Fe

Frente al espejo veo un rostro que acusa el paso de los años. Indicios de todo lo vivido y de un estrés que me consume algunos días y que hace que mi ojo enfermo no acabe de recuperarse. No lo hará nunca. Es el precio que tienen los sueños que se cumplen a destiempo.

Me costó aceptarme así tal cual. Pero sé que mi mirada con mis ojos grandes y marrones no engaña. No aprendí a callar con los ojos pero sí a silenciar mis palabras en batallas que no son mías. Podría ganarlas pero las situaciones que desgastan solo hay que dejarlas ir.

Leía días atrás acerca de la cultura romana y todo lo que ella nos dejó. Ella nunca perdonó a los traidores. Nosotros aprendimos a hacerlo desde los labios pero no desde el corazón. No siempre, no con todos, no en el amor. Quizás no somos distintos a ellos que mataban con la espada y nosotros con el rencor.

Recordé que las ciudades nunca se moverán del sitio. Que cada uno elige y en sus elecciones está su destino y que quizás con las palabras se hiere pero con nuestras elecciones también lo hacemos. Que somos libres pensadores pero no ejecutores y que a veces no necesitamos una amnistía si no aceptar que el que quiere estar, está y el resto sólo es ruido.

Sopla un viento muy fuerte estos días y mi cabeza vuela. No hay manera de recoger mi pelo y a mi alrededor el polvo hace estragos en mi nariz. Ayer me dediqué a escuchar el silencio, a veces las cosas sencillas son las que más se echan de menos. Estoy aprendiendo a cocinar mis proyectos despacio porque el tiempo come mis ambiciones.

No tengo la sensación de “otoño”. Es una estación que no conozco. Y mi cuerpo no sabe ni por donde va. Mi armario mezcla colores cálidos y fríos y estoy muy cansada de un verano que no se va. Mis pies empiezan a estar fríos por la noche pero durante el día arden.

La rutina llena mis espacios y sé que siempre es así en los arranques de curso escolar. Sé que mi bandeja de tareas no va a vaciarse hasta dentro de unas semanas. Escucho las demandas de todos los personajes y ellos mis súplicas para que acepten su papel. No hay vuelta atrás. Ser padre es sacrificio y aunque es una palabra dura es la pura verdad. Pero si no nos sacrificamos por el futuro como vamos a saber honrar el pasado.

Los que me conocen saben que a pesar de todos los males siempre saco mi sonrisa e intento que los de mi alrededor también lo hagan. Nuestros plazos deberían ser de 24 horas. Así viviríamos como los que ganaron todo y no perdieron nada. Dice mi terapeuta que aún no sé soltar el control y que la vida está poniéndome mil desafíos para que lo suelte.

El año acaba y aún no tengo mis objetivos para el año próximo. Más bien no quiero revisar los del anterior y prefiero mirar hacia nuevos caminos y horizontes perdonándome por lo no alcanzado y aceptándome así de imperfecta pero con la certeza de que soy leal a mí misma y que si he podido soltar el control cuando la vida más se descontroló puedo volver a hacerlo ahora y siempre. Fe.

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