
El COVID me apretó el alma y dejó el aire de mis pulmones suspendido. Pero la DANA ha conseguido silenciarme y robarme las palabras y las ganas de escribirlas. Cuatro letras que han devastado mi ciudad y cientos de familias sin hogar. El problema no ha sido quitar tu barro si no dejar de verte, de olerte y de sentirte bajo nuestros pies. Tu huella será imborrable y no vamos a poder pasar página en mucho tiempo. Seguiremos contando tu historia pero el final lo escribiremos nosotros.
Podemos hacer una lista de todas las pérdidas que nos has provocado pero lo más difícil de superar no será lo que se ve sino el desequilibrio mental y emocional que dejas en muchos. Algunos no sufrimos tu daño directamente pero has jugado con nosotros no sabiendo a qué ayudar, a quien ayudar ni cómo hacerlo. No todos estamos preparados para cargar con tu fango pero sabes una cosa, cada acción, cada pensamiento, cada ventana que se ha abierto a la caridad del tipo que sea es una victoria que sube a nuestro marcador.
Nunca pensé vivir una pandemia y mucho menos una catástrofe. Estoy harta de vivir momentos históricos. Y miro al cielo para encontrar una respuesta a una pregunta que no haré. Tambaleas mi Fe y me debilitas la esperanza cuando sabes que ya aprendí a perder. Me acechas con nuevos miedos a los que barro con mi escoba para echarlos fuera.
Hay ríos de tinta hablando de ti. Estás en boca de todo el planeta. Has hecho llorar y desesperarse a medio mundo y aunque el orgullo me puede he de agradecerte que entre las víctimas no hay nadie de mi familia y amigos. Una de las cosas que me has enseñado es que la soberbia del ser humano será quien acabe con la raza humana. No lo hará una pandemia, una catástrofe o un ataque alienígena. Seremos nosotros queriendo imponernos al rumbo de la naturaleza y creyendo que lo sabemos todo.
Me has tocado con tu sable y has hurgado un poquito en algunas heridas pero a penas he sangrado. Me has llenado de ideas, algunas más buenas que otras y me ha costado volver a la calma. Me has quitado el derecho a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día. Casi aniquilas mi sentido del humor pero reírme y hacer que el resto lo hagan siempre fue mi mejor terapia.
Has sacado muchas cosas buenas que estaban escondidas de muchos. Nos has abierto un poco más los ojos ante una clase política que no nos merece como votantes. Ahora es el momento que nos dejes y te disuelvas entre el sol y las nubes.
No vuelvas nunca. Ya eres historia. Ahora deja que construyamos nuestro futuro como podamos, como sepamos después del alto precio que hemos pagado. Así no. Así no más. Así no más lecciones. Así no más lecciones ni más dolor. Así no.
