El peso de los silencios…

El COVID me apretó el alma y dejó el aire de mis pulmones suspendido. Pero la DANA ha conseguido silenciarme y robarme las palabras y las ganas de escribirlas. Cuatro letras que han devastado mi ciudad y cientos de familias sin hogar. El problema no ha sido quitar tu barro si no dejar de verte, de olerte y de sentirte bajo nuestros pies. Tu huella será imborrable y no vamos a poder pasar página en mucho tiempo. Seguiremos contando tu historia pero el final lo escribiremos nosotros.

Podemos hacer una lista de todas las pérdidas que nos has provocado pero lo más difícil de superar no será lo que se ve sino el desequilibrio mental y emocional que dejas en muchos. Algunos no sufrimos tu daño directamente pero has jugado con nosotros no sabiendo a qué ayudar, a quien ayudar ni cómo hacerlo. No todos estamos preparados para cargar con tu fango pero sabes una cosa, cada acción, cada pensamiento, cada ventana que se ha abierto a la caridad del tipo que sea es una victoria que sube a nuestro marcador.

Nunca pensé vivir una pandemia y mucho menos una catástrofe. Estoy harta de vivir momentos históricos. Y miro al cielo para encontrar una respuesta a una pregunta que no haré. Tambaleas mi Fe y me debilitas la esperanza cuando sabes que ya aprendí a perder. Me acechas con nuevos miedos a los que barro con mi escoba para echarlos fuera.

Hay ríos de tinta hablando de ti. Estás en boca de todo el planeta. Has hecho llorar y desesperarse a medio mundo y aunque el orgullo me puede he de agradecerte que entre las víctimas no hay nadie de mi familia y amigos. Una de las cosas que me has enseñado es que la soberbia del ser humano será quien acabe con la raza humana. No lo hará una pandemia, una catástrofe o un ataque alienígena. Seremos nosotros queriendo imponernos al rumbo de la naturaleza y creyendo que lo sabemos todo.

Me has tocado con tu sable y has hurgado un poquito en algunas heridas pero a penas he sangrado. Me has llenado de ideas, algunas más buenas que otras y me ha costado volver a la calma. Me has quitado el derecho a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día. Casi aniquilas mi sentido del humor pero reírme y hacer que el resto lo hagan siempre fue mi mejor terapia.

Has sacado muchas cosas buenas que estaban escondidas de muchos. Nos has abierto un poco más los ojos ante una clase política que no nos merece como votantes. Ahora es el momento que nos dejes y te disuelvas entre el sol y las nubes.

No vuelvas nunca. Ya eres historia. Ahora deja que construyamos nuestro futuro como podamos, como sepamos después del alto precio que hemos pagado. Así no. Así no más. Así no más lecciones. Así no más lecciones ni más dolor. Así no.

S.O.S Valencia

Solo tú con tu fuerza has podido devastar en apenas unas horas una parte de mi ciudad. Te has llevado por delante vidas enteras de personas que se despertaron un martes sin saber que sería el último. No puedo odiarte más porque sin tocar a nadie de mi familia le has arrebatado todo a muchos que no conozco. A otros a los que quiero les has herido el alma y el recuerdo. Ya no serán los mismos. No hay vuelta atrás.

Llegaste antes que nosotros y eres la dueña, me queda claro. Te habíamos olvidado porque hacía mucho que no te veíamos y sí habíamos dejado de temerte pero has destrozado mi tierra, a sus gentes y un futuro marcado por una catástrofe que no olvidaremos.

Pudiste asomarte y darnos tiempo a llegar a nuestras casas, subirnos a los pisos altos, abastecernos de lo necesario y prepararnos. Al menos hubiera estado bien saber que esto era una partida de ajedrez porque aunque nos hubieras puesto en jaque mate al menos te habríamos plantado cara. ¿Querías ganar? Lo has hecho. ¿Darnos una lección? Nos la has dado. A nosotros sí, a los que tenemos los pies llenos de fango, a los que hemos pasado horas incomunicados, a los que hemos pasado miedo y angustia.

