
Solía pensar que noviembre venía cargado de dulzura después de un octubre que nos trae el otoño y nos quita la frescura del verano. Pero este año noviembre ha sido duro como los meses de invierno. Niebla metal, palabras que se atascan en la garganta, aire retenido en los pulmones incapaz de ser exhalado, heridas que se reabren, viejas culpas y una mochila que pesa.
Las batallas que más duelen se libran solos. En ellas no se derraman lágrimas ni se teme a los rivales. Lo que da más miedo de ellas no son la oscuridad y el silencio en el que te sumergen si no saber que antes o después tendrás que mirarte delante de un espejo y admitir que estás hecha de pedazos de historias que duelen. Y para eso llega el adviento para saber que es el momento de volver a confiar, ¿en qué? ¿En quién? Quizás no estés en un momento de saber ni en quién ni cómo pero no puedes dudar de ti mismo. La cabeza se equivoca y la mente nos engaña pero el corazón no porque carga con todos los latidos que cuentan nuestra historia.
Veinticuatro días para esperar una llegada, una señal, una luz, una estrella o para aceptar que no podemos cambiar las montañas de sitio pero sí aprender a subirlas. Levantarse cada día proponiéndose dar importancia a lo que lo tiene y acostarse agradeciendo los pequeños momentos del día a día. Esos que le dan sentido a nuestra vida y que nos iluminan por dentro. El adviento viene a encender esa luz que todos portamos dentro pero que dejamos que el viento la apague de un solo soplido.
Si fuéramos conscientes que con nuestras palabras salvamos el día de alguien, que con nuestra sonrisa secamos las lágrimas de otro, que con nuestros abrazos calentamos los corazones necesitados dejaríamos el belicismo entre nosotros. La vida no consiste en saber quien tiene razón si no en quien sabe ganar con el silencio. La vida no puede ser sostener una monotonía de conversaciones que no llevan a ningún lugar si no de sostenerse unos a otros como los ejércitos de naipes que no dejan hueco entre ellos.
Antes del adviento he arreglado mi armario acomodando mis jerséis de invierno y colocando mis bufandas en primera línea. En estos días antes de su llegada me desharé de la chatarra mental, limpiaré la emocional y cerraré las conversaciones pendientes. Mi voz volverá a sonar clara y me centraré en crear en lo que creo, palabras. Para alguien solo son palabras pero para otros son esa chispa que enciende la llama de la esperanza del adviento. Y eso espero del adviento que llegue esa brisa que me renueve por dentro, que despeje mi mente y temple mis emociones antes de la venida de la verdadera luz del invierno.
¡Feliz adviento! 🌿

Precioso🩷
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Un texto introspectivo, luminoso en medio de la sombra, que invita a la pausa, a la coherencia interior y a encender de nuevo la esperanza.
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