¡Felicidades Pequeña Campanilla II!

Y llegó tu momento, ese que esperas cada año, ese que vives con tanta ilusión, el día de tu cumpleaños, el día de soplar las velas de tu tarta y el día de arrancarnos a todos una sonrisa de oreja a oreja al verte tan feliz.

Será porque eres un pedacito de mí pero jamás he conocido a ningún niño con tanto derroche de cariño y regalando tantos abrazos. Aún no lo sabes pero hay abrazos que curan y los tuyos son de esos. Son de los que alargan vidas.

No quieres ser la pequeña porque piensas que eso es una desventaja. Hay cosas que aún no puedes hacer pero sé que hay pocas que dejarás de hacer si realmente las deseas porque a tus seis años vienes pisando fuerte. Bailas con una entrega que puedo adivinar en cada paso que es tu forma de expresar todo aquello que llevas dentro.

Os miro a tu hermana y a ti sabiendo que vosotras sois las niñas que yo hubiera querido ser. Listas, fuertes, valientes, revolucionarias… Y me siento feliz de haberos traído a este mundo para mejorarlo porque sois el mejor regalo que he podido hacerle a mi sistema.

Sé que te me escapas y aunque eres independiente me hace feliz que cada día me despidas con tanto amor como si fuera el último y me recibas cuando regreso como si hubieran pasado días. Quizás tú hayas entendido mejor que nadie cómo funciona esta vida.

Sabes Pequeña Campanilla II que nunca prometo nada que no pueda cumplir pero voy a acompañarte en cada paso que des y en cada tropiezo voy a darte mi mano por si la necesitas para levantarte. Me da igual los años que tengas y lo lejos que vivas. Un día habitaste en mí y un hilo invisible nos mantendrá unidas para siempre.

Eres junto con tu hermana mi mejor declaración de amor y sé que el destino os trajo hasta mí para hacerme mejor persona porque no hubiera conocido lo que es el amor verdadero sin vosotras.

¡Felicidades mi Pequeña Campanilla II! Mi pequeña gran revolución y mi pequeño gran amor.

Te quiero, mamá.

6 de febrero de 2025

¡Feliz Cumpleaños Pequeña Campanilla I!

En unos días tu vuelta al sol concluye y empieza una nueva que te llevará a recorrer un nuevo camino y a vivir intensamente esos trescientos sesenta y cinco días. Si algo tiene la casi adolescencia es que todo parece acabarse en un instante y volver a comenzar al minuto siguiente.

Doce años desde aquel 30 de enero en el que no esperaba tu llegada pero estaba deseando sostenerte. Creo que se unieron mi deseo de abrazarte y tus ganas de que lo hiciera lo que te trajo a este mundo antes de tiempo pero a tu tiempo. No puedo olvidar y no quiero hacerlo esa primera sensación de olerte, de apretarte contra mi pecho y de saber que serías la mejor decisión de mi vida.

Has crecido mucho y esperas con impaciencia pasarme en altura y lo que no sabes es que cada centímetro que alcanzas te aleja de ser una niña para convertirte en toda una mujer. Y te miro cuando no te das cuenta y aunque hay días que las hormonas ponen difíciles las cosas veo a una personita maravillosa, respetuosa, con ganas de superarse, con sueños, con ganas de viajar y de recorrer el mundo.

Elegiste la cancha como modo de demostrar tu talento pero el mayor de ellos es que sigas siendo tú pese a todo y a todos. Me encanta que me vuelvas loca con tus historias del colegio y que no guardes nada para ti, que quieras dar tu opinión sobre cualquier tema y que sigas apoyando tu cara en mi hombro mientras me coges de la mano.

Sé que piensas que el mundo es injusto y que hay situaciones que querrías que se solucionaran con una varita mágica pero la vida ya sabes que no funciona así.

No tengo idea de lo que harás de mayor, donde vivirás ni con quien, si serás madre o me pedirás que te enseñe a hacer croquetas pero estoy segura que vas a cuidar de tu hermana el resto de tus días y no puedo sentirme más feliz.

Vayas donde vayas voy a a acompañarte y permaneceré a tu lado disfrutando de cada paso que des porque cada paso estoy segura que te acercarán al lugar en el que quieres estar.

