
Veo asomarse el mes de septiembre y mi cabeza empieza a ponerse en “modo inicio de curso”. Si algo tengo claro es que desde que soy maestra y madre mis años empiezan en septiembre y acaban en junio. Una buena coctelera de sentimientos se agitan dentro de mí. Quiero estirar el verano y todas sus buenas vibraciones pero también mi cuerpo necesita volver a la rutina. Lo sé, suena aburrida, llena de obligaciones y volverán las prisas, el estrés y los millones de cosas por hacer pero regresarán los cafés de las mañanas con mi loquita favorita, los abrazos en medio del pasillo con mi amiga hermana que me sostienen para todo el día y las sobremesas llenas de risas.
Ojalá pueda contener en el tarro de la memoria todo lo que he vivido y aprendido este verano. Ojalá nunca me rinda en querer ser una mejor versión de mí misma para mí y el resto. Ojalá se asiente dentro de mí esa semilla de pensamientos llenos de luz que me han hecho vivir una maternidad serena y llena de abrazos. Ojalá nunca olviden mis pequeñas campanillas todos los recuerdos que hemos construido juntas este verano: conversaciones eternas, actividades creativas, excursiones, fotografías, deportes, desayunos tardíos y sueños muchos sueños por los que luchar.
Ha sido un verano de muchos kilómetros, mucha arena y montañas verdes. Sé que nací en el sitio que tenía que nacer pero he aprendido que allá donde hayas sido feliz has de volver siempre. Sabía que era más de verdes que de azules pero no que los necesitaba para respirar, no que me emocionaran hasta las lágrimas y que si algún día me pierdo será en mi lugar favorito con mis tres amores cerca.
Hemos venido con la única misión de aprender y evolucionar por eso mi mente curiosa no cesa de querer absorber todo el conocimiento que pueda. Mirando mi cuerpo frente al espejo he entendido que las arrugas están y ahí se quedarán pero que cuidaré mi rostro con mimo. Que hago deporte porque me mantiene sana y equilibrada pero que no tendré un cuerpo perfecto. Que cuidaré más lo que entra por mi boca porque alimentar el cuerpo también es alimentar el alma. El tiempo me ha enseñado que nada se puede hacer contra las embestidas que la vida nos trae pero con salud y fuerza todo se supera.
Y si me estás leyendo y has tenido un verano de esos para tachar en el calendario también es un verano. Si has llorado más que reído también es un verano. Si te ha faltado el aire, si no has tenido ninguna foto que subir a tu red social, si estás triste o te sientes solo también es un verano. Quizás ahora no veas la salida, quizás te estás comparando con alguien y pienses que su vida es mejor y a lo mejor es así pero mira atrás y verás que hay alguien deseando tu suerte y tu verano aunque tú ahora no lo creas. Si me preguntan cuál es la frase que me salvó el peor verano de mi vida fue “todo pasa y esto también pasará”. Habrá un punto final aunque no sea el que tú quieras pero lo habrá y volverás a respirar. Nada será igual, tú no serás igual pero solo la fe, tu fe te hará libre.
Y si has tenido un verano bonito, de esos para recordar abrázalo fuerte y refúgiate en él cuando los días de otoño hagan caer sus hojas o cuando el invierno enfríe tus manos. La vida son pequeños momentos de felicidad y si este verano fue uno agradece al cielo y siéntete en paz con el universo. Merecedores de un pasado que tenemos que sanar para dejar un presente limpio y un futuro que no duela.
¡Hasta siempre verano 2025 con todos tus días, tus amaneceres y tus atardeceres cubiertos de verdes y azules!
