A la mitad de todo

Un año más se acerca ese día 13 para sumar un año más a mi cuenta. El saldo sigue siendo a mi favor y me siento agradecida porque aún con más dioptrías y alguna que otra arruga sigo sumando. Este año voló sin que a penas me diera cuenta y eso si es un signo de hacerme más adulta. Aún albergo la esperanza de apaciguar mi nervio y duplicar mi paciencia.

Hace cinco años estaba profundamente herida y llena de ira. Hace cuatro años mi corazón estaba hecho añicos. Hace tres años salí a bailar hasta que me dolieron los pies. Hace dos años me ajusté mi sombrero y desnudé algo más que mi cuerpo. Hace un año viajé al centro y puse sobre la mesa la puerta que nunca cerraría por nadie. Y este año…este año preparo una fiesta a mi modo, a mi estilo, recordando que soy una pero con muchas facetas.

Soplaré las velas y pediré algún que otro deseo pero sé que las cosas no llegarán si no salgo a buscarlas. Y si algo he aprendido es que todo llega a su debido tiempo y su ritmo. No hace tanto no entendía nada de lo que pasaba y ahora sé que fue lo que necesitaba que pasara. Es cruel y doloroso pasar por dolores y pesares y a pesar de todos los aprendizajes que me llevo nunca quise ser fuerte. Serlo ha supuesto proyectar a veces una imagen de mí misma que puedo con todo. Y no puedo como no podemos todos pero no me doy la opción a no poder. Ahí reside el instinto de superación y supervivencia. Saber que no puedes pero vas a hacerlo igualmente porque es la única opción.

Me gusta la organización y soy poco fan del descontrol aunque a veces los renglones se me tuerzan y no lleve los vestidos bien planchados. Y tengo la certeza de ser y sentirme afortunada por tener algunos hombros a los que ir a llorar, cafés que tomar, viajes que planificar y puertas que siempre se abrirán.

Veo en sus caritas de pequeñas campanillas la ilusión por ayudarme a soplar las velas y por guardarle el secreto a otros. Las veo a escondidas hacer un dibujo y escribirme una notita de amor. Me han prometido la primera canasta de su próximo partido y les he dejado elegir el menú de mi celebración salvo la tarta que será la misma desde mi infancia.

Y te veo a ti queriendo celebrar mi día cuando no te gusta celebrar el tuyo. Buscando un regalo cuando sabes que no soy buena recibiéndolos. Te has hecho cómplice de ellas y has conseguido que guarden secreto. Así se construyen los buenos equipos conociendo las debilidades del otro y amándolas sin cambiarlas.

El día 13 soplaré mis velas y encenderé una lucecita por todos los sueños que aún me quedan por cumplir y agradeceré que estuviste en mi vida desde mi primer aliento y le pediré al cielo seguir abriendo mis ojos al corazón…

No olvido quien soy…

Dejé la ventana abierta para que la luz de la mañana abriera mis ojos despacio y suavemente pero la tempestad la cerró con fuerza dejando la estancia sumida en una profunda oscuridad. Nunca pensé que la culpa fuera de la tormenta porque pude asegurarla bien pero dejé en manos del viento una decisión que era mía y solo mía.

Acepté una herencia que no quería. No fue un amor ciego pero pudo más la deuda con la sangre. Y ahora camino con más peso del que puedo cargar. Asumo que no voy sola y que un nombre es más que un nombre en un papel porque detrás de cada letra hay una historia.

Cuenta un anciano sentado en un banco de la plaza que hay vocales que abren las puertas del cielo y quien las porta será bendecido.

Construí una torre de cartas pensando que era una torre de piedras que aguantaría el paso del tiempo pero no fue así. Cayeron todas y fue entonces cuando empecé a construir mi torre. Levanté muros y un día salté todos y cada uno de ellos. Sigo en construcción y aún con obstáculos no dejo que se conviertan en muros.

Los años pasan y se adueñan de ideas que duelen. Se mantienen las incertidumbres y cambian los dolores de sitio. Pequeñas heridas que acaricias sabiendo que nunca desaparecerán y nuevos tatuajes que te recuerdan que no eres la misma persona.

Un piano abandonado en aquel salón suena de fondo y empieza a faltarle el aire a tus pulmones pero sabes que él nunca volverá.

Algunos ojos clavan su mirada en ti tal vez envidiando una vida que solo tú conoces. Quien sabe nadie sobre nadie. Todos juzgan y conjeturan acerca de una vida que no les pertenece mientras la suya se desvanece ante sus ojos. Tumbada en aquella camilla como un libro abierto alguien da cuenta de tu vida y pone en el sitio cada una de tus vértebras advirtiéndote que conseguiste todo lo que te propusiste pero el mundo olvida que fue con esfuerzo y lágrimas, muchas.