No sé cómo era mi vida antes de que te instalaras en ella pero no volvería a esa vida porque en estos doce años he aprendido más contigo que con nadie ni nada. Me has hecho fuerte y vulnerable a la vez porque no hay cosa que más me duela que ver como alguien puede romperte en mil pedazos. No voy a poder salvarte ni protegerte pero voy a estar ahí sin allanarte el camino preparando mi bastón por si los necesitas.

¡Felicidades mi Pequeña Campanilla I! Verte cumplir años es el mejor de mis regalos y mi deseo cada vez que soplo las velas de mi tarta.

Te quiero, mamá.

30 de enero de 2025

Viaje sin vuelta…

Compré el billete en tu estación sin saber el destino pero nunca pensé en darme la vuelta.

Compré el billete en tu estación sin saber la hora en que vendría tu tren pero jamás pensé en no subirme.

Compré el billete en tu estación sin miedo pero sin saber si tú querrías que me subiera a tu tren.

Compré el billete en tu estación sabiendo que mi equipaje era mío y solo mío pero no dudé en que me ayudarías a cargarlo a tu modo y tiempo.

Compré el billete en tu estación sabiendo que eras un tren distinto en los que yo había viajado pero con la confianza suficiente para saber que me llevarías donde nunca había estado y siempre había querido ir.

Aquel día, en aquella estación, supe que tenía mi billete de ida y que no quería el de vuelta. Sabía que no sería un viaje fácil porque yo no lo soy, porque mi vida no lo es y porque lo fácil me vacía el alma. Hemos emprendido algunos viajes desde aquel día en aquella estación y aunque somos los conductores de nuestro tren, tú y yo sabemos que seremos efímeros pero siempre eternos. Eternos amigos, compañeros de viajes, amantes, novios o lo que sea que la vida quiera para nosotros pero sé que esperaba este viaje, que quería estar en tu estación y comprar ese billete. Quien vive nunca se arrepiente. Agradeceré siempre lo vivido en tu estación.

Hay muchos trenes, infinitas estaciones pero solo sabes que has llegado a la tuya cuando respiras paz, cuando da igual lo que seas y lo que tengas y cuando sabes que no necesitas ese viaje para ser feliz pero que hacerlo te suma felicidad.

Cada día sigo comprando ese billete, subiéndome a tu tren y esperando en tu estación sabiendo que sonrío al pensar que eres mi compañero de viaje.

Para todos aquellos que un día compraron su billete sin vuelta y nunca se rindieron pese a todo y todos.

El peso de los silencios…

El COVID me apretó el alma y dejó el aire de mis pulmones suspendido. Pero la DANA ha conseguido silenciarme y robarme las palabras y las ganas de escribirlas. Cuatro letras que han devastado mi ciudad y cientos de familias sin hogar. El problema no ha sido quitar tu barro si no dejar de verte, de olerte y de sentirte bajo nuestros pies. Tu huella será imborrable y no vamos a poder pasar página en mucho tiempo. Seguiremos contando tu historia pero el final lo escribiremos nosotros.

Podemos hacer una lista de todas las pérdidas que nos has provocado pero lo más difícil de superar no será lo que se ve sino el desequilibrio mental y emocional que dejas en muchos. Algunos no sufrimos tu daño directamente pero has jugado con nosotros no sabiendo a qué ayudar, a quien ayudar ni cómo hacerlo. No todos estamos preparados para cargar con tu fango pero sabes una cosa, cada acción, cada pensamiento, cada ventana que se ha abierto a la caridad del tipo que sea es una victoria que sube a nuestro marcador.

Nunca pensé vivir una pandemia y mucho menos una catástrofe. Estoy harta de vivir momentos históricos. Y miro al cielo para encontrar una respuesta a una pregunta que no haré. Tambaleas mi Fe y me debilitas la esperanza cuando sabes que ya aprendí a perder. Me acechas con nuevos miedos a los que barro con mi escoba para echarlos fuera.

Hay ríos de tinta hablando de ti. Estás en boca de todo el planeta. Has hecho llorar y desesperarse a medio mundo y aunque el orgullo me puede he de agradecerte que entre las víctimas no hay nadie de mi familia y amigos. Una de las cosas que me has enseñado es que la soberbia del ser humano será quien acabe con la raza humana. No lo hará una pandemia, una catástrofe o un ataque alienígena. Seremos nosotros queriendo imponernos al rumbo de la naturaleza y creyendo que lo sabemos todo.

