
El pensamiento tiene todo el poder sobre nosotros. Nos controla, nos descontrola, nos llena y vacía, nos lleva hasta arriba y nos baja hasta el abismo. Nos nubla y nos esclarece. Nos sitúa y nos aparta. Nos hace aparecer y desaparecer. Nos refleja y nos engaña. A veces nos miente y otras nos grita la verdad.
El pensamiento es esa voz que no calla nunca. Que nos pregunta, que nos cuestiona, que nos saca de nuestra zona, que nos hace reflexionar, que nos muestra eso que duele, que nos impulsa a la acción y a decidir. El poder del pensamiento es ese que una vez te impulsa a la acción y a la decisión y ya no hay nada ni nadie que pueda pararlo.
Lo importante es saber distinguir el buen pensamiento del que no lo es. El primero querrá nuestro bien, nos hablará con firmeza pero con dulzura. El otro, nos dejará sin aire, oprimirá nuestro pecho, cortará nuestras alas y nos quitará la libertad de elegir porque usará el miedo para dominarnos.
Todos tenemos miedo a no saber hacer las cosas, a equivocarnos, a cometer los mismos errores, a no estar a la altura, a no saber responder a las expectativas y a nuestras autoexigencias. Todos nos dejamos dominar por el miedo pero a veces hay que ponerse delante de él reconociendo su poder sobre nosotros y aún así caminar hacia lo que queremos.
Pensamiento y miedo son la mayor arma de destrucción que puede haber sobre nosotros mismos. A veces cuando los pensamientos nos comen por dentro es necesario parar a mirarlos, a escucharlos y saber si los necesitamos o no. Algunos son pura chatarra, otros solo palabras y unos pocos de los buenos son los que nos sacan de la línea roja.
Llevo un tiempo en esa línea roja. Tan roja que ha ganado esta partida. Sin aliento, oprimida. Reprimida, constreñida y sin ser libre. Poco a poco esos pensamientos me han derrotado hasta hacerme enfermar físicamente. Y han sido unas pocas palabras de alguien a quien escuchaba por primera vez las que me han vuelto a situar y darme cuenta cuanto pensamiento sucio necesito lavar en este tiempo de descanso para volver a ser quien quiero ser y merezco ser.
A veces el vaso desborda. Desbordan los acontecimientos, los sentimientos, las emociones, las circunstancias y todo se descontrola. A veces no se sabe muy bien cómo se llega ahí. Y necesitas que tu terapeuta te diga que no hay nada que puedas hacer porque la vida ha querido todo eso para ti y tú todo eso de la vida. Y es ahí cuando te permites llorar porque no hay nada más sanador que dejar que las lágrimas se lleven todo lo que tú mente sabe pero tu corazón no entiende. A veces hay que saberse frágil para volverse más fuerte.
Decir que el tiempo lo cura todo es poco para todo lo que el tiempo puede hacer por nosotros. No hay nada ni nadie que pueda ayudarnos más que nosotros mismos cocreando pensamientos amables con nuestras circunstancias porque ellas no van a cambiar pero nosotros sí y el poder del cambio existe dentro de todos solo hay que creerse más esos pensamientos que nos empujan a él. Todo no serán unicornios de colores ni arco iris pero hay pequeñas cosas que parecen imposibles y un día sin magia se consiguen.

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