Nos creíamos fuertes. Pensábamos que estaba todo controlado. Y en una décima de segundo te has cargado todo. Ojalá pueda entender algún día que has venido a enseñarnos. La pandemia nos dejó sin aliento pero tú has cambiado nuestro futuro para siempre. No he vivido una guerra pero supongo que esto es lo más parecido. Nos has arrollado. No has dejado que nos asomáramos al precipicio directamente nos has lanzado a él.

Veo tu color marrón adueñándose de miles de calles. Hogares que se han impregnado de tu olor. Miles de personas intentando aclarar lo poco que les queda y aquí sigues amenazándonos con tus nubes. ¿Qué más quieres de nosotros? Más frágiles no podemos estar y necesitamos ayuda. Deja al menos que nos llegue.

Nunca me gustaste. Siempre te di espacio entre mis miedos. Pero ahora me pareces terrible. Saldremos adelante porque la humanidad es imperfecta pero mantiene su instinto de supervivencia intacto. Pequeños pasos que nos harán volver a empezar porque si de algo estoy segura es de que todo pasa y tú también pasarás aunque ahora lo hayas hecho por encima de todos nosotros.

Desde aquí mi más sentido abrazo a todas y cada unas de las personas que se hayan visto arrolladas por esta D.A.N.A de 2024. Serás imborrable pero te superaremos.

Valencia está anegada de agua y barro. Las instituciones llegan tarde como casi siempre y vivimos en un caos del que no sabemos ni cómo ni cuándo saldremos. Nuestras fuerzas y esperanzas flaquean y ahora no podemos debilitarnos. Ya después buscaremos a los responsables pero ahora necesitamos que se gestionen bien todos los recursos. Hay muchas personas vulnerables que necesitan ayuda. Personas ancianas, de movilidad reducida, enfermas, niños pequeños, familias que se han quedado sin casa y un largo etcétera.

Equinoccio de otoño

Hoy ha empezado oficialmente el equinoccio de otoño. Los grados han empezado a descender, los días son más cortos y las rebecas empiezan a salir del armario. El cielo nos regala días nublados y nuestros pantanos van recuperando parte del agua gastada en la época estival. Se llama ciclo de la vida y es maravilloso comprobar como todo funciona tal y como ha de hacerlo.

Por más que queramos el verano recogió sus días de sol, sus sombrillas y bañadores. Quedó atrás junto a todos esos recuerdos que conforman nuestro pasado. Podemos dejarle marchar junto con todo lo vivido sea bueno o menos bueno. Hay puertas que es mejor no volver a abrir para evitar que viejas heridas nos recuerden que están ahí.

Cada pasado es diferente aún siendo el mismo para algunas personas porque cada uno trae una experiencia de vida y vive las cosas de distinta forma. No podemos esperar que todos tengan nuestra visión sobre el mismo pasado o que sientan lo mismo. Hay corazones dispuestos a agitarse y otros simplemente a latir a su propio ritmo. Ningún ritmo es mejor que otro porque el mejor siempre será el que podamos soportar aunque haya días que a penas tengamos latido.

Siempre he defendido que los trenes pasan una y otra vez pero hay estaciones en las que no deberían pararse de nuevo ni trenes a los que debamos subirnos otra vez sabiendo que ese destino ya no es para nosotros. A veces pensamos que el pasado fue lo mejor que tendremos sin abrirnos a lo que tenemos ahora y en ese pensamiento se nos olvida abrazar fuerte a quienes tenemos cerca y forman parte de nuestro presente. Ningún pasado podrá mejorar un buen presente y ningún futuro vendrá a mejorar el aquí y ahora porque hay instantes que no vuelven.