Me has tocado con tu sable y has hurgado un poquito en algunas heridas pero a penas he sangrado. Me has llenado de ideas, algunas más buenas que otras y me ha costado volver a la calma. Me has quitado el derecho a disfrutar de las pequeñas cosas del día a día. Casi aniquilas mi sentido del humor pero reírme y hacer que el resto lo hagan siempre fue mi mejor terapia.

Has sacado muchas cosas buenas que estaban escondidas de muchos. Nos has abierto un poco más los ojos ante una clase política que no nos merece como votantes. Ahora es el momento que nos dejes y te disuelvas entre el sol y las nubes.

No vuelvas nunca. Ya eres historia. Ahora deja que construyamos nuestro futuro como podamos, como sepamos después del alto precio que hemos pagado. Así no. Así no más. Así no más lecciones. Así no más lecciones ni más dolor. Así no.

S.O.S Valencia

Solo tú con tu fuerza has podido devastar en apenas unas horas una parte de mi ciudad. Te has llevado por delante vidas enteras de personas que se despertaron un martes sin saber que sería el último. No puedo odiarte más porque sin tocar a nadie de mi familia le has arrebatado todo a muchos que no conozco. A otros a los que quiero les has herido el alma y el recuerdo. Ya no serán los mismos. No hay vuelta atrás.

Llegaste antes que nosotros y eres la dueña, me queda claro. Te habíamos olvidado porque hacía mucho que no te veíamos y sí habíamos dejado de temerte pero has destrozado mi tierra, a sus gentes y un futuro marcado por una catástrofe que no olvidaremos.

Pudiste asomarte y darnos tiempo a llegar a nuestras casas, subirnos a los pisos altos, abastecernos de lo necesario y prepararnos. Al menos hubiera estado bien saber que esto era una partida de ajedrez porque aunque nos hubieras puesto en jaque mate al menos te habríamos plantado cara. ¿Querías ganar? Lo has hecho. ¿Darnos una lección? Nos la has dado. A nosotros sí, a los que tenemos los pies llenos de fango, a los que hemos pasado horas incomunicados, a los que hemos pasado miedo y angustia.

Nos creíamos fuertes. Pensábamos que estaba todo controlado. Y en una décima de segundo te has cargado todo. Ojalá pueda entender algún día que has venido a enseñarnos. La pandemia nos dejó sin aliento pero tú has cambiado nuestro futuro para siempre. No he vivido una guerra pero supongo que esto es lo más parecido. Nos has arrollado. No has dejado que nos asomáramos al precipicio directamente nos has lanzado a él.

Veo tu color marrón adueñándose de miles de calles. Hogares que se han impregnado de tu olor. Miles de personas intentando aclarar lo poco que les queda y aquí sigues amenazándonos con tus nubes. ¿Qué más quieres de nosotros? Más frágiles no podemos estar y necesitamos ayuda. Deja al menos que nos llegue.

Nunca me gustaste. Siempre te di espacio entre mis miedos. Pero ahora me pareces terrible. Saldremos adelante porque la humanidad es imperfecta pero mantiene su instinto de supervivencia intacto. Pequeños pasos que nos harán volver a empezar porque si de algo estoy segura es de que todo pasa y tú también pasarás aunque ahora lo hayas hecho por encima de todos nosotros.

Desde aquí mi más sentido abrazo a todas y cada unas de las personas que se hayan visto arrolladas por esta D.A.N.A de 2024. Serás imborrable pero te superaremos.

Valencia está anegada de agua y barro. Las instituciones llegan tarde como casi siempre y vivimos en un caos del que no sabemos ni cómo ni cuándo saldremos. Nuestras fuerzas y esperanzas flaquean y ahora no podemos debilitarnos. Ya después buscaremos a los responsables pero ahora necesitamos que se gestionen bien todos los recursos. Hay muchas personas vulnerables que necesitan ayuda. Personas ancianas, de movilidad reducida, enfermas, niños pequeños, familias que se han quedado sin casa y un largo etcétera.

Equinoccio de otoño

Hoy ha empezado oficialmente el equinoccio de otoño. Los grados han empezado a descender, los días son más cortos y las rebecas empiezan a salir del armario. El cielo nos regala días nublados y nuestros pantanos van recuperando parte del agua gastada en la época estival. Se llama ciclo de la vida y es maravilloso comprobar como todo funciona tal y como ha de hacerlo.

