Poema de viernes

Regala vida a quien te la da.

Habla a quien te escucha.

Hazle sitio a quien te hace hueco.

Escribe para quien te lee.

Cura a quien no te haga daño.

Piensa en quien te recuerda.

Camina con quien cuenta contigo.

Deja entrar a quien te deja salir.

Escoge a quien te elige.

Huye de quien no te persigue.

Se el sol de quien no te haga sombra.

Enciende la luz de quien te busque en la oscuridad.

Busca el camino de quien encuentre el tuyo.

Quiérete primero a ti y después a quien te regale, te escuche, te escriba, te cure, te piense, te escoja, sea tu sol, encienda tu luz y quiera caminar junto a ti por un mismo camino.

Canción de cuna

Duerme mi niña cogida a mi mano…

Duerme mi niña en mis brazos…

Duerme mi niña soñando…

Duerme mi niña riendo…

Duerme mi niña en mi regazo…

Duerme mi niña mientras bailamos…

Duerme mi niña en su cuna blanca…

Duerme mi niña que te llevo a mi espalda…

Duerme mi niña hasta el alba…

Duerme mi niña que para ti es esta nana…

Duerme niña de mi alma…

Mamá, ¡quiero escribir!

Hace días que quería traer a la luz este tema. Y voy hacerlo dando mi opinión totalmente personal. Podría citar fuentes, autores, pedagogos y maestros de prestigio pero voy a hacerlo desde mi prisma de madre y maestra. Ya saben, una se sienta en el vagón de metro y es todo el tiempo que tiene para escribir.

Muchas veces nos empeñamos en hacerles mejorar a nuestros niños en aquellas cosas que no se les dan bien o no son buenos y dejamos de mejorar aquellas para las que tienen talento. Dejamos de lado sus gustos y les matriculamos en actividades de moda y que les ayudarán a desarrollar otras habilidades que pensamos que son más importantes para su futuro.

Concuerdo en que hay ciertos aprendizajes que si o si tienen que poseer pero hay otros que simplemente jamás les gustarán y ahí están año tras año yendo a mejorar su inteligencia matemática cuando se mueren por coger un pincel y pintar con acuarelas.

Vivimos tan enfocados en el futuro que se nos olvida el presente, lo que necesitan ahora, lo que les gusta o les motiva. Tienen una vida por delante para centrarse y para saber escoger o qué escoger.

Hay muchos tipos de inteligencia y como he prometido no basaré mis argumentos en teorías pero en este mundo todos no seremos ingenieros ni médicos. Aprender a conocer a nuestros niños nos ayudará a ir guiándoles y mantener el equilibrio entre lo que les gusta y lo que necesitan.

La oferta es muy amplia y hay opciones para todos los gustos y necesidades. Como maestra siempre insisto mucho en la importancia de la lectura en los niños. Durante un tiempo muy largo me he peleado con mi Pequeña Campanilla para que leyera lo estrictamente necesario. En su biblioteca de casa hay libros de todos los estilos y temáticas pero ella que empezó a leer muy pronto y tiene una buena comprensión lectora se negaba a hacerlo. Llegué a desesperarme sin saber qué hacer pero una vez más el tiempo ha sido clave para que acabe sucumbiendo a la lectura.

No la estaba mirando, no la observaba lo suficiente. Pero poco a poco me di cuenta que ella amaba las letras escritas y quería contar historias. Lo tuve siempre delante de mis ojos porque con sus Playmobil lleva años inventando personajes, vidas, sucesos… y al fin comprendí que era mejor fomentar y poner todos los medios a su alcance para que mejorara en algo que se le da bien pero que por encima de todo disfruta.

Y poco a poco a través de la escritura y de crearle su propio blog (conadeaitana.wordpress.com) he ido consiguiendo que de forma paulatina y voluntaria ganen los libros leídos. Hay que perseverar, sentarse a su lado, trabajar a diario pero con su sí el camino es más fácil.