Siempre creí en los nuevos comienzos. Miré los finales como lo que son finales. Y ahora a la mitad de mi camino se me agolpa la vida. Los días me atropellan, las responsabilidades se multiplican y aparecen las dudas acerca de para qué con la certeza de saber que podré una vez más.

Imaginé quizás una vida distinta en un escenario totalmente diferente pero he sido bendecida con una fe que me salva de mí misma. El verano asoma y huele a mar. Quizás no pueda sumergirme totalmente en él pero puedo prometerme que eres el único por quien lo intentaría una vez más.

Y en días así creo firmemente que no sé nada solo que el amor es todo lo que hay.

La única verdad…

Nunca hubo una sola verdad. Siempre fueron todas y cada una de todas las personas que hubo allí. Cada una con su herida, cada una con su presente y su pasado. Cada una pidiendo al futuro que la suya fuera la única. ¿Para qué buscar la verdad de lo que no entendemos? El juego nunca estuvo ahí si no en aceptar que fuera la verdad que fuera no teníamos la fuerza para aceptarla.

Lágrimas que debimos guardar para cuando la verdad no pudiera superarnos. Pero nos superó porque no supimos ver que las marionetas son solo eso muñecos que aceptan que los hilos no se mueven solos pero no pueden hacer nada para que dejen de moverse. Saben que si esos hilos se cortan ellas caen y quizás nada pueda remendarles.

Quizás igual que verdades hubieron muchas mentiras porque las medias no existen. Se miente o no se miente. Nada de verdades a medias ni de intenciones confusas. Las mentiras que nos decimos a nosotros son como cuchillos recién afilados. Nos cortan por dentro. Sabemos más de lo que queremos admitir pero a veces aceptamos una mentira porque nos duele menos que una verdad.

Nadie en este mundo conoce toda la verdad ni nadie posee la verdad absoluta. Erramos muchas veces dejando en manos ajenas toda la verdad. Desconocemos la verdad de lo que somos y justificamos nuestros errores queriendo convencer al resto de algo que no sabemos. Cuantos contadores de verdades, cuantos ladrones de verdades, cuantas automentiras y cuantos sueños perdidos por verdades que nunca lo fueron.

Cuando alguien intenta convencerte de su verdad pero sobre todo de quien eres tú ante su verdad, sal corriendo porque está reflejando su verdad en ti y no hay nada más peligroso que creer en alguien que usa al resto como espejo de sus mentiras.

No uses la mentira como una tabla de salvación y enfrenta la verdad aunque duela porque más duele descubrir que vives en una gran mentira. Y al final queramos o no el show ha de continuar con los que quieran vernos con todas nuestras luces y sombras porque para días de sol sobran las propuestas pero para los días de lluvia solo unos cuantos te ofrecen refugio bajo su paraguas.

Y como la vida es enrevesada a más no poder la mentira se cuenta fácil y tiene adeptos pero la verdad a veces duele y la gente huye de ella. Todos lo hacemos en algún momento del camino, huir hasta que estamos preparados o hasta que la vida nos obliga a ello…

¡Feliz día mamás!

Ese hombro al que ir a llorar cuando el alma aprieta de verdad.

Esa llamada al salir de trabajar y que te ayuda a filtrar lo que el día te da.

Esas palabras que a veces necesitas y otras veces no quieres escuchar.

Ese paso y otro paso más aunque haya días que no sepas hacia donde vas.

Esas caricias en el pelo que alejan a los monstruos y te acercan a tus sueños.

Esa sopa caliente en la mesa que alimenta por dentro y quita el malestar.

Esa puerta siempre abierta y sin un cerrojo que echar aunque el viento la intente cerrar.

Ese silencio que entiende todo y que aprendió a no juzgar.

Esos brazos fuertes que siguen sosteniendo la herencia de unas mujeres que eligieron juntas caminar.

Ese día para agradecer al vientre que nos dio la vida y aceptó maternarnos para el resto de nuestros días. Para abrazar a esos brazos que nos acunaron y nos cuidaron. La sangre siempre llama a la sangre y el cielo nos unió mediante un cordón que jamás se corta.

Ese día para agradecer a quien nos quiere aunque no llevemos su sangre. Para recordar a todas esas mujeres que nos criaron y para abrazar fuerte a quienes no pudieron serlo. En algún momento serán la luz de alguien que las recordará con amor y cariño.

