
Falté a mi cita de escribir semanalmente y hacerlo de manera programada. Me faltó tiempo pero me falló más la constancia. Y eso duele porque no me canso de repetirles a mis pequeñas campanillas que la inteligencia no les llevará a cumplir sus sueños pero sí la perseverancia y creer en ellas mismas. Los techos están hechos de límites y aunque todos los necesitamos para que este mundo funcione a veces no son necesarios y acrecientan nuestras dudas.
A mí que no me gustan las superficies planas quizás porque aprendí a vivir con curvas, transito por planicies. Acostumbrada a subir pequeñas cimas mi cuerpo se conforma con andar miles de pasos sin ponerse los pies de gato. No me gusta pertenecer a ese grupo de personas que se reconocen cansados, estresados y sin mucho tiempo para nada pero mi cuerpo me habla y mi garganta no proyecta mi voz.
La primavera que llegó lo hace desplegando todos sus estados y mostrándose inconformista como siempre. Vivimos en un mundo lleno de emociones que nos atraviesan y con los años aunque las mantenemos a raya hay algunas que simplemente no podemos dejar pasar o tapar.
Lo más importante es volver al equilibrio y saber agradecer cada día las bendiciones que recibimos. No solo las grandes si no las pequeñas que nos alegran el alma. Sentirnos desafortunados es fácil cuando no conseguimos lo que por derecho creemos que merecemos. Nuestra mente muchas veces no juega en nuestro equipo y nos enreda buscando el mínimo resquicio para no ser agradecido.
Nuestro objetivo no puede ser felices siempre si no saber qué hacer cuando los días son grises para serlo. El tiempo se escapa entre nuestros dedos y lo perdemos en cosas que no podemos cambiar, personas que no lo harán y en disputas que nos agotan. Quizás es el momento de cerrar algunas puertas y apartar a algunas personas. El tiempo de solo escuchar y no opinar. El tiempo de confiar más y dirigir menos. El tiempo de entregarse de verdad al futuro y entender que es una gran bendición.
Y mis dos revoluciones me enseñaron a encajar todas las derrotas porque ellas son mi dos victorias. En los días en los que siento que aunque haga las cosas bien las cosas no me salen, en esos días en los que siento que no llego a todo pero sobre todo a todos, en los que quiero enseñar mi mejor versión y no me funciona, en los que se me clavan los ojos de desaprobación, es en esos en los que mi Fe no puede fallarme. Es ella la que me sacó de la locura y ella la que con planos o curvas es la que me salvará y me recordará que solo soy una pequeña semilla intentando florecer en una tierra árida y que seguirá creciendo en busca de la luz.
