Solo por ti haré de este acto de fe la mayor de las caridades hacia mí misma.
Solo por ti aceptaré que sabes lo que haces y pondré a tus pies mi futuro.
Solo por ti asumiré que este acto de fe forma parte de un plan superior que no logro entender.
Solo por ti silenciaré a mis demonios que me llevan a una oscuridad a la que no quiero volver.
Solo por ti mantendré este acto de fe y dejaré mi rebeldía guardada en el cajón más profundo de mi alma.
Solo por ti aplacaré mis deseos de salir corriendo y no mirar hacia atrás.
Solo por ti juntaré mis manos en este acto de fe que me pide abandonar un sueño que tanto me costó construir.
Sé que el día que dejé que entrarás en mi vida supe que creer en ti era el mayor acto de fe que la vida podría pedirme. Pero soy un grano de arena entre miles de granos y mi tamaño hace que se tambalee mi fe. Y sé que en este punto no hay nada que ninguno de los dos pueda rebatir.
Enero viene con un acto de fe que me agita el alma pero con una brisa que me susurra que la paciencia todo lo alcanza. A veces el destino nos cambia las cartas y solo nos queda aprender un nuevo juego y pensar en una jugada distinta. Voy a cederte el control a ti y solo ti y…. que sea… que sea lo que necesito para seguir aprendiendo. Voy a gastar todas mis monedas contigo porque eres mi única apuesta en la vida.
El mundo te necesita a ti. Necesita de tu sonrisa cuando solo tienes ganas de llorar por dentro pero sabes que hay miles de ojos mirando y observando cada uno de tus gestos.
El mundo te necesita a ti. Necesita de tu amabilidad, cortesía y generosidad aunque estés arruinado de emociones y vacío de sentimientos porque ellos no son la fuente de tu enojo.
El mundo te necesita a ti. Necesita de tus abrazos y de tu mirada limpia aunque tus ojos solo hayan visto oscuridad porque en cada uno de ellos repartes luz.
El mundo necesita de ti. Necesita de tu trabajo, de tu empeño y de tus ganas aunque te duela el cuerpo y andes arrastrando el alma porque tus manos son la fuerza que algunos necesitan.
El mundo te necesita a ti. Necesita de tus palabras, de tus silencios y tus canciones porque en cada una de todas esas letras muchos encuentran el consuelo que anhelan y que nadie más puede darles.
El mundo te necesita a ti. Necesita de tus pausas, de tus peros y de tus preguntas porque no hay nada que pueda darse por supuesto y porque enseñas a otros que solo vale el aquí y el ahora.
El mundo te necesita a ti. Necesita de tus pasos, tus aventuras y tus sueños porque no prometes unicornios ni arco iris pero sí volar hasta las estrellas y tocar las nubes de algodón.
El mundo te necesita a ti y necesita de ti. De tu locura, de tus errores, de tus tropiezos, de tu verdad por dura que sea, de tus dudas, de tus días malos y de tus tonos altos. Y necesita de ti tu risa contagiosa, tus ganas de vivir, de compartir, de vivir cada momento y de ser feliz como sea, donde sea y con quien sea.
Me cambiaste 2021. Lo hiciste por fuera pero más por dentro. Le fuiste quitando a mi cuerpo todo lo que no necesitaba y le devolviste a mi mirada los ojos que siempre tuve. En cada kilómetro que anduve este año , en cada gota de sudor y en cada alimento que tomé me hiciste consciente de cuánto necesitaba querer a mi cuerpo imperfecto.
Me cambiarás 2022. Sé que lo harás y mis pasos se dirigirán de nuevo a las montañas. Y subiré hasta la cima y contemplaré cada milagro de la creación. Me sentiré libre y retarás a mi cuerpo. En cada pisada y en cada paso dejaré todo el peso que ya no necesito.
Me llenaste de primeras veces 2021. Me sacaste de mi zona de confort y me lanzaste sin paracaídas a mi propia vida. Me pusiste delante de mi propio espejo y cuando reconocí en él todo lo que no quería para mí, desperté. Dejaste que fuera despacio y a mi propio ritmo pero lo lograste.