Miradas que no se encuentran, besos que se pierden, planes que no concluyen y corazones que no laten juntos por no saber vivir el presente y darle todo el espacio de nuestro pensamiento a un pasado que ya no existe. El poder del pensamiento acaba dirigiendo nuestros recuerdos hacia ese pasado. No vamos a poder cambiarlo pero sí construir nuestro presente y decidir quién o qué queremos que esté ahí.

Hay calles por las que ya no pasearé. Caminos que no retomaré. Espacios que no compartiré. Lugares que ya no son míos . Hay fronteras que no atravesaré. Hay límites que no derribaré. Hay silencios que no guardaré y ruidos que no oiré.

El pasado es ese espacio de tiempo y ese lugar al que ir a refugiarse con los buenos recuerdos aceptando que hubo cosas que no se dieron y amores que no pudieron ser. Solo así podremos darle al presente el lugar que le corresponde.

Y del futuro, mejor dejamos que vaya llegando despacito como lo hizo este equinoccio de otoño.

Larga vida…

Llegas a este mundo sin nada y cuando llega el momento de marcharse te vas con las manos llenas de momentos vividos, experiencias y aprendizajes. Quien te quiere con el corazón lleno conoce de tus días tristes, de tus renuncias y tus sueños aplazados. Ojalá alguien pueda mirarte al final de tus días con esos ojos llenos de amor incondicional y siga cogiéndote de la mano como el primer día.

La muerte es dura y nos deja vacíos si solo pensamos en que después de ella no hay nada. Pero la nada no existe. Todo tiene algo, todo continúa y la vida también. Quizás no del mismo modo en que la conocemos ni la imaginamos pero no acaba. No podemos burlar a la muerte ni sentirnos heridos porque brille el sol cuando nuestra alma solo llora pero así es porque necesitamos ser luz para vivir y más para morir.

Creemos que traer vida es fácil y queremos elegir el modo en que debemos marcharnos pero es algo que no nos pertenece. Podemos elegir cómo marcharemos pero no cuando. Lo mejor será hacerlo rodeados de los que siempre nos han querido bien.

Me encontré con la muerte hace casi once años cuando no estaba preparada para enfrentarla. Vino con su guadaña y me devoró. Busqué respuestas y solo hallé preguntas. No acabó conmigo gracias a toda esa red que me sostuvo y con el tiempo pude superarla. Jamás volví a esperarla ni a temerle. Mi dolor no es que venga es aceptar que se lleve a quien más quiero.

Cuando llegue mi hora me rodearé de los más íntimos. Elegiré mi mejores galas. Me despediré de todos mis afectos y gastaremos el dinero en vino no en flores. Si celebramos la llegada a la vida celebremos también el final de una vida vivida y exprimida. Le pediré al cielo que vengan a buscarme los que se fueron antes que yo y que me eleven hasta las estrellas.

Mientras se escribe nuestro final hagamos que el final de otros esté lleno de amor del bueno. Honremos su memoria y agradezcamos al cielo haber coincidido aquí y ahora. Da igual el momento y el tiempo compartido porque hay afectos que vienen de lejos y volverán a encontrarse en otro tiempo y quizás de otro modo.

Larga vida a la vida mientras sea vida. Que la muerte nos pille bailando y agradeciendo lo vivido. Nada podrá borrar eso y la muerte jamás podrá llevarse nada que nosotros no queramos. Larga vida a todos los abrazos que nos dimos y a los besos que no guardamos. Larga vida a los sueños que alcanzamos juntos y a todos los momentos que disfrutamos. A las lágrimas que nos consolamos y a todos los brindis que hicimos por nuestros logros. Larga vida al amor que resistió las tempestades y a todos los recuerdos que nadie podrá quitarnos.

Larga vida…

Ratoncita Alicia

Empiezan a no gustarme tanto los veranos desde que me he dado cuenta que en cada uno de ellos crecéis muy rápido. Vais sumando centímetros y vuestro cuerpo empieza a dejar de ser el de dos niñas pequeñas.

