¡Feliz Cumpleaños Pequeña Campanilla I!

Este año pasó muy rápido. Creciste mucho y no solo en estatura. Tu cuerpo cambió y tu carita ahora es la de una niña mayor pero tus ojos marrones y grandes siguen brillando y hablando por sí solos. Tu mano ya es casi tan grande como la mía cuando hace nada tú cabecita reposaba dentro de mi mano.

Sigo mirándote y agradeciendo cada día el milagro que fue traerte a un mundo que a veces te parece injusto pero que también te ofrece oportunidades y bendiciones que te están convirtiendo en un ser humano noble y amable con todos.

Me vuelves loca con tus historias que me cuentas con todo detalle pero los días de silencio las echo de menos y me queda la sensación de estar perdiéndome una parte de tu vida que no volverá, por eso te insisto para que la aceptes y la vivas hasta el ocaso de cada día.

Con tus once años a cuestas y con todo lo que has experimentado, aprendido y reído se me escapa tu infancia entre los dedos. Antes le temía a la adolescencia y aunque no puedo detener ese sentimiento, acompañarte en todo ese proceso me está haciendo ver otra cara de ella que me emociona.

Contigo siempre me sentiré en deuda por no haber conseguido pagar la mía y haberte arrastrado pero estoy en paz por no haberme rendido hasta encontrar un nuevo hombro en el que recostarte y unos brazos fuertes para rodearte.

Quizás ser madre me hizo perderme de mí misma por un tiempo. Sé que seguiré renunciando por ti y tu hermana y lloraré mucho porque no aprendí a volar ligera de cargas pero prometo estar ahí siempre y por siempre.

Verte jugar en las canchas me quita años de vida porque mi corazón sufre pero me hincha el alma ver tu generosidad para con todos. No sé si serás madre algún día pero si lo eres vas a ser una de esas que pertenece al club de las buenas madres.

Mi Pequeña Campanilla I no hay límite de palabras para decirte lo orgullosa que estoy de ti por ser cómo eres y cómo gestionas tu vida y si hay alguien que no lo soporta que se vaya al campo a respirar. Cuenta a saldo siempre positivo con mi protección y mi amor incondicional.

¡Felices 11 años Pequeña Campanilla I!

Sería más fácil…

Que sería más fácil callar y otorgar. Que lo sería si fuera una máquina que no siente ni presiente. Que no elegí ser pero me convertí en lo que soy y siento. Sería más fácil no ser como soy porque duelen las palabras y hieren los gestos.

Que sería más fácil ver la vida a través del prisma de todos y no ser distinta a ese todo pero entonces sería esa rosa que crece y nadie ve. Y yo sí quiero que me vean en mis días buenos pero más en los malos.

Que sería más fácil esconder lo que pienso y maquillar mis caras pero entonces mis ojos no serían esos en los que te reflejas cuando me miras de verdad y bonito. Porque yo sí quiero que me miren pero que me quieran aún más.

Que sería más fácil estar detrás pero yo quiero estar al lado porque para eso he apostado el todo por el todo. Que yo no sé jugar mintiendo ni a medias tintas. No tengo las mejores cartas ni ningún as bajo la manga porque perdí casi todo menos lo que más me importaba. Hay que ser más valiente para perder que para ganar y eso supe hacerlo muy bien.

Que sería más fácil tapar el sol con un dedo, dejar que el agua resbalara y caminar sobre las aguas. No sé hacerlo y aún dejo que los ladrones roben mi paz y mi equilibrio. Sería más fácil soportar las excusas y olvidar las mentiras pero es que no tengo una cabeza que olvida ni un corazón que está preparado para perdonarlo todo.

Que sería más fácil no ser cuadriculada para algunas cosas y olvidar los miedos pasados pero entonces no hubiera podido reconstruirme cuando era necesario hacerlo y que gracias a eso me alegra volver a escuchar una nueva llave entrando en la cerradura. Que hay momentos en los que pienso demasiado y me boicoteo pero soy ese hombro en el que recostarse, esos oídos que escuchan y esas palabras que no quieres oír pero que necesitas que alguien te las diga.