Me llenarás de primeras veces 2022. Me empujarás un poco más a salir de lo conocido para caminar hacia lo desconocido. Aumentarás la velocidad y pondrás a prueba mi capacidad de adaptación. Y sabes que me harás elegir y que tal vez me equivocaré pero sé que tendrás un as guardado bajo tu manga.
Me has hecho vivir 2021. En los primeros meses arrastraba la sensación de estar solo sobreviviendo a una pandemia, a un divorcio y a un cambio de planes. Pero solo la paciencia, la confianza y el autoconocimiento hicieron que diseñara una nueva vida, un nuevo camino, nuevos retos y un nuevo refugio en el que descansar cuando el corazón apretaba.
Me harás vivir 2022. Sé que me presentarás nuevas oportunidades, nuevos lugares por explorar, nuevos conocimientos por adquirir, nuevas historias por contar, nuevas razones para brindar y algunas lágrimas que irán sanando todas las heridas que aún no se cerraron.
Me has llenado de personas vitamina 2021. Pese a una pandemia que no nos ha dejado abrazarnos, ni tocarnos, ni compartir muchos momentos…no dejaste que hubiera ni un solo día de este año que me sintiera sola. Siempre hubo alguien respondiendo a mi llamada, haciéndome reír, escuchando mi monotema y dándome luz.
Sé queesteaño 2022 me dejarás abrazar y ser la personavitamina de otras personas vitamina. Sé que me enseñarás a ser más que estar. Sé que me ayudarás a mantener el equilibrio entre la mujer, la madre y la maestra. Le prometí al año anterior calidad y no cantidad. Disfrutar del aquí y el ahora. Agradecer el pasado, vivir el presente y acoger el futuro.
2021 no fuiste un año fácil. A veces duro, a veces lleno de miedos, incertidumbres, dolores y sueños inalcanzables. Y en algún momento sin magia pero con mucho coraje y esfuerzo las piezas que no encajaban lo hicieron. Abrí la puerta a la esperanza, me alejé de mis demonios y cedí el control. Y sí, me colmaste de felicidad porque mis dos pequeñas campanillas han crecido tanto o más como la luz que desprenden. Porque mi Pequeña I no olvidó que el amor todo lo cura y todo lo puede. Y mi Pequeña II entendió que no siempre recibes lo que das pero que eso habla de quien eres como persona.
2022 no sé cómo serás pero voy a advertirte que si vas a sacudirme llevo puesta la capa y el escudo. Aprendí cuales son los límites, que sí y que no quiero en mi vida. Con quien sí y con quien nunca. A donde ir y dónde jamás regresar. Puedo parecerte pretenciosa porque sabes que mi lista de objetivos a cumplir y de sueños ha aumentado pero créeme que si superé un 2013 y un 2020 voy a esforzarme cada uno de tus días. Y caeré, lloraré, sufriré…pero me levantaré, reiré y seré feliz en el lugar que sea, en el momento que sea y con quien sea. Eso me lo enseñó tu amigo el 2021 por eso me tatué en mi piel tres estrellas que siempre me recordarán de donde vengo, mi letra a que será mi razón de vivir y un corazón que será quien me guíe durante el resto de mis días.
No hay ninguna Navidad igual a la anterior. Quizás cuando somos más pequeños los años nos van pasando entre la dulce inocencia y esa magia de ver las galletas mordidas y los vasos de leche vacíos. Pero cuando crecemos las ausencias en la mesa nos pesan y los brindis cambian apostando siempre por conservar la salud y porque la señora que viste de negro nos deje por un tiempo más estar juntos.
Hay Navidades que pesan, otras que pasan y unas pocas que se viven. A mí estas han sido de las que me pesan un poquito en el alma. Por las ausencias, porque mi inocencia anda tocada y por una magia que no brilla ante mis ojos. Una Navidad de pandemia que ha puesto límites en mi mesa y ha tapado mi sonrisa con algo más que una mascarilla. Como muchos ando fatigada y me cuesta ver la salida a este laberinto de virus y vacunas.
Pero si algo no cambia en mí es saber que la Navidad es algo más que los brindis y la compañía. Es saber que es un tiempo de espera y de volver a renacer. Y no se trata de magia si no más bien de creer y de esperar que aquello que deseas se haga realidad y si no es así lanzar la pregunta al universo y que sea él con su órbita quien te explique las razones.