Ese día que celebro mi maternidad con mis pequeñas campanillas que me convirtieron en bimadre. No soy la mejor pero sí pongo todo mi empeño para ser ese hombro al que ir a llorar, esa puerta a la que entrar, ese silencio que calla y esos brazos que cuidarán el legado de una historia de mujeres que sanarán para un día no volver a solas caminar.

Planicies

Falté a mi cita de escribir semanalmente y hacerlo de manera programada. Me faltó tiempo pero me falló más la constancia. Y eso duele porque no me canso de repetirles a mis pequeñas campanillas que la inteligencia no les llevará a cumplir sus sueños pero sí la perseverancia y creer en ellas mismas. Los techos están hechos de límites y aunque todos los necesitamos para que este mundo funcione a veces no son necesarios y acrecientan nuestras dudas.

A mí que no me gustan las superficies planas quizás porque aprendí a vivir con curvas, transito por planicies. Acostumbrada a subir pequeñas cimas mi cuerpo se conforma con andar miles de pasos sin ponerse los pies de gato. No me gusta pertenecer a ese grupo de personas que se reconocen cansados, estresados y sin mucho tiempo para nada pero mi cuerpo me habla y mi garganta no proyecta mi voz.

La primavera que llegó lo hace desplegando todos sus estados y mostrándose inconformista como siempre. Vivimos en un mundo lleno de emociones que nos atraviesan y con los años aunque las mantenemos a raya hay algunas que simplemente no podemos dejar pasar o tapar.

Lo más importante es volver al equilibrio y saber agradecer cada día las bendiciones que recibimos. No solo las grandes si no las pequeñas que nos alegran el alma. Sentirnos desafortunados es fácil cuando no conseguimos lo que por derecho creemos que merecemos. Nuestra mente muchas veces no juega en nuestro equipo y nos enreda buscando el mínimo resquicio para no ser agradecido.

Nuestro objetivo no puede ser felices siempre si no saber qué hacer cuando los días son grises para serlo. El tiempo se escapa entre nuestros dedos y lo perdemos en cosas que no podemos cambiar, personas que no lo harán y en disputas que nos agotan. Quizás es el momento de cerrar algunas puertas y apartar a algunas personas. El tiempo de solo escuchar y no opinar. El tiempo de confiar más y dirigir menos. El tiempo de entregarse de verdad al futuro y entender que es una gran bendición.

Y mis dos revoluciones me enseñaron a encajar todas las derrotas porque ellas son mi dos victorias. En los días en los que siento que aunque haga las cosas bien las cosas no me salen, en esos días en los que siento que no llego a todo pero sobre todo a todos, en los que quiero enseñar mi mejor versión y no me funciona, en los que se me clavan los ojos de desaprobación, es en esos en los que mi Fe no puede fallarme. Es ella la que me sacó de la locura y ella la que con planos o curvas es la que me salvará y me recordará que solo soy una pequeña semilla intentando florecer en una tierra árida y que seguirá creciendo en busca de la luz.

Día del padre

Tuve el mejor padre que merecí tener y no por ser la mejor hija si no por ser la que él necesitaba. No estábamos de acuerdo en muchas cosas y conseguía sacarme de mis casillas pero era el único capaz de entender mi caos interno. Con los años ambos nos dimos cuenta que estábamos equivocados el uno con el otro y aún puedo escucharte leyéndome la cartilla para que aprendiera a leer las entrelíneas y no solo las letras.

No sé dónde han ido a parar todos los besos y abrazos que no hemos podido darnos pero supongo que ahí arriba los estás repartiendo con los tuyos aunque para ti nunca hubo bandos. Acogiste a los que no eran de tu sangre con amor y los sentaste a tu mesa tal cual caballeros de la mesa redonda.

No hacías las mejores paellas del mundo pero le ponías mucho empeño y valía la pena verte sudar tinta mientras esperabas el veredicto de la sala. Sabes que ya no te lloro pero sí te añoro y aunque he tomado muchas decisiones en estos años siempre supe que estabas ahí dejándome decidir por mí misma.

Dejaste cinco semillas por aquí, tan distintos, tan iguales y con preguntas que algún día vas a tener que responderles. Te hemos buscado en las nubes mientras viajábamos en avión y en el cielo estrellado te hemos encontrado por tu brillo. De pequeños nos hacías trucos de magia pero la magia es hablar de ti y que la gente que te conoció sonría.

Escribí algunos capítulos en este tiempo con tu ayuda en la distancia. He cometido algunos errores de cálculo y he contraído nuevas deudas pero sé que cuando se apague mi luz estarás ahí para encender el interruptor como siempre. Me enseñaste muchas cosas y sé que en algunas no te he hecho caso pero en eso de seguir adelante, de volver a confiar y de entregarse a un nuevo amor sí porque me mostraste que el amor es lo único que vale la pena.