Por más que queramos el verano recogió sus días de sol, sus sombrillas y bañadores. Quedó atrás junto a todos esos recuerdos que conforman nuestro pasado. Podemos dejarle marchar junto con todo lo vivido sea bueno o menos bueno. Hay puertas que es mejor no volver a abrir para evitar que viejas heridas nos recuerden que están ahí.

Cada pasado es diferente aún siendo el mismo para algunas personas porque cada uno trae una experiencia de vida y vive las cosas de distinta forma. No podemos esperar que todos tengan nuestra visión sobre el mismo pasado o que sientan lo mismo. Hay corazones dispuestos a agitarse y otros simplemente a latir a su propio ritmo. Ningún ritmo es mejor que otro porque el mejor siempre será el que podamos soportar aunque haya días que a penas tengamos latido.

Siempre he defendido que los trenes pasan una y otra vez pero hay estaciones en las que no deberían pararse de nuevo ni trenes a los que debamos subirnos otra vez sabiendo que ese destino ya no es para nosotros. A veces pensamos que el pasado fue lo mejor que tendremos sin abrirnos a lo que tenemos ahora y en ese pensamiento se nos olvida abrazar fuerte a quienes tenemos cerca y forman parte de nuestro presente. Ningún pasado podrá mejorar un buen presente y ningún futuro vendrá a mejorar el aquí y ahora porque hay instantes que no vuelven.

Miradas que no se encuentran, besos que se pierden, planes que no concluyen y corazones que no laten juntos por no saber vivir el presente y darle todo el espacio de nuestro pensamiento a un pasado que ya no existe. El poder del pensamiento acaba dirigiendo nuestros recuerdos hacia ese pasado. No vamos a poder cambiarlo pero sí construir nuestro presente y decidir quién o qué queremos que esté ahí.

Hay calles por las que ya no pasearé. Caminos que no retomaré. Espacios que no compartiré. Lugares que ya no son míos . Hay fronteras que no atravesaré. Hay límites que no derribaré. Hay silencios que no guardaré y ruidos que no oiré.

El pasado es ese espacio de tiempo y ese lugar al que ir a refugiarse con los buenos recuerdos aceptando que hubo cosas que no se dieron y amores que no pudieron ser. Solo así podremos darle al presente el lugar que le corresponde.

Y del futuro, mejor dejamos que vaya llegando despacito como lo hizo este equinoccio de otoño.

Larga vida…

Llegas a este mundo sin nada y cuando llega el momento de marcharse te vas con las manos llenas de momentos vividos, experiencias y aprendizajes. Quien te quiere con el corazón lleno conoce de tus días tristes, de tus renuncias y tus sueños aplazados. Ojalá alguien pueda mirarte al final de tus días con esos ojos llenos de amor incondicional y siga cogiéndote de la mano como el primer día.

La muerte es dura y nos deja vacíos si solo pensamos en que después de ella no hay nada. Pero la nada no existe. Todo tiene algo, todo continúa y la vida también. Quizás no del mismo modo en que la conocemos ni la imaginamos pero no acaba. No podemos burlar a la muerte ni sentirnos heridos porque brille el sol cuando nuestra alma solo llora pero así es porque necesitamos ser luz para vivir y más para morir.

Creemos que traer vida es fácil y queremos elegir el modo en que debemos marcharnos pero es algo que no nos pertenece. Podemos elegir cómo marcharemos pero no cuando. Lo mejor será hacerlo rodeados de los que siempre nos han querido bien.

Me encontré con la muerte hace casi once años cuando no estaba preparada para enfrentarla. Vino con su guadaña y me devoró. Busqué respuestas y solo hallé preguntas. No acabó conmigo gracias a toda esa red que me sostuvo y con el tiempo pude superarla. Jamás volví a esperarla ni a temerle. Mi dolor no es que venga es aceptar que se lleve a quien más quiero.

Cuando llegue mi hora me rodearé de los más íntimos. Elegiré mi mejores galas. Me despediré de todos mis afectos y gastaremos el dinero en vino no en flores. Si celebramos la llegada a la vida celebremos también el final de una vida vivida y exprimida. Le pediré al cielo que vengan a buscarme los que se fueron antes que yo y que me eleven hasta las estrellas.

Mientras se escribe nuestro final hagamos que el final de otros esté lleno de amor del bueno. Honremos su memoria y agradezcamos al cielo haber coincidido aquí y ahora. Da igual el momento y el tiempo compartido porque hay afectos que vienen de lejos y volverán a encontrarse en otro tiempo y quizás de otro modo.