A ambas aún nos quedan muchas historias que contar pero más que aprender y que es la vida si no un constante aprendizaje en todos los ámbitos de la vida.

¡Seguimos!

Aplausos

Después de casi ocho meses de una pandemia que está agitando todos nuestros cimientos personales, sociales, globales y mundiales vemos cada día en las noticias hablar de héroes de bata blanca. Y así es, personas anónimas que estudiaron una carrera sabiendo que cuando las cosas se pusieran feas ellas no huirían. Curan, sanan pero además acompañan y se despiden. Trabajan con el corazón apretado y sin perder la sonrisa día tras día. Sin subidas de sueldo ni vacaciones no han dejado de servir al prójimo y así seguirán hasta que esto acabe.

Si tengo que volver a salir a un balcón a aplaudir no solo lo haré por ellos, los sanitarios. Lo haré por los niños que con su eterna inocencia han aceptado esta situación y se han adaptado sin levantar la voz. Han entendido que tenemos que cuidarnos los unos a los otros y hoy por hoy la mascarilla es lo que nos salva.

Los colegios son los lugares donde menos contagios se producen y es gracias al esfuerzo que ellos hacen por cumplir las normas. Han vuelto a un colegio que jamás han conocido, con flechas en el suelo, geles desinfectantes, puntos de salida y entrada, patios divididos y sin recibir sonrisas ni abrazos los días que lo necesitan. Se han acostumbrado a todo y todos. Así que yo si aplaudiré por ellos.

Esta generación de niños que viven más en casa y menos fuera, que no pueden jugar en el parque, que han tenido que renunciar a cumpleaños con amigos, que no viajan, que no tienen las extraescolares que quieren y que no hacen excursiones, son esa generación que mantienen el ánimo de muchos adultos y que son pura energía.

Ellos y solo ellos no se agotan, no se quejan, no predicen. No negativizan el día a día y no renuncian a vivir el hoy y que pase lo que tenga que pasar. Los admiro por ser más adultos que algunos adultos y sé que a ellos esta pandemia les va a sumar muchos aprendizajes para su futuro.

Convivo con muchos niños cada día. Me levanto con dos cada mañana y cuando me dan mi beso de “buenos días” sé que por muy malo que sea el día por la noche volveremos a estar juntas y todo habrá pasado. Su amor desmedido, su carita de estar viendo a la mujer que les dio la vida con los ojos llenos de emoción me recarga la energía. Ellas no saben que cada día al cruzar la puerta de casa llevo tatuada su eterna sonrisa y su amor infinito. Me siento responsable de ser la mejor versión de mí misma cada día y mostrarles que hay días que aunque la paciencia no me alcanza me sobra amor por ellas.

Y cuando abro la puerta de mi aula cada día, enciendo las luces, enchufo el altavoz y pongo una música alegre porque quiero preservar un trocito de infancia de mis pequeños alumnos. Cuando crezcan si recuerdan estos tiempos de pandemia ojalá solo almacenen en la memoria los recuerdos buenos, las risas, y esas frases locas que les repito cada jornada.

Niños del mundo, niños de mi vida, os merecéis que cada adulto pinte vuestros días con los colores del arco iris. ¡Gracias por hacerme recordar que la magia existe y que solo hay que creer en ella! Vosotros sois mi magia.

Aplausos…

conunasdesilvia.com

Hoy estamos de estreno y lo hacemos a lo grande porque no solo cambiamos nuestro nombre si no también nuestra imagen y nos hacemos el firme propósito de con cada palabra traer un poquito de aliento, con cada párrafo consuelo y con cada texto revelar pensamientos y sentimientos que nos identifican a todos en algún momento. Porque quien está detrás de este blog es una mujer, una madre y una maestra que empezó hace seis años a contar y decir en voz alta que lloraba por la pérdida de su padre, que tenía sentimientos encontrados con la maternidad y que la educación debía cambiar el mundo.