La Navidad siempre me trajo la oportunidad de reflexionar y repasar mi año vivido. De ver qué aprendí y que no entendí. Usé algunos de sus días para mirarme por dentro y cuidarme por fuera. Este año vivo por fuera pero callo por dentro. Adormezco mis exigencias y encierro mis miedos. Y sigo adelante y mañana lo vuelvo a intentar.
Hago como cada año mi lista de metas y objetivos. Y con unos cuantos años escojo bien unos pocos y me sitúo en el centro de mi círculo y estudio bien cada personaje y el papel que quiero que juegue en mi tapete el año próximo. Y no sé si todos caben, si alguno ya salió de él o si la vida lo empujó hacia fuera.
Y aún fatigada y con muchas horas de sueño le doy el valor a estas fiestas que mi alma necesita. Y sigo en la espera de lo que vendrá y confío en mi destino que me trajo hasta aquí y me rescató de cada naufragio. Y esa es mi Navidad vivir hacia fuera para compartir pero callar hacia dentro y dejar que cada pieza encaje y que cada 25 de diciembre haya debajo del árbol una magia hecha realidad.
Hay tantas Navidades como personas en el mundo y cada uno de nosotros construimos la que nos hace sentir bien. Pero recordemos siempre que sin la luz de la estrella que anunció el nacimiento del niñito Jesús nunca hubiera existido la magia. Cada uno de nosotros juega un papel dentro de su propia Navidad. Este año podemos ser el gruñón de la fiesta y en otro momento ser ese pequeño tamborilero que ofrecía el sonido de su tambor como ofrenda al recién nacido que cambió el rumbo de la historia.
En unos días despedimos este año 2021. Año pandémico, de restricciones, toques de queda, mascarillas, geles y grupos burbuja. Año de abrazarnos de lejos, de besarnos con los ojos y sonreír con la mirada. Año de reuniones pequeñas, de comidas al aire libre y de renunciar a la vida que conocíamos.
No han sido 365 días fáciles pero la mayoría hemos sobrevivido. Y, sí, estamos cansados y agotados mentalmente y usamos una nomenclatura que nos hace expertos en medicina a todos. Y lo negativo es positivo y lo positivo nos cae como un jarro de agua fría. Y no queremos hablar de olas aunque nos encante el mar ni conocer nuevos nombres que parecen del espacio.
Y pensábamos que la solución estaba cerca y queremos que todo vaya más rápido pero se acerca el final de un nuevo año y aquí seguimos con el corazón encogido viendo y sin poder tocar a quienes queremos. Otras navidades con sillas vacías alrededor de nuestras mesas pero con la esperanza de que pronto volverán a estar ocupadas.
Y así es como yo voy cerrando este año intentando digerir esta pandemia que no pudo conmigo porque soy como el junco que se mantiene pie pero que hizo algunos días que una leve brisa lo hiciera caer.
Muchos objetivos cumplidos, otros aplazados para el año siguiente y otros dejados de lado porque ya no casan conmigo y ellos solos se cayeron de la lista. Estas últimas semanas he corrido para cumplir algunos y entre esos me tatué un corazón. Pero no es un corazón cualquiera es el mío, con el que nací y que late con fuerza a pesar de miércoles de ceniza.
Un corazón que me recuerda que por mucho que se rompa siempre se puede volver a recomponer. No hay nadie ni nada que tenga tanta fuerza como para evitar que un corazón enmendado no pueda latir como siempre, como nunca. Cada mañana pasaré mis dedos por encima de ese corazón y agradeceré todas las oportunidades que la vida me ha vuelto a ofrecer este año. Respiraré hondo y sentiré que pude y que quise.
Ese corazón representa a cada una de las personas que me acompañaron este año y sacaron a la luz mi mejor versión, a las que se convirtieron en mi mejor vitamina, a las que compartieron su luz conmigo y a las que dibujaron mi sonrisa. Es un corazón que palpita y que sabe que otra vida es posible.