Que sería más fácil volver a poner el contador a cero con todo lo aprendido, despejar el camino de piedras y maleza y saber respirar antes de hablar pero entonces no sería quién soy ahora. Con tocs, sesiones de terapia, conjugando el verbo tener paciencia, siendo administradora de tiempos, repartiéndome entre todas mis facetas e intentando ser una mejor versión que me llene a mí misma, en la que yo pueda confiar y sentirme plena.

Que sería más fácil…pero no lo es…

2024

Ayer nos despedimos de un 2023 que se marchó en un parpadeo pero que dejó en nosotros un buen poso. Un año más que nos enseña, uno más que nos da y nos quita, uno que nos hace reír y llorar, uno que nos emociona y nos estruja el alma. Cada uno a su modo, a su tiempo y en su forma, cada uno como ha podido o ha sabido.

Un año de retos como cualquier otro porque la vida es un constante reto a la fe, a la paciencia y a la resiliencia. Es que hay años que uno vive, otros sobrevive y muchos en los que resistimos. No es que queramos hacerlo es que rendirse no es una opción para muchos de nosotros. Hay días que bajamos los brazos y apagamos nuestra sonrisa. Momentos en los que no podemos con nosotros mismos y momentos en los que no podemos con nadie. Pero no se trata de vivir siempre en el pico de la curva de la felicidad si no de ser felices mientras la recorremos aunque encontremos pendientes y abismos.

Hay años de mucho ruido y otros en los que el silencio suena más alto. Los pies se nos cruzan cuando bailamos, los tacones se nos rompen de no usarlos y lo cercano parece más alejado que nunca. El positivismo se va por la rendija de la ventana que dejamos abierta y la calma solo la encontramos al lado de personas que echaron el candado a las palabras vacías.

Hoy empieza 2024 con un día más para vivir este año con la experiencia de lo pasado, para acariciar sus días despacio y para salir a su encuentro sabiendo que todo pasa y nada permanece. Y aunque asusta lo efímero de las cosas también consuela saber que nuestras penas también lo son.

No tengo una gran lista de metas porque sé que no cumplirlas me pasa factura y ataca mi autoestima. He seleccionado unas pocas de todas mis facetas a nivel personal y profesional pero sabiendo que dentro de un año no me juzgaré si no las alcancé o lo hice a medias. No volveré a cometer el error de arremeter contra mí misma y autoexigirme lo que no puedo o no sé hacer. Hay muchas formas de no poder hacerlas y otras tantas de no hayar la forma de llevarlas a cabo.

También me planteé sitios que quiero visitar, conciertos a los que ir, experiencias que vivir y unas pocas cosas que postergué durante años por no encontrar la forma o el momento. Los años pasan y no quiero que me pesen. Adoro a ratos la rutina pero en otros momentos mi mente inquieta y mis pies necesitan cambiar de ritmo. Empecé a entrar en esa edad en la que importa menos lo que dicen los demás y más lo que me digo yo, lo que me cuido y lo que me curo.

La confianza es algo que cuesta mucho de ganarse y poco en perderse. Con los años he sabido entender que nadie podrá hacer mi trabajo ni yo el suyo, que nadie cambia si no quiere y si lo hace es por sí mismo. Sigo necesitando ese ojo externo que ve lo que yo no veo y amor del bueno. Y eso es lo que le pido a este año que a penas se deja ver, que me rodee de ese amor y que no deje que en mi mesa haya ni un hueco más porque duelen las ausencias tanto o más como las presencias ausentes.

Y replicando las palabras que fueron pronunciadas en un gran momento histórico de nuestro país, puedo prometer y prometo que viviré cada uno de los días de este año intentando hacer el bien sin mirar a quién.

