Sol de otoño

El nuevo curso ha arrancado en medio de un verano que no nos deja del todo. Un septiembre que nos mete a trompicones en la rutina y con la mente aún nublada por el verano nos pide que tomemos decisiones para los próximos diez meses aún sabiendo que no todas serán acertadas. Siempre será mejor avanzar que retroceder o quedarse quieto. Mejor decidir mal que no hacerlo.

Hace unos veranos atrás establecí como objetivo reescribir mis estrellas porque sabía que algunas nunca desaparecerían como las heridas que se convierten en cicatrices pero siempre duelen. Basta una canción, un olor, un sabor o un lugar para devolvernos a aquel instante que siempre formará parte de nuestra historia de vida. Hay personas que no solo pasaron por nuestro camino sino que nos acompañaron un buen trecho y dejaron sus huellas y hay otras que llegaron para cogernos de la mano y nunca soltarnos. Elige si tú eres del equipo que acompaña o del que no suelta cuando el viento sopla fuerte.

El sol de otoño cada día está más bajo y los días se acortan y nuestro cuerpo va notando el cambio de estación. El ritmo de los días empieza antes y el despertador suena cada mañana para que nos pongamos en pie. Mi cuerpo despierta con el amanecer y baja sus latidos cuando anochece. Para mantener mi cuerpo y mi mente en equilibrio he necesitado escucharlos pero sobre todo aprender mucho, leer más y practicar cada día. Y con esto he aprendido este año a priorizar mi salud siempre que pueda porque cuerpo solo tengo uno y necesito que me sirva para muchos años más.

El cuidarse por dentro y por fuera no debería ser un privilegio ni una necesidad. Tendríamos que verlo como la única opción. Es la sociedad más avanzada que ha conocido la humanidad pero también es la más cansada, deprimida y ansiada. Es la más comunicada y en la que más gente se siente sola y desconectada. La sociedad más formada y menos informada y la que más acceso tiene al conocimiento y que menos conoce y sabe vivir el día a día como el regalo que es.

Bombardeados de imágenes creadas por la inteligencia artificial, llenas de filtros y ocultando verdades incómodas, les vendemos una realidad a nuestros niños y jóvenes que no existe. Porque lo importante no es lo que han podido hacer o no este verano o donde han viajado, lo importante es saber que han hecho con lo que han vivido, como lo han filtrado y si lo han digerido como un verano más si no ha sido el mejor de sus vidas o como una bendición si lo ha sido.

Mientras vamos afilando de nuevo los lápices y compramos rotuladores de colores, aprendo de las nuevas etapas que enfrentan mis pequeñas campanillas. Una adolescencia que pide confianza y dejar hacer mientras yo aún veo a esa niña pequeña a la que llevar de la mano y dejar en la puerta de su colegio. Y ella que leerá como si nada este post dirá eso de que soy una sentimental y yo la abrazaré fuerte porque es mi suerte número uno. Y tengo a mi niña primaria que no recuerda lo que hace en el cole cuando le pregunto pero sé que está intentando adaptarse a todos los cambios y entender lo que es hacerse mayor. Y ella que es mi suerte número dos es mi talón de Aquiles igual que mi pequeña campanilla I.

No hay nada que traiga más dudas, más miedos, más incertidumbres que ellas. No hay más deudas que me importen saldar que las que contraje con ellas y no hay más lágrimas saladas que las suyas. Tampoco hay más amor del bueno, del auténtico y del que sana que el suyo. Los amores van y vienen aunque algunos permanecen pero lo importante del amor de los hijos no es el que ellos te dan si no el que tú les das y aunque puedan equivocarse jamás dejas de acompañarles. Quizás no sea febrero ni el mes del amor pero hace doce años nació mi primer auténtico amor y se marchó entre las hojas del otoño uno de los dos amores más grandes que nunca tendré. Siempre será para mí el mes del amor, de ese amor que te lleva a tocar el cielo pero también del que te trae nostalgia pero de la que te llena y de la que te hace sonreír al pensar que vas a estar ahí en ese puente de madera cada partido.

Esto no ha hecho nada más que empezar…¡Carpe Diem!

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