El tiempo no se mide en segundos…

El tiempo que pasas con una persona no determina lo que la conoces. Puedes haber pasado años y saber cómo toma el café. Puede que hayas visto su mejor cara y viajado con ella a lugares remotos pero saber que ha tenido un mal día solo por cómo contesta a tus mensajes eso no se mide en tiempo si no en palpitaciones. No todos estamos destinados a todos.

No podemos medir el tiempo en segundos porque así se nos escapan muy rápido de las manos y los desaprovechamos casi todos en rodeos que no conducen a nada. Adelantando vidas que no llegarán, mareas que nunca subirán y angustias que no serán más que ligeros mareos.

El tiempo está hecho para medirse en todas las experiencias que viviremos, en los retos que superaremos y en lo sueños que pelearemos. Porque si algo nos enseña el tiempo es que todo cuesta todo y que nada llega por nada. Que la vida te da y te quita, tal vez, más de lo que desearías pero nunca menos de lo que necesitas. Porque para vivir no necesitas a nadie solo oxígeno y eso el universo te lo da sin pedirte nada a cambio.

El tiempo es la mano que te coge cuando tienes miedo, el paraguas que te cobija bajo la lluvia y el silencio en mitad del ruido. Es el mar en calma, son las lágrimas que fluyen y los recuerdos bonitos de un pasado que no volverá como tampoco el tiempo que invertimos en entender en vez de aceptar.

El tiempo me llevó siempre a dos dígitos. He querido huir de ellos y aunque de algún modo ya no resuenan en mí con tanta fuerza no puedo olvidar que soy un trece por el resto de mis días. Nací bajo su marca. Y él se marchó bajo la suya pero luego me trajo su corazón y ya no pude odiarlo. Me he tatuado sus números en una lengua sagrada para honrar mi cuerpo que es mi templo y aceptar mi destino con honor y no con dolor.

Mi mente se enreda en el tiempo y vuelve a abrir unas costuras que fueron cerradas. Quiere ganarme la partida atacando mi vulnerabilidad porque no me gusta perder el tiempo y sabe que la paciencia no me alcanza. Pero si algo he aprendido es que las personas no se pierden porque no nos pertenecen y las que están son las que han de estar.

El tiempo no se mide en segundos pero ellos saben cómo marcharse de nuestros días a todo correr sin casi darnos cuenta. Me he prometido intentar ser consciente de cada segundo que dejo escapar en personas, situaciones y vidas que no lo valen para poder gastar esos segundos a partir de ahora en la mía y en la de los que me rodean que valen cada segundo.

Larga vida a los segundos que suman y no restan…

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