Poema antes de Navidad

Caminaba ella segura de sí misma sabiendo que tras aquella esquina el viento golpearía su cara apartando sus lágrimas y despejando su mirada.

Avanzaba firme ocultando una vez más que sus piernas temblaban por un pasado que no era capaz de dejar atrás y por un futuro que no veía llegar.

Jamás confió en que el tiempo pudiera regalarle una nueva oportunidad que le devolvería la sonrisa pese a que ella jamás dejó escondidas sus risas.

Las cosas no acabaron allí y en aquel tiempo porque ese final comenzó cuando el cronómetro empezó a marcar el tiempo de descuento.

Ella mejor que nadie supo hacer magia para no romperse cuando las olas golpeaban los acantilados de su historia.

Se colocó al borde del abismo y mientras juraba no volver a caer supo que aquel día volvería a perder una y otra vez.

Viajó al centro de su alma, la recompuso a golpe de terapia, salió mientras el sol peinaba sus recuerdos y fuerte los abrazaba.

Y detrás de aquella ventana que la tormenta había cerrado apareció él para acariciarle la espalda, mirarle a los ojos y besarle hasta el alba.

Jamás perdió su suerte porque ellas son el amor que nunca falla, que siempre besa, abraza y abriga sin manta.

Pronto llega la Navidad y su luz viene a recordarnos que no perdamos la esperanza. Las estrellas anuncian su llegada así que prometamos llenar nuestras palabras de mucha paz.

Diciembre

Diciembre arranca con una media sonrisa por todo lo bueno que me trae la vida diaria que a veces parece poco porque valorar lo sencillo es complicado en tiempos de tambores que llaman a la calma entre tanta agitación.

Noviembre se despide con algo de peso en el pecho. Algunos días de insomnio, noches largas, conversaciones que ruedan sin girar y un olor perverso que me espanta. Nunca he ocultado que sea cuadriculada para algunas cosas pero no soy de espadas ni de paredes.

Con la mente reviviendo lo vivido en los meses anteriores y aceptando que la vida cambia en un click empiezo a pensar en las semanas siguientes sabiendo que van a pesarme como el plomo y que todo es cuestión de interiorizar que todo pasa. La vida nos va colocando en la casilla de salida y de llegada. Hoy crees que has llegado y mañana te das cuenta de que nunca saliste.

Lo bueno del futuro es que despeja de tu camino lo que no cabe, lo que no vale y a quien no tiene que estar. Podemos insistir con personas para mantenerlas cerca pero con el tiempo entendemos que se fueron lejos hace mucho tiempo.

Llega diciembre y no nieva. No habrá unas navidades blancas y quizás tampoco frías. Con los años uno acaba acostumbrándose a todo y donde hubo una docena de platos ahora sólo coloca sobre el mantel unos pocos. Con los años una también sabe hasta donde está dispuesta a llegar y hasta donde está dispuesta a dejar que lleguen los demás. En la vida son necesarios los límites tanto o más cómo saber cuidarse a uno mismo, quererse y respetarse.

Para muchos todo vale con tal de tener una vida. Para mí no todo vale. Cuentan las palabras pero le hago más caso a los gestos. No sé resolver un problema de física pero me detengo a conocer a las personas, a cuidar a las que me cuidan, a regalarles mi tiempo, a escucharles y a intentar entenderlas. El problema es que una mente analítica como la mía se enreda con pensamientos que a veces son erróneos pero otras veces acierta de pleno y asumir esa verdad, duele, duele mucho.

Se va noviembre y me quedo en reunión conmigo misma. Medito para relajar mis pulsaciones y no convertirme en un volcán que desborda. Quizás llegue el día que esté cansada de silenciarme pero confío en que los caminos se despejarán y tal como marca la ley de la vida todos seremos colocados en nuestro lugar a nuestro tiempo.

Serás…

¿Será la espada quien mata o la herida que no deja de sangrar?

¿Será quien nos traiciona quien nos enseña o nosotros que dejamos que nos enseñe?