Mi pequeña ratoncita ha subido montañas empinadas con sus fuertes piernas y ha gritado descarada en la cima que es muy fácil llegar hasta ella. Ojalá a lo largo de tu vida las enfrentes con la misma actitud y ganas porque llegues o no llegues a la primera, sé que no habrá nada que se te resista. No serán tus piernas las que te ayudarán a superarte si no el empeño que le pones a todo.

Tu suerte será que tu hermana no va a dejarte caer y si pasa, porque pasará, porque vais a caeros miles de veces, vas a tenerla a ella para darte la mano para volver a ponerte de pie. Ella no es consciente de cómo la miras con esos ojos llenos de amor del bueno. La buscas para jugar y la abrazas mientras veis un peli cuando algo te asusta. Se ha convertido en tu entrenadora de piruetas y desde entonces mi corazón está al borde del paro cardiaco.

Y llegó agosto y mientras pasábamos ese tiempo solas que tanto necesitamos algo cambió. Guardaré para siempre en el rincón de los recuerdos bonitos esa sonrisa preciosa de tu carita al descubrir juntas que el Ratoncito Pérez pronto vendrá a visitarnos. Por un momento, no quise ponerle la puertecita en casa. No quería que llegara, aún no. Pero la ley del tiempo no es mía y una nueva etapa se abre ante ti. Con todas tus preguntas, con todos tus miedos, con tu mano apretando la mía corriste a contarle al mundo entero que eres un poco más mayor. Me derretiré siempre ante tus abrazos, tus sentidos te quiero y ante tu forma de ver la vida cuando me cuentas que ese día fue el mejor de tu vida.

Como siempre todos los que te queremos vamos a acompañarte igual que lo hacemos con tu hermana. Sigue queriendo cogerme de la mano para dormir, recostarse encima en el sofá y contarme cada minuto de su vida. Si pudiera congelar el tiempo nos dejaría así con nuestros más y nuestros menos pero también con toda la gente que vino a sumarse a nosotras.

Quizás me queden en el mejor de los casos cuarenta veranos más pero voy a exprimir todos los que pueda con vosotras. Palabrita de mamá.

Ratoncita vive la magia de convertir dientes en sorpresas. Nosotros viviremos esa magia contigo y por ti.

Reflexiones de verano

Mientras descanso en un sitio privilegiado pienso en todas las historias que se esconden debajo de cada una de las sombrillas que permanecen clavadas en la arena algunas desde el amanecer. Abuelos que madrugan porque saben que el tiempo vuela y lo hacen para que sus nietos, herederos de un verano de playa y sal disfruten en primera línea mientras ellos atentos les consienten todo lo que en su infancia ellos mismos no tuvieron.

Pienso en que cada uno enfrenta el verano de la mejor forma que puede según sus circunstancias. Todos no viajan a lugares lejanos y paradisíacos. Volver al pueblo a veces es el mejor plan. Salir de un hospital o no entrar en él aún con la salud mermada pero ser cuidado con amor y cariño es oro en una sociedad a veces tan dura. Estar solo en vacaciones se hace cuesta arriba pero estar rodeado de mucha gente y ser invisible lo es más.

Romper con la rutina, los horarios y las obligaciones es necesario para nuestra mente y nuestro cuerpo. Quizás algunos tengan que esperar más o no llegue en mucho tiempo pero el orden también contiene belleza y equilibrio. Todos los lugares están llenos de oportunidades y todas las personas somos la oportunidad de otra. Un gesto amable, una sonrisa, un escucha activa o un consejo salvan vidas y alegran corazones.

Este verano que ha revuelto mis días me hizo pensar tras escuchar una reflexión qué lugares son imprescindibles para mí porque me dan sosiego, qué actividades calman mi nervio, qué actividades no quiero postergar más y qué personas volvería a elegir vida tras vida para que caminaran junto a mí. No son tantos los lugares, ni las actividades ni tampoco las personas. Todos sabemos que las personas van y vienen y solo unas pocas se detienen. Personas que no te juzgan, que te hablan con ternura pero con firmeza, que cuentan contigo para lo bueno pero sobre todo para lo menos bueno, hombros a los que ir a llorar, que te dejan llorar y te acompañan en la caída y nunca te sueltan.