Si me preguntan si era un cambio buscado, la respuesta es que no. Han sido días de aprendizaje tecnológico, de búsqueda de información y de muchas horas de trabajo pero ante la posibilidad de perder creció en mí con más fuerza que nunca la certeza de no hacerlo. Y aunque mi baraja no tenía ningún AS mi confianza suplió cualquier obstáculo.

Nuestra vida está llena de infinitas posibilidades, unas más elevadas que otras. Algunas nacen de la rabia y el dolor pero si algo les puedo decir es que todas ellas son válidas. Nadie puede juzgarnos pero cada uno de nosotros lleva puesto el par de zapatos que ha elegido.

Nunca me asustaron los retos, si fuera así no habría sido madre porque no hay mayor reto que ese. Caminar sola y hacerlo desde el punto cero tampoco porque a mis espaldas llevo un gran bagaje y algunos años de autoconocimiento. Pero si hay algo que me ha hecho madurar es despertar de mi ingenuidad.

Hablo de ingenuidad no de inocencia, esa bella y bonita que se ve reflejada en las miradas limpias. Esa ingenuidad me llevó a depositar mi confianza en externos y dejé en sus manos detalles muy importantes. Hasta hace un tiempo no me preocupé de ciertos ámbitos y confié ciegamente. Si algo aprendí últimamente y más en esta semana es que la confianza en el otro tiene que tener límites y es más responsable e inteligente actuar así.

Tropiezo muchas veces en la misma piedra como supongo todos los que me leéis y todos dejamos en manos de otros aspectos importantes como el dinero o la tecnología. Y llega el día en que la confianza se quiebra y no hay nada más que decir ni que hacer.

Soy ingenua, no confío rápidamente en nadie pero cuando me entrego dejo que inunde mi espacio. Después de que la empresa que alojaba mi dominio me pusiera en la cuerda floja he despertado. Mi confianza tiene un precio y mi espacio tabiques. Hay cosas que no se pueden comprar con dinero y es mejor dejarlas ir.

Como ven el nuevo año ya viene pisando fuerte con nuevos caminos y aprendizajes. Con un nuevo blog y con muchas ganas de seguir aportando luz. Mi verdad, mi yo, mis heridas, viejas y nuevas, mis sueños, mis esperanzas e ilusiones.

El camino está lleno de infinitas posibilidades y decidí encaminar mis fuerzas y energía para crear no para destruir. Recuperé aquel primer post, y el segundo y todos los que vivieron después y que cuentan mi historia. Un blog que nació del más profundo amor de una hija a un padre y que ha ido creciendo y madurando. Y así seguiré dejando caer palabras, arrastrando párrafos, mezclando versos y contando cuentos.

Si me acompañan, aquí estaré.

¡Muchas gracias!

Me despido de ti 2020

Prometías mucho, nos regalabas un día más, eras par y sonabas bien. El principio de una nueva década, el inicio de tiempos mejores y la esperanza de muchos. Pero tus días han pesado más que el plomo y tus horas se han llevado muchas vidas. 

Llevo muchos días intentando sentarme cara a cara frente a ti, decidiendo que quiero decirte o si es mejor guardar silencio pero bien sabes que no me quedaré callada. Me has revolucionado, me has instigado a perder los papeles y mi rumbo, has hecho que pierda el norte y dude de mi dirección. Algunos de mis días han sido muy oscuros y las noches largas. Me has llevado a entrar en callejones y me has quitado mis opciones. Has estrujado mi corazón y me has empujado a esa delgada línea de la tristeza. Has cerrado muchas puertas. Has hecho que colapsara y mi cuerpo enfermera. Me has dejado sin aliento, sin aire y has tapado mi boca con una mascarilla. 

Pero he decidido no coger esa silla y sentarme frente a ti para decirte todo lo que no has hecho por mí en tus trescientos sesenta y seis días, si no para enseñarte que a pesar de todo sigo aquí más entera y consciente que nunca. Que sigo viviendo, que sigo respirando, que solo eres un mal momento dentro de una vida entera. Que no has conseguido que enloquezca o tire la toalla. Que dentro de unos años te habré olvidado, que solo serás un mal recuerdo, algo por lo que tenía que pasar para aprender y mejorar mi camino pero sobre todo a mí misma. 