Larga vida a la vida mientras sea vida. Que la muerte nos pille bailando y agradeciendo lo vivido. Nada podrá borrar eso y la muerte jamás podrá llevarse nada que nosotros no queramos. Larga vida a todos los abrazos que nos dimos y a los besos que no guardamos. Larga vida a los sueños que alcanzamos juntos y a todos los momentos que disfrutamos. A las lágrimas que nos consolamos y a todos los brindis que hicimos por nuestros logros. Larga vida al amor que resistió las tempestades y a todos los recuerdos que nadie podrá quitarnos.

Larga vida…

Ratoncita Alicia

Empiezan a no gustarme tanto los veranos desde que me he dado cuenta que en cada uno de ellos crecéis muy rápido. Vais sumando centímetros y vuestro cuerpo empieza a dejar de ser el de dos niñas pequeñas.

Mi pequeña ratoncita ha subido montañas empinadas con sus fuertes piernas y ha gritado descarada en la cima que es muy fácil llegar hasta ella. Ojalá a lo largo de tu vida las enfrentes con la misma actitud y ganas porque llegues o no llegues a la primera, sé que no habrá nada que se te resista. No serán tus piernas las que te ayudarán a superarte si no el empeño que le pones a todo.

Tu suerte será que tu hermana no va a dejarte caer y si pasa, porque pasará, porque vais a caeros miles de veces, vas a tenerla a ella para darte la mano para volver a ponerte de pie. Ella no es consciente de cómo la miras con esos ojos llenos de amor del bueno. La buscas para jugar y la abrazas mientras veis un peli cuando algo te asusta. Se ha convertido en tu entrenadora de piruetas y desde entonces mi corazón está al borde del paro cardiaco.

Y llegó agosto y mientras pasábamos ese tiempo solas que tanto necesitamos algo cambió. Guardaré para siempre en el rincón de los recuerdos bonitos esa sonrisa preciosa de tu carita al descubrir juntas que el Ratoncito Pérez pronto vendrá a visitarnos. Por un momento, no quise ponerle la puertecita en casa. No quería que llegara, aún no. Pero la ley del tiempo no es mía y una nueva etapa se abre ante ti. Con todas tus preguntas, con todos tus miedos, con tu mano apretando la mía corriste a contarle al mundo entero que eres un poco más mayor. Me derretiré siempre ante tus abrazos, tus sentidos te quiero y ante tu forma de ver la vida cuando me cuentas que ese día fue el mejor de tu vida.

Como siempre todos los que te queremos vamos a acompañarte igual que lo hacemos con tu hermana. Sigue queriendo cogerme de la mano para dormir, recostarse encima en el sofá y contarme cada minuto de su vida. Si pudiera congelar el tiempo nos dejaría así con nuestros más y nuestros menos pero también con toda la gente que vino a sumarse a nosotras.

Quizás me queden en el mejor de los casos cuarenta veranos más pero voy a exprimir todos los que pueda con vosotras. Palabrita de mamá.

Ratoncita vive la magia de convertir dientes en sorpresas. Nosotros viviremos esa magia contigo y por ti.

Reflexiones de verano

Mientras descanso en un sitio privilegiado pienso en todas las historias que se esconden debajo de cada una de las sombrillas que permanecen clavadas en la arena algunas desde el amanecer. Abuelos que madrugan porque saben que el tiempo vuela y lo hacen para que sus nietos, herederos de un verano de playa y sal disfruten en primera línea mientras ellos atentos les consienten todo lo que en su infancia ellos mismos no tuvieron.

Pienso en que cada uno enfrenta el verano de la mejor forma que puede según sus circunstancias. Todos no viajan a lugares lejanos y paradisíacos. Volver al pueblo a veces es el mejor plan. Salir de un hospital o no entrar en él aún con la salud mermada pero ser cuidado con amor y cariño es oro en una sociedad a veces tan dura. Estar solo en vacaciones se hace cuesta arriba pero estar rodeado de mucha gente y ser invisible lo es más.

Romper con la rutina, los horarios y las obligaciones es necesario para nuestra mente y nuestro cuerpo. Quizás algunos tengan que esperar más o no llegue en mucho tiempo pero el orden también contiene belleza y equilibrio. Todos los lugares están llenos de oportunidades y todas las personas somos la oportunidad de otra. Un gesto amable, una sonrisa, un escucha activa o un consejo salvan vidas y alegran corazones.