Un corazón forjado por mañanas frías y lágrimas saladas pero también por tardes cálidas y palabras, miles de palabras que surgen del interior y que me recuerdan que la paciencia todo lo alcanza y que nací para contar historias pero que solo el destino sabe cual es el final de cada una de ellas.
Te abrazo 2021 – Te espero 2022. Abraza mis monstruos, acalla mis miedos y haz que mi corazón siga latiendo al ritmo que la vida marque.
Gracias vida por enseñarme que a veces perder significa ganar. Y que los fracasos del hoy son los triunfos del mañana.
Gracias vida por poner mi mundo patas arriba y mostrarme una pequeña luz hasta en los días sombríos.
Gracias vida por apartar de mi camino a quien no debía estar y dejar a quien sí desde siempre y para siempre.
Gracias vida por colocarme en el sitio indicado, en el momento justo y con las personas que mi alma necesita para dejar que la lluvia caiga.
Gracias vida por hacerme fuerte, por hacerme creer en las segundas oportunidades y por mantenerme fiel a mi camino.
Gracias vida por dejar que trajera al mundo dos vidas que son mi vida y que son el mayor de mis motivos para no perder la esperanza.
Gracias vida por los padres que me regalaste que han hecho de mí su mejor versión y honraré por el resto de mis días.
Gracias vida por los buenos momentos que viviré, por los lugares que conoceré, por los recuerdos que crearé, por las montañas que recorreré, por los amigos de corazón que siempre tendré y por todo lo que aprenderé.
Gracias vida porque aunque haya días que estrujes mi corazón, me partas el alma, llenes mi cuerpo de ansiedad y me hagas derramar lágrimas, sigo viviendo y jugando.
Gracias vida por devolverme mis sueños, mis ojos grandes, mi cuerpo sano, mi tiempo, mi verdadero “yo” y por abrir mis sentidos a la verdad.
Gracias vida por suavizar mis cargas, aligerar mis culpas y enseñarme a autoconocerme. Por aceptarme imperfecta y saber que sí soy luz.
Gracias vida por esta vida. Sé que es un préstamo y que llegará el día de cobro. Sé que a veces sueño con que pases así despacito y en silencio pero te empeñas en alzar tu voz y hacerte presente.
Gracias vida porque sin ti yo no tendría una vida…y eso es más de lo que tienen muchos en su vida…
Dicen que el amor no sale a buscarse si no que simplemente un día te encuentra. Que te coge de imprevisto, despistado o sin tiempo. Dicen que llega sin esperarlo y de la persona menos pensada. Dicen que justo el día que vas con coleta, zapatillas y el rostro sin una pizca de maquillaje de repente se presenta delante de ti.
Poetas y escritores escriben cientos de líneas acerca del amor verdadero. Unos dicen que en diez segundos sabes si esa persona es el amor de tu vida. Y otros aseguran que el amor de tu vida siempre te elige nunca te escoge. De amor nadie muere y el desamor no existe. Nunca dejas de querer a alguien que fue importante en tu vida y sí, el odio también es amor pero totalmente desequilibrado.
El cine está lleno de miles de películas que nos hablan de todo tipo de amor. A veces escuchar esa palabra nos suena a sinónimo de romance peroes una palabra que dentro de sus cuatro letras encierra un sinfín de sentimientos y versiones distintas. El amor no tiene por qué ser cursi ni tampoco serio. No se reduce a alianzas, hombres, mujeres y besos.
Estos días finales de diciembre que nos acercan a un nuevo año, son esos días para cerrar las cosas pendientes y pensar acerca de aquello que queremos en nuestra vida. También es momento de saber quien sí y quien no deseamos que nos siga acompañando. A quien dar una nueva oportunidad, a quien dejar atrás, en quien seguir confiando y a quien hacerle sitio a nuestro lado.
Y yo, en contra de toda lógica y de todo eso que se dice sí voy a salir a buscarte. Sé que tú me elegiste hace tiempo mientras yo andaba despistada y sin tiempo. Sé que me has visto con mis mejores galas pero también con ojeras y zapatillas. Sé que entendiste que yo era un gran amor para ti en menos de diez segundos y yo no fui capaz de reconocerte entre mi multitud de miedos.