Y no quiero que agotes tu tiempo sin que sepas que agradezco las cosas que me has enseñado, que has apartado gente de mi vida que yo no he sido capaz de apartar, que sé que no volveré a suplicarle a nadie que se quede a mi lado y que no me quedaré sentada viendo como otros bailan sin mí. Que solo yo conduciré mi vida y para siempre venga quien venga mi mano solo tendrá tres estrellas. 

Me hiciste sentir en algunos momentos que era una marioneta que nada podía hacer y me has enseñado cuan vulnerable puedo llegar a ser. Pero me has regalado tiempo de maternidad manteniéndome encerrada en casa y pude ver los primeros pasos de mi pequeña campanilla. Y he seguido siendo madre multitarea para mi pequeña campanilla mayor siendo madre y maestra a la vez. Y de ti me quedo con ese recuerdo en los tiempos primaverales; fui madre, fui maestra y salí adelante sola riendo de día y llorando de noche. 

Me has enseñado a abrirle la puerta a las maletas que estaban preparadas hace tiempo y a poner el candado. Me has recompensado con un lugar de trabajo que es hogar y paz. Me has metido en una burbuja donde veintidós más uno nos cuidamos, nos reímos y sin abrazarnos construimos unos bellos lazos. Y en esa burbuja se ha ido colando mi equipo comedor para hacer que a mis días no les faltara la risa ni unos ojos llenos de cariño. Y cada mañana la música ha sonado porque juntos te hemos sobrevivido. Con tu virus, tu pandemia, tu confinamiento y tus PCR has sembrado miedo pero ya sabes que al miedo no hay que darle tiempo ni a los gigantes espacio, así que hemos sacado nuestras capas y dentro de nuestra burbuja te hemos derrotado. 

Prometí despedirme de ti en quinientas palabras pero eso es imposible porque he vivido cada uno de tus días como si fueran míos aunque sé que no me pertenecen. 

Estoy agradecida por todo lo que me dejas. Y aunque pudiera volver el tiempo a un año atrás no lo haría porque sé que las cosas son como son por alguna razón. Sé que todo lo vivido este año resultará ser una bendición en mi vida para siempre. Entenderte a ti es fácil perdonar al resto de actores de este año no lo es. Infringieron demasiadas leyes y rompieron todas sus promesas. Mancillaron la fidelidad y enmudecieron para siempre. 

No ha sido un año fácil para nadie. Si me estás leyendo no te quedes solo con lo malo, no te recrees en ello y valora los pequeños momentos de felicidad, esa que solo puedes alcanzar por ti mismo y que nadie puede darte. 

Si os han dejado este año, os han plantado, se han esfumado o perdisteis a alguien sabed que vuestro dolor es compartido y entendido. Vuestras lágrimas no son en balde y todos los días el cielo nos recompensa con pequeños gestos, momentos y señales para aplacarnos por dentro. Mirad, buscad y observad y dejad que el tiempo se lleve todo el dolor. Parecía que este año no acabaría nunca pero sí, ¡adiós 2020! Hoy aprendí tus lecciones quizás en un tiempo pueda abrazarlas. 

Navidad, tiempo de renacer

Llegó la Navidad. El tiempo fue implacable y la trajo a todos nuestros hogares con decoración o sin ella. Espumillones y turrones llenaron los supermercados desde hace mucho y las luces navideñas fueron encendidas discretamente en un año que vimos apagarse muchas vidas. 

La Navidad es un tiempo que amas u odias, sin término medio. Que anhelas que llegue o tienes prisa porque pase. Pero no deja indiferente a nadie. O te hace brincar de alegría o llena tus ojos de lágrimas por las pérdidas y las ausencias en las mesas. El contacto no es el mismo a través de la tecnología pero gracias a ella podemos estar cerca de lo que están lejos. Este año de pandemia habrá que cuidarse unos a otros si no queremos que en la Navidad próxima las ausencias sean más en nuestras mesas. Este año quererse es no verse, ni tocarse ni abrazarse. Debemos ser conscientes que nuestros afectos pueden resultar venenosos y contaminantes. Y hay pérdidas que jamás vuelven a recuperarse.  