¿Será la expectativa quien nos decepciona o la decepción quien arruina cualquier expectativa?

¿Será la libertad quien nos libera o la liberación de saber que somos libres?

¿Será el futuro quien nos mantiene o nos mantenemos para que llegue ese futuro?

¿Será que no sabemos vivir sin soñar o que soñamos poder vivir nuestra verdad?

¿Será que no aprendimos a amarnos o que no amarnos era nuestro aprendizaje?

¿Será que huimos mirando hacia atrás o que miramos atrás para poder huir?

¿Será que no vemos lo que queremos o que no queremos lo que vemos?

¿Será que forzamos lo que no encaja o que encajamos a la fuerza?

Tantos serás…tantos por responder…tantos por preguntar…tantos por cuestionar…tantos por silenciar…tantos por olvidar…tantos por curar…

Fe

Frente al espejo veo un rostro que acusa el paso de los años. Indicios de todo lo vivido y de un estrés que me consume algunos días y que hace que mi ojo enfermo no acabe de recuperarse. No lo hará nunca. Es el precio que tienen los sueños que se cumplen a destiempo.

Me costó aceptarme así tal cual. Pero sé que mi mirada con mis ojos grandes y marrones no engaña. No aprendí a callar con los ojos pero sí a silenciar mis palabras en batallas que no son mías. Podría ganarlas pero las situaciones que desgastan solo hay que dejarlas ir.

Leía días atrás acerca de la cultura romana y todo lo que ella nos dejó. Ella nunca perdonó a los traidores. Nosotros aprendimos a hacerlo desde los labios pero no desde el corazón. No siempre, no con todos, no en el amor. Quizás no somos distintos a ellos que mataban con la espada y nosotros con el rencor.

Recordé que las ciudades nunca se moverán del sitio. Que cada uno elige y en sus elecciones está su destino y que quizás con las palabras se hiere pero con nuestras elecciones también lo hacemos. Que somos libres pensadores pero no ejecutores y que a veces no necesitamos una amnistía si no aceptar que el que quiere estar, está y el resto sólo es ruido.

Sopla un viento muy fuerte estos días y mi cabeza vuela. No hay manera de recoger mi pelo y a mi alrededor el polvo hace estragos en mi nariz. Ayer me dediqué a escuchar el silencio, a veces las cosas sencillas son las que más se echan de menos. Estoy aprendiendo a cocinar mis proyectos despacio porque el tiempo come mis ambiciones.

No tengo la sensación de “otoño”. Es una estación que no conozco. Y mi cuerpo no sabe ni por donde va. Mi armario mezcla colores cálidos y fríos y estoy muy cansada de un verano que no se va. Mis pies empiezan a estar fríos por la noche pero durante el día arden.

La rutina llena mis espacios y sé que siempre es así en los arranques de curso escolar. Sé que mi bandeja de tareas no va a vaciarse hasta dentro de unas semanas. Escucho las demandas de todos los personajes y ellos mis súplicas para que acepten su papel. No hay vuelta atrás. Ser padre es sacrificio y aunque es una palabra dura es la pura verdad. Pero si no nos sacrificamos por el futuro como vamos a saber honrar el pasado.

Los que me conocen saben que a pesar de todos los males siempre saco mi sonrisa e intento que los de mi alrededor también lo hagan. Nuestros plazos deberían ser de 24 horas. Así viviríamos como los que ganaron todo y no perdieron nada. Dice mi terapeuta que aún no sé soltar el control y que la vida está poniéndome mil desafíos para que lo suelte.

El año acaba y aún no tengo mis objetivos para el año próximo. Más bien no quiero revisar los del anterior y prefiero mirar hacia nuevos caminos y horizontes perdonándome por lo no alcanzado y aceptándome así de imperfecta pero con la certeza de que soy leal a mí misma y que si he podido soltar el control cuando la vida más se descontroló puedo volver a hacerlo ahora y siempre. Fe.

