
A veces me pregunto en una vida cuántas veces puede morirse uno. Nos han enseñado que amar muchas y de muy diferentes formas pero, ¿y morir? Solo se muere una y, ya está, es el fin…no lo creo…
Sé que hubo muchas versiones de mí antes que ya murieron, otras que se resisten a permanecer y otras que aún no han nacido. De algunas me hubiera gustado despojarme antes y otras que permanecieran para siempre.
A veces me pregunto en un vida cuántas veces puede despedirse uno. Nadie nos enseñó a hacerlo cuando es un constante en nuestra historia. No hablo de decir adiós, hablo de dejar atrás y no volver a traer al presente a personas e historias que ya tuvieron su final.
Las heridas nunca sanan del todo pero no todas nos dejan cicatrices. Algunas se convierten en rasguños simples con el paso del tiempo pero si algo he aprendido es a no poner la tirita antes de que se haga la herida.
A veces me pregunto cuáles son los planes del alto para mi causa porque no sé si algún travieso ha cambiado la dirección de las señales. Voy recogiendo las miguitas para no perderme porque si algo es fácil es que yo me desvíe o pierda la señal GPS.
Cuantas veces he podido perderme es algo que guardo en mi pero confieso que de algunas fui consciente y no me arrepiento porque de ellas aprendí lo que me convenía y lo que no.
A veces me pregunto a qué lugar van las cartas que no escribimos pero que reproducimos en nuestra mente. Esas que no llegan a ese alguien. Quizás sea cierto que todos estamos unidos por un hilo rojo invisible pero algunas veces se nos enreda y otras se rompe. Está bien así. Así tenía que ser porque lo que está destinado a nosotros llega y lo que no se marcha por la puerta.
Ese hilo rojo se me enredó, se me ha rompió pero saqué mi aguja para volverlo a coser. Hay un extremo que nada consiguió que se deshiciera y cayera al vacío. Si me preguntan de dónde saqué la fuerza, responderé que no lo sé. Solo sabía que tenía que hacerlo. Una vez que das el primer paso, los siguientes van solos. Al principio mecánica y poco a poco consciencia.
A veces me pregunto porque mi mente no descansa. Inventa escenarios que no existen. Le atribuye un papel a personajes que no son protagonistas e imagina puntos y finales que son puntos y seguidos. Quizás mi energía esté ahí en mantener siempre los pies en el suelo pero sin dejar de vivir mis propios sueños.
