lo puede.

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