Los veranos siempre se pintan con un poco de cal y traen un poco de arena. La alegría por los planes que se realizan, por las noches largas y los amaneceres cortos, por los baños nocturnos, por los lugares que se visitan, por las compañías de siempre y las nuevas. La melancolía por los recuerdos de otros tiempos, las despedidas semanales, expectativas que se aplazan y heridas que escuecen con la sal del mar. Y por detrás una mente que intenta enredar lo que el corazón no duda y un Marte que dicen que está retrógrado. Un cóctel difícil de tomar.

Aún nos queda verano por delante y días para vivirlos intensamente o dejarlos ir. Cada uno a su modo, en su momento y en un lugar. Unos deseando volver a la rutina y otros queriendo alargar un poco más las vacaciones. En mi caso que es un verano de improvisación solo vivir los días con todo lo que nos traigan, planeando a medias y probando una nueva forma de vivir. Empezando nuevas rutinas, estableciendo otras metas y dejando de lado a tenerle miedo al miedo. Atreverse sin culpa, priorizarse sin sonrojo, escuchar más al cuerpo y silenciar los pensamientos que quieren llevarme de nuevo a un punto de partida al que no quiero volver.

Disfrutad del verano sea cual sea la versión que os esté tocando vivir porque estos días para bien o para mal nunca volverán así que es nuestra decisión saber qué hacemos con ellos.

¡Adiós curso 2023-2024!

Cerramos otro curso lectivo. Hemos recogido materiales, limpiado nuestras pizarras y guardado todo en los cajones. Otro año más que nos deja huella y que nos hace acumular un montón de papeles. Mis ojos están cansados pero más mi cabeza que a estas alturas necesita cerrar puertas y ventanas para volver renovada en ideas y ganas.

En esa carpeta de los buenos recuerdos guardo notas de cariño y dibujos hechos por ellos a los que he acompañado estos dos años. Muchas horas juntos, experiencias y anécdotas que recordaremos a veces con nostalgia pero siempre con cariño.

Sé que soy exigente con una generación que es frágil como el cristal y con unas familias sin tiempo que no llegan a todo pero que han olvidado que el colegio jamás podrá suplirles en su labor como educadores principales. Y si bien es cierto que muchos pasan más tiempo conmigo que con ellos también lo es que mi trabajo es prepararles para todo lo que la vida va a exigirles. Queramos o no al final es una nota numérica la que nos acerca a nuestros sueños de convertirnos en un profesional.

Tal vez la educación esté obsoleta en algunos aspectos pero dejarla en manos de la tecnología ha dejado claro que es un fracaso. Estamos inmersos en un momento en el que la inteligencia artificial acabará redactando los trabajos de nuestros alumnos pero nadie sabrá coser un botón o cambiar un enchufe.

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte y doy fe que estos dos años no sé si me han hecho fuerte pero me han enseñado a dejar que la tormenta pase y a saber que si tengo salud mental la partida es mía por encima de cualquier resultado. También he recordado que soy maestra de niños pero no de adultos y que no tengo el título de psicóloga ni de enfermera pero sí hay que atender se atiende con la mejor voluntad aunque a veces se entienda como desatención y otras como exageración.

Ser madre y maestra me da la perspectiva para saber qué tipo de madre quiero ser para mis hijas. Estar dentro me ayuda a tener todos mis sentidos despiertos y a respetar aún más a sus maestras que las cuidan y las miman con firmeza. Nunca olvido que sé cómo son ellas en casa pero no fuera de ella. Y aunque me interesen sus números más lo hace que sean buenas personas con el resto.

Clausuramos este curso agradeciendo lo enseñado, lo aprendido y abrazando a todos los patitos que ya vuelan hacia un nuevo curso.

¡Feliz verano maestros! ¡Nos lo hemos ganado!

