Querido otoño…

No es un otoño de hojas secas en el suelo ni de rebecas de lana finita para los primeros aires que soplan fresquitos. No es un otoño de planes consolidados y agenda cerrada. Y si hay algo que aún me cuesta sobrellevar es el descontrol y la falta de equilibrio a mi alrededor.

No es un otoño tranquilo… no lo está siendo y a penas en los primeros días he tenido que rescatar las lecciones de mi terapeuta. Aparentemente tranquila por fuera pero con pequeños fuegos por dentro que solo pueden apagarse con mucho tesón pero sabiendo que las ascuas están ahí aún calientes.

Los otoños son amados y odiados a partes iguales pero siento que el mundo anda agitado, nervioso y muy cansado de un verano que no acaba. Trabajamos con las horas del invierno pero con temperaturas de un clima tropical que ralentiza nuestros movimientos y nubla nuestras decisiones.

El mes de septiembre nos trajo en sus horas finales la luna de la cosecha. Este año nuestra tierra está agotada y nos dará pocos frutos. Algunas granizadas han dañado nuestros cultivos pero bajo los árboles de los bosques húmedos nos han prometido encontrar todo tipo de setas.

El viento no sopla siempre en la misma dirección ni nosotros caminamos siempre por la misma senda. Hoy festejamos lo ganado, mañana lloramos lo no conseguido. Pero lo importante es seguir estando para vivir lo que nos toque. Puede que la paciencia no me alcance en algunas situaciones ni sea capaz de esperar a que las cosas sucedan y las personas pasen pero el tiempo me enseñó a golpe de lágrima que seguir hacia delante te acerca a lo que quieres conseguir.

Los tiempos se reinventan. Los murales del otoño se visten de hojas pintadas a mano porque nuestros árboles aún lucen muy verdes. Recibimos la herencia que necesitamos no la que creemos merecer. Construimos la vida que queremos y nos convertimos en tiranos de nosotros mismos buscando una perfección insana. Prometemos cosas que no sabemos mantener por nuestras debilidades. Gastamos nuestras fuerzas en sitios y con personas que no valen el precio que pagamos.

Quizás este otoño no está resultando fácil. Añorar el verano desgasta y esperar el invierno abruma, así que mejor atarse fuerte las zapatillas y confiar en aprender a generar momentos que nos alivien y personas que nos den el aliento que necesitamos aunque no estén cada día para abrazarnos.

Querido otoño has llegado, cumple tu misión y haz que te recordemos con una sonrisa. Sabemos de la dureza del invierno y tú siempre nos has preparado para su llegada. El mundo anda revuelto y algo desquiciado. Sé nuestro norte y llévanos por el camino correcto.

Deja un comentario