Mi mejor trabajo

No hubo un trabajo que eligiera mejor. Sin experiencia ninguna solo con referencias cercanas que ya habían pasado por él pero sabiendo que al menos una vez quería desempeñar esa labor. Desde que recuerdo fue uno de mis principales sueños y sabía que sola o acompañada lo haría.

No ha habido un trabajo en el que haya y siga aprendiendo tanto. Causa en mí mil dudas, supera mis límites y pone a prueba toda la paciencia que tengo. Es lo que más me ha hecho llorar y reír. Es lo que me ha hecho levantarme cada día en tiempos de dolor y tocar el cielo con los dedos de felicidad.

No hay un trabajo que vaya a ser tan eterno y que vaya a exigirme más. Es el trabajo que me ha hecho renunciar a muchas cosas y por el que perderé viajes, tiempo de autocuidado y oportunidades profesionales. Es ese trabajo que revoluciona tu mundo y a ti porque te conviertes en una nueva versión de ti misma.

No concibo mi vida sin ese trabajo. Es a tiempo completo, abarca todas las horas de un día, de cada día de todos los días de un año y de año tras año. No puedo recordar cómo era mi vida antes, no sé quién era yo ni que hacía con mi tiempo. Pero sé que desde que me levanto hasta que me acuesto mi cabeza da vueltas en torno a él.

No hay un trabajo que me vuelva tan del revés, ni acapare tanto mi atención y por el que esté dispuesta a dejarme la piel. Seguramente no sea la mejor del mundo y esté llena de errores y equivocaciones pero no hay escuela que te prepare para este trabajo más que el instinto y la experiencia.

No hay un trabajo mejor que el de ser madre. Tampoco uno más duro ni más imperfecto. Hay días muy agradecidos, momentos inolvidables pero también los hay de mucho cansancio, noches sin dormir y mucha visitas al médico. Pero recuerdo el primer minuto que sostuve a cada una de mis pequeñas campanillas entre mis brazos y sé que cumplí con mi destino al traerlas al mundo. Hoy las miro y entiendo por qué siempre quise ser madre pero sobre todo que quería ser la suya y espero que algún día me miren con la misma ternura y comprendan por qué me eligieron.

Sé que las ojeras me delatan y a veces se me escapan los gritos. Sé que hay días que olvido mi propia pedagogía y que me siento la mala del cuento pero estoy en paz cuando apoyan su cabeza en mi hombro, me cogen de la mano y con mi cara entre sus manos me plantan un millón de besos.

Sé que este trabajo no acabará nunca. Que echarlas de menos me ha hecho desearlas con más fuerza. Sé que no volveré a sostener un bebé entre mis brazos y que con ellas completé mi ciclo. Pero también sé que si volviera a ser madre acogería con el mismo amor a ese nuevo milagro porque si de algo estoy segura es que serlo es un privilegio que la vida nos concede y nos cede por un tiempo.

¡Larga vida a la vida de madre!

Soy y quiero…

Quiero ser la letra de tu canción y no solo un título que olvidas. Quiero componer todas tus estrofas y ser la número uno de tu lista.

No soy tus primeras veces pero me quedo con ser alguna de esas únicas veces que siempre se recuerdan aunque haya cambio de estación.

Quiero ser esa melodía que te alegra los días y no el “réquiem” de una muerte anunciada porque no hay nada más que duela que lo que no se acepta.

No soy esa arcilla que se moldea ni el agua que se estanca. Sé que tiro de instinto y no me gusta darle la razón cuando no le hago caso.

Quiero ser las notas altas y bajas de tu pentagrama. Tú no sabes de ritmo y yo de agudos y graves pero entre los dos ejecutamos con delicadeza nuestra partitura.

Soy viento que ha de volar. Necesito respuestas. Hago preguntas. Soy de piel fina aunque a veces mis palabras raspen tus oídos.

