
Y llegó tu momento, ese que esperas cada año, ese que vives con tanta ilusión, el día de tu cumpleaños, el día de soplar las velas de tu tarta y el día de arrancarnos a todos una sonrisa de oreja a oreja al verte tan feliz.
Será porque eres un pedacito de mí pero jamás he conocido a ningún niño con tanto derroche de cariño y regalando tantos abrazos. Aún no lo sabes pero hay abrazos que curan y los tuyos son de esos. Son de los que alargan vidas.
No quieres ser la pequeña porque piensas que eso es una desventaja. Hay cosas que aún no puedes hacer pero sé que hay pocas que dejarás de hacer si realmente las deseas porque a tus seis años vienes pisando fuerte. Bailas con una entrega que puedo adivinar en cada paso que es tu forma de expresar todo aquello que llevas dentro.
Os miro a tu hermana y a ti sabiendo que vosotras sois las niñas que yo hubiera querido ser. Listas, fuertes, valientes, revolucionarias… Y me siento feliz de haberos traído a este mundo para mejorarlo porque sois el mejor regalo que he podido hacerle a mi sistema.
Sé que te me escapas y aunque eres independiente me hace feliz que cada día me despidas con tanto amor como si fuera el último y me recibas cuando regreso como si hubieran pasado días. Quizás tú hayas entendido mejor que nadie cómo funciona esta vida.
Sabes Pequeña Campanilla II que nunca prometo nada que no pueda cumplir pero voy a acompañarte en cada paso que des y en cada tropiezo voy a darte mi mano por si la necesitas para levantarte. Me da igual los años que tengas y lo lejos que vivas. Un día habitaste en mí y un hilo invisible nos mantendrá unidas para siempre.
Eres junto con tu hermana mi mejor declaración de amor y sé que el destino os trajo hasta mí para hacerme mejor persona porque no hubiera conocido lo que es el amor verdadero sin vosotras.
¡Felicidades mi Pequeña Campanilla II! Mi pequeña gran revolución y mi pequeño gran amor.
Te quiero, mamá.
6 de febrero de 2025
