Creo y no creo

No creo en los amores rápidos. Esos que se dan en una noche de verano bajo la luz tenue de un candil. No creo en esos amores que suben como la espuma y después vuelven a bajar como la bruma del mar.

No creo en los amores que te hablan alto en los oídos y te miran poco a los ojos. Esos amores no conocen el brillo de tus ojos y no puedes ver si mienten sus palabras.

No creo en los amores que queman por dentro y desautorizo en mi vida y en la de cualquiera los que matan por fuera. No soporto la idea de que lo que escuece cura porque nadie debería herirnos.

No creo en los amores que se van de puntillas, que se ocultan, que están llenos de complejos y miedos y que tiemblan ante la idea de tener delante al amor más verdadero que jamás conocerán.

No creo en los amores que se pierden, que tiran la toalla y abandonan antes de llegar al final del partido. No creo en esos amores que ahogan y que aprietan el alma como quien ata sus cordones del zapato.

Pero…como buena creyente, creo en los amores que nacen de la nada y crecen despacio, dando tiempo al tiempo y pasando por todas las estaciones. Creo en los amores burbujeantes que se adaptan a cualquier tiempo y lugar.

Creo en los amores que primero te miran a los ojos y aguantan tu mirada. En aquellos que respetan tu espacio, aprecian tu presencia y a los que pesa tu ausencia.

Creo en los amores que no cosen tus heridas pero no echan sal en ellas. Aquellos que te hacen reír en las peores situaciones, que te dan paz aunque el resto del mundo esté en guerra y que apagan la luz del pasado encendiendo la del presente.

Creo en los amores que son verdaderos, que se aceptan y te aceptan con todas tus mochilas. En aquellos que se apuntan a tu viaje y que te hacen volar aunque sigas aferrada a tu zona de confort.

Y como buena creyente solo puedo creer en los amores valientes, que juegan sin saber cual será el resultado dándolo todo, que te sostienen cuando te flaquean las fuerzas y que jamás cortan tus alas.

Creo en los amores que saben que el amor no duele, no daña y que permanecen a tu lado cuando todos se van. Y creo firmemente que sí podemos elegir a quien querer. Todos nos enamoraremos al menos una vez en la vida de forma lenta y unas cuantas de forma rápida. Pero tenemos que ser conscientes que los planes del cielo nunca vienen con prisa así que si ese amor viene con mucha premura mejor escuchar a esa voz que nos dice que no convirtamos a un amor pasajero en un amor del “para siempre” porque nuestro corazón está en un riesgo alto de hacerse añicos.

Creo en el amor antes de conocer incluso el desamor. El primero te eleva a las alturas pero es el segundo el que te enseña a escoger, a qué si y a qué no y el que te lleva a la casilla de salida. El amor no se busca. El amor se sueña, el amor se cuida, se mima y se comparte para iluminar y dar luz a todos los que nos rodean. Y eso sí es amor…todo lo demás es pura ilusión…

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