A la mitad de todo

Un año más se acerca ese día 13 para sumar un año más a mi cuenta. El saldo sigue siendo a mi favor y me siento agradecida porque aún con más dioptrías y alguna que otra arruga sigo sumando. Este año voló sin que a penas me diera cuenta y eso si es un signo de hacerme más adulta. Aún albergo la esperanza de apaciguar mi nervio y duplicar mi paciencia.

Hace cinco años estaba profundamente herida y llena de ira. Hace cuatro años mi corazón estaba hecho añicos. Hace tres años salí a bailar hasta que me dolieron los pies. Hace dos años me ajusté mi sombrero y desnudé algo más que mi cuerpo. Hace un año viajé al centro y puse sobre la mesa la puerta que nunca cerraría por nadie. Y este año…este año preparo una fiesta a mi modo, a mi estilo, recordando que soy una pero con muchas facetas.

Soplaré las velas y pediré algún que otro deseo pero sé que las cosas no llegarán si no salgo a buscarlas. Y si algo he aprendido es que todo llega a su debido tiempo y su ritmo. No hace tanto no entendía nada de lo que pasaba y ahora sé que fue lo que necesitaba que pasara. Es cruel y doloroso pasar por dolores y pesares y a pesar de todos los aprendizajes que me llevo nunca quise ser fuerte. Serlo ha supuesto proyectar a veces una imagen de mí misma que puedo con todo. Y no puedo como no podemos todos pero no me doy la opción a no poder. Ahí reside el instinto de superación y supervivencia. Saber que no puedes pero vas a hacerlo igualmente porque es la única opción.

Me gusta la organización y soy poco fan del descontrol aunque a veces los renglones se me tuerzan y no lleve los vestidos bien planchados. Y tengo la certeza de ser y sentirme afortunada por tener algunos hombros a los que ir a llorar, cafés que tomar, viajes que planificar y puertas que siempre se abrirán.

Veo en sus caritas de pequeñas campanillas la ilusión por ayudarme a soplar las velas y por guardarle el secreto a otros. Las veo a escondidas hacer un dibujo y escribirme una notita de amor. Me han prometido la primera canasta de su próximo partido y les he dejado elegir el menú de mi celebración salvo la tarta que será la misma desde mi infancia.

Y te veo a ti queriendo celebrar mi día cuando no te gusta celebrar el tuyo. Buscando un regalo cuando sabes que no soy buena recibiéndolos. Te has hecho cómplice de ellas y has conseguido que guarden secreto. Así se construyen los buenos equipos conociendo las debilidades del otro y amándolas sin cambiarlas.

El día 13 soplaré mis velas y encenderé una lucecita por todos los sueños que aún me quedan por cumplir y agradeceré que estuviste en mi vida desde mi primer aliento y le pediré al cielo seguir abriendo mis ojos al corazón…

No olvido quien soy…

Dejé la ventana abierta para que la luz de la mañana abriera mis ojos despacio y suavemente pero la tempestad la cerró con fuerza dejando la estancia sumida en una profunda oscuridad. Nunca pensé que la culpa fuera de la tormenta porque pude asegurarla bien pero dejé en manos del viento una decisión que era mía y solo mía.

Acepté una herencia que no quería. No fue un amor ciego pero pudo más la deuda con la sangre. Y ahora camino con más peso del que puedo cargar. Asumo que no voy sola y que un nombre es más que un nombre en un papel porque detrás de cada letra hay una historia.

Cuenta un anciano sentado en un banco de la plaza que hay vocales que abren las puertas del cielo y quien las porta será bendecido.

Construí una torre de cartas pensando que era una torre de piedras que aguantaría el paso del tiempo pero no fue así. Cayeron todas y fue entonces cuando empecé a construir mi torre. Levanté muros y un día salté todos y cada uno de ellos. Sigo en construcción y aún con obstáculos no dejo que se conviertan en muros.

