Confieso

Confieso que no estoy hecha para vivir con miedo pero aún así hay momentos en los que lo hago. Y me revienta el alma sentirme tan pequeña y vulnerable.

Confieso que confío en el cielo y acepto su voluntad pero emerge en mí la resistencia y mantengo una lucha interna entre mis creencias que son mi luz y las sombras que me acompañan.

Confieso que mi me mente me enreda y me coloca delante de abismos que solo existen en ella. Y me desequilibrio y empiezo a torcer mis líneas. Y es gracias a mi consciencia que dejo de saltarme renglones.

Confieso que no me siento cómoda en este mundo que estamos destruyendo. En esta sociedad que no sabe convivir y que va a la deriva sin rumbo pero dirigida por quienes elegimos.

Confieso que el otoño es mi estación favorita del año y que en sus hojas secas yo veo vida. Una vida que se fue y la esperanza que la primavera traerá otra. Y bajo sus hojas escondo toda la añoranza por los que se fueron.

Confieso que no le veo el encanto a los vampiros ni a los muertos ensangrentados pero que me encantan las brujas encarnadas por mujeres sabias que usaban sus conocimientos para sanar.

Confieso que miro a mis Pequeñas Campanillas y deseo que jamás carguen con los finales no resueltos de sus ancestros. Ojalá no sientan que vinieron a arreglar nada pero siempre los honren. Creo que no hay mejor legado que enseñarles a amarlos con pureza.

Confieso que quizás esté en la curva de la “u” esperando a alzar el vuelo. Sé que no será igual porque todo nos cambia pero aprendí con el tiempo que a veces sólo hay que esperar a que pase la tormenta.

Confieso que echo de menos confesarme a mí misma y perdonarme por mis faltas. El camino de la perfección y de la culpa son caminos largos de recorrer, a veces, angostos y parece que siempre están ahí.

Os confieso que una parte de mí se queda en estas palabras y otra la elevo al cielo.

Amén.

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