
Querida hija te eduqué para que entendieras que en la diferencia está la verdadera belleza. Que no hace falta ser todos iguales y pertenecer a la masa pero que la decisión es tuya y nadie puede condicionar tu respuesta.
Ahora no lo entiendes y no sabes de qué hablo porque tu mundo es algo distinto al que muchas mujeres han vivido. Eres libre y te sientes libre pero alguien te dijo alguna vez que “el fútbol era para chicos”, supongo que alguien celoso con tus dotes con el balón. Te hicieron sentir muy diferente por serlo y cediste por un tiempo. Aquel no era tu lugar. Porque tu lugar es aquel en el que puedes ser como quieras ser sin ataduras y burlas.
En ti veo la lucha de otras muchas chicas que tiempo atrás no se habrían atrevido a pedir un balón para reyes. Niñas que han sido infelices jugando a muñecas y cosas de chicas y que jamás calzarán unas botas. Niñas que se dedicaron a la danza cuando sus piernas deseaban golpear un balón bien lejos.
El tiempo pasó y seguí comprándote todos los balones que me pediste. Dejaste las diademas para los días de fiesta y empezaste a ajustarte la coleta. Cambiaste los dibujos animados por ver técnicas para perfeccionar tu destreza con los pies y tus lienzos se llenaron de personajes que como a ti les encanta el fútbol. Había una semilla en ti y nadie ha podido detener su crecimiento.
La sociedad cambia. Ahora las chicas ganaron la copa del mundo y consiguieron su estrella dorada. Alzaron su trofeo y gritaron por los esfuerzos de otras a las que ahogaron sus palabras reclamando los mismos derechos. Y no solo hablamos de dinero, si no también de respeto mutuo. Un señor desde su palestra, desde su cargo decidió ser noticia cuando debió quedarse en un segundo plano y dejar que ahora sí quienes brillaran fueran ellas. Supongo que nadie le ha enseñado los límites dónde están pero quizás ahora sí sea el momento hija mía de mostrar al mundo que todo no vale y que como te he repetido desde que eras pequeña el cuerpo de cada uno es el cuerpo de cada uno y nadie tiene derecho a profanarlo sin consentimiento.
Querida hija queda mucho por hacer. No se trata de ser unos más que otros pero sí iguales en derechos y obligaciones. Hay muchas personas apoltronadas en ideas erróneas acerca de lo que las mujeres somos. Si callamos aceptamos y si hablamos somos feministas. Parece un insulto pero aprenderás con el tiempo que el feminismo necesita seguir existiendo porque el machismo así lo reclama.
No todos los hombres ni mujeres gustan de los extremos. Algunos preferimos el equilibrio. Y sí reclamo un feminismo equilibrado y justo así como reclamo más voces alzadas en contra de actitudes que dejan a la mujer como protagonistas de una historia equivocada que no es la de un beso consentido si no la de haber conseguido llegar a la cima dentro de un deporte que siempre se ha considerado que estaba en manos de los hombres y solo de ellos. Porque estas mujeres no han tenido ni los mismos apoyos, ni las mismas oportunidades ni la misma recompensa por un mismo trabajo.
Con su triunfo algunas niñas sienten que tienen un referente femenino al que querer parecerse. Querida hija quizás ahora sí aquellas voces que un día te dejaron sentada llorando y te obligaron a elegir entre ser chica o chico masquen lentamente sus palabras.
Da igual dónde juegues, con quién, cómo o para qué porque verte ser feliz mientras lo haces es tú gran triunfo. No haber renunciado te hace ser grande. No puedo prometerte que el mundo vaya a cambiar rápido pero sí que usaré mis palabras siempre para seguir recordando al mundo que ser mujer es ser mujer nada más que eso y todo.
