
Cerramos otro curso lectivo. Hemos recogido materiales, limpiado nuestras pizarras y guardado todo en los cajones. Otro año más que nos deja huella y que nos hace acumular un montón de papeles. Mis ojos están cansados pero más mi cabeza que a estas alturas necesita cerrar puertas y ventanas para volver renovada en ideas y ganas.
En esa carpeta de los buenos recuerdos guardo notas de cariño y dibujos hechos por ellos a los que he acompañado estos dos años. Muchas horas juntos, experiencias y anécdotas que recordaremos a veces con nostalgia pero siempre con cariño.
Sé que soy exigente con una generación que es frágil como el cristal y con unas familias sin tiempo que no llegan a todo pero que han olvidado que el colegio jamás podrá suplirles en su labor como educadores principales. Y si bien es cierto que muchos pasan más tiempo conmigo que con ellos también lo es que mi trabajo es prepararles para todo lo que la vida va a exigirles. Queramos o no al final es una nota numérica la que nos acerca a nuestros sueños de convertirnos en un profesional.
Tal vez la educación esté obsoleta en algunos aspectos pero dejarla en manos de la tecnología ha dejado claro que es un fracaso. Estamos inmersos en un momento en el que la inteligencia artificial acabará redactando los trabajos de nuestros alumnos pero nadie sabrá coser un botón o cambiar un enchufe.
Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte y doy fe que estos dos años no sé si me han hecho fuerte pero me han enseñado a dejar que la tormenta pase y a saber que si tengo salud mental la partida es mía por encima de cualquier resultado. También he recordado que soy maestra de niños pero no de adultos y que no tengo el título de psicóloga ni de enfermera pero sí hay que atender se atiende con la mejor voluntad aunque a veces se entienda como desatención y otras como exageración.
Ser madre y maestra me da la perspectiva para saber qué tipo de madre quiero ser para mis hijas. Estar dentro me ayuda a tener todos mis sentidos despiertos y a respetar aún más a sus maestras que las cuidan y las miman con firmeza. Nunca olvido que sé cómo son ellas en casa pero no fuera de ella. Y aunque me interesen sus números más lo hace que sean buenas personas con el resto.
Clausuramos este curso agradeciendo lo enseñado, lo aprendido y abrazando a todos los patitos que ya vuelan hacia un nuevo curso.
¡Feliz verano maestros! ¡Nos lo hemos ganado!
