¡Feliz cumpleaños Pequeña Campanilla I!

No puedo creer que hayan pasado nueve años desde que me acosté aquella noche sin saber que sería la última que te tendría dentro de mí. De repente y sin esperarlo le diste un vuelco a mi vida y asomaste esa carita. Cuando nuestras miradas se cruzaron por unos pocos segundos entendí lo que era ser madre.

Contigo nació en mí ese instinto de protección y la necesidad de abrazarte fuerte antes de cada noche y de cada despedida. Sé que sabes que junto a tu hermana sois el gran amor de mi vida y aunque los años blanqueen mi pelo y mi mente olvide vuestros nombres jamás podrá borrar el amor que nos une.

Has sido una gran maestra para mí durante estos nueve años pero estos dos últimos de pandemia has resuelto mejor que nadie las ecuaciones que nos ha puesto delante la vida. He secado tus lágrimas, pacificado tu alma y al final he dejado que la vida te enseñe la mejor de las lecciones.

No hay ni un solo día que dude de la verdad de tus ojos y aunque me vuelves loca con tus historias cuando escucho el silencio echo de menos tu voz. Nadie como tú sabe coger mis manos y calentarlas entre las suyas y sé que en ese gesto me dices que respire y vuelva a la calma tras el ajetreo diario.

Veo la niña que eres e intuyo la mujer en que te convertirás y sé que solo podré acompañarte despacito y dejar que vueles. Me preguntas muchas veces por qué elegí el personaje de Campanilla para hablar de vosotras y siempre te cuento que es porque tenemos la necesidad de equivocarnos y la obligación de aprender de nuestros errores. La vida se encargará de darnos segundas oportunidades y de rodearnos de personas que nos ayuden a crecer.

Ojalá pudiera estirar tu inocencia y la bondad de ese corazón que a veces anda maltrecho. Sé que tengo algunas deudas contigo pero también sé que formas parte del círculo de mi vida y del de todas las mujeres que nos precedieron. Mi mayor compromiso es curarme a mí misma para que vosotras mis pequeñas campanillas sanéis.

Hace nueve años en aquella sala de partos sabía que nada podía salir mal. Fuiste la niña más buscada del mundo y sé que desafié al destino pero ante el cielo asumiré mis faltas y las tuyas.

No cambies nunca mi Pequeña Campanilla I… y el resto del mundo…es solo eso…mundo…

¡Te quiero!

Mamá

30 de enero de 2022

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