No tendré más hijos ni volveré a ser madre. No haré realidad tu sueño de serlo pero ejerces como nadie. Ellas salieron ganando y les tocó el premio de ser queridas por partida doble. Encontraste tu lugar con cada una convirtiéndote en futbolista y columpiador profesional. Veo lo que ven en ti y me inunda de gran paz saber que aunque no llevan tu sangre sabrás cogerles de la mano si lo necesitan.

¡Feliz día a todos los papás del mundo! A los que lo eligieron, a los que son y a los que ejercen. Lo importante no es llevar los mismos genes si no quererse mucho y bien y para eso no es necesario un título si no un corazón bien grande.

Tipos de palabras: verbos

Enterrar lo que duele no hará que deje de hacerlo solo tapará la herida hasta que un día no muy lejano la tirita no pueda cubrirla por más tiempo. Excavar para encontrar bajo la herida tapada es un acto de valentía o inconsciencia y en ocasiones es mejor dejar las cosas como están.

Hablar de las cosas que nos separan nos acerca a la solución pero a veces el silencio es mejor que cualquier nota desafinada. Lo peligroso es cuando el silencio crea abismos pero no hay que temerlo si no más bien abrazarlo.

Dejar esperando a alguien sin ofrecerle ninguna respuesta es egoísta y cruel para con el otro. Si no hay respuesta el mutismo no puede ser la solución. Quien descubrió el café lo hizo para que millones de personas se sienten en una mesa todos los días a aclarar sus vidas.

Jugar unas cartas distintas a las acordadas es bailar con la mentira pero la luz siempre viene a iluminar las cosas oscuras. Querer cambiar aspectos del otro es el mayor de los errores cuando son el reflejo de quién eres tú.

Pensar más en el pasado que en el presente no es poner el punto y final a una historia que cumple su papel de historia. Jamás podrá salir de nuestra memoria pero recordarla con todo lo positivo que aportó a nuestra vida será el mejor cierre.

En el empeño de querer hacer feliz a otros siempre hay alguien que queda atrás, tal vez con voz pero sin voto. Kilómetros de distancia no ahogan los pesares de quien se quedó fuera. En todos los bailes nadie debería quedarse sin bailar.

Cada uno debería hacerse cargo de sus palabras y decisiones entendiendo sin juzgar que todos no llevamos los mismos zapatos. Hacerse refugio de alguien implica algo más que ofrecerle un techo y una ducha caliente. Compartir es vivir pero no a cualquier precio.

Los besos que no se dan se pierden en el país de los besos perdidos junto con los planes que no se cumplen, al lado de las oportunidades pasadas y de los trenes que se fueron. Aferrarnos a la razón frente a los latidos del corazón es una apuesta perdida.

Dejémosle al invierno nuestra cajita de secretos que guardamos para no dañar a otros. Abandonemos nuestro letargo y caminemos hacia la primavera que hace renacer en nosotros la esperanza de los nuevos comienzos.

No habrá paz para los malvados

No habrá paz para los malvados. Antes o después la vida o la muerte vienen a cobrarse sus deudas. Ningún daño es gratuito. Ninguna palabra que mata sale ilesa. Ser ladrón de la paz de otro pesa y llegará el momento en que le pesará más a él que a la víctima.

No habrá paz para quien responde atacando cuando no se trataba de defenderse si no de llegar a un acuerdo. Y no la habrá para quien renuncia a sus valores y prohíbe a otros acercarse a ellos. Un día solo la verdad será verdad y ese día llegará arrasando cualquier mentira.

No habrá paz para los que se esconden tras su desequilibrio y tiran de la cuerda para que caigan otros. No la habrá para quien resta en la vida de otros y no suma y para quienes no se silencian cuando no tienen nada bueno que decir.

No habrá paz para los que utilizan sus talentos para dañar y su fuerza para destruir los sueños de otros. No la habrá para quien manipula las palabras y ensucia la dulce inocencia de los que aún la conservan.

No habrá paz para quien desatiende sus compromisos y falta a su palabra. No la habrá para quien ríe cuando el de al lado llora por su maldad. La luz acaba destapando lo que hay debajo de las tinieblas.

Nadie tiene el permiso de quitarle la paz a otro. Nadie podrá vivir en paz sabiendo que dejó que otro se ahogara con sus dolores y pesares. No hay lugar en este mundo para esconderse cuando uno despierta a la verdad.

