Brujas y princesas destronadas

Tanto se ha escrito acerca de las brujas y tanto se ha dicho que nos ha quedado la imagen de una mujer poco agraciada físicamente, de carácter horrible y de sentimientos feos hacia el resto del mundo. Pero en verdad el mundo está lleno de grandes mentiras y ésta es una de ellas.

Las brujas eran mujeres hermosas que aprendieron el funcionamiento del mundo antes que nadie, que estudiaron todo lo que la naturaleza podía ofrecernos y que aprendieron a disfrutar de la vida y a vivirla intensamente.

Su desgracia fue ser mujeres y tener un conocimiento que no tenían los hombres. Cualquier fallo por pequeño que fuera las llevaba directamente a la hoguera acusadas de asesinas. Ayudaban a enfermos a curar sus males, traían niños al mundo y eran sabias, muy sabias. Quizás demasiado para un mundo gobernado por hombres.

Elaboraban sus propias cremas y medicinas naturales. Sabían de la importancia de las fases lunares y amaban su cuerpo porque él era su templo. Dicen que danzaban los días de luna llena y que habían pactado con el diablo. La gente acudía a ellas a escondidas para lograr un embarazo o curar el mal de amores.

Poco a poco la literatura fue afeando su rostro, vistiéndolas de negro, convirtiéndolas en seres malignos y transformando sus elixires en potentes venenos. Las describen como envidiosas, avariciosas y destructivas cuando ellas en realidad se dedicaron a dar vida a la vida.

En nuestros días se cuentan muchas leyendas acerca de ellas. Pero en esta sociedad nuestra del siglo XXI aún damos por válidos rumores y chismes sin comprobarlos y sin pensar en el honor de las personas de las que se habla.

Los rumores mataron la imagen de las brujas. Muchos rumores matan cada día la autoestima de muchas personas. El ser humano que es el único capaz de usar el lenguaje lo hace muchas veces para dañar. Si supiéramos el alcance de nuestras palabras quizás las engulliríamos antes de pronunciarlas. Si entendiéramos las consecuencias de nuestras decisiones las maduraríamos antes de tomarlas. Si fuéramos realmente capaces de ponernos en el lugar del otro y entenderle actuaríamos con cabeza pero también con corazón. Si amáramos realmente al otro no cabría el egoísmo en nosotros.

Nunca fui muy seguidora de princesas y más y las de los cuentos clásicos que solo deseaban ser rescatadas. La paciencia no me alcanza para esperar a que nadie venga a salvarme y tampoco le concedo ese poder a nadie sobre mí. Pero si de personajes de cuento hablamos las brujas no me asustan las que sí lo hacen son las princesas destronadas. Perder su posición, bajar de rango y dejar de ser el centro de atención ataca su orgullo. Y no hay nada más peligroso que un orgullo dañado. A veces quitarse la corona cuesta pero el verdadero problema es de quien deja que siga ocupando un trono que ya no le corresponde. Un día la magia desaparece y la fantasía se convierte en realidad y es ahí cuando ya el único destello que queda es el de los fuegos artificiales.

Larga vida a las brujas.

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