
Siempre he pensado que durante el verano los niños crecen más que durante el invierno. No creo que haya nada científico en esta afirmación pero tal vez mi profesión hace que deje de ver durante unas semanas a mis alumnos y cuando regresan en septiembre el cambio sea más que evidente.
Este año te ha tocado crecer a ti. De repente no soy yo la que apoya su rodilla en el suelo para mirarte a la altura de tus ojos si no tú la que me mira cara a cara queriendo entender que hasta nuestro cuerpo se nos descontrola sin que podamos hacer nada salvo cuidarlo, quererlo y amarlo tal cual es. Tenemos un envoltorio que protege lo que realmente somos. Con el tiempo cada cosa acaba colocándose en su sitio y termina esa etapa de desconcierto.
Hay preguntas que no tienen la respuesta que tú quieres y hay otras que no estás preparada para escuchar. Sé que hay preguntas que ni yo puedo contestarte y otras que por el momento duelen. También sé que sabes el límite y eres lo suficientemente sensible para saber que hay puertas que aún no puedes abrir y que te faltan algunas llaves. Sabes que no me canso de repetirte que las cerraduras no hay que forzarlas así que si ahí no encajas busca ese lugar que te está esperando en el mundo.
Los días que me coges de la mano sé que sigue en ti esa niña, mi niña, mi Pequeña Campanilla I. Sigues queriendo tu sitio en el sofá a mi lado sea invierno o verano. Me has confesado que quieres seguir creciendo para volar alto, para ser mayor, para vivir experiencias nuevas, viajar, compartir tiempo con tus amigas pero que quieres que yo me quede así en este punto de mi vida, con estos años, con estas arrugas, con esta energía y con todo lo que la vida nos regala cada día. Pero sabes que ni aún vendiendo mi alma al diablo podremos detener el tiempo.
Eres más fuerte de lo que crees y más valiente de lo que necesitas. Piensas sola, sientes sola y sabes quien sí y quien no. No necesitas ninguna mano que meza tu cuna y solo el tiempo encaja las piezas. Solo se rompen algunos platos pero quizás llegue el día que a alguien si se le rompa toda la vajilla y entonces ya no sea posible pegar los trozos. Ojalá ese día no llegue pero para entonces nadie podrá ahogar tu voz y serán otros lo que se queden sin palabras.
Voy a maldecir a todos y todas los que te rompan el corazón, los que te hagan sentir indiferente, los que te excluyan, los que no te permitan ocupar el lugar que te corresponde, los que intenten apagar tu brillo, los que te digan que no puedes y los que intenten enloquecerte. Pero aprenderás que el problema son ellos no tú y que en el fondo actúan atacados por sus miedos, sus demonios, su baja autoestima, su falta de autoconocimiento y su poco amor a si mismos. Quien se quiere y se respeta no le pierde el respeto a nadie y asume desde su yo adulto sus faltas. Aprenderás a reconocer los niños interiores heridos y huirás porque junto ellos jamás podrás ser tú.
Palabrita de mamá que todo pasa, y esto también lo hará. Solo la esperanza sabes que es lo que nos levanta cada mañana y yo nunca he perdido ni perderé la fe en ti. Sigue volando mi Pequeña Campanilla I.