Este verano que ha revuelto mis días me hizo pensar tras escuchar una reflexión qué lugares son imprescindibles para mí porque me dan sosiego, qué actividades calman mi nervio, qué actividades no quiero postergar más y qué personas volvería a elegir vida tras vida para que caminaran junto a mí. No son tantos los lugares, ni las actividades ni tampoco las personas. Todos sabemos que las personas van y vienen y solo unas pocas se detienen. Personas que no te juzgan, que te hablan con ternura pero con firmeza, que cuentan contigo para lo bueno pero sobre todo para lo menos bueno, hombros a los que ir a llorar, que te dejan llorar y te acompañan en la caída y nunca te sueltan.

Los veranos siempre se pintan con un poco de cal y traen un poco de arena. La alegría por los planes que se realizan, por las noches largas y los amaneceres cortos, por los baños nocturnos, por los lugares que se visitan, por las compañías de siempre y las nuevas. La melancolía por los recuerdos de otros tiempos, las despedidas semanales, expectativas que se aplazan y heridas que escuecen con la sal del mar. Y por detrás una mente que intenta enredar lo que el corazón no duda y un Marte que dicen que está retrógrado. Un cóctel difícil de tomar.

Aún nos queda verano por delante y días para vivirlos intensamente o dejarlos ir. Cada uno a su modo, en su momento y en un lugar. Unos deseando volver a la rutina y otros queriendo alargar un poco más las vacaciones. En mi caso que es un verano de improvisación solo vivir los días con todo lo que nos traigan, planeando a medias y probando una nueva forma de vivir. Empezando nuevas rutinas, estableciendo otras metas y dejando de lado a tenerle miedo al miedo. Atreverse sin culpa, priorizarse sin sonrojo, escuchar más al cuerpo y silenciar los pensamientos que quieren llevarme de nuevo a un punto de partida al que no quiero volver.

Disfrutad del verano sea cual sea la versión que os esté tocando vivir porque estos días para bien o para mal nunca volverán así que es nuestra decisión saber qué hacemos con ellos.

¡Adiós curso 2023-2024!

Cerramos otro curso lectivo. Hemos recogido materiales, limpiado nuestras pizarras y guardado todo en los cajones. Otro año más que nos deja huella y que nos hace acumular un montón de papeles. Mis ojos están cansados pero más mi cabeza que a estas alturas necesita cerrar puertas y ventanas para volver renovada en ideas y ganas.

En esa carpeta de los buenos recuerdos guardo notas de cariño y dibujos hechos por ellos a los que he acompañado estos dos años. Muchas horas juntos, experiencias y anécdotas que recordaremos a veces con nostalgia pero siempre con cariño.

Sé que soy exigente con una generación que es frágil como el cristal y con unas familias sin tiempo que no llegan a todo pero que han olvidado que el colegio jamás podrá suplirles en su labor como educadores principales. Y si bien es cierto que muchos pasan más tiempo conmigo que con ellos también lo es que mi trabajo es prepararles para todo lo que la vida va a exigirles. Queramos o no al final es una nota numérica la que nos acerca a nuestros sueños de convertirnos en un profesional.

Tal vez la educación esté obsoleta en algunos aspectos pero dejarla en manos de la tecnología ha dejado claro que es un fracaso. Estamos inmersos en un momento en el que la inteligencia artificial acabará redactando los trabajos de nuestros alumnos pero nadie sabrá coser un botón o cambiar un enchufe.

Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte y doy fe que estos dos años no sé si me han hecho fuerte pero me han enseñado a dejar que la tormenta pase y a saber que si tengo salud mental la partida es mía por encima de cualquier resultado. También he recordado que soy maestra de niños pero no de adultos y que no tengo el título de psicóloga ni de enfermera pero sí hay que atender se atiende con la mejor voluntad aunque a veces se entienda como desatención y otras como exageración.

Ser madre y maestra me da la perspectiva para saber qué tipo de madre quiero ser para mis hijas. Estar dentro me ayuda a tener todos mis sentidos despiertos y a respetar aún más a sus maestras que las cuidan y las miman con firmeza. Nunca olvido que sé cómo son ellas en casa pero no fuera de ella. Y aunque me interesen sus números más lo hace que sean buenas personas con el resto.

Clausuramos este curso agradeciendo lo enseñado, lo aprendido y abrazando a todos los patitos que ya vuelan hacia un nuevo curso.

¡Feliz verano maestros! ¡Nos lo hemos ganado!