Sé que cuando nos encontremos no me harás ningún reproche y me acogerás con todo ese amor que tú das que es del de verdad. Llevo algún tiempo preparando mi viaje y mi discurso y sabes que fracasaré estrepitosamente porque me dejaré llevar por la emoción y solo tú sabes que intentaré ser racional pero que con el ¡bienvenida! me habrás ganado.
Quedan pocos días y mi maleta está lista pero sé que no aceptarás regalos. Deseas que lleve poco equipaje y deje de cargar un peso que me quita el aire. Sé que me quieres así un poco rebelde, parcialmente reconstruida, algo loca pero yo misma. Esa misma que entregará a tus pies todo aquello que ya no es y que dejó de ser. Con tu sonrisa y tu luz sé que me mostrarás mi nuevo camino, ese que me hará estar más cerca de ti que eres mi destino.
Todo debería ser más sencillo. Los laberintos jamás tuvieron que ser inventados ni las norias puestas en marcha. Los caminos escarpados bastaría con que fueran más planos y las cimas más bajitas. Solo tendrían que unirse los corazones que laten al unísono y las músicas deberían ser únicas e irrepetibles.
Las palabras no deberían juntarse para formar conversaciones hostiles y las heridas tendrían que curarse mucho antes. Las despedidas deberían ser cortas. Los amaneceres tendrían que llegar antes, el tiempo correr más rápido y las noches ser menos oscuras. Las lágrimas tendrían que brotar a su hora y los dolores sanados rápidamente.
Todo eso podría ser así pero no serviría de nada. Mejor que entendamos que todos y cada uno de nosotros siempre vamos a tener a alguien que será un dolor y que jamás podremos superarlo pero sí aprender a vivir con él. Los recuerdos nos perseguirán y el pasado siempre nos acechará. Siempre recordaremos esas palabras que no pudimos o no debimos decir y esa historia que dejamos a mitad. Nos arrepentiremos de lo que dejamos de sentir, vivir y amar.
Muchas veces invertiremos esfuerzo y energía en un lugar que no nos necesita ni necesitamos. Dejaremos de bailar porque nadie nos ha invitado y levantaremos muros con ladrillos hechos de miedo. Taparemos nuestros ojos con unas lentes que nos hará ver una realidad que no existe. Guardaremos botellas de vino para ocasiones que no llegarán y brindaremos por unos sueños que no somos capaces de perseguir.
Y no pasa nada. Porque los trenes pasan una y otra vez por todas las estaciones y si hoy no lo coges podrás hacerlo mañana. Y entenderás que los instantes de felicidad se celebran y que no se guardan nunca más las botellas de vino. Que los cafés se toman al momento y que no hay nada que pueda matarte sin tu permiso.
Y volverás a vivir y a respirar. Caminarás erguida con tu mochila ligera y nadie recordará quién fuiste pero sí verán quien eres ahora. Sonreirás porque no creerás la suerte que tienes y serás pura luz. Y un día te despertarás y sentirás que estás donde tienes que estar y con quien tienes que estar. Amarás tu soledad y a tu compañía pero tu libertad nunca volverá a tener un precio.
Confiarás en lo que vendrá y verás en el espejo el reflejo de alguien que no se rindió tal vez porque no era una opción. Y serás mejor para ti misma porque nadie se querrá más que tú y tu felicidad no dependerá de nada ni nadie.
Diciembre me pesa. Siempre fue así, quizás ahora más. Entre bolas rojas de Navidad y luces brillantes mi mirada se fija en los meses pasados. El calendario y el tiempo se llevaron casi por completo estos trescientos sesenta y cinco días. Podría decir que se me escaparon entre los dedos de mis manos pero no es cierto. Hubo días intensos, otros muy movidos y unos pocos que mejor agradecer por lo aprendido pero olvidar.
Uno de los grandes guías de mi vida siempre habla de que no hay nada definitivo, tampoco la muerte. Esta afirmación me encoge y me libera el alma a partes iguales. Hay días que necesitamos saber que algún día el dolor que sentimos desaparecerá o que nuestra felicidad jamás se esfumará. Pero crecer también supone madurar en pensamientos y creer sin ver.