Y la Navidad y esta pandemia nos invitan este año al recogimiento y al silencio. La vida quiso encerrarnos para que empezáramos a mirarnos un poquito a nosotros mismos y dejáramos de vivir por lo externo y para el exterior. Quizás sea duro lo que veamos y sintamos. La soledad pesa y el silencio nos condena por nuestros pecados, pero quienes somos nosotros para cuestionar los planes. 

La Navidad es un tiempo para renacer, cerrando viejas heridas y empezar de nuevo en otro lugar. Pero sobre todo para mejorar por dentro o al menos tomar conscientes de nuestras limitaciones. Hay cosas que no cambiarán ni mejorarán. Pero al menos seamos sinceros y vivamos consecuentemente. 

Esta Navidad será diferente en todos los hogares. Muchas estructuras cambiarán y habrá límites. La desobediencia de unos nos arrastrará a otros pero qué decirle a alguien que no es capaz de apreciar ni su propia vida ni la de los más susceptibles de su alrededor. Las palabras no le sirven, el ejemplo no lo entiende, así que dejamos que la práctica le abra los ojos aunque sea a golpe de mazo y pérdida. 

La Navidad no es tiempo de olvidar si no de mirar hacia ese portal donde un niñito desprovisto de todo hizo de su vida historia y hazaña. Cada día en muchas partes del mundo pequeños gestos de muchas personas van cambiando el mundo. A veces solo unas palabras de aliento, otras un mensaje en una tarjeta, un abrazo furtivo, una mirada detrás de una mascarilla, una foto de tiempos pasados, una frase en un muro… eso es la Navidad mantener la llama de la esperanza encendida de los que nos rodean todo el año y de los que se quedan siempre a nuestro lado. 

La Navidad es un momento de reflexión y de establecer nuevos objetivos para el año próximo. De quitarse las viejas cargas, de mirar al cielo y buscar la Estrella de Navidad, esa que guió a los tres Reyes Magos. Y sé que a ti te dan igual el oro, el incienso y la mirra porque le sonreíste al tamborilero que te dio lo único que tenía. Sabes que a tus pies dejaré todos mis dolores y heridas, los sueños rotos y mi alianza. Frente a ti recuperaré el aliento, el brillo de mis ojos y me reconciliaré contigo dejando atrás las diferencias que nos separaron este año. Espero tu nacimiento que también será el mío. Como cada año, siglo tras siglo, oportunidad tras oportunidad. 

Navidad, tiempo de renacer, de rehacer y de recomenzar. 

Manifiesto

No suelo utilizar mi blog para reivindicaciones ni posicionarme política o religiosamente pero sí para expresar mis pensamientos o sentimientos. Y hoy más que nunca es necesario alzar la voz y decir ¡basta!

Este manifiesto va dirigido a todas las personas, grupos de amigos y familiares que estos días navideños y cada fin de semana han decidido no cumplir las normas sanitarias ni las recomendaciones.

A todos aquellos que en vez de seis personas os habéis reunido algunos más deciros que cuando colapséis el servicio de sanidad pública no os quejéis porque no os atienden rápido. Era vuestra responsabilidad cuidar de vosotros pero habéis preferido el jolgorio.

A todos aquellos que os habéis reunido más de dos grupos familiares estables deciros que no maldigáis al médico que eligió que vuestro/a abuelo/a muriera porque había otra persona con más posibilidades de vivir y faltan camas en la Unidad de Cuidados Intensivos.

A todos aquellos que habéis pensado que vuestra familia es especial deciros que todos amamos a la nuestra pero que la queremos sana y por eso nos cuidamos los unos a los otros. Si una familia en plena pandemia antepone la reunión a la seguridad es que sus lazos no son muy fuertes.