Nadie tenemos paz todos los días ni vivimos inundados de luz. A veces envidiamos la paz de otros pero no llegamos a ser constructores de paz. Acepto que siendo madre jamás volveré a vivir plenamente en paz porque me inunda el temor de no poder protegerlas de los ladrones de paz.

No sé si quienes roben la paz de mis pequeñas campanillas tendrán paz pero para mí serán unos malvados a los que habrá que poner límites y dejar claro que solo dejamos entrar luz, que nos gusta el blanco y los días soleados. No tengo capa ni espada pero sé que no dejaré que los malvados ganen.

Mucha paz y ojalá los malvados encuentren el camino hacia ella…

Enamorarse

Enamorarse al oler el arroz de tu madre y saber que hay un tupper esperando en la nevera siempre para ti.

Enamorarse al escuchar a abuelo y nieto hablando de las cosas sencillas de la vida. A uno le gusta ir en autobús y el otro prefiere el tren.

Enamorarse de los dibujos que te hacen unas manitas llenas de inocencia y de amor sabiendo que te eligieron a ti.

Enamorarse de abrazar a alguien que hace mucho tiempo que no ves y saber que puedes llorar en su regazo.

Enamorarse de quien acaricia tu pelo, te besa en la frente y te susurra que mañana saldrá el sol pero si llueve estará ahí con su paraguas esperándote.

Enamorarse de la rutina, conocer los límites, hablar desde un buen lugar y saber callar cuando llegó el tiempo para hacerlo.

Enamorarse de ese banco en el que te puedes sentar a tomar el sol en silencio y recordando lo que te hace feliz.

Enamorarse de quien se confiesa, de quien asume sus faltas, de quien no promete pero actúa, de quien se mantiene firme y de quien camina a tu ritmo pudiendo salir a correr.

Enamorarse de uno mismo, de las oportunidades que se le presentan y de saber que un día todo pasa y que cada uno ha de pagar sus cuentas.

Enamorarse cualquier día porque lo fácil es hacerlo un catorce de febrero. Sin corazones rojos ni flores pero con la dulzura suficiente para reconocer que el otro es el otro y que nuestras expectativas están en nosotros no en el otro.

Enamorarse sabiendo que el amor no duele pero que todo lo puede.

¡Felicidades Pequeña Campanilla II!

En unas horas cumples todos los años de una mano. Te colaste hace un lustro en mi vida aunque siempre supe que un día llegarías y que solo sería a tu tiempo y a tu modo. Parirte sé que fue lo más fácil y que has venido a romper mis moldes. Bendita la hora que me elegiste como tu madre con todos mis fallos porque mi mejor elección fue traerte pese a que han sido años llenos de olas gigantes y algún día te contaré agradecida que junto con tu hermana me salvasteis cuando había olvidado nadar.

Miro esa sonrisa de pillina que tienes y todas las leyes que intentas hacerme cumplir pero sabes que no podré dejarte ganar porque tienes mucho que aprender y aunque no sea yo quien te lo enseñe tendrás que dejar que te muestre como es el mundo al que un día te enfrentarás. Eres dulce como la miel pero con un toque de acidez que te hacen explosiva.

No recuerdo cómo era yo antes de que tú llegaras pero jamás podré olvidar ese primer minuto de tu vida encima de mi pecho perdonándonos por el tiempo que tuvimos que esperarnos. Sé que jamás volveré a albergar una vida dentro de mí porque junto con tu hermana cerré mis puertas y agradezco al cielo la oportunidad de haberlo vivido.

Cada noche te repito que te quiero hasta el infinito aunque creo que no sabes dónde está y que hagas lo que hagas, estés donde estés siempre habrá un hilo rojo que nos mantendrá unidas. Mientras bailas brillas aunque no te des cuenta y en que cada paso descargas toda la energía que te sobra.

Me derrites con tus razonamientos y tus “esto lo tenemos que hablar mami”. Un día abrirás la puerta y te despedirás con un abrazo pero sé que te encanta la aventura y dejaré que vueles. Maldeciré a quien os rompa el corazón a tu hermana y a ti. Me sentiré orgullosa de todos tus logros y te acompañaré en tus tropiezos. Y no habrá ni monstruos ni fantasmas que puedan alejarnos.

Eres fuerte, lista, decidida, persistente y la mejor maestra que tendré. Atisbo quien quieres ser y de donde vienes y aunque hay días que me colmas la paciencia los días de silencio puedo escuchar tu dulce melodía pronunciando las palabras que más me gustan, “te quiero mami”.

¡Feliz cumpleaños mi Pequeña Campanilla II!