
No soy un pasado que duele y un futuro que quema. Soy el aquí y el ahora, un presente con luces y sombras pero que sigue adelante cada día sabiendo que todo pasa.
No soy la herida ni la caída porque me sigo lastimando y cayendo. Tampoco la que lame las heridas ni la que no se levanta. Soy la que mira sus cicatrices y agradece lo aprendido y la que se levanta una y otra vez.
No soy la expectativa de nadie ni un modelo a seguir. Pero soy una entre mil. No soy rosa con espinas. Soy el junco que soporta el viento fuerte pero se mantiene en pie.
No soy silencio. No soy oscuridad. Tampoco ruido ni la luz del faro que guía. Soy palabra que no calla aunque debería a veces hacerlo. Soy escucha activa y esa risa que rompe el drama innecesario.
No soy la paciencia perfecta ni la idea fija. No soporto la espera ni la lentitud. Cambio de idea muchas veces pero no juego con la lealtad y soy clara. No soy de blancos o negros. Me gustan los colores.
No me gustan las casillas ni los laberintos. Juego a las cartas aunque casi nunca me toca el AS. Leo las entrelíneas y tengo memoria. Siento mucho y demuestro más solo a unos pocos.
Soy fuerte pero tengo dos debilidades. Si ellas vuelan yo lo hago con ellas per si su corazón tiembla el mío late a la velocidad del colapso. No las amamanté para que no se rompan si no para que no necesiten a nadie que junte sus trozos.
No soy de segundas partes pero sí de muchas primeras veces. Soy de manos dadas y espacios seguros. Soy de casa y vida tranquila. Soy de cuidarme y escuchar mi cuerpo. Soy de rutinas y horarios. Soy de quien es y está. Soy de aprender. Soy más de viernes que de domingos. Soy de planes más que de regalos. Soy de tiempo no de joyas. Soy de viajes.
Soy de creerme que me conozco pero sigo escribiéndome por si se me olvida…