Los años pasan y se adueñan de ideas que duelen. Se mantienen las incertidumbres y cambian los dolores de sitio. Pequeñas heridas que acaricias sabiendo que nunca desaparecerán y nuevos tatuajes que te recuerdan que no eres la misma persona.

Un piano abandonado en aquel salón suena de fondo y empieza a faltarle el aire a tus pulmones pero sabes que él nunca volverá.

Algunos ojos clavan su mirada en ti tal vez envidiando una vida que solo tú conoces. Quien sabe nadie sobre nadie. Todos juzgan y conjeturan acerca de una vida que no les pertenece mientras la suya se desvanece ante sus ojos. Tumbada en aquella camilla como un libro abierto alguien da cuenta de tu vida y pone en el sitio cada una de tus vértebras advirtiéndote que conseguiste todo lo que te propusiste pero el mundo olvida que fue con esfuerzo y lágrimas, muchas.

Siempre creí en los nuevos comienzos. Miré los finales como lo que son finales. Y ahora a la mitad de mi camino se me agolpa la vida. Los días me atropellan, las responsabilidades se multiplican y aparecen las dudas acerca de para qué con la certeza de saber que podré una vez más.

Imaginé quizás una vida distinta en un escenario totalmente diferente pero he sido bendecida con una fe que me salva de mí misma. El verano asoma y huele a mar. Quizás no pueda sumergirme totalmente en él pero puedo prometerme que eres el único por quien lo intentaría una vez más.

Y en días así creo firmemente que no sé nada solo que el amor es todo lo que hay.

La única verdad…

Nunca hubo una sola verdad. Siempre fueron todas y cada una de todas las personas que hubo allí. Cada una con su herida, cada una con su presente y su pasado. Cada una pidiendo al futuro que la suya fuera la única. ¿Para qué buscar la verdad de lo que no entendemos? El juego nunca estuvo ahí si no en aceptar que fuera la verdad que fuera no teníamos la fuerza para aceptarla.

Lágrimas que debimos guardar para cuando la verdad no pudiera superarnos. Pero nos superó porque no supimos ver que las marionetas son solo eso muñecos que aceptan que los hilos no se mueven solos pero no pueden hacer nada para que dejen de moverse. Saben que si esos hilos se cortan ellas caen y quizás nada pueda remendarles.

Quizás igual que verdades hubieron muchas mentiras porque las medias no existen. Se miente o no se miente. Nada de verdades a medias ni de intenciones confusas. Las mentiras que nos decimos a nosotros son como cuchillos recién afilados. Nos cortan por dentro. Sabemos más de lo que queremos admitir pero a veces aceptamos una mentira porque nos duele menos que una verdad.

Nadie en este mundo conoce toda la verdad ni nadie posee la verdad absoluta. Erramos muchas veces dejando en manos ajenas toda la verdad. Desconocemos la verdad de lo que somos y justificamos nuestros errores queriendo convencer al resto de algo que no sabemos. Cuantos contadores de verdades, cuantos ladrones de verdades, cuantas automentiras y cuantos sueños perdidos por verdades que nunca lo fueron.

Cuando alguien intenta convencerte de su verdad pero sobre todo de quien eres tú ante su verdad, sal corriendo porque está reflejando su verdad en ti y no hay nada más peligroso que creer en alguien que usa al resto como espejo de sus mentiras.

No uses la mentira como una tabla de salvación y enfrenta la verdad aunque duela porque más duele descubrir que vives en una gran mentira. Y al final queramos o no el show ha de continuar con los que quieran vernos con todas nuestras luces y sombras porque para días de sol sobran las propuestas pero para los días de lluvia solo unos cuantos te ofrecen refugio bajo su paraguas.

Y como la vida es enrevesada a más no poder la mentira se cuenta fácil y tiene adeptos pero la verdad a veces duele y la gente huye de ella. Todos lo hacemos en algún momento del camino, huir hasta que estamos preparados o hasta que la vida nos obliga a ello…