Dicen…

Dicen que las lágrimas de hoy son las risas de mañana.

Dicen que todos tendremos dos amores a lo largo de nuestra vida, uno que nos robará el corazón y otro que nos tocará el alma.

Dicen que el pasado nunca vuelve y si lo hace no tiene sitio en nuestro futuro.

Dicen que la mochila que pesa hoy es la que menos lo hará mañana.

Dicen que la culpa nunca se olvida pero se aprende de ella.

Dicen que una madre no se puede jamás sustituir y que la sangre llama a la sangre.

Dicen que si por las noches despiertas de repente es porque alguien está pensando en ti.

Dicen que cada uno tiene su lugar y que todos somos el lugar de alguien.

Dicen que hay puertas que jamás se cierran y otras que nunca se abren.

Dicen que los jueves saben a viernes y los domingos a lunes.

Dicen que si un año no te hizo reír o llorar que lo dejes pasar.

Dicen que hay miles de terapias pero solo un terapeuta para cada uno.

Dicen que una parte de nosotros se queda tras cada adiós, que en cada mudanza perdemos y encontramos algo, que los silencios duelen y las mentiras matan, que nadie se va para siempre y que los hermanos mayores abren paso a los pequeños.

Dicen que al lado de cada estrella que brilla hay miles alrededor esperando a brillar también pero que no esperarán a que se apague su brillo para cumplir su sueño.

Dicen que si deseas algo mucho y te abrazas a tu almohada lo verás cumplido aunque no hayas encontrado un trébol de cuatro hojas.

Dicen que mientras soñamos vivimos y que la vida sin sueños no es vida. Dicen que lo que ves en el espejo es lo que eres no quien quieres ser.

Dicen que algún día volveremos a encontrarnos en este mundo o en cualquier otro y entonces podremos volver a mirarnos a los ojos.

Dicen que no habrá paz para los malvados. Ni guerra que los buenos no puedan ganar.

Dicen que el sol sale cada día y que jamás podrá casarse con la luna. Dicen que algún día mi timbre volverá a sonar, serás tú pero yo ya no seré yo.

Dicen…

Cartas de papel

Me gusta escribir cartas. Sentarme delante de unos folios en blanco y dejar que mi corazón hable mientras mi lápiz va enlazando sílabas y palabras. Siempre me expresé mejor por escrito que de forma oral. A veces no soy capaz de decir en voz alta lo que me palpita por dentro y enmascaro con otros motivos la verdad de lo que me molesta o me duele.

Tengo guardadas unas cuantas cartas que he escrito, algunas podría destruirlas hoy mismo porque a quienes van dirigidas ya no forman parte de mi camino. Pero no lo haré porque expresan lo que sentí, lo que viví y lo que me han enseñado.

Mis Pequeñas Campanillas recibirán las suyas a su tiempo, en su hora y cuando necesiten darle sentido a su historia. Porque su historia está hecha de muchos pedacitos, algunos míos, algunos suyos, algunos de otros y algunos de muchos.

Ya no se escriben cartas ni se compran sellos. La tecnología más rápida y más eficaz ha apartado del día a día hojas perfumadas y sobres de colores. Las nuevas generaciones no conocen la emoción de abrir el buzón y recoger una carta escrita por un amigo. Los nervios de abrirla sin estropear el sobre y guardarla con el resto impregnando la habitación de dulces aromas.

Las cartas han sido la salvación, el por qué y el para qué de muchas personas. Las historias de amor más bonitas o más difíciles han sido contadas gracias a las cartas que los enamorados se escribían. Los adioses más dolorosos o los primeros amores han sido declarados antaño entre letras y papeles. Los duelos y las venganzas han sido tramadas y entregadas furtivamente por las noches.

Seguiré escribiendo mis cartas y guardándolas en ese cajón secreto. Quizás algún día compre muchos sellos y las envíe por correo postal. Mientras tanto voy a centrarme en mejorar esa torpeza mía para expresar en voz alta y cara a cara lo que necesito.