Pensar que hay puertas cerradas, cajas de Pandora selladas y caminos abandonados que algún día pueden volver a hacerse presentes es una afirmación dura de asumir pero la vida me enseñó que el orgullo no dio de comer a nadie, así que mejor abandonarse a la idea de que tenemos que vivir y que pase lo que tenga que pasar.
Vivimos con planes, objetivos, sueños, esperanzas…pero nada es definitivo. El “no” de hoy es quizás el “si” de mañana. La oscuridad, las piedras del camino, el dolor punzante que nos mata hoy, tal vez sea lo que necesitamos para afrontar lo que venga con todas las garantías de no caer en un abismo. Y sé que es difícil de creer cuando el corazón duele pero todo pasa, y eso que te pasa hoy también pasará.
Las cosas que vivimos, las personas que nos rondan, las que dejaron de hacerlo por muy poco tiempo que nos acompañaran necesitaban de nosotros y nosotros de ellos. Lo que se llevaron jamás regresará pero lo importante es saber qué hacer con lo que nos dejaron sea lo que sea. Aprovecharlo, sanarlo, aceptarlo y agradecerlo.
Y no puedo decir que la vida nos recompensará con algo mejor porque no siempre es así. Lo importante es aprender a vivir con lo que nos toca y bailar aunque no sepamos hacerlo encima de unos tacones. Y creer, creer mucho en nosotros mismos y en nuestra capacidad de revertir cualquier situación por triste que sea.
Quizás leas esto y no te llegue nada. Créeme que algún día sin saber por qué estas palabras te resonarán. Lo que creías definitivo no lo será y estarás frente a esa puerta que creías cerrada y entenderás que el siempre y el nunca son dos palabras que hay que engullir y tragar. Aprender a no decirlas en voz alta hace que lo definitivo ya no lo sea.
Este es el título de la canción que más ha sonado en mi aplicación de música durante este último año. No tiene letra pero sí una partitura llena de notas ejecutadas a la perfección por un piano y un cello. Así de sencillo, así de complicado…
Este año 2021 que casi nos abandona, va despidiéndose de nosotros mostrándonos estadísticas, resúmenes y objetivos alcanzados. En unos pocos minutos se concentran imágenes, músicas y recuerdos.
Cree en mí es el título traducido y me parece mágico que sean precisamente esas tres palabras las que yo habría escogido para cerrar mi año. He necesitado creer mucho y hacerlo desde la pura consciencia. Quizás la parte más fácil haya sido aprender a creer en mí porque estaba bajo mi control pero dejar mi destino en otras manos ha sido la prueba más costosa.
Este año me llevó a muchas situaciones profesionales y personales en las que de algún modo u otro pedí que creyeran en mí. Alumnos, padres, compañeros, amigos, pequeñas campanillas lo hicieron y hubo días en que no veía la salida y no tenía una respuesta para ofrecerles así que respiré profundamente y dejé que mi experiencia, mi intuición y mis brazos rodearan. A veces solo hay que acompañar y dejar llorar. Me siento agradecida por haber estado solo estado.
En algunas presentaciones de mi libro me preguntaron cómo escribía y siempre dije que el lugar no me importaba, solo necesitaba una buena lista de reproducción inspiradora y unos auriculares. Eso hace de mí una gran consumidora de música. La música resume muy bien cada momento de mi vida, me hace revivir bonitas experiencias, amargas despedidas y pasos de baile que no volveré a dar.
Believe in Me podría ser mi próximo tatuaje porque no tendríamos que dejar nunca de creer en nosotros mismos y hacer sentir a quienes nos rodean que pueden hacerlo. Aunque mi piedra en el zapato más bien sería volver a confiar y creer que es posible. No adoro los cambios pero no me asustan los nuevos comienzos. Huyo de los finales pero asumo mis responsabilidades y aunque las despedidas se me hacen bola necesito decir “adiós” y cerrar la puerta tras de mí.
3382 minutos de música en un año. Música para inspirarse, bailar, enamorarse, relajarse y hacer deporte. Y entre todos esos minutos una canción de apenas dos minutos se convirtió en la banda sonora de este año. Larga vida a todo y a todos quienes inspiran nuestro camino.