A todos aquellos que justificáis vuestro hacer culpando al gobierno cargad con las lágrimas cuando vuestro familiar de riesgo esté ingresado y muera solo porque era necesario brindar por lo que vendrá.

A todos aquellos que tenéis hijos y les obligáis a cumplir las normas mirad a ver el ejemplo que les estáis dando al reuniros más de lo permitido. Justificad vuestra conducta diciendo que hubo un concierto con quinientas personas. Ni lo suyo es de recibo ni lo vuestro tampoco.

A todos los negacionistas y antivacunas echaros a un ladito y cuando enferméis no acudáis al médico y curaros a vosotros mismos. No entiendo de vacunas, no soy médico ni científica pero solo con que una vacuna salve miles de vidas, ¡bienvenida sea! No nos quitará más de lo que ya nos ha quitado este virus.

A todos los que os sentís manipulados por los gobiernos y creéis que vivimos en la cultura del miedo puede ser que no hayáis notado los efectos del virus en vuestro propio cuerpo ni hayáis visto partir a un ser querido, entonces dejad que los que si lo hemos sufrido queramos protegernos. Con todas vuestras acciones, falta de responsabilidad y moral nos estáis poniendo en la cuerda floja a todos.

A todos aquellos ingenuos que como yo pensábamos que la pandemia nos cambiaría a la humanidad, pasados los meses podemos comprobar la ceguera que hay. Algunos valoran poco su vida y está bien así pero sus acciones repercuten a todos.

A todos aquellos que no entendéis de que va este juego y que os parece que vais ganando el pulso de la vida y que nos llamáis locos a los que nos queremos a nosotros mismos y a nuestras familias aunque no podamos compartir mesa y mantel, sed un poco egoístas y confinaros hasta que acabe la pandemia en una isla caribeña. Al menos el resto tendremos más posibilidades de sobrevivir.

A todos aquellos que salíais a aplaudir a los balcones cada día a los sanitarios y hoy os reunís en espacios cerrados sin ventilar y con personas octogenarias y niños pequeños, respetad su trabajo porque en sus manos está vuestra vida y la de toda la humanidad.

Ojalá el nuevo año pueda traer algo de sentido ético y amor a este mundo inhumano.

¡Hasta siempre dulce hogar!

En la vida hay que tomar decisiones que aunque nos duelan tenemos la certeza que son necesarias y buenas a largo plazo. Lo malo es tomar las decisiones pensando solo en uno mismo cuando salpicará a otros tantos. Y peor es aún hacerlo hiriendo la sensibilidad de los otros y ser consciente de ello.

Cuando te conviertes en madre trazas un buen plan en el que cualquier decisión ya no te atañe solo a ti misma. Siempre te dejas la última, bailas la última y renuncias a todo y más. Esa es la maternidad que yo vivo, tres siendo una y una siendo tres. En tiempos de pandemia, mi riesgo es cero y toda precaución es poca. No vivo en el miedo pero he postergado las visitas a convalecientes, hay bebés a los que no conozco ni purpurinas que usar con amigos. Todo lo demás es puro moralismo.

Este año ha venido cargado de decisiones y de pocas opciones. El mensaje estaba claro, “abrir la puerta” y dejar que el agua siga su curso. Quizás ese agua provoque grandes daños. Serán irreparables y se pagará un precio alto. El tiempo dirá aunque el murmullo del agua ya puede oírse.

Aún quedan algunas semanas para acabar con este año, el cual se merece un post de 500 palabras pero no dejaré que me robe más líneas hoy. Y si de líneas hablamos aunque las mías se torcieron con mi lápiz mágico las estoy enderezando. Compré un nuevo cuaderno de hojas blancas y yo que soy doña listas ya empecé a escribir mis nuevos objetivos del año 2021. Hacía tanto tiempo que rodaba dentro de una rueda tal cual ratita que se me ha llenado rápidamente la primera hoja. Soy de la opinión de dejar visibles tus objetivos vs sueños de cada año porque aquello que pones en papel es como un contrato contigo mismo. Estas firmando un compromiso con tu vida y tus manos dan fe de esa firma.

