
En dos días dejas atrás una etapa que te ha convertido en una niña que lloraba cada mañana al cruzar la puerta de Infantil durante mucho tiempo y ahora es esa niña risueña que coge su mochila cada mañana sabiendo que va a un lugar siendo feliz.
Miro las fotos de los primeros días cuando agarrabas fuerte mi mano para calmarte y ahora siento que tus abrazos son los que me calman a mí para que sienta que puedo ir en paz a trabajar.
Has crecido tanto, has cambiado tanto sin dejar de ser tú y nos has demostrado que solo necesitabas un poco más de tiempo. En el corral los gallos siempre han querido cacarear más alto pero con paciencia y aprendizaje has entendido que todos tenemos límites y has tenido que aprender a ponerlos.
Eres lista muy lista para saber que la perfección no existe, que está bien pedir ayuda cuando se necesita y que no te gustan las anclas porque quieres absorber todo lo que el mundo puede ofrecerte.
No tengo ninguna duda que jamás olvidarás a tu primera maestra. Estoy convencida que ha sido la mejor y la que necesitabas. Te ha enseñado más que letras y palabras. Aprender a superar las dificultades y a defenderse en la jungla es lo que te mantendrá a salvo y es ella con todo su cariño y paciencia quien lo ha hecho.
Cuando subas al escenario y recojas tu diploma de graduada veré en ti a esa pequeña niña que llegó a mi vida cuando menos la esperaba y más la necesitaba. Mis ojos se emocionarán sabiendo que emprendes una nueva etapa que te llevará a nuevos aprendizajes, experiencias y aventuras. Sé que estás más que preparada pero voy a estar ahí bien pegadita a ti acompañándote cada día igual que a tu hermana.
Mi Pequeña Graduada II me tienes el alma colmada de todos los “te quieros” que me escribes, de los abrazos que me das cada mañana y cada noche y de verte irradiar ese brillo allá donde estás.
No cambies mi Pequeña Campanilla II y no dejes que nadie apague tu luz.
