
Tan heridos y tan rotos como muñecas de porcelana donde las piezas ya no encajan y solo dibujan cicatrices.
Tan solos y silenciosos rodeados de miles de personas y un ruido constante que nos colma la paciencia.
Tan emperadores de un imperio que no es nuestro y viviendo con las prisas de los perdedores.
Tan cansados de todo y todos pero siendo actores de una vida de la que dejamos de ser los actores principales.
Tan temorosos de tomar las decisiones que necesitamos por miedo a no saber vivir con lo que deseamos.
Tan capaces de todo por alguien que no nos merece y de nada por quien nos lo da todo.
Tan poco agradecidos por lo que tenemos y ansiando lo que creemos merecer sin apreciar que muchos renunciaron a todo para que nosotros podamos hoy respirar.
Tan incapaces de aprender del pasado transitando de puntillas por un presente que nada sabe del futuro.
Tan preocupados de ser amados sin saber amar, de querer ser comprendidos sin comprender y correr sin haber aprendido a andar.
Tan anclados a lo material y a lo superficial. Tan elevado nuestro ego y tan baja nuestra humildad. Tan queriendo ser parte de un todo cuando no conocemos nuestro yo. Tan elevados al cielo cuando nuestros pies necesitan tocar el suelo. Tan mayores dejando que nos domine nuestro niño interior que bate con sus pies la tierra.
Tan vendedores cuando no aprendimos a comprar. Tan limitados cuando solo buscamos ser libres. Tan consejeros de otros.
Tanto buscar el ideal, lo perfecto, la felicidad absoluta, el diez en el examen, el récord mundial, encajar a cualquier precio, subir a un rascacielos y rodar sin límites… y llega el día que lo ideal cambia, que la felicidad es relativa, que un cinco está bien, que ya no vale encajar, que nos gusta vivir en una planta baja y que establecerse en un tiempo y en un espacio es lo que queremos.
Tan y tanto que nos queda por vivir pero sabiendo que el hacer las cosas bien no significa que consigamos lo que queremos y que hay veces que las cosas no pueden ser y las personas tampoco. Hay zapatos que no encajan y no todos los tacones son para todo el mundo. Los días de sol también hay lágrimas y el siete no siempre es mágico.
Tan y tanto…