Terminé hace unos días la mudanza más costosa que he hecho. Costosa en tiempo, en energía y en tener paz. Junté unas cuantas cajas llenas de pasado, cargué unas cuantas décadas y cubrí el resto con sábanas blancas. Repasé con mi memoria cada estancia y fui cerrando sus puertas. Encima de la mesa principal dejé lo único que no me pertenecía. Agradecí el tiempo vivido allí y dando un portazo solté mis últimas lágrimas.

Fuera me esperaba una nueva vida, un nuevo camino, y una mochila llena de sueños que compartiré con quien quiera estar. Si algo aprendí es que si tienes que rogar que alguien se quede entonces no es bueno.

Hoy volvió a amanecer y la mano de mi Pequeña Campanilla II cogió fuerte la mía y a partir de ahí no hay nadie ni nada más que valga la pena que ellas. Cada renuncia, cada sueño aplazado, cada mudanza, cada adiós vale la pena por ellas. No todos podemos llegar a ese estado, a ese aprendizaje en el mismo momento. La pena es hacerlo cuando sea demasiado tarde y cuando el rumbo haya cambiado.

¡Hasta siempre dulce hogar! Gracias por regalarme buenos momentos y haberme elegido como inquilina. Aunque nunca volveré a habitar en ti, tú siempre lo harás en mí.

Mudanzas y demás

 

En estos días hago cajas de mudanza y las voy llenando sólo de lo imprescindible, solo de aquello que quiero conservar y que me saca una sonrisa. Fotos de un pasado compartido, tickets de cine y antiguas fotocopias pasan por mis manos pero no tienen sitio en mis cajas.

En estos días recorro mi casa con la memoria de los ojos y recuerdo como fue diseñado cada rincón. Sus colores, texturas y decoraciones fueron elegidas con mucho mimo y cariño, no en vano allí vivía lo que más quería. Y aunque una parte de mí se va, en los armarios vacíos se queda mi esencia y mi huella. Ese aroma queda allí hasta que el tiempo pueda borrarlo definitivamente.

El camino no está siendo fácil porque dejo atrás un hogar con sus días felices, sus risas y primeras veces. Pero aquí no mueren mis sueños porque sé que allí donde yo habite ellos lo harán conmigo. Algunas lágrimas caen mientras voy sanando los últimos recuerdos que construyo entre estas paredes.

Hoy se escribe un punto y final. Sé que no solo cierro cajas ni una puerta. Dejo atrás memorias de luz y cierro cualquier posibilidad de permanecer, estar y ser para ti. Mi trastero empieza a llenarse y mi camino a despejarse. No hay nada peor que vivir esperando por algo y alguien que ya no está. Fingir que se está bien cuando quieres morir por dentro no es un drama que pertenezca a mi vida. Con cajas o sin ellas algunas ventanas se cerraron hace algún tiempo.

Y aunque acepto mi destino en silencio y sin alzar la voz, cuento los días para que empiece un nuevo año. Sé que tu plan es el mío y responde a lo que necesito pero las líneas se torcieron demasiado y mi vaso empieza estar hasta el límite. Sé que saldré fortalecida, sé que es cuestión de tiempo, sé que podré con todo, sé que no es la primera vez que camino cojeando pero sabes que la paciencia no me alcanza y sé que me conoces y has dejado a mi lado a quienes no me dejarán bajar los brazos.

No me gustan las mudanzas, tampoco las despedidas, los cambios y los adioses. Este 2020 me ha arrastrado por todo lo que no me gusta. Pero tras cada mudanza aparecieron manos para ayudar, tras cada despedida nuevos encuentros, tras cada cambio nuevas oportunidades y tras cada adiós, la posibilidad de volver a empezar.

Larga vida a las cajas…