Quiero ser ese disco rayado que escuchas una y otra vez. Ese grupo de música de antaño que empaña tus recuerdos de una luz brillante y de un pasado que pasó sin pesar.

Soy TOC para mis sentimientos porque me resisto a dejarme oscurecer por las nubes negras. Escribo mejor que hablo. Sé respirar pero no disimular. Y no aprendí a maquillar mis heridas tanto como para que no se noten.

Quiero lo que soy. Hay días que canción, otros melodía y unos pocos silencio. Ese que a ti te pesa y a mí me libera. El peligro no es el silencio si no las palabras que se ahogan entre las cuerdas vocales de la garganta.

Soy lo que quiero. Serlo es un trabajo que nunca acaba. A veces desafino y me cuesta admitirlo. No soy perfecta pero no oculto mis errores.

Ojalá siempre sea ese paso de baile que quieres dar en cualquier escenario al que la vida nos lleve. Prometamos cuidar de nuestro telón para jamás bajarlo.

Día Mundial de la Salud Mental

El 10 de octubre es el Día de la Salud Mental. Una jornada para recordarnos la necesidad de atenderla, cuidarla, comprenderla, aceptarla y sanarla. Nos asustamos cuando nuestro cuerpo presenta síntomas de una enfermedad física ignorando que la mayoría de las veces son ocasionados por enfermedades mentales no tratadas.

Los gobiernos de todos los países invierten muy poco dinero en ella siendo una de las principales causas de muerte en nuestro siglo. Ningún país ni nación se pone al frente de dotar a la sanidad de todos los recursos necesarios para evitar que cada año aumente el números de casos de enfermos mentales que acaban usando a diario ansiolíticos y tranquilizantes.

Muchos de los que tenemos a nuestro alrededor no son capaces de reconocer que necesitan ayuda y que es urgente porque se ahogan al escuchar el sonido del despertador cada mañana. Convivimos con amigos llenos de esquizofrenias, bipolaridades y TOC. No son simples manías, ni gente rara o especial. Son personas que necesitan ser ayudados por profesionales para que la enfermedad no domine su vida y para que nosotros podamos entenderlos y empatizar con ellos.

Necesitamos desmitificar la respuesta de “estar bien” porque hay días que solo estamos. No necesitamos ser una fuente de alegrías cada día pero sí autoconocernos y saber que hay días que no son buenos. Saber que hay cosas con las que a veces en ese momento no podemos y que es mejor abandonarlas por un tiempo que abandonarnos a nosotros mismos.

Todos nosotros acabaremos viendo a alguien cercano quitarse la vida y no nos lo anunciará con luces de neón. Quizás pensemos que su vida es maravillosa pero muchas veces desconocemos la soledad que se siente en las madrugadas o el dolor que punza tras muchas puertas. Hay que vigilar, acompañar y encontrar el modo de ayudar. Si al final decide escribir su final, lo hará pero nosotros sabremos que hicimos lo que pudimos.

La mente es muy compleja. El ser humano es capaz de resolver ecuaciones matemáticas y entender la física cuántica pero se desmorona ante los reveses de la vida, se siente vacío y perdido. Pensamos que podemos solos con todo y tiramos un poco más del carro hasta que llega el día en que la vida nos supera.

Personalmente cuido mucho mi salud mental porque la respeto, la tengo en cuenta y la priorizo por encima a veces del ejercicio físico. Cuido los alimentos que ingiero y tampoco fallo a los encuentros con mi terapia. Solo los que algún día vimos peligrar nuestra salud mental sabemos que es fácil abandonarse al desequilibrio.

Desde estas líneas os hago un llamamiento a proteger vuestra salud mental y a cuidar la de las personas que tenéis alrededor. Quizás un abrazo es mejor que mil palabras. Hay días que se trata solo de escuchar y acompañar. Tomar en serio a quienes nos conocen y saben que estamos fuera del equilibrio. No sumar a quien no puede con su propia carga. Saber decir “no” a tiempo es mejor que cargar con un “sí” que no se soporta.