La única verdad…

Nunca hubo una sola verdad. Siempre fueron todas y cada una de todas las personas que hubo allí. Cada una con su herida, cada una con su presente y su pasado. Cada una pidiendo al futuro que la suya fuera la única. ¿Para qué buscar la verdad de lo que no entendemos? El juego nunca estuvo ahí si no en aceptar que fuera la verdad que fuera no teníamos la fuerza para aceptarla.

Lágrimas que debimos guardar para cuando la verdad no pudiera superarnos. Pero nos superó porque no supimos ver que las marionetas son solo eso muñecos que aceptan que los hilos no se mueven solos pero no pueden hacer nada para que dejen de moverse. Saben que si esos hilos se cortan ellas caen y quizás nada pueda remendarles.

Quizás igual que verdades hubieron muchas mentiras porque las medias no existen. Se miente o no se miente. Nada de verdades a medias ni de intenciones confusas. Las mentiras que nos decimos a nosotros son como cuchillos recién afilados. Nos cortan por dentro. Sabemos más de lo que queremos admitir pero a veces aceptamos una mentira porque nos duele menos que una verdad.

Nadie en este mundo conoce toda la verdad ni nadie posee la verdad absoluta. Erramos muchas veces dejando en manos ajenas toda la verdad. Desconocemos la verdad de lo que somos y justificamos nuestros errores queriendo convencer al resto de algo que no sabemos. Cuantos contadores de verdades, cuantos ladrones de verdades, cuantas automentiras y cuantos sueños perdidos por verdades que nunca lo fueron.

Cuando alguien intenta convencerte de su verdad pero sobre todo de quien eres tú ante su verdad, sal corriendo porque está reflejando su verdad en ti y no hay nada más peligroso que creer en alguien que usa al resto como espejo de sus mentiras.

No uses la mentira como una tabla de salvación y enfrenta la verdad aunque duela porque más duele descubrir que vives en una gran mentira. Y al final queramos o no el show ha de continuar con los que quieran vernos con todas nuestras luces y sombras porque para días de sol sobran las propuestas pero para los días de lluvia solo unos cuantos te ofrecen refugio bajo su paraguas.

Y como la vida es enrevesada a más no poder la mentira se cuenta fácil y tiene adeptos pero la verdad a veces duele y la gente huye de ella. Todos lo hacemos en algún momento del camino, huir hasta que estamos preparados o hasta que la vida nos obliga a ello…

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